miércoles, 27 de julio de 2016

If It Comes To Trush Again - Capitulo 32

Capítulo 32

"No lo conoces"

León me tiró de la mano y cruzamos las puertas.
Los clientes curiosos del bar nos miraron en cuanto entramos, quizá para ver si tenía la cara enrojecida y manchada de lágrimas… quizá para ver si León tenía un ojo amoratado.
Puesto que ambos teníamos el mismo aspecto, aunque bastante más melancólico que antes, no tardaron en centrarse en sus propias conversaciones.
Nos acercamos a la mesa. Los chicos todavía estaban allí, esperándole, esperando su respuesta. Puesto que León era el líder del grupo, apenas podrían hacer nada sin él. Claro que podían intentar encontrar otro cantante, pero no sería lo mismo sin su talento. Ni siquiera era capaz de imaginarme a los D-Bags sin su D-Bag principal. Y sabía que la mayoría de ellos pensaban lo mismo. Sobre todo Broduey, que preferiría dejarlo todo antes que seguir sin León.
Así que se quedaron sentados, y esperaron a que éste les dijera si se iba a cumplir o no su sueño. Diego me miró fijamente con los brazos cruzados sobre el pecho.
Me sentí como Yoko Ono mientras me acercaba a la mesa agarrada de la mano de mi novio. Maxi me observó con respeto, pero con gesto de decepción. Quería muchísimo ir a aquella gira. Broduey era el único que parecía un poco perdido. Yo sabía que le gustaba el éxito, ¿y a qué rockero no le gustaría tener un gran éxito?, pero su corazón estaba aquí. Con Cami. Se sentiría tan mal por separarse de ella como León por separarse de mí.
Me sonrió con gesto comprensivo cuando llegué hasta ellos. León  carraspeó, se pasó una mano por el cabello, y todos se centraron en él.
Dejó escapar el aire en una larga exhalación controlada para tranquilizarse antes de mirar a Maxi.
—Me apunto —fue lo único que le dijo.
Maxi se puso en pie de un salto al mismo tiempo que todos lanzaron un coro de gritos emocionados. En su rostro delgado apareció una sonrisa de oreja a oreja, y rodeó a León por los hombros con un brazo.
—León, esto va a ser genial, ya lo verás.
Afirmó con gesto entusiasta mientras Broduey y Diego se ponían en pie para rodear a León.
Empezaron a darse empujones y codazos de forma amistosa. Broduey agarró a León por el cabello y se lo despeinó con las manos mientras se reía. Diego se interpuso entre León y yo y nos separó cuando comenzó a darle palmadas en la espalda. Todos se pusieron a charlar de forma emocionada sobre lo que les esperaba, y me vi obligada a retroceder unos cuantos pasos y a observarlos desde cierta distancia.
León me miró durante un segundo, pero tuvo que centrar de nuevo la atención en uno de los chicos casi de inmediato.
Suspiré y di media vuelta para dejarlos tranquilos en su momento de gloria. Además, tenía que volver a trabajar.
Oí al grupo mientras me dirigía hacia una pareja que se acababa de sentar. Sus carcajadas eran sonoras, y sus voces, alegres.
Varios clientes habituales me preguntaron qué ocurría, y les contesté con cierto malhumor.
—Se van de gira.
Van a difundir su talento por toda la nación y alguna discográfica se fijará en ellos y les ofrecerá un contrato. Después de eso, sonarán en la radio cada cinco minutos y tendrán una gira para ellos solos que irá a cada ciudad importante del mundo, y estarán todo el tiempo rodeados de gente. Aparecerán en todos los programas de entretenimiento de la televisión, tocarán en todas las entregas de premios y León saldrá en la lista de macizos de todas las revistas. Después de eso, todas las seguidoras y las famosas lo perseguirán. Al final se entregará a una de esas actrices jóvenes y serán la comidilla de todas las revistas del corazón. Y yo me quedaré aquí, sola, sirviendo copas, con mis recuerdos de la estrella del rock con la que solía salir. Bueno, vale, puede que a los clientes sólo les dijera la primera frase, pero el resto del discurso se repitió en mi cabeza en un bucle continuo.
Claro que León y yo confiábamos el uno en el otro, pero eso sólo significaba que no me engañaría. No tenía ninguna garantía de que siguiera conmigo cuando estuviera expuesto a… bueno, a todo el mundo.
Todos los clientes reaccionaron emocionados ante la noticia, y varios se acercaron a la mesa de los chicos para felicitarlos con una palmadita en la espalda a modo de reconocimiento, o en el caso de las chicas, con abrazos. Sorprendentemente, la única otra persona que no parecía contenta por aquello era Rita.
Vi que tenía la misma cara de malhumor que yo mientras me acercaba a recoger otra ronda que les habían pagado a los miembros del grupo.
Frunció los labios llenos de colágeno en una mueca de desagrado mientras preparaba las bebidas.
 —Todavía no me creo que se vaya —murmuró, pero haciéndose oír por encima del ruido del bar. Me miró y entrecerró los ojos—. ¿Es que no vas a hacer nada para impedirlo? ¿No te vas a plantar?
Miré a León, que estaba sonriendo y estrechando la mano de Sam.
Por fin parecía feliz por la posibilidad de cantar por todo el país, y suspiré al mismo tiempo que negaba con la cabeza.
—No. Se lo merece. No voy a impedir que cumpla su sueño.
Rita alargó el brazo por encima de la barra y me dio una palmada en el hombro.
Me volví para mirarla fijamente mientras se ajustaba el escote modificado de su camiseta del bar.
—Entonces eres idiota. —Señaló a León y a los chicos mientras me recitaba de un modo vulgar todos los miedos que me acosaban—. Se va a hacer famoso con esto. Luego se dará cuenta de que es famoso, y guapísimo, y que puede follarse a cualquier mujer del mundo que quiera. ¿Crees que se va a quedar con una chica normal después de eso?
 Agarré de mala gana la bandeja con las bebidas y buena parte del líquido se derramó, y luego alcé la barbilla para mirarla.
Negué con la cabeza con una confianza que no sentía realmente.
—No conoces a León, no como yo. No está interesado en la fama, en el poder o en las mujeres. —Bajé la barbilla en un gesto de hostilidad y me encogí de hombros—. Sólo le intereso yo.
Rita se cruzó de brazos y me sonrió con gesto burlón.
—Claro, y no te engañará porque es… un tipo cabal.
Me miró de arriba abajo mientras yo me sonrojaba. Supe por su tono de voz que en realidad se refería a mí cuando cuestionaba la moralidad de León. Ninguno de nuestros conocidos hablaba abiertamente de la aventura que habíamos tenido León y yo, pero debido a nuestras peleas en público y a la paliza que había recibido él, y que todavía achacábamos a un atraco, la mayoría de la gente ya se había hecho una idea de lo ocurrido. Sobre todo después de que Tomas se marchara del país.
No quise seguir hablando de mi vida con Rita, ya que León tampoco se había comportado bien con ella, así que le murmuré la respuesta.
—No lo conoces. —le dije, y me marché de forma apresurada.


¡Capítulo listo! Perdón por la hora. Pero digamos que las vacaciones me tienen en otro mundo y olvide que hoy era miércoles.... Bueno. Hasta la próxima semana. Chao
Jany.

sábado, 23 de julio de 2016

If It Comes To Trush Again - Capitulo 31

Capítulo 31

"Sueños"

Miré a mi alrededor. Estábamos fuera, solos. De repente, comprendí algo más. Le puse la mano en la mejilla y lo obligué a mirarme.
—¿Me lo has dicho aquí fuera porque pensaste que me derrumbaría?
Me contestó con un susurro y un gesto de afirmación.
—Recuerdo la noche que Tomas te dijo que se marchaba. Recuerdo que te abracé mientras llorabas por él. Te observé cuando despegó su avión. Estabas destrozada, como si una parte de ti se hubiera ido con él. Violetta, no quiero hacerte daño así.
Sus ojos se entristecieron al mirar los míos… completamente secos.
Le besé con suavidad y apoyé la frente en la suya.
—¿Te molesta que… no me moleste? ¿Esto era alguna clase de prueba?
Negó con la cabeza.
—Nunca te pondría a prueba, Violetta, pero creí que al menos… llorarías, suplicarías un poco.
Intentó volverse de nuevo, pero le obligué a mirarme.
—Lo haré. Créeme, cuando te vayas de verdad, estaré convertida en un masa sollozante, pero lo digo en serio, León. He madurado. Han pasado muchas cosas desde que Tomas me dejó la primera vez. He crecido. — Recordé cómo era en aquella época, y meneé la cabeza—. Tenía mucho miedo de estar sola. —Me encogí de hombros mientras me observaba—. Sigue sin gustarme, pero ahora me siento más segura, o eso creo. Los errores del pasado me han hecho crecer un poco.
Sonrió ligeramente.
—Una arrugada vieja de veintidós años.
 Sonreí, también ligeramente, pero al menos una parte de la tensión anterior desapareció.
—León, puede que tengas mucha más experiencia que yo en la vida, pero no te comportes como si tuvieras exactamente mi misma edad. He visto tu carné de conducir.
Sonrió con malicia y alzó una ceja.
—¿El de verdad?
Sacudí la cabeza y le tomé de las dos mejillas.
—¿No creerás que quería más a Tomas porque me afectó mucho que me dijera que se iba?
Se encogió de hombros una vez más y su sonrisa se entristeció.
—¿Puedes culparme por pensarlo?
Lo rodeé con los brazos y apoyé la cabeza en su hombro.
—No, supongo que no. —Nos quedamos callados unos momentos meciéndonos un poco mientras manteníamos el abrazo. Esperé un instante más mientras me invadía la paz y un poco de tristeza—. No le amaba más de lo que te amo a ti, León. —Me aparté un poco y lo miré a los ojos—. A ti te amo más. Te amo tanto como para dejar que te marches y cumplas tu sueño. —Eché la cabeza hacia un lado—. ¿No lo ves? Te amo más. — Sonrió levemente y le quité un mechón de cabello de la frente. Luego le bajé la punta de los dedos por la mejilla—. Y sí, te echaré de menos, más de lo que te puedes imaginar, pero sé que tienes que hacerlo, León. Y tú también lo sabes.
Negó con la cabeza de forma testaruda.
—No. Sé que tengo que estar contigo. Todo lo demás no son más que… detalles.
Sonreí y le besé.
Luego le murmuré con los labios pegados a los suyos.
—Pero recuerda que no es sólo tu sueño. —Suspiré y señalé hacia el bar, donde estaban los demás a los que afectaba la decisión—. Están Broduey y Diego… y Maxi, que se ha esforzado mucho para conseguirlo.
Miró mis dedos antes de contestar.
—Lo sé…
Le rodeé el cuello con los brazos y acerqué mi cara a la suya.
—Y por eso vas a hacerlo. También son sus sueños; no puedes quitárselos… por mí, por nosotros.
Apoyó la cabeza en la mía y cerró los ojos.
—Lo sé. —Nos quedamos así, apoyados el uno contra el otro, durante un largo rato, antes de que León se apartara—. Supongo que debería dar a Maxi la buena noticia —dijo con la voz un poco abatida.
Asentí y me mordí los labios mientras contenía las lágrimas que se esforzaban por salir. Siempre supe que aquel momento iba a llegar, aunque no precisamente ese día.
—¿Cuándo comienza la gira?
Agachó la cabeza.
—A principios de noviembre.
Yo también agaché la cabeza.
—Ah.
Noviembre. Estábamos a finales de septiembre… Menos de un mes en realidad.
Nos quedamos en silencio un momento más mientras aceptábamos nuestra inminente separación, y luego León me agarró de la mano. La apretó al tiempo que me daba un suave beso en los labios, y luego señaló con la barbilla las puertas del bar.
Inspiré profundamente y afirmé con la cabeza. Una parte de mí no quería entrar otra vez por esas puertas. Tenía la sensación de que todo lo que conocía cambiaría en cuanto cruzáramos ese umbral. Por supuesto, era una sensación ridícula. Todo había cambiado ya.



Perdón por subirlo tarde pero las votaciones de los KCA México me consumieron.  Por si no saben Jorge esta dominado en la categoría "Chico Trendy" y si quieren ayudar a la votación en Twitter solamente ponen #JorgeBlancoTrendy + #KCAMexico o en la página principal de los KCA.
Y por último gracias por todas las felicitaciones que me enviaron. Las quiero. Hasta el miércoles

Jany.

miércoles, 13 de julio de 2016

If It Comes To Trush Again - Capitulo 30

Capitulo 30

"La noticia [Parte II]

Alguien de una mesa cercana me llamó para pedirme algo, pero no fui capaz de moverme para atenderle.
Estaba ocurriendo alguna cosa importante. Algo por lo que León no estaba emocionado, pero que sí que emocionaba al resto del grupo. Algo que parecía implicarme de alguna manera.
Noté que se me helaba la sangre mientras me esforzaba en vano por encajar las piezas de aquel rompecabezas.
Diego gritó de repente.
—¡Vamos, León, joder!
Ese grito hizo que me encogiera por la impresión.
León alzó una mano para tranquilizar a Diego y le contestó algo en voz baja mientras meneaba la cabeza. Éste le replicó negando con la suya y cruzándose de brazos. Luego le soltó algo mientras Maxi agachaba la cabeza con gesto decepcionado. Broduey le dio una palmada en la espalda a León y se inclinó sobre él para decirle alguna cosa. Luego me señaló con la mano, y los ojos de León siguieron el movimiento.
Noté que el corazón se me aceleraba diez veces más al ver que León suspiraba y se frotaba la cara con las manos.
Se recostó en la silla y meneó finalmente la cabeza antes de mirar a sus amigos. Hizo un gesto de asentimiento, les dijo algo y se puso lentamente en pie. Cruzó la mirada con la mía y suspiró de nuevo.
Pensé que el corazón me iba a estallar mientras se dirigía hacia mí. Casi quise echar a correr cuando sentí que la tensión de la mesa le seguía. Quizá fueron imaginaciones mías, pero me pareció que el bar había quedado envuelto en un silencio sepulcral.
León y yo habíamos montado muchas escenas en ese local. No estaba segura de si era eso lo que iba a suceder, pero los clientes parecían pensarlo mientras esperaban impacientes a que nos reuniéramos.
León se puso delante de mí con la cabeza agachada.
Contuve el aliento.
—¿Podemos… podemos hablar? —Levantó la mirada con expresión tensa—. Fuera.
Asentí con rigidez.
Hubiera preferido cualquier cosa antes que salir con él del bar.
No fui capaz de mover las piernas, pero él me tomó de la mano y empezó a tirar de mí. Aquello provocó que los músculos de mi cuerpo respondieran de forma involuntaria, y le seguí a través de las puertas dobles.
Oí un vendaval de susurros justo antes de que las puertas se cerraran, y luego todos los sonidos del bar desaparecieron.
León me soltó la mano y se pasó la suya por el cabello. Miró a su alrededor, como si quisiera fijarse en cualquier cosa que no fuera yo.
Noté que las lágrimas se me agolpaban en los ojos mientras el miedo se me apoderaba del estómago.
—¿León? —le pregunté con voz temblorosa.
Al oír mi tono de voz, me miró por fin. Suspiró y me tomó de la mejilla con una mano.
—Tengo que decirte algo, y no sé por dónde empezar.
Se mordió el labio, y el corazón me martilleó el pecho.
—Dímelo ya, porque me estás empezando a dar mucho miedo.
Tragó saliva y bajó la mirada. Dejó caer la mano hasta mi brazo.
—Maxi ha trabajado mucho por el grupo este verano. —Me miró otra vez y se encogió de hombros—. Ha organizado más conciertos, ha conseguido todo ese equipo para que podamos insonorizar la casa de Broduey, y también nos consiguió la actuación de la vez pasda…
Asentí. Todo eso ya lo sabía. Casi se me paró el corazón mientras esperaba a que me dijera lo importante.
León se me acercó un poco más y me acarició el brazo.
—Uno de los grupos con los que ha estado en contacto nos vio tocar. Se quedaron… impresionados y… —Suspiró y entrelazó la otra mano con la mía—. Quieren que toquemos con ellos en su gira — susurró.
Parpadeé y me aparté de él. Su cara tenía un aspecto desgarrado bajo la luz de la luna.
—¿Los han invitado a una gira? ¿A una gira de verdad?
Asintió, y luego se encogió de hombros.
—Es una gira bastante importante, con otros seis grupos, según dice Maxi. Somos… un añadido de última hora, los últimos de la fila, pero al menos, estamos metidos en ella.
Sorprendida y llena de orgullo, lo abracé con fuerza.
—¡Dios, León! ¡Es genial!
Suspiró de nuevo mientras le abrazaba, y me aparté para mirarlo.
No quiso mirarme, y la breve alegría que había sentido comenzó a desvanecerse. Le tomé la cara entre las manos y le acaricié la piel con los pulgares.
—Pero no te emociona… —Se me encogió el corazón al comenzar a comprenderlo todo—. Por mí, ¿verdad?
Me miró a los ojos y volvió a encogerse de hombros.
—Violetta, es una gira de seis meses… De costa a costa.
Me mordí el labio y empezaron a escocerme los ojos al pensar en lo que eso supondría para nosotros. Se marcharía, y durante bastante tiempo. Me obligué a mí misma a sonreír, aunque me sentía tan melancólica como él.
Negué con la cabeza.
—No pasa nada. Seis meses no es tanto tiempo. Y tendrás descansos, ¿no? Podré verte.
Asintió y bajó otra vez la mirada.
—No tengo por qué ir, Violetta. —Me miró a los ojos y movió la cabeza en un gesto negativo—. Puedo decirles a los chicos que no voy.
Me quedé con la boca abierta al darme cuenta del motivo por el que el grupo había comenzado a discutir. Les había dicho que no en el bar, porque no quería dejarme.
 Incliné la cabeza hacia un lado y estudié su cara.
—León, es tu sueño, y podrías cumplirlo. Podría ser tu momento, tu oportunidad. ¿No es lo que quieres?
Se encogió de hombros otra vez y miró al bar por encima de mi hombro.
—Me gusta la vida que tengo. Tocar en el bar de Pete… —Volvió a mirarme—. Estar contigo.
Le pasé la mano por el cabello y luego lo apreté para que nuestros cuerpos estuvieran juntos.
—León, sabes que tienes demasiado talento como para pasarte la vida haciendo sólo eso. Aunque me gustaría tenerte sólo para mí, sé que no te puedo mantener oculto al resto del mundo. —Bajó la mirada al suelo y yo me agaché para poder seguir mirándole a los ojos—. Y no se trata sólo de tu sueño, León. —Miré hacia el bar, y él siguió la dirección de mi mirada —. Sabes lo mucho que esto significa para ellos. —Volví a mirarlo y me encogí de hombros—. No puedes decirles que no por mí.
—Lo sé —me contestó y suspiró—. Son la única razón por la que estoy hablando contigo. —Meneó la cabeza antes de seguir hablando—. Violetta, todavía te queda un año de carrera, no puedes venir conmigo. No quiero dejarte…
 Sacudí con energía la cabeza y le interrumpí:
—Que no sea por mí, León. —Noté una vez más las lágrimas en los ojos, y tragué saliva con dificultad.
Iba a echarlo muchísimo de menos, pero no podía impedir que lo hiciera. No podía ser esa clase de persona… otra vez—. No voy a separar a otro hombre de su sueño —musité.
Me abrazó con fuerza y me apretó contra él como si yo estuviera a punto de desaparecer.
Tenía ganas de llorar, pero sabía que no debía hacerlo, no cuando notaba que temblaba entre mis brazos.
—León, ¿tienes miedo? —le pregunté preocupada con un susurro—. ¿Por qué? Nunca tienes miedo.
Negó con la cabeza.
—Eso no es verdad. Tengo miedo todo el tiempo. —Me echó hacia atrás para mirarme con el ceño fruncido. Tragó saliva—. Recuerdo, Violetta… — Yo fruncí todavía más el ceño y él meneó de nuevo la cabeza—. Recuerdo lo que pasó cuando Tomas te dejó… lo que eso te hizo. —Me miró fijamente a los ojos—. Recuerdo cómo acabamos juntos.
Sentí que me sofocaba cuando comprendí lo que estaba diciendo. Pensaba que si se marchaba, lo engañaría. Que me sentiría tan sola y triste sin él que me buscaría el hombre disponible más próximo y haría… exactamente lo que le había hecho a Tomas.
Sabía que no podía reprocharle ese temor, pero sentí rabia de todas maneras, y lo aparté de mí.
—No te marcharás porque cuando Tomas se fue…
—Sé que no te gusta estar sola —murmuró.
La rabia me sacudió al responderle.
—No voy a volverme loca porque te vayas ni te voy a engañar. No soy… No sería capaz de… —Tartamudeé mientras buscaba una respuesta que no sonara infantil—. ¿Por qué piensas eso?
—Porque yo estaba allí… cuando Tomas hizo exactamente lo mismo, cuando creía que no lo engañarías.
Suspiró e intentó abrazarme otra vez, pero se lo impedí deteniéndolo con el brazo. Intenté alzar la barbilla, pero noté que temblaba por las emociones que me embargaban.
—No es justo, León. He madurado. Y tú y yo estábamos en una situación completamente distinta. No puedes echarme eso en cara.
Negó con la cabeza en un gesto de disculpa.
—Lo sé, lo sé muy bien. Y sé que has madurado, Violetta, pero…
Cerró los ojos y apartó la cara.
Me quedé con la boca abierta, y esta vez fui yo quien meneó la cabeza.
—¿Es que vas a dudar siempre de mí? —susurré.
Fruncí los labios y deseé que tuviéramos la clase de relación en la que podríamos sonreír y felicitarnos mutuamente, o desearnos lo mejor a sabiendas de que no iba a ocurrir nada malo. Pero no teníamos eso. Teníamos dudas y miedos, aunque a veces intentara de un modo ingenuo fingir que no era así.
Levantó la vista para mirarme y alzó las cejas.
—¿Es que tú no te preocupas por mí? Esta mañana creías que te engañaba. ¿No te preocuparás cuando me vaya? Me refiero a que estaré de viaje durante meses… con Diego… ¿No se te ha pasado por la cabeza?
Entrecerré los ojos al pensar en la clase de problemas en los que podría meterse por culpa de ese miembro en concreto del grupo.
—No, pero ahora sí. —Me crucé de brazos y lo miré fijamente, hasta que él apartó la mirada. Volvió a suspirar mientras observaba la zona de aparcamiento. Yo también dejé escapar un suspiro y relajé la postura a medida que desaparecía mi enfado. No podía enfadarme con él por preguntarse algo que yo misma me había preguntado muchas veces—. Supongo que tendremos que probar suerte… y confiar el uno en el otro.
León asintió con gesto solemne y bajó la mirada de nuevo.


Dos capítulos!! ¿Y qué piensan sobre la gira? El Viernes me graduó de la secundaria ¡Estoy muy nerviosa!
Gracias por Leer. Los quiero 😘
Jany

If It Comes To Trush Again - Capitulo 29

Capítulo 29

"La noticia [Parte I]"

Cami también suspiró a mi lado.
Me giré hacia ella.
—Dios, tiene un pelo precioso —comentó con voz soñadora—. Siempre parece recién levantado de la cama. —Se volvió hacia mí—. ¿Cómo lo hace?
Me mordí el labio y me encogí de hombros con la esperanza de no tener la cara como un tomate.
No podía decirle que el pelo de León tenía ese aspecto de recién salido de la cama después de tener sexo porque era eso precisamente lo que había ocurrido. Demasiada información para una compañera de trabajo.
Se encogió de hombros, sacó un puñado de piruletas del bolsillo del delantal y me las dio.
—Toma. Pete las ha encargado para dárselas a los clientes. —Le quitó el envoltorio a una de ellas, donde se leía con claridad «Pete’s Bar», y se la metió en la boca—. Siempre se me olvida darlas. —Sonrió con la piruleta en la boca—. Tienen sabor a manzana.
Le sonreí y le di las gracias antes de marcharme para guardar mis cosas. Cuando volví, me abrí una. Me encantaba el sabor a manzana. Era mucho mejor que el de las manzanas de verdad.
Rita ya tenía preparada la cerveza de León antes de que me acercara a la barra a pedírsela.
Me la dio con malos modos mientras miraba a León, al otro lado del bar.
—Toma, para el señor trasero bonito.
Casi se la quité de las manos.
—Gracias.
Puse los ojos en blanco mientras me alejaba. Era muy irritante que desnudaran mentalmente a mi chico una y otra vez. Y la gente pensaba que los hombres eran los que siempre estaban cachondos. Empezaba a dudarlo de verdad.
Me saqué la piruleta mientras me acercaba a León, que estaba solo, y le di su bebida.
—Toma… lo de siempre.
Me sonrió mientras tomaba la cerveza de mi mano y, luego, me tomó la piruleta sin dejar de mirarme y se la metió en la boca. La chupó aguantándome la mirada y luego la soltó.
Fue algo tremendamente erótico, y oí unos cuantos gemidos procedentes de una mesa de chicas que estaba cerca.
Me apeteció mucho inclinarme sobre él para probar la manzana en su lengua, pero en vez de eso, decidí reclamar mis derechos.
Le empujé un hombro y fruncí el entrecejo.
—Agh, León, es mi piruleta.
Nada que pudiera hacer su boca sobre la mía o sobre cualquier otra parte de mi cuerpo me daría asco, pero tenía que establecer mi territorio. No se chupaba la piruleta de otra persona sin permiso.
Me sonrió como si supiera que yo le permitiría poner los labios donde quisiera.
—¿Qué dices? ¿Así que puedo poner la boca en tu…?
Le tapé la boca y miré un momento a las chicas de la mesa de al lado, que se echaban hacia delante para oírle mejor.
—¡León! —le advertí con un fuerte siseo.
Me apartó la mano de la boca y siguió hablando:
—…Pero ¿no puedo disfrutar de tu piruleta?
Meneé la cabeza y noté que no podía evitar empezar a sonreír. León me miró con ojos de cachorro y expresión desvalida, y eso lo hacía tremendamente atractivo.
Me rendí y le metí la piruleta en la boca. Esos ojos se lo habían ganado.
Me sonrió con el palito sobresaliéndole entre los labios y yo suspiré irritada.
—Al menos, podías pedirlo primero.
Se la sacó de la boca y la dejó entre los labios con un gesto seductor al mismo tiempo que alzaba una ceja.
—No sabía que tenía que pedirte permiso para ser un descarado.
Esta vez puse el ceño en un gesto de enfado de verdad.
—No me hables de descarados.
La palabra me hizo pensar en Candy. León comprendió la relación que se me había ocurrido mentalmente y dejó de sonreír.
 —Perdona —musitó.
Sacudí la cabeza y le besé en los labios. El sabor a manzana fue maravilloso, como debía ser.
—No pasa nada. —Hice caso omiso a los sonidos de descontento que llegaron de la mesa de al lado y le besé de nuevo—. La próxima vez pídelo, ladrón de piruletas.
Sonrió y empezó a disfrutar de verdad del dulce mientras me alejaba.

*******
Poco después, mientras le contaba a Cami el primer día de clase, menos el encuentro con Candy, claro, las puertas se abrieron de par en par. Me sobresalté y me volví a tiempo de ver a Maxi cruzándolas con una cara Madiante. Miró de inmediato a la mesa donde solían sentarse.
Al ver a León, sonrió todavía más y prácticamente corrió hacia allí. Miré a Cami, porque no estaba acostumbrada a verlo de un humor tan extrovertido, pero ella se encogió de hombros.
Las dos nos volvimos de nuevo hacia las puertas cuando se abrieron otra vez de golpe. Ahora fue Diego quien entró en tromba, seguido de Broduey. Ambos dos tenían la misma expresión sonriente que Maxi. Se apresuraron a seguir a éste, quien ya estaba casi al lado de León contándole algo con gesto emocionado.
León frunció el entrecejo y miró a sus otros dos compañeros.
Entrecerré los ojos mientras intentaba adivinar qué estaba pasando.
—Vilu, ¿qué es lo que pasa? —me preguntó Cami señalando a la mesa donde se encontraban Maxi, Diego y Broduey, sentados alrededor de León.
Todos se inclinaban hacia él a la vez que le hablaban, también al mismo tiempo.
La cara de León mostraba un asombro total mientras los miraba uno por uno. Les hizo unas cuantas preguntas cuando alguno de ellos se calló lo suficiente como para que le diera tiempo a meter baza.
—No tengo ni idea —le murmuré, y me dirigí hacia la mesa para averiguarlo.
León me vio llegar cuando ya casi estaba a la distancia suficiente como para oírlos. Me detuve en cuanto se echó hacia atrás en el respaldo de la silla y se pasó una mano por la boca.
Su mirada era de preocupación, de gran preocupación. Así que me detuve en seco, como si me diera miedo acercarme. Había creído que eran buenas noticias por las caras de sus amigos, pero daba la impresión de que a León no se lo parecían. Por su cara, más bien parecía que le habían dicho que se iba a morir.
Todos le dieron palmadas en la espalda llenos de emoción. Intentaban que sonriera, pero León negó con la cabeza y murmuró algo sin dejar de mirarme.
Los demás se volvieron hacia mí.
Di un paso atrás cuando los ojos de todos se clavaron en mí.
La mirada de Broduey era comprensiva. Eso me atemorizó. La de Maxi fue evaluativa. Eso me preocupó. La de Diego era irritada. Eso… no era nada nuevo.
León se inclinó hacia delante, lo que hizo que se volvieran de nuevo hacia él. Empezó a hablar en voz baja e intensa, y no oí lo que decía. Los chicos comenzaron de inmediato a menear la cabeza en gestos negativos y a mover las manos con irritación.
Jamás había visto pelearse a los miembros del grupo, y tenía la horrible sensación de que discutían por mi culpa.



Yyyyy ¿Qué tal?  ¿Saben cuál es la noticia? 😏😏 
Gracias por seguir leyendo esto a pesar de no actualizar mucho 😅
Las quiero 
(Trataré de subir otro capitulo más al rato, si no hasta el próximo Miércoles)
Jany

miércoles, 6 de julio de 2016

If It Comes To Trush Again - Capitulo 28

Capitulo 28

"Libros"

Siempre me sorprendía la rapidez con la que León era capaz de hacerme cambiar de humor. En un momento dado, estaba segura de que había cometido un error y que lo nuestro no funcionaría y, al momento siguiente, me levantaba con languidez de la cama, a su lado, y con una sonrisa satisfecha y cándida, pensando que todo iba y estaba bien en el mundo. Así me sentía mientras le daba un último beso antes de entrar en el cuarto de baño para arreglarme e ir al trabajo. Saqué la plancha rizadora y le hice sitio en la estantería en la que los productos de belleza de mi hermana parecían multiplicarse. Escuché tararear a León en mi dormitorio. Era un sonido tranquilizador, y vi en el espejo que mi sonrisa boba se ensanchaba.
Meneé la cabeza por el aspecto de mi cabello, que indicaba claramente que acababa de tener sexo, y comencé a cepillarme con fuerza. León era así de particular. Podía estropearlo todo, o podía hacer que todo saliera a la perfección. Candy estaba intentando interferir porque era la clase de arpía celosa que yo me esforzaba en no ser. Ya la había oído fanfarronear delante de otros estudiantes diciendo que salía con una estrella del rock. Aunque yo a veces deseaba que no fuera así, a ella le encantaba que él tuviera esa especie de fama en la universidad. Ella quería más de esa fama. Estaba segura de que se había liado con él para que su nombre se relacionara con el de León. Me repugnaba que hubiera gente tan obsesionada por conseguir sus quince minutos de fama. A mí, la fama sólo me complicaba la vida. Todo sería mucho más sencillo si nadie supiera quién era él.
Volví al dormitorio después de arreglarme el maquillaje y de peinarme el cabello y recogérmelo en una cola de caballo funcional pero bonita. León se había puesto cómodo en el enorme colchón que ocupaba la mayor parte de mi pequeño dormitorio. Estaba recostado contra las almohadas y se frotaba entre sí los pies cubiertos con calcetines. Estaba vestido de nuevo, y leía una de mis novelas románticas con una leve sonrisa de diversión en la cara. Le eché un vistazo a la portada, en la que se veía una corbata.
 Sacudí la cabeza.
—¿Qué haces?
No me miró, pero su sonrisa se hizo más amplia.
—Leo tu porno.
Le di una palmada en los pies al pasar a su lado y le bufé.
—Eso no es porno. Es un libro romántico.
León soltó otro bufido y me miró.
—¿De verdad?.
Bajó la mirada al libro y comenzó a leer un párrafo: «Ella jadeó contra su boca cuando él rozó la erección contra su piel. Él gimió cuando el deseo de ella lo inundó. Estaban preparados para estar juntos, libres de culpabilidad y remordimientos… por fin. Lo rodeó con las piernas y lo guió con las caderas hasta colocarlo donde debía estar. Cuando notó que la punta de su propio ser se apretaba contra su entrada, la oyó gemir: “Quiero que te entierres dentro de mí, quiero que me consumas”».
Me sonrojé por completo al recordar la parte que había leído. Era una escena bastante sensual, y solía excitarme un poco. El modo en el que la había leído era tan sensual… Me avergonzó que tuviera razón hasta cierto punto, y le quité el libro para meterlo en un cajón de la cómoda.
Estaba segura de que la próxima vez que lo leyera, oiría la voz sensual de León en la cabeza. Sólo pensarlo me dio escalofríos. Me miró con sonrisa aviesa. —¿Lo ves? Porno… —Se inclinó hacia mí—. Y porno del duro. — Señaló el cajón donde había guardado el libro—. No me importaría probar…
Noté las mejillas ardiendo. Le tiré del brazo para interrumpirle y hacer que se levantara.
—Ponte ya los zapatos, que tenemos que irnos.
Se rió mientras recuperaba el equilibrio.
 —Sí, claro. Bueno, otra vez será.
**********
Cuando poco después entré en el bar de Pete junto a León , me recibió la bulliciosa Camila. Como Ludmila tenía la noche libre, Cami sería mi cómplice de trabajo.
—¡Hola, chicos!
—Hola, Cami.
Sonreí a mi vivaracha compañera e intenté apartarme de mi novio para guardar mi bolso.
 En cuanto nuestros dedos se separaron, León me agarró de la cintura y me pegó de nuevo a su cadera.
—Tomaré lo de siempre —me susurró al oído.
Me mordí el labio, porque su voz me provocó un escalofrío por toda la espina dorsal. Me giré para mirarle con expresión sugerente y meneé la cabeza. —Sé lo que te gusta, León.
Me sonrió con gesto travieso y me deslizó la mano en el interior de uno de los bolsillos traseros.
—Sí… sí que lo sabes.
Me di cuenta de lo sugerente que había sonado lo que le había dicho, y lo aparté de mí de un leve empujón. A veces tenía una mente muy pervertida. Bueno, la verdad es que la mayor parte del tiempo.
Se rió cuando se me encendieron las mejillas, y luego me besó en una de ellas.
—Eres tan adorable. —Se inclinó en el oído para susurrarme—. ¿Te he dicho alguna vez lo mucho que me excita eso? Me eché a reír al mismo tiempo que me apartaba, no sin antes murmurarle mi respuesta. —¿Y qué es lo que no te excita, León? Me sonrió encogiéndose de hombros y luego se dirigió hacia su mesa. Suspiré mirándole el trasero mientras se alejaba de mi.


¿Jany actualizando? Fin del mundo asegurado. Bien para no hacer esto largo vamos a resumir.... TODOS LOS MIERCOLES CAPITULOS DE IICTTA. Listo lo dije bye.
PDT: Chicas de Whatsapp urgente que se comuniquen conmigo porque las extraño a más no poder. ¡Chao¡ Hasta el próximo miércoles.



sábado, 26 de marzo de 2016

If It Comes To Trush Again - Capitulo 27

Capitulo 27

"Yo Te Amo A Ti"
Cuando salí al aparcamiento, vi de inmediato el Chevelle negro reluciente de León. También lo vi a él, y comprendí de inmediato por qué no me había esperado en la puerta principal en mi primer día de clases. Estaba rodeado por un grupo de cinco chicas. Estaba apoyado con actitud despreocupada en su coche mientras hablaba con ellas. Todas soltaban risitas al hablar, como si fueran niñas de trece años. Distinguí su pequeña sonrisa de satisfacción a pesar de lo lejos que me encontraba de la escena. Después del encuentro con Candy, aquello hizo que me hirviera la sangre. Cerré los puños y caminé con paso decidido hacia él. Me esforcé por calmarme, pero creo que en realidad me enfurecía más y más con cada paso que daba. ¿Cuándo habían visto ese maldito tatuaje? ¿Acaso se iba exhibiendo? ¿Era demasiado ingenua al creer que lo nuestro era tan magnífico que él jamás lo estropearía? ¿Seguía siendo un tipo que se tiraba a la primera que encontraba?
León giró la cabeza al reírse de algo que le había dicho una de aquellas descaradas y entonces me vio. Su sonrisa se ensanchó al ver que me acercaba, pero luego se apagó un poco al fijarse en la expresión de mi cara. Las chicas no se apartaron y tuve que abrirme paso entre ellas para llegar hasta él.
 —Vámonos —le solté.
No estaba de humor para aguantar ni un segundo más a sus admiradoras. Hizo un gesto de asentimiento con el entrecejo fruncido mientras me abría la puerta del pasajero. Después de cerrarla, oí que se despedía de su séquito de adoradoras.
—Lo siento, pero tengo que irme. Encantado de conocerlas.
Me llegó el coro de gemidos y lamentos cuando se dirigió a su lado del coche. Puse los ojos en blanco.
León me miró con curiosidad mientras ponía en marcha el coche. El rugido del motor hizo juego con mi malhumor. Alzó una ceja y metió la marcha atrás. Me miró de reojo al mismo tiempo que vigilaba dónde estaban las chicas para no atropellarlas.
—¿Me quieres contar qué te ha pasado para que estés tan enojada?
Apreté la mandíbula y miré fijamente las zorritas que le miraban a él. La mayoría apartaron los ojos cuando tropezaron con mi mirada, pero un par de ellas me respondieron sosteniéndola.
—La verdad es que no —murmuré.
Suspiró y me puso la mano en el muslo.
Me pregunté de inmediato en qué otros sitios habría estado esa mano.
—Pero ¿lo harás? —Lo miré, e intenté mantener una expresión imperturbable, que no revelara mi estado de ánimo. Frunció el ceño—. Fuiste tú la que me dijo que debíamos hablarlo todo… y a mí me parece que eres tú la que necesita decir algo.
Gruñí y me crucé de brazos a la vez que deseaba no haberle dicho eso nunca.
—Este año me toca otra clase con Candy. Se ha esforzado por saludarme al terminar la clase.
Le observé con atención mientras él mantenía la mirada fija en la carretera por la que conducía. Entrecerró los ojos e inclinó la cabeza hacia un lado, lo que resultó ser un gesto adorable de confusión.
 —¿Candy?
Miré al cielo cuando no reconoció de inmediato el nombre.
Claro, si tu librito de contactos tiene el grosor de las páginas amarillas, supongo que se tarda en repasarlo por completo. Suspiré otra vez un segundo más tarde, pero la expresión de su mirada indicó en ese mismo momento que ya la había reconocido, y me miró un instante.
—Ah, Candy. —Torció el gesto, y luego se encogió de hombros—. ¿Qué… ha dicho?
Lo miré fijamente y apreté las manos sobre el pecho. Si no lo hubiera hecho, le habría dado una bofetada.
—Habló de un concierto que diste la semana pasada.
Levantó un poco la mirada para hacer memoria, o quizás estaba utilizando la parte del cerebro que creaba mentiras con rapidez. Si miraba hacia arriba y a la izquierda, era una, y si era arriba y a la derecha, era la otra. Lo que ocurría era que no me acordaba cuál se correspondía a cada cosa.
—Sí, sí que lo dimos. —Inclinó la cabeza hacia mí—. ¿Estaba allí? No me saludó —añadió con rapidez, como si quisiera dejarme claro que no la había visto.
Entrecerré todavía más los ojos mientras le observaba. ¿Me había acostado la noche anterior con un hombre que practicaba sexo con muchas otras mujeres? Dios, me ponía enferma sólo pensarlo.
—No, pero una amiga suya te vio… en la parte de atrás.
Se lo dije con tono suspicaz, y me miró con expresión divertida antes de volver a centrarse en la carretera.
Se encogió de hombros.
—Ok. —Me miró un momento y alzó una ceja—. ¿Y porque me haya visto una amiga suya pones esa cara agria?
Respiré hondo controlándome todo lo que pude y me resistí a golpearle de forma insensata.
—Porque dice que te vio hacer cosas… con alguien que no era yo.
Me miró y abrió los ojos como platos antes de dar un volantazo para echar el coche a un lado de la calle.
Tuve que agarrarme a la puerta por la rapidez con la que movió el coche. Lo dejó aparcado y un poco subido a la acera antes de volverse hacia mí. La expresión de su cara era tremendamente seria cuando se giró de nuevo a mirarme.
Noté que los ojos se me llenaban de lágrimas.
—No estoy haciendo nada con nadie más que contigo. Todo lo que te ha dicho es mentira, Violetta. Levanté la barbilla, pero noté que se me saltaba una lágrima, que bajó por la mejilla.
—Sabía lo del tatuaje, León.
Me puso una mano en la mejilla y me enjugó la lágrima.
—Pues lo vio en otro lugar, o alguien se lo ha dicho, porque no estoy haciendo el tonto por ahí. —Se quitó el cinturón de seguridad y se inclinó hacia mí—. Sólo hago el tonto contigo. Sólo me desnudo contigo. Sólo hago el amor contigo, Violetta. —Se echó atrás y me miró directamente a los ojos—. Te elegí a ti. Te quiero a ti. No me interesa nadie más, ¿de acuerdo?
Asentí, y noté que me caían más lágrimas por las mejillas.
Sentí que me decía la verdad. Eran unas palabras de apoyo, tranquilizadoras, como las que yo le decía a menudo. Odiaba que esa zorra celosa y conspiradora me hubiera hecho dudar de él.
Si no hubiera tenido tan buenos argumentos, no lo habría hecho, pero León tenía un largo y sórdido historial de malas decisiones en lo que se refería a las mujeres. No siempre me sentía tan especial como para ser capaz de detener esa clase de comportamiento. Se inclinó sobre mí para besarme con ternura, y me tranquilicé al notar cómo volcaba todo su corazón en ese tierno gesto. Probé el sabor de la sal entre nosotros, e intenté dejar a un lado todas las dudas.
Habíamos pasado por mucho.
Había atisbado una parte de él, una vulnerabilidad, que sin duda alguna no había visto ninguna otra mujer. Estaba segura de que su corazón me pertenecía, y que no se arriesgaría a perderme por un estúpido deseo. No cuando podía satisfacerlo conmigo. No cuando podía llevarme a mi cama cada noche, y además, una cama que era completamente nueva y que me había comprado dos días antes. Nuestros besos se volvieron cada vez más apasionados, y nuestros cuerpos se acercaron al mismo tiempo que se nos aceleraba la respiración. Quise recordarle lo que podía ser para él, y quise recordarle exactamente lo que teníamos juntos, una relación que ninguna admiradora ansiosa sería capaz de romper. Sabía que tenía un par de horas libres antes de entrar a trabajar, y un apartamento vacío, así que subí los labios hasta su oído.

¿Alguien más que necesita escuchar la nueva canción  Leonetta? solo 33 días para escucharla!!

Jany.

If It Comes To Trush Again - Capitulo 26

Capitulo 26

"Encuentros No Deseados"

Ya me habían acosado por León. Sobre todo Candy, que era la que disfrutaba acostándose con él. Bueno, esa diversión se le había acabado, y tenía que buscársela en otro sitio. Las seguí por el pasillo con una leve sonrisa mientras ellas se reían. Se me escapó un suspiro cuando las tres entraron en la misma clase a la que iba yo. Ya había asistido a la misma clase que Candy, la primavera anterior, cuando León y yo por fin nos habíamos reunido. Tenía que haber adivinado que volvería a coincidir con ella y, por supuesto, que tenía que ser una clase a la que debería asistir a diario. Además, la clase de ética. Vaya alegría. Seguro que el universo se estaba partiendo de risa. Entré en la clase meneando la cabeza, mirando al techo, y con mariposas en el estómago. Se me calmaron en cuanto la gente que ya estaba sentada levantó la vista, y luego la bajó. Bueno, todos menos tres. Candy y sus amigas me siguieron mirando mientras me dirigía a una sección apartada de ellas. Noté los ojos clavados en la espalda mientras me sentaba y sacaba un cuaderno para ponerme a garabatear como una loca. Esperé a sentir en cualquier momento la presencia de Candy, sentándose a mi lado. Y cuando por fin noté cómo se acercaba un cuerpo, me encogí un poco y levanté la vista, pero sólo era un tipo de aspecto formal.
Me miró como si pensara «bien, no parece una charlatana, no me distraeré a su lado», y luego se sentó a mi lado. Seguí dibujando garabatos, satisfecha de que al menos el antiguo rollo de León no me molestara a la hora de aprender. Estaba repasando mentalmente las explicaciones del profesor sobre las diferencias entre la ética y la moral, y por eso no me di cuenta de que se me acercaba. No me fijé en ella hasta que me tuvo rodeada junto a sus dos amigas.
Cuando vi que salían de la clase a mi lado, solté un suspiro calmado y recé para que León me estuviera esperando en el coche, y no en la puerta principal. Candy se pegó a mí e inclinó la cabeza para hablarme.
—Se dice que tú y León están juntos. Ahora, de verdad.
La miré y por un momento pensé en detenerme y ofrecerle la mano para presentarme de un modo formal, porque nunca lo habíamos hecho.
Pero no lo hice, y me limité a encogerme de hombros antes de contestar.
—Sí.
Soltó un bufido de desprecio, y sus imitadoras se rieron.
—Así que no te importa que se vaya con cualquiera, como un prostituto.
Me detuve en seco, la miré fijamente y me pregunté si podría soltar una bofetada a una chica en mitad del pasillo de la facultad sin meterme en un problema. Estábamos en la universidad, ¿no? Se supone que había libertad de expresión, ¿verdad?
—No es así. No vuelvas a llamarle eso.
Noté la ira en mi tono, y me sentí un poco orgullosa de que no me temblara la voz. Se puso las manos en las caderas y sus amigas se colocaron detrás de ella, como un coro de cantantes o algo parecido.
—Bueno, creo que tienes razón. —Se inclinó hacia mí y abrió mucho los ojos—. Si fuera prostituto cobraría. Él lo hace por diversión.
Tuve que agarrarme literalmente a mis vaqueros para no derribarla de un empujón. Vaya. Que me detuvieran por agresión no era el mejor modo de empezar el curso, así que di media vuelta y caminé con paso rápido hacia la salida.
Por supuesto, me siguió.
—¿Qué? ¿No puedes enfrentarte a la verdad? Sólo quería avisarte de que sigue acostándose con todas las chicas que puede. —Se rió, pero de un modo desagradable—. No te creas que lo has convertido milagrosamente en un buen chico. Los hombres son como son, y León es un adicto al sexo.
Me giré hacia ella con lágrimas de rabia.
—No lo conoces en absoluto. No sabes nada de todo por lo que ha pasado. —Me incliné hacia ella, y ahora fui yo quien abrió mucho los ojos —. Sé que te has acostado con él, pero no confundas el sexo con una relación personal.
Me sentí irritada conmigo misma por haber permitido que sus palabras me afectaran, porque sabía muy bien que lo que quería era sacarme de quicio.
Abrí las puertas de un empujón. Por suerte, León no estaba allí. Siguió pegada a mis talones mientras me replicaba.
—Eh, que te estoy haciendo un favor. ¿De verdad crees que ha cambiado de repente, que ya es un hombre fiel, de una sola mujer? ¡Un tigre no cambia de manchas!
Bufé sin dejar de bajar los escalones y le contesté por encima del hombro.
—Los tigres no tienen manchas. Recita bien las metáforas.
Se puso a caminar a mi lado con gesto remilgado.
—Lo que tú digas, pero que sepas que Tina… —Y señaló con el pulgar a la rubia que iba a su lado—, lo vio en la plaza la semana pasada después de un concierto. —Sonrió con maldad y me dio en el codo para que no me escapara—. No llevaba puesta la camisa, y estaba a punto de liarse con una zorra.
Tina hizo un gesto de asentimiento para confirmarlo.
—Y en un almacén de trastos. Muy romántico…
Seguí mirando a algún punto, pero noté que se me helaba el cuerpo. La semana anterior tuvo unos cuantos conciertos que no fueron en el bar de Pete. Llegó muy tarde, porque tuvo que ayudar a recoger sus cosas.
Podría haber… Negué con la cabeza. No, no después de todo por lo que… No me haría eso.
Una voz insistente en mi cabeza dijo algo más: «Claro, como si tú no se lo hubieras hecho a Tomas». Hice caso omiso de esa voz y entrecerré los ojos al mirar a las dos cotillas.
—Confío en él.
Tras decir aquello agité el brazo y me alejé.
Me siguieron sus risas.
—¡Oye! ¿Sabes que tener tu nombre tatuado en el pecho no quiere decir que no preste otras partes de su cuerpo?
Me volví hacia ella con la boca abierta.
No había mucha gente que supiera lo del tatuaje de León. Ya se mostraba mucho más reticente a quitarse la camiseta en los conciertos, como si no quisiera que la gente viera ese tatuaje. Para mí era muy importante que lo sintiera de ese modo. Era algo íntimo, algo entre nosotros dos. ¿Cómo lo sabían? ¿De verdad Tina lo había visto medio desnudo? No quería creérmelo, pero me lo imaginé con claridad, medio desnudo, jadeante por el deseo, con alguna zorra admiradora pegada a su boca.
Luego me lo imaginé cerrando la puerta del almacén para hacerle todo tipo de cosas increíbles.
Noté que se me subía la bilis a la garganta mientras las miraba.
Sólo se rieron en mi cara, y Tina me sonrió con un gesto falso de disculpa mientras Candy se encogía de hombros.
—Los hombres son así, Violetta —me dijo con una sonrisa dulce.
Me mordí el labio y me obligué a mí misma a caminar para alejarme de ellas, pero sin correr.
Me mentían… Tenía que ser eso.

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Jany