lunes, 29 de septiembre de 2014

El Amor Es Su Mayor Tragedia - Capitulo 15

Capitulo 15

Una y media de la mañana. La habitación estaba a oscuras, y las persianas cerradas para que ningún desvío de la luna pudiera encontrar su camino dentro. Las mantas estaban pateadas hacia los pies de la cama. Jorge estaba echado debajo de una sábana delgada, su piel húmeda de sudor.
Rojos y oros brillaban detrás de sus párpados.
Los sonidos de la feria hacían eco en su mente.
Francisco estaba allí con esa estúpida gorra suya, sonriendo. En su mano derecha tenía una pelota de béisbol, que suavemente tiró delante de la cara de Jorge.
—Apuesto a que puedo tumbar más latas que tú.
—Martina tiene hambre. Pensé en llevarla a buscar algo para comer, camino a casa —dijo Jorge.
—Hombre, cómprale un corndog1 o algo así. —Francisco lanzó. Las latas se dispersaron haciendo que un grupo de chicas cercanas comenzaran a reír.
Jorge, se encogió de hombros.
—Sabes lo exigente que es... dice que no le gusta ninguna de las porquerías de aquí.
—Muy bien. —Fran tomó otra pelota de béisbol—. Sólo dame un segundo y voy a ir a decirles a mis padres que volveremos contigo.
—Um, estaba pensando... tal vez podría ser sólo Tini y yo esta vez.
Fran se congeló a mitad del lanzamiento, con la boca abierta hacia Jorge.
—¿Por qué? —Dejó caer la pelota en el mostrador sin lanzarla. Se olvidó por completo de las chicas risueñas para las que se había estado mostrando. Se volvió hacia Jorge, su mandíbula trabajaba bajo la superficie—. Amigo, será mejor que no estés tratando de conseguir a mi hermanita. Eso está mal por donde lo mires.
La gente empezaba a mirar. Jorge, dijo en voz baja:
—Actúas como si Martina todavía tuviera doce años, Fran.
Fran apretó la palma sobre su estómago mientras se reía.
—Mis padres nunca irán a por ello. Van a hacer que te mudes.
Jorge encontró a Martina esperando justo donde la había dejado, en la puerta de entrada. Ella estaba con los pies cruzados, su libro de bolsillo sostenido cerca de su costado derecho mientras miraba de reojo a un par de chicos jóvenes a pocos metros de distancia. Martina se retorció bajo sus fuertes miradas. Lucía aterrorizada y ansiosa, hasta que vio a Jorge dirigiéndose hacia ella, entonces se iluminó con una sonrisa y toda la tensión de su cuerpo pareció disiparse. Confiaba en él. Le gustaba eso de ella.
—Bueno, ¿qué te han dicho? ¿Puedo volver a casa contigo?
—Sí, está bien. —Metió la mano en la suya y la llevó hacia la salida.
Ella tropezó para mantener el paso.
—¿Fran viene?
—No, dice que va a casa con tus padres.
—¿No armó un alboroto?
—No.
Ella se frenó, los zapatos arañaron la suciedad.
—¿Y mis padres dijeron que está bien, si voy a solas contigo? Quiero decir siempre hemos sido los tres.
Suspiró.
—Sí, Martina, creo que se dieron cuenta que he estado a tu alrededor durante mucho tiempo. Si iba a tratar de meterme en tus pantalones, ya lo hubiera hecho. Si te hace sentir mejor volvamos para que puedas escucharlo directamente de tus padres. —Él se dio la vuelta dirigiéndose hacia el interior de nuevo.
Ella lo alcanzó y tiró de su brazo hasta que se detuvo.
—Está bien, te creo.
Sabía exactamente dónde llevarla. Había aparcado allí antes, pero no estaba dispuesto a divulgar esa información, ya que había sido con una chica diferente. Martina ya sabía suficientes cosas malas sobre él. De hecho, ella era la única a quien jamás había dicho ciertos secretos. A veces se arrepentía de contarle sobre sus pésimos padres y lo que había sucedido. Especialmente, cuando se dio cuenta que sus sentimientos hacia ella estaban cambiando, transformándose en algo que nunca había esperado. Todo lo que sabía era que quería estar con ella, realmente estar con ella, y para un adolescente eso era todo lo que importaba.




La historia es un poco enredosa....pero ya la van a entender :D

Jany

Loca De Amor - Capitulo 12

Capitulo 12

"The Twisted Pretzel"

El sábado por la mañana conduje al Springmill Mall y estaciono a Fred en el aparcamiento trasero. Estoy usando una letra escarlata F de Flirtear en mi jersey. En realidad no. Pero estoy tratando de dejar mi obsesión con mi estúpida reputación y recuperar mi innato, aunque enterrado, sentido del humor.
Sé que voy a necesitar mi sentido del humor esta mañana. Desde Agosto, he trabajado la mayoría de los sábados, algunos viernes por la noche y domingos en The Twisted Pretzel. Este no es el trabajo que quiero hacer por el resto de mi vida, pero es mejor que mis últimos dos trabajos. El verano pasado recogí y entregué volantes de anuncios —hasta que me despidieron porque querían que empezara a las siete. De la mañana. En verano.
Antes de eso, tenía un trabajo de pasear perros. Pero solo lo hice por dos días. Resulto que los perros no son nuestros mejores amigos.
Por suerte, The Twisted Pretzel está en la esquina del centro comercial, al lado de Ritz Department Store y Fine China, donde pocos chicos del instituto se aventuran. Nuestros anuncios prometen cincuenta variedades de pretzel, pero nunca he vendido más de una docena. Solían gustarme los pretzels antes de trabajar aquí.
Hay algunas cosas sobre mi trabajo, aparte del salario mínimo, que me retendrían de perseguir una carrera con pretzels:
* Tengo que usar un sombrero blanco con forma triangular que dice THE TWISTED PRETZEL en él. Ninguna cantidad de ruegos puede hacer que mi jefe cambie esta regla.
* Mi jefe, Peter Pretzel (nombre verdadero, Peter Prater) es un pequeño hombre que cree que están en una posición de poder, en donde sin duda nunca ha estado. Algún día intentaré presentárselo a la Sra. Lake, la bibliotecaria/asesina con hachas en serie del instituto. No significa que necesariamente vaya a ser su próxima víctima. Solo que me gustaría verla mandándolo a callar.
* Guantes de plástico, que serían una mejor opción en mis pies.
* Robbie, mi compañero de trabajo. De hecho, Robbie es un chico dulce, un estudiante de primer año con granos, que siempre me invita a salir todos los días después del trabajo.
Coexistimos en un cubículo de seis-por-seis, de piso de linóleo, con un mostrador de vidrio al frente y un horno plateado atrás.
―Llegas tarde ―el jefe dice refunfuñando mientras me deslizo detrás del mostrador con mi encantador sombrero blanco.
No señalo que en el ámbito del tiempo eterno, cinco minutos difícilmente es tarde. Este hombre no tiene profundidad.
Robbie se acerca y susurra:
―Traté de cubrirte.
Alzo mis cejas hacia Robbie.
―¿Cómo harías eso? ¿Decirle que estoy aquí solo que no puede verme? ―Me pongo los guantes plásticos y alzo mi voz para nuestro jefe Pretzel—. Lo siento jefe. No pasara de nuevo.
―Más te vale ―me advierte.
Imito sus palabras mientras las dice porque los jefes Pretzel son muy predecibles.
―Te ves bien hoy ―dice Robbie mirándome como siempre lo hace. No creo que Robbie haya escuchado los rumores actuales de mi. Esta es simplemente su manera de relacionarse. Es una cabeza más bajo que yo, por lo que está al nivel de mis pechos, lo cual funciona bien para el chico, ya que eso es lo que está constantemente mirando.
―Gracias Robbie. Ya te puedes ir.
El tráfico en el centro comercial ha aumentado cada semana desde Octubre. Ahora que terminamos con Halloween, está peor que nunca. Las decoraciones navideñas han tomado el centro comercial, como si nadie pudiera esperar que acabara Acción de Gracias. Mechi y yo solíamos escribir cartas a los congresistas exigiendo una ley que estuviera en contra de celebrar Navidad antes de que hubiera acabado Acción de Gracias. Solo recibimos una respuesta de un legislador. Nos dijo que era muy tierno que les escribiéramos, y termino su carta, con fecha de Noviembre 15, con un Feliz Navidad. Mechi y yo prometimos que cuando pudiéramos votar, en aproximadamente ocho años, nunca votaríamos por él.
El jefe Pretzel saco dos gorros de Santa, con flojos números rojos y una bola blanca en la punta.
―Tengo esto para ustedes dos. Pueden empezar a usarlos el próximo fin de semana.
Estoy considerando decirle acerca de mi posición moral sobre Navidad-antes de –Acción de Gracias, pero él ya está molesto conmigo por llegar tarde.
―¡Genial! ―exclama Robbie—. ¡Entonces seremos como, Sr. Y Sra. Claus!
―Nunca va a pasar, Robbie mi amigo ―le susurro después de que el jefe Pretzel se aleja de nuestro rango auditivo.
No estoy segura hasta cuando voy a trabajar aquí de todas maneras. Mis padres me bañaran en decepción si pierdo otro trabajo. Pero me rehúso a trabajar el viernes después de Acción de Gracias, comúnmente referido en el centro comercial como EL día de las compras. No me voy a perder el gran juego de Mony. Eso es todo. No le he pedido el día libre porque estoy bastante segura de que la única razón por la que el jefe aún me tiene aquí es porque me necesita para EL día de compras del año. Si no me puede tener para ese entonces, creo que él me despediría en el acto.
Mientras que tomo mi turno retorciendo pretzels y metiendo las bandejas en el horno, estoy pensando qué hacer para que me despidan enseguida se está viendo cada vez mejor. Tal vez debería decirle ahora mismo a mi jefe que me niego a trabajar en EL día. Puede ser que también mejor termine con esto y me deshago de este trabajo. Además, podría decirles a mis padres que lo hice por mi hermanita Sandy.
Por el otro lado, tal vez no debería hacer que me despidan aun.
Plain Tini: ¡claro que no puedes renunciar! ¿En que estabas pensando? Tienes suerte de tener un trabajo en un lindo y cálido centro comercial, cuando millones de personas alrededor del mundo no tienen trabajo ni hogar. Por otra parte, ¡deberías verte con ese gorro!
M.S (quien habitualmente entra en el modo de gimoteo en el momento en el que me paro detrás del mostrador de The Twisted Pretzel): Los pretzels son vergonzosos. ¡Sería mucho más cool si consiguieras un trabajo en Abercrombie. O en Hollister. O incluso en Gap o Banana Republic. O Bebe! ¡Entonces tus amigos pasarían a verte y usarían tu descuento! La vida es muy corta como para usar un sombrero blanco triangular y retorcer pretzels.
**************
La primera hora en que abrimos está más ocupada de lo que nunca la había visto. Todas las compras deben hacer que los compradores tengan hambre. Ordenan cosas como el Pretzel de huevo, el Pretzel de tocino y el rollo de canela con glaseado.
―Mi turno de hornear ―dice Robbie lo que significa que es mi turno para tomar el mostrador.
La gente que hace compras de navidad no cree en el espíritu navideño. Y cualquiera que crea que el cliente siempre tiene la razón nunca ha trabajado en The Twisted Pretzel.
Saco un fresco y limpio par de guantes transparentes y me preparo para recibir al público con mi elegante sombrero. Por los siguientes veinte minutos, es todo lo que puedo hacer para mantener nuestra línea hasta seis, el cual es nuestro número no oficial de supervivencia.
Entonces de repente, no hay nadie. Así es como siempre funciona. Es como si los clientes se amontonaran en la esquina hasta que sus números pasaran los seis, después se apresuran al mostrador, como si estuviéramos en la Gran Depresión, y ésta fuera la línea sin miseria. Entonces alguien suena un pito silencioso y ellos mágicamente desaparecen… hasta el próximo asalto.
Cojo ventaja del tiempo de descanso para espolvorear dulces en los pretzels de dulce y menta en los pretzels de menta. Si hiciera esto en la hora de afán, correría el riesgo de ser atacada por un cazador de gangas que creyera que mi tarea servil le estaba impidiendo hacer la compra del siglo.
Estoy sacudiendo esos dulces multicolores sin sabor en los pretzels cuando escucho el chink, chink, chink de las llaves de un cliente contra el vidrio del contenedor de pretzels. Es un sonido familiar, usado por los clientes en todos lados para atraer nuestra atención. Me hago la que no lo entiende.
De nuevo viene el sonido de las llaves contra el vidrio.
―¿En qué puedo ayudarle? ―pregunto en un tono que no me hará ganarme el premio del empleado del mes. Miro hacia arriba al cliente ofendido.
Pero lo que veo son los grandes ojos verdes de Jorge Blanco.
Instintivamente, me quito mi sobrero blanco, olvidando que lo había fijado en su puesto con algunas horquillas. Las horquillas y mi pelo ahora están pegadas y les pego con mis guantes plásticos.
―¡El sombrero, Martina! ―el jefe me grita—. ¿Quieres que cierre?
Sí. Pero no tengo tiempo para eso.
Reubico mi sombrero y me muevo hacia el mostrador. Una mujer con al menos catorce bolsas de compras está en el puesto detrás de Jorge.
―¿Entonces, que es bueno aquí? ―pregunta Jorge todo bondadoso y amable, como si yo no estuviera parada frente a él con guantes plásticos y sombrero triangular.
―¿De verdad quieres un Pretzel? ―pregunto.
―No me mal entiendas, Martina ―dice—, pero creo que tu arte de vender necesita un poco más de trabajo.
La mujer detrás de él aclara su garganta, como si estuviera de acuerdo.
Creo que estoy sonriendo, pero las voces en mi cabeza están haciendo que me sea imposible hablar.
Plain Tini: repite ¿Te has visto con ese sombrero? Este chico está aquí por un Pretzel. No por ti, idiota. La línea está creciendo. Ya la línea tiene seis personas.
M.S: ¡Jorge Blanco está interesado en ti! ¿El vino hasta el centro comercial para verte? ¡Tú! Olvídate de este trabajo. ¡Salta sobre este mostrador hasta sus brazos!
Jorge alcanza su bolsillo en su chaqueta de cuero y saca su billetera.
―Será mejor que me des un Pretzel antes que la línea haga estampida sobre mí.
―¿Cuál? —pregunto—. Me refiero, ¿cuál Pretzel?
―Lo que tú elijas.
―¿Estás seguro? ―pregunto alcanzando la vitrina de los pretzels.
―Oye, confío en ti, Tini.
―¿Si?, eres el único en Attila Ill que lo hace.
―Así de mal, ¿eh? ―pregunta—. ¿Es por mi culpa?
Su pregunta me sorprende. ¿Lo es? ¿Es todo esto por culpa de Jorge? No puedo creer que nunca me pregunte a mí misma esto. Yo sé de lo que hablan en el cuarto de vestuario. ¿Era el tema de conversación en los vestuarios? No quiero creer que mí Jorge es una cosa como esas. Mentiras. Regar rumores sobre mí para mejorar su reputación de hombre. Pero él y yo somos las únicas personas en la tierra que sabemos lo que paso cuando dejamos la casa de Gin juntos, nada paso. Él podría haberlo inventado todo.
―¿Has dicho algo sobre mí? ―exijo—. ¿Cómo a los chicos de la escuela? ―Mi corazón está latiendo, y mi sangre corriendo por mis venas que hace que tenga dificultad para respirar. La mujer de las bolsas detrás de Jorge se inclina hacia adelante, escuchando, frunciendo el ceño―. ¿Entonces, lo hiciste?
―¿De qué estás hablando? ―pregunta con el ceño fruncido.
―¿Tengo que explicarlo? ―chasqueo.
Su cabeza va hacia atrás como si lo hubiera abofeteado.
―No. Si me estas preguntando si he inventado algo sobre ti, Tini, la respuesta es no. -La sangre que corre por mis venas se detiene abruptamente. Esta herido. Herí a Jorge Blanco―. Yo nunca haría eso ―continua calmado, suavemente—. Especialmente a ti, Martina.
―¿Especialmente a mí? ―repito.
Las comisuras de sus labios suben ligeramente.
―Te admiro mucho.
―¿Lo haces? ¿Admirarme a mí? ―Lo sé. Estoy en modo de repetir otra vez, pero no lo puedo evitar. No puedo apartar mis ojos de los suyos, sus suaves, verdes y encantadores-ojos-de-verdad.
―Apúrate, ¿quieres? ―grita la molesta compradora quien obviamente considera que se acabó el show.
Jorge sonríe hacia mí.
―¿Podría tener mi Pretzel, madam?
Le doy mi más cálida y admirable sonrisa y selecciono el Pretzel más grande de la vitrina, esperando que lo acepte como gesto de perdón. ¿Cómo pude haber dudado de este hombre?
―Te voy a dar nuestro Pretzel especial de palomitas de maíz ―explico.
―Lo que explicaría todas las palomitas a su alrededor ―observa—. ¿Cómo hacen para pegarlas ahí?
―No preguntes. ―Pongo el Pretzel en un envoltorio y se lo doy a Jorge. Especialidad de la casa. Por siempre lo llamare El Jorge Blanco, por lo menos en mi cabeza.
―Perfecto ―dice—. Palomitas, en honor a nuestra primera noche, juntos. ―Me guiña un ojo.
Me sonrojo, lo cual sé porque mis mejillas se sienten más calientes que el horno de pretzels.
Cuando toma el Pretzel de mí, sus dedos tocan mis dedos envueltos en plástico y se tardan más de lo necesario para el intercambio.
¡Lo hizo a propósito! M.S. grita.
No-oh. Eres muy torpe. El probablemente temía que lo fueras a dejar caer, Plain Tini insiste.
La mujer detrás de Jorge hace un sonido como:
―Harrumph.
La línea es de doce personas ya.
―¿Qué te debo por esta obra maestra? ―pregunta Jorge sonriendo, mostrando su hoyuelo.
―¿Deberme? ―Nuestros dedos aun tocándose.
―¿Algún problema Martina? ―el jefe pregunta mirando por encima de mi hombro. Su aliento huele como a Pretzel de los traga fuegos rojo-caliente.
Le digo a Jorge cuánto cuesta su Pretzel, contando su cambio exacto, buscando entre monedas de un centavo, cinco y diez centavos. Creo que se está tomando su tiempo a propósito. Es todo lo que puedo hacer para no estallar en risas.
―Aquí ―dice, dejando caer el último centavo.
Deslizo el cambio en mi mano.
―Un placer hacer negocios con usted, señor. Vuelva pronto.
―Oh, lo haré ―promete—. Nos vemos.
Y definitivamente le creo.




Ajjhnfbhajbnhaj ya empieza lo JorTini!!!

Jany

El Niñero - Capitulo 58

Capítulo 58

(Capítulos finales)

—No se preocupen...no vi nada —contestó...Cecilia.

¿No pudo haber sido Diego o Pablo? ¡No! Había sido Cecilia la que nos había visto a la mitad de nuestro beso. Cubrí mi rostro inundado de vergüenza.

—Hey, ya pasó —me dijo riendo.

—¿Ya pasó? —dije irónica— Tu madre nos vio besándonos en su cocina y ¡¿tú me dices ‘Ya pasó’?! —esto último lo dije haciendo una voz más gruesa semejando la de él, quien solo me miraba divertido.

—Es que no pasa nada, Tini —dijo aún tranquilo— Después de todo, algún día se iban a enterar —acarició mi mejilla.

—Pero no así, Jorge... —le dije mirando hacia abajo— Qué pensará de mí... —realmente me importaba mucho lo que su familia pensara de mí.

—Yo hablaré con ella y le explicaré —depositó un beso en mi frente— Y ya te lo dije, te adora —hizo que una pequeña sonrisa se colara entre mis labios— ¿Vamos? —me pregunto tomando mi mano y entrelazando nuestros dedos.

Caminamos escaleras arriba, solo que ahora estaba algo insegura.

—¿Y? —dijo Jorge cuando llegamos a la puerta de su habitación.

—Gracias por traerme... —bromeé.

—Espero y te hayas divertido —me siguió el juego.

—Sí...fue divertido —jugaba con mis dedos tontamente.

—¿Nos veremos luego? —preguntó sonriente.

—Por qué no... —le sonreí igual.

—Hasta...hasta luego... —dio un beso en mi mejilla, se dio media vuelta y comenzó a caminar.

—Jorge... —susurré un poco más fuerte y este rápido volteo.

—¿No te gustaría pasar? Y...no sé...¿platicar? —fingí nerviosismo.

—Me encantaría... —rápido regresó y me abrazó por la cintura.

Nos metimos en la cama, pasó su mano por mi espalda, yo pasé mi brazo por su cintura y recosté mi cabeza en su pecho, escuchando el tranquilo palpitar de su corazón.

Coló su mano por debajo de mi playera para acariciar mi espalda. Sin pretensión alguna. Solo me brindaba tiernas caricias, su respiración chocaba contra mi cabello y yo subía y bajaba al ritmo de su respirar. Era un momento único.

—Te amo, Tini —eché mi cabeza hacia atrás para poder verlo a los ojos.

—Te amo, Jorge —le contesté antes de unir nuestros labios en un dulce beso.


Abrí mis ojos y me di cuenta de que lo que estaba en mis brazos no era lo que precisamente esperaba ver al despertar. Moví la almohada y giré pero tampoco había rastro de Jorge al otro lado.

Resignada volví a recostarme pero al ver el reloj en el buro de alado de la cama me levanté. ¡Eran las ocho treinta y cinco de la mañana! ¡Por qué Jorge no me había despertado antes de irse!

A la velocidad de la luz me puse de pie, tomé mis jeas junto con una blusa celeste, mi cepillo de dientes y corrí al baño. Después de una rapidísima ducha, cepillé mis dientes.

Me vestí con una velocidad olímpica y até mi cabello en una coleta alta. Salí de la habitación de Jorge no sin antes arreglar la cama fugazmente.

—Cecilia...¿sabes dónde está Jorge? —pregunté con una mezcla de nervios, pena y tengo que aceptarlo; un poco de miedo.

—Ay, cariño...recién salió a comprar unas cosas para el almuerzo... —me dijo con esa dulce sonrisa— Hay una tormenta terrible, llamé a tu madre y le pareció bien que faltaras al colegio, por eso les dije que no te despertaran —me explicó.

—¿Tormenta? —pregunté extrañada, si ayer había un sol apenas soportable.

—Increíble, ¿no crees? —me dijo riendo.

Caminé hacia uno de los grandes ventanales de la casa y efectivamente. Una tormenta terrible se había desatado. Ni siquiera parecía que era de día, el cielo estaba de un color gris oscuro, y se veía como el agua corría en gran cantidad por el piso.

Regresé al comedor donde estaba Cecilia, seguramente los demás dormían. Me senté a un lado.

—Cecilia, yo quería pedirte disculpas por lo de anoche... —tenía que hacerlo, no podía fingir que nada había pasado. Soltó una pequeña risa.

—No te preocupes... —me dijo aún con esa sonrisa— No pasa nada, a menos claro que tú no estuvieras de acuerdo con lo sucedido, entonces sí le llamaré la atención a Jorge —bromeó. Claramente sabía que yo ‘estaba de acuerdo’. Reí tímidamente— Además...me encanta la pareja que hacen —me abrazó y era más que obvio que también la abracé. No podía ser más dulce— ¿Café o jugo? —me preguntó amablemente.

—Jugo —sonreí y caminé detrás de ella hacia la cocina.




ULTIMOS CAPITULOS!!!! Jejejeje y justo fue Cecilia XD

Jany

Walking Disaster - Capitulo - 58

Capitulo 58


Ahora, acostumbrada al allanamiento de morada, Tini no dudó en tirarse en el suelo congelado, deslizarse hacia atrás por la ventana y caer en mis brazos.

Esperamos por unos momentos, y luego Trenton gruñó mientras se empujaba fuera de la cornisa y aterrizaba en el piso, a punto de perder el equilibrio cuando sus pies tocaron el hormigón.

— Tienes suerte de que quiera a Tini. Yo no haría esa mierda por cualquiera— gruñó, sacudiéndose la camisa.
Di un salto y cerré la ventana con un tirón rápido.
— Por aquí—le dije, guiando a Tini y a mi hermano a través de la oscuridad.

Navegamos lejos dentro del edificio hasta que una pequeña llama de luz pudo ser vista por delante. Un murmullo de voces emanaba de un mismo punto, mientras que nuestros tres pares de pies crujían contra el concreto suelto en el suelo.
Trenton suspiró después de la tercera vuelta.

— Nunca vamos a encontrar nuestro camino fuera de aquí.
— Sólo sígueme. Va a estar bien—le dije.
Era fácil de discernir lo cerca que estábamos por el creciente volumen de la multitud que esperaba en la habitación principal. La voz de Adam se acercó el megáfono, gritando nombres y números.

Me detuve en la habitación de al lado, mirando a su alrededor las mesas y sillas cubiertas con sábanas blancas. Un sentimiento enfermizo se apoderó de mí. El lugar era un error. Casi tan grande como traer a Tini a un lugar tan peligroso. Si se desataba una pelea, Tini estaría protegida por Trenton, pero el refugio seguro lejos de la multitud estaba lleno de muebles y equipo.

— Entonces, ¿cómo vas a jugar a esto?—preguntó Trenton.
— Divide y vencerás.
— ¿Divide qué?
— La cabeza del resto de su cuerpo.
Trenton asintió rápidamente.
—Buena idea.
— Pigeon, quiero que te pares por esta puerta, ¿de acuerdo?—Tini miró a la sala principal, con los ojos abiertos mientras contemplaba el caos. —Pigeon, ¿me oyes?—le pregunté, tocando su brazo.
— ¿Qué?—preguntó, parpadeando.
— Quiero que te pares por esta puerta, ¿de acuerdo ? Mantente aferrada al brazo de Trent en todo momento.
— No me voy a mover— dijo—Te lo prometo.
Sonreí ante su dulce expresión abrumada.

—Ahora tú te ves nerviosa.
Miró hacia la puerta, y luego a mí.
— No tengo un buen presentimiento sobre esto, Jorge. No de la pelea, pero... algo. Este lugar me da escalofríos.
No podía no estar de acuerdo.
— No vamos a estar aquí mucho tiempo.
La voz de Adam se acercó la bocina, empezando su anuncio de apertura.

Toqué cada lado de la cara de Tini, y la miré a los ojos.
— Te amo—El fantasma de una sonrisa asomo en sus labios, y la atraje hacia mí, abrazándola con fuerza contra mi pecho.
—... así que no utilicen su suerte para estafar al sistema, muchachos! —dijo la voz de Adam, amplificada por el megáfono.

Enganché el brazo de Tini alrededor del de Trenton.
— No le quietes los ojos de encima. Ni por un segundo. Este lugar se pondrá loco una vez que empiece la pelea.
—... así que vamos a darle al bienvenida al contrincante de esta noche…JOHN SAVAGE!
— La protegeré con mi vida, hermanito—dijo Trenton, tirando ligeramente el brazo de Tini para dar énfasis.— Ahora ve a patear el culo de ese tipo, así podemos largarnos de aquí
— ¡Sacudan sus botas, chicos, y suelten sus bragas, señoras! Aquí esta: JORGE 'Mad Dog' BLANCO!

En la introducción de Adam, entré en la habitación principal. Brazos se agitaban, y voces de muchos aullidos al unísono. El mar de gente abrió ante mí, y poco a poco hice mi camino hacia el círculo.


La habitación estaba iluminada sólo con faroles que colgaban del techo. Aun tratando de mantener un perfil bajo desde casi es arrestado anteriormente, Adam no quería que las luces brillantes alertaran a nadie de afuera.

Incluso en la penumbra, podía ver la gravedad de la expresión de John Savage. Se alzaba sobre mí, sus ojos desorbitados y ansiosos. Saltó de un pie al otro un par de veces, y luego se quedó inmóvil, mirando ceñudo hacia mí con el asesinato en mente.

Savage no era un aficionado, pero sólo había tres formas de ganar: knockout, la sumisión y la decisión.
La razón por la que la ventaja siempre había estado en mi favor era porque tenía cuatro hermanos, quienes luchaban diferentes maneras.

Si John Savage luchaba como Trenton, se basaría en la ofensiva, la velocidad y ataques sorpresa, para lo que estuve entrenando durante toda mi vida.

Si él luchaba como los gemelos, con combinaciones de puñetazos y patadas, o cambiando sus tácticas para lanzar golpes, entrené para eso toda mi vida.

Thomas era el más letal. Si Savage luchaba inteligentemente, y probablemente lo hiciera, a juzgar por la forma en que me estaba midiendo, lucharía con el equilibrio perfecto de fuerza, velocidad y estrategia. Yo sólo intercambie golpes con mi hermano mayor, un par de veces en mi vida, pero cuando tenía dieciséis años, él no podía vencerme sin la ayuda de mis otros hermanos.

Sin importar lo mucho que John Savage había entrenado, o qué ventaja pensaba que tenía, ya había luchado con él antes. Yo había luchado con todo el mundo que valiera la pena luchar… y había ganado.

Adam hizo sonar el megáfono, y Savage dio un corto paso hacia atrás antes de conectar un golpe en mi dirección.
Yo lo esquivé. Él, sin dudas, lucharía como Thomas.

Savage se acercó demasiado, así que use mi pie y lo lancé de nuevo en la multitud. Lo empujaron de nuevo al círculo, y él se me acercó con un nuevo propósito.

Arrojó dos golpes consecutivos, y luego lo agarré, empujando su cara hacia abajo en mi rodilla. John se tambaleó hacia atrás, ahí se fue su ingenio, y luego volvió a la carga.

Lancé un gancho y fallé, y luego él trató de envolver sus brazos alrededor de mi cintura. Ya sudando, era fácil deslizarse de sus manos. Cuando me di la vuelta, su codo se reunió con mi mandíbula, y el mundo se detuvo por menos de un segundos antes de que yo me lo quitara de encima y le respondí con un gancho de izquierda y derecha, lanzando uno tras otro.

El labio inferior de Savage se dividido y salpicó. Con la primera sangre aumentó el volumen de la sala a decibeles ensordecedores.

Mi codo se echó hacia atrás, y mi puño siguió hasta el final, haciendo una corta parada en la nariz de Savage. No me detuve, a propósito atontándolo, así que tendría tiempo para mirar hacia atrás y ver a Tini. Ella se quedó donde yo le había pedido, con el brazo todavía enganchado alrededor de Trenton.

Satisfecho de que ella estaba bien, me centré en la lucha de nuevo, esquivando rápidamente cuando Savage lanzó un tambaleante puñetazo y, a continuación, lanzó sus brazos alrededor de mí, tirándonos a ambos al suelo.

John aterrizó debajo de mí, y sin siquiera intentarlo, mi codo se estrelló contra su cara. Él puso mi cuerpo en una tenaza con sus piernas, trabándolas con sus tobillos.
— ¡Voy a acabar contigo, maldito idiota!— gruñó John.
Le sonreí, y luego me levanté del suelo, levantándonos los dos. Savage luchó para quitarme equilibrio, pero ya era hora de llevar a Tini a casa.

La voz de Trenton estalló sobre el resto de la multitud.
— ¡Azota su culo, Jorge!
Me caí hacia adelante y ligeramente hacia un lado, golpeando la espalda de John y su cabeza contra el cemento en un golpe devastador. Mi oponente ahora aturdido, eché hacia atrás mi codo y empujó mis puños en su rostro y a los lados de su cabeza una y otra vez hasta que un par de brazos se enganchados debajo mio y me apartaron.

Adam lanzó un cuadrado rojo en el pecho de Savage, y la sala explotó cuando Adam me agarró la muñeca y levantó la mano en el aire.

Miré a Tini, que estaba saltando arriba y abajo, cabezas por encima de la multitud, ayudada por mi hermano.
Trenton estaba gritando algo, una enorme sonrisa en su rostro.

Justo cuando la multitud comenzó a dispersarse, vi una mirada de horror en la cara de Tini, y segundos más tarde, un grito colectivo de la multitud provocó pánico. Una farola que colgaba en la esquina de la habitación principal había caído, incendiando una sabana blanca.

El incendio se extendió rápidamente a la sabana contigua, comenzando una reacción en cadena.

La multitud gritando corría hacia la boca de la escalera mientras el humo llenaba rápidamente la habitación. Caras asustadas, tanto hombres como mujeres, se destacaron por las llamas.

— Martina—grité, dándome cuenta de lo lejos que ella estaba, y cuántas personas estaban entre nosotros.

Si no podía alcanzarla, ella y Trenton tendrían que encontrar su camino de regreso a la ventana a través del laberinto de pasillos oscuros. El terror se clavó en mi interior, estimulándome a empujar violentamente al que sea que me cruzara en el camino.

La habitación se oscureció, y un ruido fuerte sonó desde el otro lado de la habitación. Los otros faroles se encendían y se añadían a la hoguera en pequeñas explosiones. Yo alcancé a ver Trenton, que estaba agarrando el brazo de Tini, tirando de ella detrás de él mientras trataba de abrirse paso entre la multitud.

Tini sacudió la cabeza, tirando hacia atrás.
Trenton miró a su alrededor, formando un plan de evacuación, mientras se encontraban en el centro de la confusión. Si trataban de salir por la escalera de incendios, serían los últimos en salir. El fuego estaba creciendo rápidamente. No lo lograrían pasar a través de la multitud hasta la salida a tiempo.

Cualquier intento que hice para llegar a Tini fue frustrado cuando parte del público subía y me empujaba más lejos. Los emocionados vítores que llenaron la habitación antes fueron remplazados por gritos horrorizados de miedo y desesperación mientras todo el mundo luchaba para llegar a las salidas.

Trenton sacó a Tini hacia la puerta, pero ella luchaba contra él para mirar hacia atrás.
— Jorge—gritó, buscándome.
Tomé aire para gritar de nuevo, pero el humo llenó mis pulmones. Tosí, agitando el humo.
— ¡Por aquí, Jorge!— gritó Trenton.
— ¡Solo sácala de aquí, Trent! ¡Saca a Pigeon de aquí!

Los ojos de Tini se abrieron, y ella negó con la cabeza.
— ¡Jorge!
— ¡Sólo vete!—le dije—¡Los encontraré afuera!
Tini se detuvo un momento antes de que sus labios formaron una línea dura. Alivio me recorrió. Tini tenía un fuerte instinto de supervivencia, y acaba de hacerle efecto. Ella agarró la manga de Trenton y tiró de él en la oscuridad, lejos del fuego.

Me volví, buscando mi propio camino. Decenas de espectadores estaban arañando su camino hacia el estrecho acceso a las escaleras, gritando y luchando entre sí para llegar a la salida.





:o

Jany

¿El Amor O La Amistad? - Capitulo 10

Capitulo 10

Nos cogemos del brazo. En la parada del autobús hay mogollón de chicos que vienen del colegio Anderson. Nuestro colegio también es un Anderson, pero es el de chicas. El femenino y el masculino están en lugares diferentes, y separados por una calle. Colegios gemelos para sexos distintos. Claro que casi todos los chicos del Anderson son horrorosos. Vaya depre. Los pequeños son como animalillos, siempre gritando, dándose patadas y tirándose las mochilas encima. Piensan que tener sentido del humor es tirarse pedos. Claro que en mi clase hay un montón de eso también. Horroroso. Y los dos cursos superiores no es que sean mucho mejor, aunque quizá, buscando con lupa, te encuentres con algún chico pasable.
En la parada del autobús hay uno que no está nada mal. Uno de los pocos. Se llama Greg No-sé-cuántos. Está bastante bien, pero como es pelirrojo, cosa que detesta, se pone el pelo perdido de gomina para que se le oscurezca. Si estuvieras liada con él y le acariciaras el pelo, sería como meter la mano en aceite frío. Aceite de patatas fritas o algo así. No es muy agradable.
Mechi no se ha dignado a mirarle en su vida, pero no sé qué le pasa que ahora va y le empieza a hablar en cuanto le ve:
—¡Hola, Greg! ¿Cómo te va? ¿Qué tal las vacaciones? ¿Cómo te sientes otra vez en el basurero? Encima nos han puesto mogollón de deberes. Mira mi mochila, chico. La tengo hasta arriba.
Se acerca a Greg y le pone la mochila encima. Él vacila sorprendido. No es que la mochila pese tanto; la que pesa es ella. Vaya manera de acercarse. Y eso que nunca le había dicho ni una palabra. El tío está más rojo que su pelo. Parece un idiota integral. Mechi le mira como si fuera Keanu Reeves o Brad Pitt o algo así. Le mira, suspira y abre los brazos en cruz, como si le dolieran por el peso de los libros. Este último movimiento tiene consecuencias espectaculares. Los botones de su blusa están a punto de explotar. Greg parece una linterna. El chico se ha iluminado.
Una banda de críos anda dando vueltas alrededor de nosotros y diciendo asquerosidades. Mechi los mira. Les suelta unos comentarios envenenados y vuelve a mirar a Greg con arrobo. Le brillan los dulces ojos azules.
—Oye, Greg, a ti no se te darán bien las matemáticas, ¿verdad? Es que no entiendo nada de nada.
Mentira. Soy yo la que no es capaz de sumar ni siquiera con una calculadora. Tampoco Lodo es mucho mejor que yo. Es Mechi precisamente la que nos hace siempre los deberes, pero está visto que ahora le ha dado por hacerse la descerebrada.
—Pues la verdad es que se me dan bastante bien —dice Greg—. ¿Qué problema tienes?
—¡Es que es complicadísimo! —dice Mechi—. Oye, mira, el autobús está llegando. Yo me quedo. Es mi amiga Tini la que sube, pero ya sé lo que vamos a hacer. ¿Sueles ir al McDonald's que está al lado del mercado?
—Por supuesto.
—¿Nos podríamos ver allí? ¿A eso de las siete y media? Llevaré los problemas y ya me dirás si puedes ayudarme o no. ¿Vale?
—Vale —dice Greg—. A las siete y media, claro.
—Pues bueno —dice Mechi cogiendo de nuevo su mochila y sonriéndole con todos sus dientes—. Tenemos una cita.
Se vuelve hacia mí y me guiña un ojo. Genial. En menos de cinco minutos, Mer también tiene novio.
Cuando subimos al autobús, Greg la saluda. Yo pensaba que a lo mejor él se sentaba conmigo, por ser amiga de Mechi, pero lo hace con un montón de chicos Anderson. Les empieza a hablar como una
ametralladora. Imagino que les hablará de su cita con ella.
Estoy sola y empiezo a encontrarme seriamente deprimida. Ni siquiera he podido contarles que lo de Jorge era una mentira. No he tenido la menor posibilidad. Lodo tiene un novio como la copa de un pino y Mechi se ha buscado otro. Así. Sin ningún esfuerzo. ¿Por qué no puedo yo hacer lo mismo? Miro a mi alrededor, desesperada. Dos chicos del Anderson se sientan en la misma fila y están discutiendo una tontería de ciencias. Parecen de otro planeta, pero estoy tan desesperada que lo
intento: les sonrío y consigo una especie de mueca forzada. Me miran y constato que hubieran reaccionado con más alegría si hubieran visto a un perro rabioso. Dejo de sonreír y me hundo en el asiento directamente. No tengo nada que hacer. No soy Mercedes Lambre. ¡estoy harta!
No tendré novio en mi vida. No le gusto a ningún chico en todo el planeta.
Pues resulta que estoy equivocada, mira tú. Al llegar a casa me encuentro con la carta de mi único admirador.





Josh le envio una carta :D

Jany

Unreflecting - Capitulo 72

Capitulo 72

"Sobre Protectora"

Me volví sorprendida y comprobé que era Tomas. Por lo visto, había regresado del cuarto del personal, pasando junto al escenario, mientras yo contemplaba a León embelesada.
—Lo siento, no quiere venirse a casa conmigo. —Se encogió de hombros, como si la reacción de mi hermana no lo sorprendiera demasiado.
—¿Que no quiere irse contigo? —Respiré profundamente un par de veces para calmarme. Confié en que Tomas no se hubiera percatado de qué había retenía mi atención durante tanto rato.
—Quiere ver el resto de la actuación. —Tomas volvió a encogerse de hombros—. ¿Quieres que me quede para llevaros a las dos a casa en coche? —Me recogió un mechón que se había soltado de mi coleta detrás de la oreja.
Suspiré, mosqueada y aliviada a la vez.
—Sí, gracias. —Al menos mi hermana no se iría a casa en el coche de León.
Por supuesto, había olvidado lo tenaz que era mi hermana cuando deseaba algo..., y estaba claro que deseaba a León. Algo que no me sorprendió. Había supuesto que en cuanto le echara el ojo querría ligárselo. Era difícil resistirse a él. Suspiré al verla subirse tranquilamente a su coche al término de la velada. Tomas también se rió mientras la observaba. Había estado tan ocupada recogiendo al finalizar mi turno que no había podido impedir que mi hermana abandonara el local con León. Cuando por fin salí con Tomas, los vi subirse al coche de él. ¿Qué habían hecho durante tanto tiempo ahí fuera? La ira volvió a apoderarse de mí cuando León arrancó y salieron del aparcamiento. Pobre de él si no la llevaba directamente a casa.
Por suerte para él, eso fue lo que hizo. Su Chevelle estaba frente a la entrada de casa cuando nosotros aparcamos. Entré apresuradamente por la puerta principal y me los encontré sentados juntos en el sofá, enfrascados en una animada conversación.
Tomas entró al cabo de unos momentos y me rodeó con los brazos.
—Bien... —dijo Anna sonriendo a León de forma seductora—, ¿dónde voy a dormir esta noche?
León esbozó su media sonrisa y se dispuso a responder, pero me apresuré a intervenir.
—Dormirás conmigo, Anna. —Miré a Tomas, mientras mi hermana fruncía el ceño y León reprimía una carcajada—. ¿Te importa dormir en el sofá?
Tomas torció el gesto.
—¿En el sofá? —Miró el tronado sofá lleno de bultos—. ¿Lo dices en serio?
Mis ojos eran tan fríos como mi voz.
—Bueno, si lo prefieres puedes dormir con León. —Mi tono indicaba que eran sus únicas opciones. Anna dormiría conmigo, donde yo pudiera cerciorarme de que no se movería de mi lado en toda la noche.
Tomas me miró arqueando una ceja, mientras León decía riendo:
—Te advierto que doy patadas en la cama.
—De acuerdo, dormiré en el sofá —replicó Tomas malhumorado, y subió en busca de una manta.
—Bueno —dijo mi hermana animándose—, yo podría dormir con...
La tomé de la mano y la obligué a levantarse del sofá.
—Anda, vamos. —La conduje escaleras arriba, mientras León observaba divertido cómo la alejaba deprisa de su lado.
No pegué ojo en toda la noche. Mi hermana se entretuvo en el baño largo rato después de que yo ya me hubiera acostado, y yo no podía montar guardia en el pasillo, vigilándola como una madre excesivamente protectora que vela por la virtud de su hija, de modo que apreté los dientes mientras aguzaba el oído por si oía algún ruido sospechoso. Habría jurado que en cierto momento oí la risa de León, y tuve que hacer un gran esfuerzo de voluntad por no ir en busca de mi hermana y obligarla a volver a la cama, pataleando y gritando.
Por fin, Anna entró en la habitación a oscuras y se acostó en el lado de la cama que solía ocupara Tomas, dándome las buenas noches con tono jovial. Yo la ignoré, fingiendo que dormía. No sé muy bien por qué. Huelga decir que me fue imposible conciliar el sueño. Estaba pendiente de cada movimiento que hacía mi hermana. ¿Se movía en sueños o trataba de levantarse de la cama para ir a encontrarse en secreto con León en su habitación mientras los demás dormíamos? Permanecí en vela toda la noche, y pensé que no sería capaz de afrontar otra noche como ésa. Quizá sería mejor dejar que León fuera a dormir a casa de Maxi.

**************
Pero por fin amaneció y, cuando oí abrirse la puerta de la habitación de León, pues estaba completamente desvelada, bajé al poco rato para tomarme un café con él en la cocina. Me detuve al pie de la escalera para mirar a Tomas, que estaba acostado en el sofá. Dormía como un leño, pero no parecía estar muy cómodo. Me sentí un poco culpable por haberlo obligado a dormir allí. Bueno, más tarde lo compensaría por ello.
León no pareció sorprendido al verme cuando entré en la cocina. Me sonrió de una forma más que elocuente y me observó detenidamente mientras rellenaba la cafetera de agua.
—Buenos días. ¿Has dormido bien? —Su tono socarrón no podía ser más evidente.
—Perfectamente. —Ya le valía con tanta guasa—. ¿Y tú?
Después de poner la cafetera en marcha se volvió y se apoyó contra la encimera.
—Como un niño.
Apreté los dientes y sonreí de modo forzado mientras me sentaba a la mesa y esperaba a que el café estuviera listo.
—Tu hermana es... muy interesante —comentó al cabo de un minuto.
Lo miré con el ceño fruncido pero no dije nada, preguntándome si iba a abundar en el tema. Pero no lo hizo. Me sonrojé y él observó mi reacción con curiosidad.
—En efecto, lo es. —Yo tampoco quería hablar más del tema.
Cuando el café estuvo listo, León preparó dos tazas. Nos bebimos nuestros cafés en silencio..., un silencio un tanto incómodo. Mejor dicho, él mostraba un aspecto muy relajado, desastrosamente perfecto, pero yo estaba hecha un manojo de nervios..., lo cual me puso aún más nerviosa.
Cuando me terminé el café, me apoyé en el quicio de la puerta y contemplé a Tomas dormido sobre el sofá casi como sumida en trance. Regresé a la realidad cuando mi hermana entró en la cocina, luciendo la camiseta de los Douchebags... y nada más. Di las gracias mentalmente a la Providencia de que León hubiera subido a su habitación después de beberse el café. Anna estaba demasiado atractiva para ser una mujer que acaba de despertarse.
—¿De dónde la has sacado? —pregunté, asombrada. León había tardado varias semanas, hasta que al fin me había dado la suya. ¿Le había bastado con hacerle ojitos para que él se despojara de su camiseta y se la diera también? Curiosamente, me sentí traicionada por ello.
—Me la dio Diego... después de la actuación. Tiene una caja llena de camisetas en su furgoneta. ¿Quieres una? —Anna me miró sonriendo dulcemente y yo me sentí culpable por haber pensado mal de ella.
—No..., ya tengo una. —Una que sorprendentemente aún olía a León, de modo que nunca me la ponía, aunque no iba a contárselo a ella—. Pero deberías vestirte con más decoro. Tomas no tardará en despertarse. —En realidad no era Tomas quien me preocupaba que la viera con un atuendo tan seductor.
—Ah, vale, lo siento. ¿De modo que León ya se ha levantado? —preguntó, casi tímidamente.
Suspiré.
—Sí, creo que ha vuelto a subir a su habitación.
—Ya. —Anna sonrió y alzó la vista hacia el techo, hacia donde se encontraba la habitación de León—. ¿Ha dicho algo sobre mí?
Me molestó que de pronto me tocara hacer de casamentera, pero le dije la verdad.
—Sí, dijo que eras muy interesante.
Ella arrugó un poco el ceño.
—Mmm... No es exactamente lo que suelen decir los hombres de mí. Pero supongo que podría ser peor. —Sonrió y se volvió para subir de nuevo—. Tendré que revisar mi estrategia —dijo guiñándome el ojo.
Me senté a la mesa y suspiré de nuevo. ¿Era ya domingo?






Jejejeje bueno,como ya se dieron cuenta Anna es todo lo contrario a Vilu XD pobre de ella :3 pero ya esta celosa, y eso ustedes me lo pidieron! :D

Cambiando de tema ¿Vieron Violetta? Osea!, León todo bien contigo pero...¡En serio tenias que cantar "Nuestro Camino" Con Gery! No! Esa es una cancion "LEONETTA" pero.... no me puedo enojar contigo... así que la culpa la tiene Gery XD y el Lion se enamoro de la Roxy XD aunque todas sabemos que cuando León se entere que Vilu es Roxy...se pondra feo la cosa :/

Jany

El Niñero - Capitulo 57

Capítulo 57

Dedicado a Dani Tinista besooosss  

Comencé a reír ante la gran marca roja que había dejado sobre su cuello.

—Creo que se nota un poquito —le dije aún riendo ya que ese ‘poquito’ no era para nada diminuto.

Se separó riendo de mí y se hincó en la cama para poder verse en el espejo colgado en la pared.

—¿Poquito? —dijo con la boca abierta— ¿Amor, desde cuándo eres vampiro? —seguía riendo. Regresó y se volvió a acomodar sobre mí, sosteniendo su peso en sus codos.

—Shh... —le dije riendo— Se van a dar cuenta —toda la familia de Jorge estaba a solo unas habitaciones. Y fácilmente se podrían escuchar nuestras risas.

—¿Cuándo te transformaste en vampiro? —pregunto irónico— Claro que se van a dar cuenta —señaló su cuello.

—De eso y de que estamos en la misma habitación —afirmé riendo— No creo que sea algo lindo que alguien venga y me encuentre así —señalé mi ausencia de vestimenta.

—Para mí sí es lindo que estés así... —mordió su labio inferior.

—Ja Ja —dije sarcásticamente— ¿Sabes? No es justo... —le dije fingiendo estar molesta.

—¿Qué no es justo? —me miraba divertido.

—Tú aún conservas toda tu ropa y yo...pasando frío —era completamente mentira, el cuerpo de Jorge me brindaba la temperatura perfecta. No sentía ni frío, ni calor. Simplemente perfecto.

—¿Pasando frío? —dijo incrédulo— Me hubieras dicho antes...yo puedo cambiar eso muy fácilmente... —dirigió su rostro a mi cuello nuevamente donde reanudó su acción pasada. Besaba y mordía lentamente una de las partes más sensibles de mi anatomía. Sentí la punta de su lengua tocar mi piel y poco a poco comenzó a deslizarla hasta mi clavícula. Acción que provoco que se erizara mi piel por completo, era más que obvio que el ‘frío’ estaba desapareciendo.

Siguió con sus besos por la loma de mis pechos hasta mi abdomen. Yo seguía acariciando su cabello mientras que solo disfrutaba de las caricias y besos que Jorge esparcía por todo mi cuerpo. Tomé el borde de la playera de Jorge y me deshice de esta, y así permitiéndome sentir su tersa y tibia piel sobre la mía.

Teníamos que parar. Toda nuestra ropa se encontraba en el piso excepto nuestra ropa interior inferior.

—Jorge, no podemos seguir... —le dije haciendo un enorme esfuerzo por contener mis jadeos y gemidos.

—Sí podemos... —contestó agitadamente sin separarse de mi cuello mientras que con sus dedos jugaba en la parte baja de mi abdomen. Introducía un dedo por debajo de mi prenda y después lo sacaba haciéndome enloquecer.

Lo tomé de la barbilla y lo atraje a mis labios; mordí estos levemente. Ya no podíamos detenernos. Poco a poco comenzó a bajar mi última prenda, cuando un fuerte sonido como de cristal contra el piso nos alertó.

—¿Qué fue eso? —le pregunté sobresaltada al mismo tiempo que a la velocidad de la luz tomaba todas nuestras prendas del piso y se las pasaba.

—Espera aquí... —me dijo poniéndose rápido el short mientras que yo me vestía.

—¡No! —le susurré antes de que abriera la puerta— Si te ven salir de aquí nos matan —literalmente, claro. Ya que no sabíamos si era alguien de la familia o un ladrón.

—Tengo veinte años, no me dirán nada —afirmó.

—Pero yo tengo diecisiete, hermoso —le recordé. Me puse rápidamente mis tenis y salí en contra de la voluntad de Jorge.

Llegué a la cocina y me encontré con la pequeña Dani. Suspiré aliviada.

—¿Hey, qué pasó, pequeña? —le pregunté ya que estaba sentada en la barra y cubría su rostro con sus manos.

—Me serví agua y se me cayó el vaso y se rompió... —explicó triste.

—¿Pero no te sucedió nada? —le pregunté preocupada mientras me acercaba a ella y revisaba sus manos para asegurarme de que no se hubiera lastimado.

—No... —contestó apenada.

—Perfecto —le contesté sonriente.

Rodeé la barra y entré a la cocina, busqué los vasos y serví en este un poco de agua.

—Aquí tienes... —le dije y puse el vaso sobre la mesa, solo sonrió sonrojada.

Comencé a levantar los trozos de cristal del piso y los ponía en una bolsa. Segundos después bajó Jorge.

—¿Qué sucedió? —preguntó cuando entró a la cocina.

—Solo un accidente —le contesté.

—Se me resbaló el vaso... —le contó la pequeña.

—¿Estás bien? ¿No te pasó nada? —le preguntó haciendo lo mismo que yo; tomó sus manos y buscó alguna herida pero tampoco encontró. Dani y yo comenzamos a reír y Jorge solo nos miraba sin entender— Ten cuidado, princesa —le dijo agitando tiernamente su cabello.

Terminé de limpiar la última gota de agua del piso. Jorge tomó los pedazos de cristal y los tiró en el bote de la basura.

—Gracias, Tini —me dijo la pequeña dándome un abrazo el cual gustosa recibí.

—Hey, yo también ayudé, ¿por qué solo le das las gracias a ella?

—Claro que no, solo tiraste la bolsa... —le contestó riendo.

—Pero...

—No la molestes... —la defendí y este volteó a verme indignado.

—Buenas noches —se despidió Dani riendo para después subir a su habitación.

—¿Subimos? —le pregunté rodeándolo con mis brazos por la espalda, me puse en las puntas de los pies para poder acomodar mi cabeza en su hombro.

—¿No prefieres estar con mi hermana? —se cruzó de brazos y yo solo solté una carcajada por lo bajo.

Di tres pasos para quedar frente a él.

—Sabes...ella es adorable... —tomé sus manos y las pasé por mi cintura — Pero tú me vuelves loca... —tardó menos de dos segundos en aferrarme a su cuerpo y unir nuestros labios.

Un fingido tosido seguido de un ‘Lo siento’ provocó que nos separáramos de golpe.

—Yo...eh... —intentó hablar Jorge nervioso.

—No se preocupen...no vi nada... —contestó.





Jejejeje ya los cacharon XD

Jany