viernes, 31 de octubre de 2014

Acto De Iniciación - Capitulo 6

CAPITULO 6

"Marcando las distancias"

(Leon)


Estaba tan eufórico desde ayer por la tarde que no me costó despertarme hoy, y me levanté casi de un brinco de la cama. Me había molestado bastante el hecho de que el novio de mi víctima no se hubiera puesto celoso, pero segundos después había recapacitado y me dije que, si no necesitaba pelear con él, tenía las cosas todavía más fáciles… Sin contar con que ahí de seguro había algo extraño, porque esa reacción no era normal. ¿Me estaba dejando el camino libre y se rendía antes de luchar o era que Violetta no le interesaba? No acababa de entender cómo iba eso. Y tampoco podría entender cómo no podría interesarle esa chica.
Pero qué más daba; al fin y al cabo, sería mía, con novio o sin él, y si Violetta seguía mostrándose tan dispuesta a aceptarme como su amigo de la forma en que lo hacía ahora, con lo ingenua y buena que era, seguramente no me costaría demasiado conseguir algo más de ella, si jugaba bien mis cartas. E iba por buen camino, oh, sí.
Con una sonrisa de satisfacción en los labios, avancé hasta el equipo de música y lo encendí. Casualmente estaban pasando en la radio uno de mis temas favoritos de Bon Jovi, y yo sentí el acostumbrado escalofrío. Subí el volumen hasta que me dolieron los oídos, sintiendo en cada fibra el estruendo de las notas musicales del A mientras me quitaba el pijama y me ponía los pantalones reglamentarios.
You want commitment
Take a look into these eyes
They burn with a fire
Till the end of time
I would do anything
I'd beg, I'd steal, I'd die
To have you in these arms tonight

Baby I want you like the roses
Want the rain
You know I need you
Like a poet needs the pain
I would give anything
My blood my love my life
If you were in these arms tonight

I'd hold you
I'd need you
I'd get down on my knees for you
And make everything all right
If you were in these arms
I'd love you
I'd please you
I'd tell you that I'd never leave you
And love you till the end of time
If you were in these arms tonight
Ah, la música. Podía convertir una mañana rutinaria, preludio de un día de estudios y aburrimiento, en algo realmente joroschó y cargado de adrenalina. Quizá el sexo fuera algo parecido, me dije, en un descuido de mi mente. Aunque me costaba imaginarlo.
We stared at the sun
And we made a promise
A promise this world would never blind us
These are our words
Our words were our songs
Our songs are our prayers
These prayers keep me strong
And I still I believe
If you were in these arms tonight

I'd hold you
I'd need you
I'd get down on my knees for you
And make everything all right
If you were in these arms
I'd love you
I'd please you
I'd tell you that I'd never leave you
And love you till the end of time
If you were in these arms tonight

And these were our words
They keep me strong baby
Seguí delirando y vistiéndome a un tiempo durante bastante rato, distraído con mi música y mis pensamientos extraños, hasta que oí que alguien llamaba a mi puerta. Por un momento creí que podía tratarse de alguna ilusión auditiva, entre tantas notas a un volumen tan alto danzando a mi alrededor, pero como insistieron con los golpes decidí ir a ver quién era.
Fue una sorpresa encontrarme con aquella mujer ya medio pasada de años, de piel arrugada y amarillenta, cabellos canos y cortos, ojos agresivos de color gris y el ceño fruncido, al igual que los labios, en una mueca de desagrado. Hoy, como casi siempre que me topaba con ella, estaba vestida con aquella bata tan fea de color azul que le cubría las piernas sólo hasta las rodillas, y después dejaba libre la vista de los pliegues y las pantuflas gastadas y rotas en torno a las cuales se arremolinaban un montón de gatos maulladores con los que ella vive y que son su única familia, hasta donde yo sé, porque ni siquiera recibe visitas y siempre está muy sola.
Mi vecina siempre me había parecido la viva imagen de la decadencia.
—Muchacho desvergonzado —me gruñó—, podrías siquiera taparte un poco para abrir la puerta a un desconocido. No a todo el mundo le interesa verte.
Yo bajé un poco la mirada y descubrí que no me había llegado a poner la camisa, o quizá me la había quitado —no estaba seguro—, porque lo único que me tapaba un poquito el torso era la corbata. De verdad hoy estaba muy distraído.
— ¿Pasa algo malo? —le pregunté, obviando el otro comentario. Me bastaba con que la vieja no tuviera quince años y le importara un comino cómo me viera yo sin camisa—. ¿Otra vez tiene problemas con el desagüe?
He de aclarar que la única vez que tuve contacto con esta mujer en otro sitio que no fuera el pasillo o el ascensor fue gracias a que el desagüe se le había atascado, y, como yo era nuevo en el bloque de edificios, había accedido a ayudarla porque me había dado un poco de pena… y porque no tenía nada mejor que hacer, en realidad. No obstante, pronto aprendí que mi amabilidad no iba a ser, ni mucho menos, correspondida, ya que la tipa se libró de mí y me puso de puertas afuera una vez hube acabado con la labor que me costó arruinar una camiseta y un par de pantalones que me gustaban mucho… Aunque, gracias a eso, había podido confirmar mis sospechas acerca de su vida tan terriblemente solitaria —si exceptuamos la compañía de las decenas de mininos— y seguramente por ello no la había mandado a la mierda y toleraba su mal carácter… de vez en cuando.
Mi vecina negó con la cabeza y luego se agachó para tomar en brazos a dos de sus gatos, que estaban mordiéndole las pantuflas, probablemente hambrientos y malcriados. Los bichejos se habían quejado entonces, pero nadie les hizo demasiado caso.
—No se trata de eso, muchacho —dijo, con el mismo tono cáustico de siempre—, sino de que tienes la música muy alta y son las seis y media de la mañana. ¿No sabes que hay gente que quiere dormir y que, además, no soporta esa música infernal que tanto te gusta? ¡Más te vale que apagues esa porquería o tendré que hacer que te echen de aquí a patadas, niño, te lo advierto!
Por supuesto, ésta no era ninguna conversación inusual entre nosotros, pues si nos hablábamos alguna vez era porque la vieja quería echarme la bronca por algo: por la música, por la alarma del despertador, por la tele, por no sacar mi correo del buzón o por la primera tontería que se le ocurriera, con tal de poder enfadarse y hablar con alguien. Seguramente se aburría mucho conversando con sus gatos y poder gruñirle cosas a un ser que no anduviera en cuatro patas le resultaba reconfortante y civilizador, en cierto modo.
Pobre vieja loca.
—Bajaré la música —aseguré, tranquilo y aburrido, sin ganas de discutir y dispuesto a darle el gusto a la mujer—. Siento haberla molestado…
Ella asintió con la cabeza y finalmente se marchó, no sin antes dirigirme una última mirada malhumorada de advertencia. Todos sus gatos la siguieron, con los rabos peludos apuntando hacia el cielo.
Sonreí un poco mientras cerraba la puerta. Hoy era mi día optimista y ninguna tontería iba a arruinarlo, y mucho menos mi vecina, de modo que preferí bajar el volumen de la música. Además que de todos modos lo habría hecho, porque el tema que me gustaba se había acabado y ahora emitían alguna otra canción que a mí no me sonaba de nada.
Después de ponerme la camisa, la chaqueta y comprobar que todo estaba listo, desayuné rápidamente algunas tostadas mientras veía la tele, sin sentarme, y después salí de casa para ir al instituto.
El camino se me hizo bastante corto, por eso de que iba feliz, y pronto me encontré con que ya estaba en medio de los pasillos del instituto 21 y quienes me conocían me saludaban con la mano.
Al entrar a la clase, me encontré con que había ya bastante gente rondando por ahí, y pronto Broadway se me acercó para cuchichear algunas cosas acerca de aconsejarle algún sitio o a alguna persona que pudiera conseguir aquella maría tan buena que yo les había llevado ayer. Y yo, obviamente, me negué lo más diplomáticamente que pude, sin querer dar el brazo a torcer y cortar uno de los pocos vínculos que me seguían uniendo a mis amigos, por muy triste que resultara pensar así.
—Y, por cierto —me dijo después de insistir un rato y no conseguir nada—, me he enterado de algo muy interesante que podrías hacer hoy por la tarde, en el aula de Plástica…

(Violetta)


En mi cabeza, seguía dándole vueltas al asunto de Tomas una y otra vez mientras dejaba que mis dedos se enterraran en aquella masa húmeda, fría y giratoria que debería acabar siendo un jarrón de arcilla, pese a que ahora se asemejara más a una escultura dadaísta que a cualquier cosa con sentido. De no ser porque tenía que entregar este trabajo atrasado, no estaría utilizando mis horas libres por la tarde encerrada en el salón de Plástica, sino probablemente en mi cama, pasando las horas muertas mirando el techo y preguntándome qué era lo que había hecho yo, tan malo, para que Tomas no me correspondiera y todo lo nuestro, que había marchado tan plácida y agradablemente durante tantos meses, se viniera de repente abajo, sin nada que yo hubiera notado actuar de por medio o interferir de cualquier manera…
Constantemente me preguntaba si habría hecho o dicho algo que pudiera haberlo molestado profundamente, o si sería que, simplemente, se había aburrido de mí. O quizá hubiera encontrado a otra persona. O incluso… incluso podía ser que nunca me hubiera querido tanto como yo pensaba, y, entonces, habría vivido engañada durante mucho tiempo.
La idea me resultaba terriblemente dolorosa; tanto que podía sentir el agujero sangrante en mi pecho llenarme de vacío y remordimientos interiores, sin permitir a mi mente conseguir una respuesta a mis preguntas, un bálsamo para la incertidumbre y el dolor agudo de no saber qué es lo que haces mal para poder mejorarlo y no perder a alguien a quien quieres.
A quien quieres mucho.
Gruñí al notar que los ojos se me estaban empañando y me obligué a tranquilizarme. No tenía todo el día para acabar con el trabajo, así que sería mejor para mí concentrarme en él y no darle vueltas a algo que no tenía sentido, porque no conseguiría nada hablándolo conmigo misma.
Durante alrededor de diez minutos localicé todos mis pensamientos en dar forma a aquella cosa extraña que parecía salida de un cuadro de Dalí, pero me di cuenta de que, por más que lo intentaba, nunca quedaba bien. Siempre quedaban las huellas de mis dedos, o se torcía hacia un lado, o el hueco en el que irían las flores quedaba más ovalado que redondo, y entonces tenía que comenzar de nuevo desde el principio…
Dios ¿por qué sería tan mala en estas cosas? Ojalá se me diera tan bien dibujar, esculpir o modelar como a Francesca, por ejemplo, que había hecho un jarrón precioso.
— ¡Maldición! ­ —me quejé, e hice las manos a un lado de mi proyecto, para apoyarlas sobre la mesa.
Justo en ese momento oí que la puerta abrirse y me giré a ver quién era. Lo primero que supuse fue que se trataba de Leon, por supuesto, porque siempre parecía encontrarme por todas partes. Sin embargo, me di cuenta de que era una niña que seguramente rondaría los trece o catorce años, de pelo corto y negro, con unos bonitos y tímidos ojos castaños.
— ¿Has visto a Leon Vargas? —me preguntó al instante. Yo suspiré.
Bueno, si no era él, era su sombra la que me perseguía a todas partes ¿no?
O quizá era que me lo preguntaba a mí porque era la única chica con la que andaba, ahora que me ponía a pensarlo.
Dios ¿por qué yo? ¡Qué tonto era!
—No lo he visto, no…
La chica hizo una mueca de fastidio.
—Es que necesitaba decirle algo muy importante —me explicó, sin que yo le preguntara nada. Probablemente lo que buscaba con eso era pasarme a mí el encargo, me dije, y volví a suspirar.
—Puedo decírselo yo… —Apenas lo sugerí, me di cuenta de que quizá no era algo de mi incumbencia y que podía tratarse de algo más privado, teniendo en cuenta que era una chica la que me hablaba, así que añadí—: Bueno, en caso de que sea algo que pueda decirle, claro, porque si quieres declararte o algo así, entonces…
¿Por qué había dicho lo que pensaba en voz alta? Ella se sonrojó.
—No es nada de eso —me aseguró rápidamente, todavía abochornada—. Un amigo suyo me mandó a buscarlo.
— ¡Ah…! —Yo también me sonrojé, sintiéndome idiota—. En ese caso, puedo decirle yo lo que quieras, si me lo encuentro.
Cosa que seguramente haría, por otra parte.
—Si lo ves, le dices que uno de sus amigos está en problemas por haber hecho no sé qué cosa a un profesor —me comunicó—, y que quiere que vaya a salvarle el pellejo o lo castigarán.
No, si es que sus amigos eran verdaderas joyitas, pensé, con gracia. Sobre todo Marco. Lo más probable era que hubiera sido él.
—Se lo diré, no te preocupes.
— ¡Gracias! ­—dijo, y se largó.
Ya algo más calmada luego de la distracción, volví a girarme hacía mi creación y descubrí que seguía siendo tan horrorosa como un minuto y medio atrás. La pasta marrón estaba moldeada de tal forma que parecía… parecía… ¿qué demonios parecía eso?
Cualquier cosa menos lo que debería ser.
Me arremangué, molesta de nuevo, pero sin estar dispuesta a tirar la toalla. No me iba a dejar vencer por un jarrón, nunca en la vida. O al menos no por éste en concreto, que tantas horas de meditación trascendental me estaba quitando. Así pues, miré, desafiante, mi objetivo, y me coloqué en posición de ataque.
Pero la puerta volvió a abrirse justo cuando estaba hundiendo los dedos en la masa, enchastrándomelos otra vez. Pensé que la chica se habría olvidado de decirme algo más y volví el rostro hacia allá, esperando encontrarme con ella… pero esta vez no tuve tanta suerte.
— ¡Violetta! —dijo Leon Vargas, y yo ahogué un suspiro de frustración—. Me dijeron que estabas aquí.
Dios que era pesado.
Aunque por verlo sonreír quizá valía la pena soportarlo.

—Estoy haciendo el trabajo de Plástica que tenía pendiente… Tengo que terminarlo ahora o van a echarme una bronca muy fea —expliqué, esperando que con eso entendiera que no deseaba ser interrumpida. Especialmente no por él.
—Sí, sí, Broadway me dijo que tenías que acabarlo hoy, y por eso vine.
Diablos. De verdad que me parecía un chico excelente, porque si no ya lo habría mandado a tomar viento un rato. ¿No había entendido la indirecta o era que no le importaba?
—Uno de tus amigos necesita que lo ayudes —intenté—. Se mandó alguna buena y van a castigarlo si no intercedes… Debe de estar en la oficina del director.
—Ellos siempre se meten en esos problemas. —Se encogió de hombros—. Yo no voy a servir de mucho.
Se acercó a mí con aquel paso felino tan propio de él, andando con movimientos gráciles, ligeros y silenciosos, y llegó a mi lado más rápidamente de lo que yo me esperaba. Lo miré a los ojos durante breves segundos, hasta que vi que me sonreía, y entonces bajé la mirada. Tenía las manos metidas en los bolsillos del pantalón y la corbata desarreglada.
— ¿Eso es el jarrón de la semana pasada, Violetta? —me preguntó con voz extraña.
Yo volví a mirarlo y noté que tenía en el rostro una mezcla de sentimientos mal disimulados: gracia, asombro, mofa, pena y desagrado. Y obviamente tenía motivos para ello, contando con que estaba frente a un auténtico mutante giratorio de arcilla.
—Algo así —reí, y me pasé una mano por la cara para apartar un mechón de pelo que quería meterse en mi boca—. Al menos, debería serlo… Está horrible ¿verdad?
Él despegó instantáneamente los ojos verdes de mi escultura —si es que se podía llamar así— y un ligero sonrojo cubrió sus mejillas. Me sorprendí al ver aflorar su sonrisa tímida de aquella tarde de la confesión en sus labios, y me quedé prendada de su gesto. Esta sonrisa era mil veces más bonita que la que me regalaba a menudo y me resultaba tan poco genuina.
—No… —dijo, y noté que estaba contrariado—. Bueno, es que… le falta un poco de acabado ¿no crees?
Me conmovió su ternura en esos momentos, y no pude más que sonreírle de la misma manera, mientras lo miraba cariñosamente. No me parecía para nada insoportable cuando se mostraba así, tan parecido al Leon Vargas con el que yo estaba más familiarizada y se sentaba detrás de mí en clases, que nunca me hablaba y que pasaba del mundo como si le importara un comino todo, incluida yo. Y no era que me gustara que no me tomara en serio, porque a mí él me caía muy bien, pero prefería verlo tal y como me parecía que era en realidad que como se estaba portando últimamente: tan artificial, tan distinto a como me gustaba.
En el sentido de amigos, por supuesto.
—No te molestes, sé que lo está. Pero gracias por no decírmelo.
Yo me volví a reír y él esbozó una sonrisa mayor, pero que seguía siendo la sonrisa tímida.
Miré mi trabajo otra vez, como para asegurarme de que estaba viendo lo mismo que yo y que de verdad había dicho lo anterior en un intento de hacerme sentir mejor, y me repetí que así era.
Y entonces resultaba terriblemente adorable.
—Oye, Violetta —me llamó.
Al mirarlo ahora, me sentí decepcionada. Su sonrisa de antes había desaparecido por completo y sido sustituida por la otra. En sus ojos verdes ya no brillaba la timidez, sino algo mucho peor. Lo que me ponía nerviosa.
Astucia y… apetito.
— ¿Sí? —murmuré.
— ¿Me dejas que te ayude?
Yo sabía que no era buena idea, pero también sabía que de nada serviría negarme, porque buscaría alguna otra excusa para hacer lo que fuera que quería hacer. Accedí con un solo movimiento afirmativo de cabeza y volví mis ojos a la masa marrón.
—Joroschó.
¿Qué era eso?
Su acción me tomó por sorpresa, al estar entretenida intentando encontrar algún significado a esa palabra que en mi vida había oído, y di un respingo al sentir su pecho entrar en contacto con mi espalda y las palmas de sus manos contra el dorso de las mías.
—Así será más fácil —me dijo, y un escalofrío recorrió mi columna vertebral cuando su aliento cálido rozó el camino entre mi cuello y mi oído derecho. Sus labios también lo hicieron brevemente al hablar. Sentí un calor extraño por todo el cuerpo, además de las cosquillas, y tragué pesado—. Ya verás que va a quedar un jarrón mucho mejor que el de cualquiera.
Yo lo dudaba, si seguía haciendo mi cerebro puré de aquella manera, pero bueno.
Las manos de Leon guiaron las mías sobre la superficie resbaladiza, mojada y fría, que no dejaba de girar, y nuestros dedos casi se entrelazaron cuando él hizo un poco más de fuerza para ayudarme a crear la forma del cuello del jarrón… aunque en realidad lo estuviera haciendo él solo, más que ayudarme, porque yo me sentía poco más que un títere sin voluntad al que las piernas le temblaban como si se hubieran vuelto de gelatina y el corazón le latía a saltos en el pecho a causa de los nervios fortísimos.
— ¿Te das cuenta? —volvió a hablar, y yo cerré los ojos, sin poder controlarme. Aquel calor desconocido para mí hasta el momento ahora me quemaba las entrañas y resultaba de lo más delirante. Mi mente parecía perdida, volando muy lejos, dejándome sola, con mi cuerpo y mi calor… y Leon—. Ya va tomando forma.
Yo asentí con la cabeza, aunque no tenía ni idea de si iba tomando forma o no, ni qué era lo que iba tomando forma. Fue segundos después que comprendí que se refería al jarrón, y todavía hicieron falta más segundos de interludio para que notara que llevaba razón y que mi oda a Dadá ya era algo con un mínimo de sentido.
Pero sus manos eran tan cálidas, y su abrazo me hacía sentir tan a gusto y tan desconcertada y nerviosa a la vez… Y la sensación de sus labios acariciándome la piel era tan… ¡Dios!
Piensa en Tomas, me aconsejó una vocecita.
Yo agradecí en mi fuero interno a lo que probablemente sería la voz de mi conciencia, porque pensando en Tomas podría volver a amargarme, algo que era mucho menos agradable que pensar en las cosas nuevas que Leon me estaba haciendo sentir, pero que al fin y al cabo era mucho más sano…
O eso me pareció… hasta que llegué al punto de «Tomas nunca hizo que te sintieras de esta manera tan extraña y que tanto te gusta, aunque sepas que es una locura y que está mal porque no es él el responsable».
Aquella idea me hizo salir del trance justo cuando las manos de Leon se habían quedado quietas y su nariz comenzaba a rozarme el cuello intencionadamente, con todo el espíritu mimoso del Mundo acumulado en aquel gesto.
De repente, además, al ver la arcilla en nuestras manos y el jarrón girando, recordé la escena de una película. Y es que yo había visto Ghost al menos veinte veces, y sabía lo que venía después de que el chico y la chica se ponían a modelar cosas con arcilla al igual que lo estábamos haciendo nosotros.
¡Por supuesto, no iba a dejar que pasara lo mismo que en la película!
—Para, Leon —le advertí con la voz cortada—. No hagas eso.
— ¿Por qué no? —Me dio un beso en la nuca—. ¿No te gusta?
Yo tuve que obligarme a girar la cabeza y mirarlo con reproche. No podía decirle que sí me gustaba, o sería el mayor error de mi vida. Porque yo podía sentir cosas extrañas cuando se me acercaba así, y él podía ser la primera persona que conseguía eso, pero no debía permitir que Leon lo supiera. Mientras yo me controlase, todo iría bien. Pero si él se enteraba, sería todavía más difícil lograr contenerme a mí misma y no querer saciar mi curiosidad sobre cuán agradables podían ser las cosas que hacía.
—Dijiste que seríamos amigos —le recordé, mirando su cara de pillo medio escondida tras mi propio cuerpo y sus ojos hermosos clavándose en los míos.
— ¿Lo dije? —preguntó con una voz y una expresión similares a las de quien no ha matado una mosca en su vida.
Pero no me dejé convencer, por muy mono, simpático o besable que me pareciera.
—Sí.
Lo oí suspirar con resignación y sus ojos suplicantes me abandonaron, al igual que sus brazos.
—Bien, lo dije —admitió—, así que supongo que será mejor que me controle ¿no? —Dibujó una sonrisa ladina—. Sobre todo porque te estaba gustando.
Me sonrojé.
—No es cierto… Y, de todos modos, no importaría. Ya sabes cómo va esto, Leon, así que será mejor para los dos que no insistas. —Se encogió de hombros—. Tienes a la mitad del instituto detrás de ti —murmuré— ¿por qué no intentas buscar a una chica que te haga caso y que te dé lo que quieres? Sabes bien que yo no puedo dártelo.
Leon se había alejado de mí, pero volvió a acercárseme. Lo tuve justo enfrente en pocos segundos, y eso no contribuyó a que me tranquilizara.
—Pero yo te quiero a ti.
Bien, eso tampoco contribuyó, a decir verdad.
¡No contribuyó absolutamente en nada!
Miré el jarrón en un intento desesperado por mantener la calma y descender el calor que se extendía por todos mis miembros.
—De verdad que quedó mucho mejor que antes ¿no?
Leon debió seguir mi mirada, porque se rió y dijo:
—De verdad que eres muy vergonzosa ¿no?

(Leon)
No estuve más de media hora allí, encerrado con Violetta, porque ella se escabulló tan pronto como pudo, alegando que ya había terminado con el bendito jarrón y que sería mejor que volviera a casa antes de que se le hiciera demasiado tarde. Y, por supuesto, yo le había propuesto acompañarla… pero de nuevo se mostró reticente y acabó saliendo por la puerta como si el diablo le pisara los talones.
O como si lo hiciera Leon Vargas, je, je.
Cerré con llave la puerta del aula de Plástica y salí, no sin antes dirigir una última mirada a la deformidad marrón sobre la mesa, alias jarrón de arcilla. Era un alivio saber que al menos había quedado un poquito mejor que al principio, aunque la diferencia tampoco fuera tanta… Pero ¿qué otra cosa podría haber hecho yo, si Violetta no me había permitido seguir ayudándola?
O, bueno, quizá no la estaba ayudando mucho… Y quizá en realidad la estaba incordiando bastante, pero igual daba. Lo importante era que había progresado definitivamente hoy, porque ella podía haber intentado disimular o resistirse, pero a mí no me había costado notar la forma en que se estremeció una y otra vez entre mis brazos y lo cortada que le había salido la voz al hablar.
Probablemente le ocurriría lo mismo que a mí en ese momento, me dije, y aquello me agradó lo mismo que me asustó. Es decir, era bueno que a ella le pasara, pero… ¿era bueno que me pasara a mí? Nunca me había sentido de aquella forma tan extraña… tan… enfermiza, no sé. Era como si, de repente, no quisiera parar. Era como si quisiera seguir, dar un paso más, y otro, para ver qué pasaba y si seguía resultándome agradable, aunque sintiera el cuerpo como encendido en llamas.
Y a mí nunca me había gustado el contacto físico, ya lo dije, pero por alguna razón no me molestaba tocar a Violetta. De hecho, noté, con asombro, que no quería sacarle las manos de encima.
¿Me estaría volviendo loco?
No lo sabía a ciencia cierta, pero la verdad es que tampoco me apetecía mucho reflexionar al respecto entonces, por miedo a que la respuesta fuera una que no me agradase.
Así pues, cambiando el rumbo de mis pensamientos, de pronto recordé aquello que Violetta había dicho sobre uno de mis amigos en problemas y me pregunté qué habría pasado. Quizá los habían descubierto fumando maría en el patio trasero, o quizá habían hecho aquello de poner las chinchetas en la silla para que, cuando la profesora de Música se sentase, le quedara el culo como una regadera…
En fin, eran mis amigos.
Miré mi reloj con fastidio y vi que eran las cinco y media de la tarde. Todavía tenía mucho tiempo libre, y no quería volver a casa tan pronto para encargarme de los problemas de Física, así que preferí dar un rulo por ahí en vez de tener que poner a mi mente a trabajar en algo. Los pasillos estaban casi desiertos a esta hora, porque quienes se quedaban hasta tarde en el instituto estaban en alguna clase especial, y ni siquiera me encontré con algún profesor de guardia.
Me aburría como un hongo.
¿Los hongos se aburren?
Quizá sí. Es decir, seguramente ser una planta ­tiene que ser muy aburrido. ¿Con qué te diviertes, haciendo la fotosíntesis? ¿Chupando sales minerales de la tierra? Y los hongos ni siquiera hacen eso…
Y, sí, estoy pensando en estupideces.
Un ruidito en los baños captó mi atención y me quedé quieto en medio del pasillo. Alguien parecía estar moviendo losas pesadas de un lado a otro, y luego algo hacía «frish, frish» constantemente… Y yo estaba muy ocioso.
Abrí la puerta y me encontré con el cuadro de siempre: los azulejos y la pileta de lavar las manos en color blanco, las cenizas de cigarrillo alrededor de los grifos, el solitario espejo en la pared en el que casi no se veía, las pequeñas ventanitas abiertas y el techo alto… Aunque no era cosa de todos los días, por el contrario, ver a Andrés de rodillas sobre el suelo, limpiándolo con un cepillo.
— ¿Qué se supone que haces? —le pregunté con asombro. A dio un respingo y recién entonces notó que yo estaba allí.
— ¡Qué manía con aparecerte tan de repente por todas partes, macho! —jadeó, y se llevó una mano al pecho. Yo sonreí con satisfacción… Es divertido asustar a la gente, sobre todo cuando uno se está aburriendo mucho—. ¿No tienes nada mejor que hacer?
Me encogí de hombros y negué con la cabeza.
—Violetta se fue a casa hace un rato —farfullé—. Pero tú… ¿tienes complejo de señora de la limpieza?
Andrés se incorporó un poco para desperezarse y se pasó una mano por el pelo oscuro. Después se tocó la espalda, como si le doliera, y suspiró.
—Me castigaron.
—Así que fue a ti a quien castigaron… Creí que había sido a Marco.
Mi amigo frunció el ceño, pero sonreía.
—Ah, entonces estabas enterado y no viniste porque no te dio la gana.
La verdad era que no había acudido en su ayuda porque estaba ocupado, pero, de haber sabido que acabaría perdiéndome este show si lo hubiera hecho, no lo habría hecho, de todos modos.
—Estaba ocupado con Violetta, ya sabes… —Sentí calor en las mejillas y decidí cambiar de tema—. ¿Qué fue lo que hiciste para que te castigaran, eh? ¿Fue por lo de las chinchetas o por los porros?
—Por ninguna de las dos cosas —suspiró—. Hice una apuesta ayer con Marco para ver quién conseguía colar el cadáver de nuestra rana disecada de la clase de Química en la caja del almuerzo de la profesora Jackie… Y supongo que te imaginas quién lo logró.
—Marco —dije al instante, suspiro de por medio—, pero te culparon a ti porque la profesora tiene un enamoramiento muy estúpido con nuestro amigo ¿verdad que sí?
K se rió y asintió con la cabeza.
—Se nota que somos amigos. No debería haberme dejado convencer, pero supongo que Marco sabe demasiado bien cómo jugar con la gente… ¿no? —Su mirada fue muy significativa, y yo rápidamente entendí que se estaba refiriendo a mi caso también—. No sé cómo se las arreglará ese cabrón para entender tan bien a los demás. Debe ser un don que tiene… ¡y lástima que lo usa en contra nuestra también, para divertirse de lo lindo!
—Ya lo creo.
Y puede parecer que estamos enfadados con Marco, pero la verdad es que no. Ya no. Sus bromitas podrían molestar a cualquiera, pero nosotros ya nos habíamos acostumbrado bastante a ellas y, además, sabíamos que eran parte de su carácter y que no lo hacía por traidor, sino porque tenía una extraña tendencia a jugar a costa de la salud mental de los demás. Pero él siempre había sido así, al menos desde que lo conocíamos —yo lo conocí el último—, y ya nadie se asombraba ni se resentía… demasiado.
Aunque estaría bien vengarse un día de estos, ciertamente…
Un día que yo estuviera más centrado.
—Bueno, señora de la limpieza, mejor me voy a casa a hacer los deberes y a escuchar un poco de música antes de que empieces a lustrarme compulsivamente los zapatos —me burlé, y puse mi pie delante de sus narices.
—Entonces ¿no te vas a quedar a ayudarme un poco?
Yo me reí.
—Ni lo sueñes. Tú te lo buscaste. No deberías haber caído en la trampa de Marco, Andrés, bien lo sabes.
—Como si tú no hubieras entrado también por el aro, señor Don Juan abofeteado.
Sentí que las mejillas me ardían otra vez y fruncí el ceño. Si no fuera mi amigo con quien estaba hablando, le habría metido la cabeza en el retrete por recordarme aquella escena tan bochornosa. En momentos así, cuando las imágenes de ese día llegaban a mi mente, sentía una punzada de odio hacia Violetta, la tierna y dulce Violetta que ya se había disculpado conmigo y que tenía la inocencia de una niña de coro de iglesia, pero que aún así había pisoteado mi orgullo y la verdad es que no me sentía capaz de olvidarlo sin que afloraran en mí deseos de venganza, aunque fuera una pequeña…
O una bastante grande, como la que estaba llevando a cabo ahora… Aunque la idea no me gustara…
Bah, ni yo me entiendo.
—De todas formas —dije—, no pienso ayudarte. —Me giré y sonreí de lado mientras veía los pucheros de mi amigo—. Créeme que ya tengo de sobra con lo mío, A, y sería demasiada tortura para una sola jornada.

(Violetta)
Lo recordaba perfectamente. Recordaba perfectamente aquella Navidad, a Tomas sentado justo frente a mí, en la rueda, ambos mirando el parque de diversiones recién abierto alejarse de nuestros pies. Yo me sentía ser elevada al cielo rápidamente, y el vértigo que vivía en la boca de mi estómago era increíble, la mezcla de estar con Tomas y de dar vueltas en el aire realmente.
Él me había invitado al parque, y también a Mechi, pero mi hermana no había querido venir porque dijo que tenía que trabajar, así que al final quedamos sólo nosotros dos durante toda la tarde y parte de la noche. A mí me había resultado un día magnífico, el día redondo y perfecto, como si fuera una niña de cinco años a la que sus padres llevan al zoológico y vuelve con un enorme peluche de elefante que incluso la sobrepasa en altura. Era ese entusiasmo, esas ganas de saltar y de abrazar, de dar las gracias porque alguien consiguiera ponerme tan contenta y me tratara de aquella forma.
Y, para acompañarlo todo, había comenzado a nevar.
Probablemente fueron la belleza del paisaje o la calidez del momento las que me impulsaron a actuar, porque no había pensado hacerlo antes, y se lo dije. Le dije a Tomas que lo quería justo entonces, mientras los copos blancos caían del cielo.
Y yo había pensado que me rechazaría, porque se había quedado muy quieto y serio, pero algunos segundos después su sonrisa amable había resurgido de las cenizas y me había dicho que también me quería… y me atrajo suavemente contra él para darme un beso suave en los labios que duró lo suficientemente poco como para que yo no necesitara suplicar por respirar y que no me había dejado tan mareada como el beso que…
Luego de eso, todo había ido bien entre nosotros.
¿Por qué las cosas querían cambiar ahora? ¿Y por qué querían cambiar todas juntas, desde todos los ángulos posibles, atacando y punzando y abriendo heridas y viejos recuerdos hermosos que ahora resultaban amargos… porque ya nada era lo mismo?
¿Qué había pasado exactamente?
Quería saberlo, y era por eso que me encontraba allí, frente al portón de la casa de mi novio, esperando a reunir el valor suficiente para enfrentar la situación, pedir respuestas y todo lo que fuera necesario… Porque uno tiene que luchar por lo que quiere, y yo quería solucionar las cosas con Tomas. Aunque una charla así pudiera suponer verdades ocultas que querrían destrozar cosas, debía correr el riesgo si quería salir adelante, no porque me gustara darle un ultimátum o terminar con lo poco que quedaba entre nosotros, sino porque quería recuperarlo.
Llamé al timbre, sin estar dispuesta a que mis propios pensamientos me enredaran más todavía, y esperé hasta que la puerta se abriera.
Sin embargo, nadie me contestó.
Lo intenté dos veces más, y nadie aparecía. Se me ocurrió que Tomas podía no estar en casa, de modo que lo mejor sería irme, pero antes prefería dejarle una nota para que supiera que yo había pasado por allí.
Abrí la puerta y me adentré en la casa que me resultaba tan familiar. Mi novio nunca me había recriminado algo como eso, y, de hecho, algunas veces entraba aquí sin avisarle nada, para darle alguna sorpresa. Los recuerdos me hicieron sonreír con nostalgia y tristeza. Yo había hecho en muchas ocasiones eso de venir, prepararle alguna comida que sabía que le gustaba, para que él se la encontrara cuando venía de los trabajos que a veces conseguía, junto con Mechi. Y aunque no solía quedarme a esperarlo, porque era muy tarde, él me lo agradecía al día siguiente con una gran sonrisa, un abrazo y un beso en la frente…
Los viejos tiempos. Porque quería que volvieran algún día yo estaba allí en ese momento.
Me dirigí a la mesa y corté un trozo de papel de una libreta que encontré por allí. Algunos segundos después encontré también un bolígrafo, de modo que no tardé demasiado en ponerme a escribir la nota. Le dije que había pasado a hablar con él pero que, como no estaba, me iba a casa y que por favor me avisara si tenía algún momento libre para vernos.
Con eso sería suficiente, me dije, y agarré mi mochila que había dejado encima de la mesa. Me alisé la falda del uniforme y comencé a caminar hacia la salida.
Y ya estaba por salir cuando oí un golpe seco en el piso de arriba.
Me quedé quieta, muy quieta, pensando.
Tomas no tenía gato, ni perro, ni ningún animal de compañía que pudiera haber tirado una caja pesada… o alguna cosa parecida. Y se suponía que no había nadie en casa.
Tragué pesado.
Me giré lentamente de nuevo, y el pasillo me pareció todavía más oscuro que antes. Tenía miedo, de repente. No sabía si el miedo era a que hubiera alguien —y con eso me refiero a un ladrón o algo parecido— o era a que no hubiera nada… material. Nada físico. Y sé que puede parecerles una estupidez, pero me aterran esas cosas. Los… fantasmas, quiero decir. Mi hermana siempre se divirtió contándome historias sobre ellos, y después yo me sobresaltaba ante cada pequeño indicio de algo extraño. E incluso recuerdo que, una vez, una vieja extraña que me encontré con Francesca en la calle me había detenido y dicho que los espíritus de los ancestros perseguían mi aura…
Un escalofrío trepó por mi espalda y me obligué a dejar de pensar en esas cosas, porque era una tontería. Lo realmente importante era saber que no había nadie extraño allá arriba, y si lo había, correr como nunca antes y llamar a la policía…
Se oyó otro golpe, y luego el sonido de cristal al romperse.
Yo me quedé paralizada, muda y temblorosa alrededor de dos minutos más. Mi boca estaba seca y el corazón me latía desbocado en el pecho. ¡Había alguien arriba, y tenía que subir a asegurarme, aunque sólo fuera mirando por la ranura de alguna puerta, para poder pedir auxilio y evitarle a Tomas un disgusto o un peligro muchísimo peor!
Dejé mi maletín en el suelo y me hice con una escoba antes de comenzar a subir las escaleras lo más silenciosamente que pude. A estas alturas, el corazón ya se me había aferrado a la garganta y bailaba enloquecido, colgándose de ella, ahogándome.
En el piso de arriba, todo estaba oscuro también. El pasillo tan solitario que me daba todavía más miedo que si estuviera repleto de hombres con el rostro cubierto con medias de nylon y revólveres en sus manos…
O, bueno, quizá no tanto miedo como eso.
Avancé con lentitud, girando mi cabeza hacia todos lados con cada paso que daba, por si alguien salía de algún rincón en tinieblas —aunque dudaba que hubiera tantos— y me atacaba. En cuyo caso, yo contestaría con un ¿escobazo?… si me daba tiempo.
¿Verdad que mis pensamientos no eran demasiado alentadores?
Bien, no podía evitarlo.
Sobre todo ahora que había empezado a oír un sonido extraño detrás de una de las puertas. De la habitación de Tomas, concretamente, la cual yo sabía que era suya porque lo había ayudado a limpiarla alguna vez. Era como si alguien estuviera… estuviera… ¿estuviera qué? No sabía identificar aquel sonido. ¿Como si alguien llorase, quizá?
Súbitamente se me ocurrió que algo podía haberle pasado a Tomas, que podía estar herido, en el piso de arriba, e inhabilitado. Eso explicaría que no hubiera abierto la puerta para dejarme pasar, y también que se hubieran caído las cosas. Podía estar en el suelo, con una pierna rota, o algo así, e intentado ayudarse con los muebles para poder ponerse de pie.
La idea me preocupó y horrorizó al mismo tiempo, haciéndome, incluso, olvidar mi temor a los ladrones y a los fantasmas, tirar la escoba a un lado y precipitarme rápidamente hacia la habitación.
— ¡Tomas! —casi grité, abriendo de par en par la puerta.
Me esperaba verlo en el suelo, lastimado, y esperaba que me sonriera cálidamente y me explicara que había tenido un accidente. Me esperaba, en el peor caso, un ladrón o un fantasma con los brazos abiertos hacia mí.
Pero no lo que vi.
Y tanto me impresionó, que tuve que ahogar un grito en mi garganta. Un grito de asombro. Un grito de no entender. Un grito de desesperación. Un grito de rabia. Un grito de dolor.
¿Por qué?






¿Qué creen que paso?

Jany

Unreflecting - Capitulo 90

Capitulo 90

"Cuidado"

Ludmila, que había estado observando mientras yo lo observaba a él, se percató de mi reacción.
—¿Estás bien? —Miró a León, que bailaba con las dos putillas, y luego a mí—. ¿Te molesta verlo comportarse así? —murmuró.
Asustada, no sabía cómo explicarle por qué me enfurecía. Negué con la cabeza y bajé la vista, fijándola en mi botellín de cerveza.
—No, claro que no. Es sólo que me parece... una grosería. —Levanté la vista y miré a Ludmila, tratando de adoptar una expresión remilgada—. ¡Dos mujeres! Son ganas de buscarte problemas.
Ella se rió un poco y dirigió la vista hacia él.
—Sí..., supongo que tienes razón. —Sacudió la cabeza, como si no le diera importancia—. Él asegura que tiene cuidado, de modo que allá cada cual.
Su comentario me sorprendió un poco.
—¿Le has preguntado sobre... eso?
Ella volvió a reírse.
—Noooooo... No tengo el menor interés en comentar con León su vida amorosa. —Ludmila soltó otra carcajada al observar mi perplejidad—. Broduey se lo preguntó una vez y oí la respuesta de León. Broduey se preocupa siempre por él —dijo sonriendo.
—Ya —respondí en voz baja. No pude evitar pensar en las veces en que León y yo habíamos estado juntos. Él no había tenido ningún cuidado. La primera vez estábamos demasiado borrachos para practicar sexo seguro. La segunda vez nos sentíamos... abrumados por nuestra pasión. Todas las veces habían sido tan intensas que no nos habíamos preocupado por la seguridad. Me dolía un poco que no se hubiera preocupado en utilizar ninguna precaución conmigo. Eso me enfureció aún más al constatar la cantidad de chicas con las que sí se preocupaba de practicar sexo «seguro».
Bajé la cabeza y permanecí deliberadamente alejada del cuarto de estar durante el resto de la fiesta. Poco después, los invitados empezaron a marcharse; era bastante tarde para una noche entre semana. Ludmila se despidió de mí con un abrazo y dijo que me llamaría al día siguiente. Luego, abrazó a Tomas y, asomándose al cuarto de estar, se despidió de León con una sonrisa y un gesto con la mano. Resistí la tentación de comprobar si las putillas de León se habían marchado. Al cabo de un rato, todos se habían ido.
Cuando todo el mundo abandonó la cocina, Tomas bostezó y me miró.
—¿Estás lista para subir a acostarte?
Me levanté y me estiré.
—Sí. —Instintivamente, al estirarme me volví y dirigí la vista hacia el cuarto de estar. Al instante me quedé inmóvil. Las dos chicas seguían allí. De hecho, eran las únicas dos amigas que seguían junto a León. Estaban sentadas en el sofá, a ambos lados de él, y las dos tenían las manos apoyadas en su pecho. La morena lo besaba en el cuello, mientras la rubia lo besaba en los labios. La rubia se separó unos instantes de él, jadeando, y León miró a la otra sonriendo. La morena dejó de succionarle el cuello y miró a la rubia, tras lo cual se inclinó y la besó mientras León se mordía el labio y las observaba con ojos ávidos.
Yo me forcé a volverme de nuevo hacia Tomas, sintiendo un fuego en mi vientre. Tomas los observaba sonriendo como un idiota, lo cual me enfureció aún más.




Bueno, corto, lo se, bue... Jany tuvo una idea :D Así que se las diré:

Bueno, se me ocurrió que cada semana escribiré un acertijo y quien lo adivine podrá elegir de cual novela se hace maratón, así que habrá maratones cada semana :D (no se puede repetir dos semanas la misma novela, es decir que si en la primera semana eligen "El Niñero", en la otra semana quien sepa la respuesta deberá elegir otra novela) Bueno, el acertijo de la semana es:

"¿Qué es lo que aun no ha sido, que debe ser, pero cuando lo sea, ya no lo sera?"

¿Dificil? Bueno, felices juegos del hambre y que la suerte los acompañe jejejeokno XD, ¡Suerte!

PDT: Tambien queria saber una cosita :3 Del 1 al 10 ¿Que tan bien les caigo? Sean sinceros porfavor :3

Jany

El Niñero 2 - Capitulo 7

Capitulo 7


—¡Ceci! Hola, suegris —no me contendría quería saber quién era de la que tanto habían hablado, y me encontré con Satanás o eso imaginé, un cabello rubio me daba la espalda, ese rubio oxigenado y su cuerpo de palo...Alice...¡ALICE!, corrí por las escaleras y le grité.

—¡¿Qué demonios haces aquí?!

—Un fiera, ¿qué no sabes?

—Dime que enterada no estoy...

—Soy novia de Pablo —¿Qué? Novia de Pablo...Pablo y Alice eran terribles, esa habrá sido su única conexión...

—¿Qué? —dije con asombro.

—¿Acaso también piensas arrebatármelo?

—Cállate, perra. Yo no te quité a nadie.

—Perra tú, niñita tonta.

—¡Martina! —exclamó Cecilia.

—Lo siento mucho, Cecilia —dije apenada— pero ¡Ahhh! —salí corriendo de ahí, no contendría tenerla ante mi vista sin matarla y luego meterla en una bolsa de plástico y ocultar su cadáver...Bien, me estaba volviendo una asesina loca, pero ¡Simplemente no, no la acepto! Y lo peor es que Jorge sí aceptó que esa puta sea novia de Pablo...Jorge me siguió, cerré la puerta de la habitación con seguro dejándolo afuera.

—¡Tini! ¡Ábreme! —gritaba.

—No, Jorge, déjame —dije entre sollozos.

—Mierda, Tini, voy a destruir la puerta —no respondí— Una...Dos... —abrí, él me abrazó, y me alzó, caímos en la cama, él encima mío— Amor, ¿Qué te pasó?

—Como si fuera tan difícil saber —contesté fría.

—Pero... —bufó— Mi vida, tampoco tengo ganas de verle la cara.

—Pues córrela.

—Aunque a ambos nos cueste, tenemos que aceptarlo; es novia de Pablo.

—¡Já! Así nada más, Jorge. Como no te acuerdas que ella nos separó ¿Acaso no lo recuerdas?, fue tu segundo plato y luego ella nos separó. Mierda; es tu culpa —se separó un poco de mí.

—Espera...¿Qué?

—Nada, Jorge.

—¡Tini! Yo...¿Qué insinúas?

—Nada —me salí y me dirige a la puerta pero Jorge reaccionó rápido y me acorraló contra la pared y rozó sus labios contra los míos.

—¿Nada? —dijo seductor, sabía que mi enojo se pasaría velozmente si...Pero no, no caería.

—¡N-a-d-a! —dije lentamente como si le estuviera hablando a un idiota.

—Martina, amor. Nunca; escúchame bien, nunca —lo recalcó— te cambiaría y menos por esa —atrapó mis labios con los suyos y acopló sus manos en mi cintura y me apegaba más a su perfecto cuerpo...





awww.. <3 Josh :3. Bueno ¿Quien esta festejando Halloween? ¿De que se disfrazaron? La Jany quiere saber si????? *Hace pucheros* XD jejeje Diganme en los comentarios. Besos.

Jany

El Niñero 2 - Capitulo 6

Capitulo 6

Arrastré mi maleta por el pasillo del hotel, no quería irme de París, era un lugar asombroso...

Cuando la noche caía era un lugar mágico, maravilloso, las luces eran hermosas, le daban un toque especial a la obscura noche, eran de colores he inundaban la ciudad, el clima era templado, pero no tanto...La torre Eiffel se veía tan asombrosa desde el hotel y cuando Jorge y yo comimos ahí me sentí completa, como ahora...pero siempre que más gente se involucra en mi vida y la de Jorge, todo se desmorona, y no quiero que suceda, por más que insistí a Jorge, no quizo quedarse más ya que tenía que ver a su familia y yo a la mía...

Salimos de ahí y volvimos al aeropuerto...cuando llegamos a casa de Jorge, gritos se escuchaban desde afuera; “Pablo” pensé, no queríamos ser inoportunos pero teníamos que entrar, todos voltearon a vernos y en efecto Pablo estaba frente a Diego quien lo miraba amenazante…

—¡Perfecto! —exclamó Pablo.

—¡Hola, enamorados! —nos saludó Diego.

—Hola —respondí.

—¿Cómo les ha ido? —preguntó Cecilia algo...nerviosa.

—Bien, excelente —respondí— ¿Qué sucede? —preguntamos Jorge y yo al unísono.

—Pablo...¡Es un idiota! —gritó Diego.

—¡Basta! —dijo Cecilia.

—Pero es un idiota, no les puede hacer esto —continuó desesperado.

—¿A quiénes? —preguntó Jorge, quien fue ignorado.

—Pero mejor que no se enteren...

—Pero... —se le acercó a Pablo— mira que es tu hermano y si él es feliz la “familia” lo es —le amenazó Diego y luego se retiró furioso.

—¿Qué pasa? —pregunté.

—Nada, Tini. Es problema de Pablo y Diego —me abrazó Cecilia. ¡Genial! Tal vez estoy delirando o estoy muy exhausta. Sí, es eso. A pesar de todo no creo que Pablo sea un monstruo— Pequeña, ¿nos dejas a solas con Jorge? Por favor.

—No hay problema, iré a darme una ducha —comencé a subir los escalones, me coloqué un albornoz y busqué una toalla para mi cabello...Busqué en un par de gavetas pero no encontré...decidí a bajar pero antes de llegar escuché algo de la conversación.

—Pero ¿Pablo? ¿Por qué ella? —era la voz de Jorge.

—No sé, algo se traerá entre manos...

—¡Pero ella, no! Tini no la querrá aquí...

—Pero es tu hermano. ¿Y si...si está enamorado?

—¿Estamos hablando del mismo Pablo? El que salió con dos chicas a la vez y después de tener sexo con ellas las dejó —dijo desesperado Jorge.

—Pero así pasó y a ti se te permitió salir con Martina y si mal no lo recuerdo tú eras su niñero.

—Pero Pablo es...¡Pablo! —suspiró— ¿Y cómo se conocieron?

—Pablo me contó que se la encontró en el mall... —tocaron al timbre— Jorge, no la trates mal, no le hables mal, no la corras, o algo que sea malo.

—Bien, pero ¿y Tini? Sabes cómo es ella.

—Pues...se tendrá que contener —abrió la puerta y una chillona voz...







¿De quien estan hablando? :O

Jany

El Niñero 2 - Capitulo 5

Capitulo 5

1, 2, 3 de la mañana y seguíamos “encariñados”...Así pasaron seis días, salíamos a un lugar que cada día me impresionaba más y teníamos una noche no muy ¿decente?...El motivo era por el cual Jorge y yo ya habíamos platicado no hacía mucho…

*Flashback*

Tomé el vaso de jugo de naranja y me tiré en el sofá justo al lado de Jorge; mirábamos la televisión, un programa familiar.

—Jorge, cuando nos casemos, ¿cuántos hijos tendremos? —pregunté sin dudarlo.

—Unos...¿diez, veinte? —reímos.

—Eso no pasará, Jorge —hizo un puchero con los labios.

—Pero yo quiero...

—Pero yo...no tanto, a mí me costará tenerlos.

—Bien, tengamos uno —sonrió— creo que ser hijo o hija única sería especial.

—Piensas lo mismo que yo —me detuve— ¿Pero qué te gustaría que fuese?

—Un niño —contestó sin dudarlo.

—¿Por qué? —pregunté.

—Porque no quiero ver a mi hija trayendo novios, a menos que quiera que me convierta en un “matapersonas” —me carcajeé.

—Pero sería tu hija... —reclamé.

—Bien, lo admitiré —pensó— no lo mataré pero al menos lo podría... —no lo dejé terminar.

—¡No, Jorge! Nada que atente su integridad física y mental —bufó.

*Fin del flashback*

Ambos queríamos tener un bebé, aprovechamos la oportunidad en la luna de miel...pero nuestra “miel” tenía que acabar...







Abjfhiukhaiu El Yoyi matapersonas XD

Jany

El Niñero 2 - Capitulo 4

Capítulo 4

Luego de una tranquila cena, salimos del lugar y nos dirigimos a un Mustang color negro, casi de inmediato su respectivo dueño salió. Atractivo, sí. Tenía una bella sonrisa, que daba seguridad a cualquiera, su nombre no fue una larga incógnita para mí.

—Hola —me saludó— Mi nombre es Ryan...Ryan Butler —su acento y sonrisa se me hacía típico de un Don Juan, pero me limité a responder.

—Hola, soy Martina Stoessel —Jorge tosió un “De Blanco”.

—Eso lo sé, aquí tu esposo —señaló a Jorge— Me ha hablado maravillas de ti, de toda clase —miré mal a Jorge, negué y reí después. No sabía qué responder, yo no sabía hasta hace un par de segundos quién era el chico; el rió— Sí, lo sospechaba. Me presentó bien. Soy Ryan Butler, el primo de Jorge. Trabajo como publicista en una empresa muy conocida —me sorprendió un poco, Jorge se veía realmente incómodo— Bien, tortolitos. Súbanse al auto, los llevaré a su hotel —ambos entramos; yo iba en la parte trasera mientras que mi amado esposo iba de copiloto. El camino fue corto, Jorge quería que conociera Paris por lo que no nos alejamos mucho de este. Al llegar noté que el hotel tenía alrededor de 'veinticuatrocientosnoventaydiez' pisos. Entramos en la recepción después de despedirnos de Ryan.

—¡Buenas Noches! ¡Bienvenidos al hotel “Dreams Resorts”! ¿Cuentan con reservación? —preguntó la señora detrás del mostrador. Edad un poco avanzada, rubia y ojos verdes. Hasta para su edad era bella, creo que venir a París con mi esposo no fue buena idea.

—Sí.

—Su nombre —dijo tecleando un par de cosas en su ordenador.

—Jorge Gabriel Blanco Güereña —dijo algo penoso, por alguna razón no le encantaba la idea de su nombre “Gabriel”. Aparte de la razón de que cuando él y yo peleábamos lo llamaba así. (Sé que Yoyi no tiene 2do nombre pero tenía que ponerle alguno para que tenga sentido._. bueno, siguan)

—¡Oh sí! Tenga —le dio la tarjeta-llave de la habitación— Su cuarto es el número 1372 ubicada en el piso 9.

—Gracias —dijo sonriente.

—A usted; y que disfrute de una buena estancia —se despidió. Caminamos un poco hasta que encontramos el elevador, llamé a este. Jorge se quedó helado cuando se abrió. Me había contado que anteriormente era claustrofóbico pero que ya lo había superado.

—Jorge ¿Te encuentras bien? —dije entrando al ascensor.

—S...Sí —respondió nervioso yendo hacia mí paso a paso.

—Amor, si quieres no subas por aquí, pero siete pisos...

—Tú lo has dicho, son siente no cuarenta.

—¿Me dejarás sola? —arqueé una ceja y me crucé de brazos.

—A menos que quieras que muera ahí adentro —lo jalé y el ascensor se cerró— ¡No, espera! —se puso paranóico.

—¡Jorge, tranquilo! —lo abracé, al parecer eso le dio un poco de seguridad, pero seguía moviéndose de una forma desesperante. Cuando el elevador paró, Jorge soltó un largo suspiro— Eres un exagerado.

—¿Pero y si moría? ¿Y si el elevador caía conmigo y contigo? ¿Y si el oxígeno no entraba y moríamos ahogados? —salió corriendo de ahí, bufé y lo seguí, me parecía un juego y comencé a carcajearme tontamente.

Jorge ya había entrado en la habitación por lo tanto llamé a ella.

—¿Quién? —preguntó Jorge.

—La primera dama —contesté.

—¡Oh! Permítame, ahora le abro —abrió, me besó cortamente.

—Jorge, estás muy juguetón —entré a la gran habitación...Era literalmente enorme. Las paredes eran color beige con detalles. La puerta de lo que probablemente era el baño era color madera. Había una mini-cocina y había dos camas matrimoniales. Una de ellas era un adorno, ya que en estos días no la necesitaríamos. Jorge cerró la puerta y me tomó por atrás y me condujo a la cama a la cual caímos.

—Bien, creo que eso no te debe molestar —dijo seductor en mi oído, me estremecí al sentir su aliento...comenzó a besar mi cuello, yo lo atajé a mis labios para besarlo apasionadamente...






Jejejeje le falto decir "De Blanco" XD

Jany

El Niñero 2 - Capitulo 3

Capítulo 3 

Jasmine...Yo quede momentáneamente en shock, no podía creerlo, hacía años que no miraba esa cara enfadosa y sus ojos clavarse. Cosa que rápido cambio y una sonrisa se dibujó en su rostro.

—¿Martina? ¿Martina Stoessel? —preguntó analizándome.

—La misma —contesté firme.

—¡Mírate, Dios! ¡Te ves muy distinta!

—Tú...no tanto.

—No te veo desde...hace mucho, la graduación, quizás —rió.

—Cómo olvidarlo, me derramaste champagne en el vestido —reí.

—Tú destrozaste el mío —suspiro— y de echo, te vi con este chico —señaló a Jorge.

—Ah, sí. Él fue el que evitó que te matara —ambas reímos.

—Yo realmente no quería, o tal vez sí, en ese tiempo —bajó el rostro.

—Sí, éramos unas niñas, creo que ahora no sería capaz —rió.

—Yo menos —miró a Jorge— ¿Y quién es él? La vez de la graduación lo presentaste como tu "amigo" —hizo las comillas con los dedos.

—Es...mi esposo —sonreí.

—¡No me digas! ¡Wow! ¿Casada, Stoessel?

—Y muy feliz.

—Lo noto —sonrío.

—¿Y tú? ¿Cómo vas? —pregunté, su sonrisa se desvaneció un poco.

—Hace no mucho mi novio con el que estaba comprometida...me dejó —lágrimas se asomaban en sus ojos. ¿Era real? ¿Villegas llorando? Imposible— Lo siento, sé que no te importa...

—No; habla, mujer —insistí. Jorge me susurró "Ya vuelvo" y se retiró con celular en mano.

—Pues... —secó sus lagrimas, las cuales no tardaron en volver— Después de Chaz, tuve varias relaciones, ya conoces a la antigua Villegas —rió— Pero luego lo conocí, creo que el nombre ahora no importa, y llevábamos un año de novios y me pidió matrimonio, me sentí diferente, él me cambió; me sentí completa pero no todo iba a ser miel con hojuelas y lo sabía...Hace meses lo notaba cortante...Salía muy seguido...Su carácter cambió...Escondía cosas...Recibía llamadas constantemente...Un día opté por seguirlo a una de sus "reuniones" y... —las lágrimas se vieron de nuevo— me lo encontré citándose con una puta —se hizo un mar de lágrimas, le di mi hombro de apoyo, nunca en toda mi vida me la hubiese imaginado en esta situación.

—Jas...no...no llores, tal vez esa era una señal, él no te merecía. Recupera parte de la antigua pero solo su seguridad...brilla con luz propia —aconsejé.

—Lo haré, Tini, lo prometo —se limpió—. Siento haberte hecho perder el tiempo, pero me tengo que ir —dijo un tanto apresurada.

—Claro.

—Y tu esposo espera —reímos—. Gracias, Tini.

—De nada.

—Si necesitas de mí...ten —me entregó una tarjetita— nos vemos; y suerte con...él —me guiñó un ojo, reí, tomé la tarjetita con ambas manos y la leí.

Agencia de modelos “Fashion Desing”
Señorita: Jasmine Villegas
Número: XXX [Número]

Jorge volvió a lo que yo no tardé en preguntar “¿Quién era?” no era desconfianza solo curiosidad, no soportaría el hecho de que él me engañara, simplemente...no.

—Era mi mamá, quería saber cómo habíamos llegado —seguimos caminando.

—¿Cómo están todos ahí?

—Pablo rompiendo cosas —rió—. Dice mamá que desde que nos fuimos anda con el peor genio y Diego casi lo deja en silla de ruedas por sus constantes peleas y ya no lo aguantaba.

—¡Dios! Pero a veces se lo tiene bien merecido.

—Lo sé —contestó por lo bajo. Seguimos caminando un par de metros y esperamos algún bus que pudiese llevarnos al hotel, pero nada, o estaban llenos o simplemente no pasaban. Jorge hizo un par de llamadas, luego me pidió que camináramos unos metros más hacia un restaurante, dijo que cenaríamos ahí y luego vendrían por nosotros...En el camino conocí a los franceses, muy apuestos por supuesto, pero también conocí a las francesas que miraban coquetas a Jorge...al final del recorrido en la entrada habían un par de chicas y una de ellas miró a Jorge, casi lo desnuda con la mirada, me celé velozmente, la chica era alta, rubia, ojos grises, una modelo ¿Quizás?...Tomé a Jorge del rostro y lo atraje hacia mí, y lo besé. Luego miré a la rubia quien me fulminó con la mirada y volvió en lo suyo, sonreí y Jorge después de su sorpresa comenzó a carcajearse.

—¿Tan atrevida te has puesto?

—Ella me provocó.

—Solo me estaba viendo —lo miré mal.

—Debes dejar de ser tan “generoso”, Jorge —crucé mis brazos.

—Y tú de ser tan celosa.

—Creo que ya hablamos de esto...

—Ahora fuiste tú.

—No te pregunté —él soltó un suspiro.

—Bien, ya, no lo seré —me abrazó, “Bien, Tini, relájate”, luego me besó y tomamos asiento en una mesa vacía, mientras comía no esperaba la hora de por fin estar en el hotel y...creo que ya saben.





Celos nivel Tini XD

Jany