sábado, 30 de agosto de 2014

Unreflecting - Capitulo 49

Capitulo 49

''Bésala Ya''

—¿Es que no puedo ir a ninguna parte sin toparme contigo? —pregunté con tono socarrón.
Se rió y estiró las piernas, apoyándose sobre las manos.
—Éste es mi parque. La intrusa eres tú —dijo mirándome con una media sonrisa.
Sonreí y me llevé otro grano de uva a la boca, mirándolo fijamente. Empecé por fijarme en su pelo, increíblemente sexy y un poco húmedo en los bordes debido al ejercicio que había hecho, pero, al cabo de un momento, mis ojos se posaron sobre sus pómulos perfectos, su mandíbula fuerte y de líneas armoniosas, su cuello y su torso, también ligeramente húmedo. Se detuvieron allí, observando cada línea, empezando por la parte superior y siguiéndolas mentalmente hasta las profundas líneas de la parte inferior de su abdomen, las cuales desaparecían agradablemente en el interior de su chándal. No pude evitar que me asaltaran los recuerdos íntimos de haber tocado ese cuerpo. Me mordí el labio.
—Eh. —La voz de León me arrancó del trance en el que me había sumido y lo miré a los ojos, que mostraban una expresión divertida.
—¿Me estás estudiando como a un objeto? —preguntó arqueando una ceja. Me ruboricé y desvié la mirada mientras él se reía por lo bajo—. No me molesta que lo hagas. Me preguntaba si estabas pensando en renegociar nuestras reglas. —Me miró a los ojos y sonrió con picardía—. ¿Puedo besarte ya?
Respondí con una sonrisa de desdén y él se rió de buena gana. Le arrebaté la camiseta de las manos y se la arrojé diciendo:
—Haz el favor de vestirte...
Él me miró arrugando el ceño.
—Tengo calor...
Sonreí.
—Estás indecente... y la gente nos mira. —Señalé hacia donde estaban las adolescentes contemplándolo con ojos como platos.
Él las miró, haciendo que se rieran como histéricas, y sacudió la cabeza al tiempo que miraba su cuerpo medio desnudo y murmuraba:
—¿Estoy indecente? —Suspiró—. De acuerdo. —Tomó su botella de agua y la vertió sobre su camiseta antes de volver a ponérsela—. Ya está. ¿Estoy mejor así?
Me lo quedé mirando boquiabierta hasta que de pronto me di cuenta y me apresuré a cerrar la boca.
—Sí, gracias. —No, no estaba mejor así. La camiseta empapada se adhería a cada uno de sus músculos de forma tremendamente atractiva. Era como si no se la hubiera puesto. No quise darle la satisfacción de que supiera lo atractivo que estaba así. En cualquier caso, estaba segura de que ya lo sabía.
Se incorporó, metió la mano en mi bolso y tomó un par de granos de uva. Yo sonreí con ironía.
—Adelante, no te prives.
Sonrió y se llevó los granos de uva a la boca.
—No suelo hacerlo —respondió, levantando una ceja y sonriendo con malicia.
Suspiré y puse cara de resignación mientras él se acercaba y se sentaba junto a mí.
—¿Qué estás estudiando?
Sonreí y me sonrojé como una colegiala al mirarlo.
—La sexualidad humana.
—Aaah... ¿De veras? —Me dio un golpecito afectuoso en el hombro—. Una de mis mejores asignaturas.
Me estremecí y me aparté al instante al sentir el tacto de su camiseta mojada y fría. Él se rió de mi reacción y luego, sin previo aviso, me tumbó sobre la hierba, oprimiendo su empapada camiseta sobre mí y riéndose.
—¡Dios santo, León! ¡Estás helado! ¡Apártate! —le grité, tratando de quitármelo de encima y llorando de risa. Él siguió riendo sin apartarse. De pronto, me sujetó por las muñecas para que no pudiera empujarlo y me inmovilizó sobre la hierba.
Al cabo de un rato, nuestras carcajadas remitieron mientras nos mirábamos a los ojos. Él sonrió de forma adorable y apoyó la frente sobre la mía. Supongo que no contravenía específicamente mis reglas. Ambos permanecimos un minuto respirando de manera suave y acompasada, echándonos el aliento el uno al otro, y él movió las manos para entrelazar sus dedos con los míos.
Sentí como empezaba a cruzar una línea prohibida, y, cuando me disponía a protestar, las jóvenes que se hallaban a poca distancia de nosotros gritaron:
—¡Bésala!
Él se apartó, tragando saliva, y se rió un poco.
—¿Lo ves? —dijo señalando con la cabeza el grupo de chicas adolescentes—. Quieren que renegociemos las reglas. —Esbozó una sonrisa maliciosa y yo lo aparté de un empujón.
—Ve a echar una carrera —dije clavándole el índice en el pecho. Señalé vagamente hacia donde estaba situada nuestra casa—. Tengo que estudiar..., y me distraes demasiado. —Me ruboricé y bajé la mirada.
Él se rió y se puso en pie.
—De acuerdo, tú mandas. —Sonrió y, volviéndose hacia las jóvenes, se encogió de hombros y les guiñó el ojo. Ellas se rieron y emitieron sonoros gritos de protesta cuando él se volvió para marcharse del parque.
Puse los ojos en blanco y me sacudí la camiseta, que estaba húmeda. Tirité un poco debido a la humedad y me subí la cremallera de la cazadora. Es decir, estaba bastante segura de que se debía a la humedad.
Durante el rato que me dediqué a estudiar, mi mente divagaba de vez en cuando, evocando gratas imágenes del cuerpo de León . Me di cuenta de que soñaba despierta mientras leía distraída el mismo párrafo durante más de diez minutos. Emití un suspiro de resignación; León me distraía incluso cuando no estaba presente. Sentí un pequeño escalofrío al recordar su cuerpo apretado contra el mío, su frente contra la mía, su aliento sobre mi piel...
Tirité de nuevo y me levanté. No había planeado una sesión de estudio tan poco provechosa. Para eso, más valía que fuera a trabajar. Al menos, el trajín en el bar cambiaría el rumbo que habían tomado mis pensamientos.



León la quiere volver loca XD. No se sintieron orgullosas cuando recibio su premio?? El se merece eso y mucho mas, por todo lo que hace y siempre nos saca una sonrisa aunque estemos mal... No se ustedes, pero siempre que yo estoy...lo veo sonreir y me da fuerzas para todo... Orgullosa de ser Jorgista

Jany

Unreflecting - Capitulo 48

Capitulo 48

''Parque''

León y yo nos despedimos de Tomas cuando se marchó a trabajar León estaba de un humor insólitamente animado y le dio una palmada en la espalda, deseándole suerte con el gilipollas de su jefe. Tomas le dio las gracias y me dio un beso rápido en la mejilla antes de salir. Él también parecía más animado, y, durante unos momentos, me alegré de que la situación entre nosotros tres fuera menos tensa. Cuando Tomas se marchó, León me tomó de la mano y nos sentamos en el sofá a ver la televisión. Yo casi suspiré de alivio. Era maravilloso estar sentada junto a él en el sofá, con la cabeza apoyada en su hombro, como solía hacer antes de que las cosas se agriaran entre nosotros. Él me rodeó los hombros con el brazo y ambos gozamos de nuestro calor mutuo durante buena parte de la mañana.
Ese día tenía sólo una clase, después de la cual quería estudiar un poco antes de ir a trabajar. León me llevó en coche a la universidad, lo cual me produjo una pequeña alegría; volvía a sentirme enganchada a mi vieja adicción. Le di las gracias, pero lo obligué a quedarse en el coche en lugar de acompañarme hasta el aula. No quería que volvieran a someterme a una sesión de cincuenta preguntas si alguien me veía con la estrella del rock. Él accedió a regañadientes, pero obedeció, y sonreí al verlo alejarse en el coche.
No había vuelto a ver a Tina y a Genevieve en mi clase de Psicología después del interrogatorio al que me habían sometido una tarde, por lo que deduje que me habían descartado como posible rival de Candy. Sonreí un poco al pensar en lo estrecha que era mi relación con León. Pero enseguida arrugué el ceño. ¿Por qué se mostraba tan interesado en una chica tan corriente y vulgar como yo? Sea como fuere, como no me apetecía volver a toparme con ninguna de esas tres chicas, a partir de entonces procuré evitar la biblioteca parecida a la de Harry Potter. Hacía poco había descubierto un agradable parque cercano, perfecto para estirar un poco las piernas y repasar algunos libros. Después de clase, y en vista de que hacía un día espléndido, decidí ir a estudiar allí.
Aspiré el fresco aire otoñal mientras echaba una ojeada alrededor del pintoresco espacio. Las hojas de los árboles presentaban un intenso color naranja y rojo y se agitaban levemente bajo la suave brisa. No tardarían en empezar a caerse. Me bajé la cremallera de mi chaqueta liviana. Hacía un tiempo muy cálido para esa época del año; estaba empezando a creer en el calentamiento global, pero el aire fresco tenía una pureza y una nitidez muy tonificante que contribuían a aclararme las ideas. Era el lugar ideal para estudiar antes de ir a trabajar. Me senté sobre la hierba y, después de rebuscar en mi bolso, encontré una bolsita con uvas y me comí unos cuantos granos.
En el parque, había varios grupos de gente disfrutando del espléndido y soleado día. Quizá fuera el último que veríamos hasta al cabo de un tiempo. Algunas personas jugaban con sus perros arrojándoles una pelota; otras, como yo, estudiaban; y otras gozaban de un picnic otoñal.
Me fijé en un grupo de chicas adolescentes, no lejos de donde estaba yo, que no dejaban de reírse, y me volví para ver qué les había llamado la atención. Vi a un hombre de espaldas a nosotras, que se había quitado la camiseta y hacía unas flexiones apoyado contra un banco del parque. Lo observé distraído durante un minuto mientras las chicas seguían riendo y murmurando. Cuando terminó sus ejercicios, tomó una botella de agua que había sobre el banco. Volviéndose un poco hacia mí, bebió un largo trago de la botella. Tenía un cuerpo increíblemente perfecto... que me resultaba más que familiar. Solté una carcajada y puse los ojos en blanco.
«Vaya», pensé. Había escogido precisamente el parque donde iba León para hacer unos ejercicios de estiramiento después de correr. Y él tenía que estar justamente allí en esos momentos, mientras yo trataba de estudiar. Se volvió y al instante me vio tumbada sobre la hierba admirando su cuerpo sin disimulo. En su rostro se dibujó poco a poco una sonrisa de lo más sexy al tiempo que ladeaba la cabeza en un gesto adorable y echaba a andar hacia mí, sosteniendo la botella de agua en una mano y su camiseta en la otra. Las chicas con las que se cruzó se rieron como tontas al ver su seductora sonrisa y se volvieron para mirarme con curiosidad. Permanecí sentada en la hierba y lo observé dirigirse hacia mí, sintiendo que el corazón me latía más deprisa.
Se sentó en la hierba a mi lado y emití un sonoro suspiro.




Bueno como se los prometi!! Jorge gano y maraton!! Vieron lo sexy, hermoso, dioso, sexy, etc, en conclusion PERFECTO que estaba yo me estaba muriendo!! Dios!! debe seer ilegal ser tan Perfecto. Cambiando de tema...Como va la novela??? Alguna sugerencia??

Jany

jueves, 28 de agosto de 2014

El Niñero - Capitulo 36



Capítulo 36




—Me encantas —dijo mirándome fijamente a los ojos. Sonrojada le sonreí, introdujo sus manos por debajo del saco y las posicionó sobre mis hombros para luego deslizarlas por mis brazos y así al mismo tiempo deshacerse del saco.

Él mismo tomó el saco y lo lanzó a un lado de la cama, colocó su mano en mi cuello ahora descubierto y comenzó a bajarla lentamente hasta mi clavícula.

Me dedicaba a admirarlo, esos hermosos ojos almendrados, su cabello café claro azabache desacomodado y sus labios rojos entreabiertos formando una sonrisa, dejando al descubierto una parte de su perfecta dentadura.

Con mis piernas a sus costados, poco a poco me recosté sobre su pecho hundiendo mi cuello en su rostro, di un pequeño beso y subí a su oído.

—Tú también me encantas —le susurré sensualmente mientras jugueteaba con el lóbulo de su oreja, posó sus manos en mis piernas, las subía y bajaba haciéndome estremecer por las caricias. Subió una por mi pierna, pasando por mis glúteos hasta mi espalda, dejó de subir cuando llegó a su destino. El cierre de mi vestido.

Sin alejarse de mis labios, bajaba el zíper con una desesperante lentitud, obviamente ese era su objetivo. Hacerme sufrir. Pero ya llegaría mi turno de vengarme.

Finalmente el cierre estaba abajo completamente y yo me quemaba interiormente por sentir su piel en contacto con la mía.

Nuevamente me senté en su cadera para poder sacarme el vestido, sin previo aviso Jorge lo tomó del borde y comenzó a subirlo, así que solamente puse mis manos en el aire y en un dos por tres el vestido había desaparecido.

Me tomó de la cintura para apegarme nuevamente a su cuerpo, acción que claramente no rechazaría. De pronto me encontraba recostada mientras que Jorge devoraba mis labios.

Lentamente lo separé de mis labios, su entrecejo se frunció levemente y su rostro tenía dibujado un enorme signo de interrogación.

—¿Pasa algo? —me preguntó aún algo agitado por el beso anterior.

—No es justo... —le dije seria.

—¿Qué no es justo? —me pregunté riendo.

Sin decir una sola palabra, puse mi mano sobre su pecho y comencé a deslizarla hacia abajo hasta llegar al borde de su pantalón.

Me dedicó una pícara sonrisa seguida de una carcajada. Rápidamente me enderecé dejándolo nuevamente mirando hacia el techo, di un fugaz beso en sus labios y con mi dedo índice recorrí su pecho y abdomen hasta llegar al metálico botón que se aseguraba mantener los pantalones en su lugar.

Sacaba el botón de su lugar, pero luego en cuestión de segundos lo regresaba a su ojal, escuchaba las ligeras risas de Jorge quien ya estaba altamente ‘desesperado’ finalmente lo abrí, y baje el zíper con la misma lentitud con la que el había bajado el de mi vestido.

—¡Me estás haciendo sufrir! ¿Cierto? —estaba en lo correcto, pero además no había prisa, teníamos la noche por delante.

Bajaba su pantalón, hasta que algo me lo impidió, ambos reímos tontamente al darnos cuenta de que Jorge aún continuaba con zapatos.

—¡Eres un ‘mata-pasión’, Jorge! —le dije ahogada en carcajadas mientras quitaba sus zapatos al igual que los calcetines, los cuales junto con el pantalón se esparcieron por algún lugar de su habitación.

—¿Mata-pasión? —preguntó levantando una ceja— Eso está por verse... —agregó amenazantemente tomándome de las piernas, me levantó y luego me soltó para así dejarme caer sobre la cama.

—¡Jorge! —alargué riendo.

Sin darme tiempo de reclamarme por esa llave de lucha que me había aplicado, atrapó mis labios. Este beso era diferente a los demás, tenía más energía, pasión, desenfreno. De abrupto introdujo su lengua en mi cavidad, la recorría sin pudor alguno tal y como sus manos paseaban por todo mi cuerpo.

La falta de oxígeno comenzaba a hacerse presente, pero Jorge no se separaba de mis labios; y, para ser sincera, yo tampoco quería hacerlo. Pero si quería seguir disfrutando de MI NOVIO, tenía que hacerlo.

Apenas me separé de sus labios traté de recuperar el aire vital perdido, Jorge se entretenía en mi cuello mientras yo me reponía. Pero fue completamente inútil ya que el placer que Jorge me brindaba con sus caricias en mi cuerpo, unidas a los besos y mordidas impartía en mi cuello, solo me aceleraban más.

—¿Sabes? No es justo... —susurró con su melodiosa voz en mi oído mientras que jugaba con los tirantes de mi sostén.

—P...pues hazlo...hazlo más justo —traté de hablar lo más claro posible pero me desconcentraba de sobremanera.

Rodeó mi cintura con un brazo y giro haciéndome quedar sobre él, se divertía con el broche de mi sujetador. Hasta que finalmente decidió desabrocharlo mientras yo saboreaba esos labios ahora de doble grosor e intensidad de color. Me aparté de mi ahora ‘vicio’ para eliminar de la escena la penúltima prenda que cubría mi cuerpo y así dejar mi torso completamente desnudo.



Agbsdjhbahjfb Noshe que decir 

Jany

Unreflecting - Capitulo 47

Capitulo 47

"Hermana"

Esa noche dormí como un lirón, cuando por fin concilié el sueño después de un día en el que había estado dando múltiples cabezaditas. Al parecer, el estrés de no saber lo que León iba a hacerme y el sentimiento de culpa que me producía habían sido la causa de mi insomnio. Ahora que sabía cómo iba a tocarme y cómo no iba a tocarme, me sentía de nuevo animada. Quizá pudiéramos recuperar nuestra amistad. Quizá pudiera dejar de traicionar a Tomas. Jamás podría deshacer lo que le había hecho, y siempre me arrepentiría de ello, pero el saber que no incrementaría mi sentimiento de culpa hizo que me sintiera animada cuando esa mañana temprano bajé la escalera.
Y, por supuesto, el volver a comportarme de forma natural con León me hizo sonreír de gozo al contemplar su increíble perfección cuando se volvió para darme los buenos días en la cocina. Su pelo, natural y espontáneamente alborotado, concordaba con su sonrisa.
—Buenos días. ¿Café? —preguntó señalando la cafetera.
Sonriendo con alegría, me acerqué a él y le rodeé la cintura con los brazos. Él me miró sorprendido durante un segundo y luego me abrazó también por la cintura. Tenía la piel tibia y olía maravillosamente. Sentí una enorme sensación de alivio. Era fácil abrazarlo así, sobre todo sabiendo que la cosa no iría más lejos.
—Buenos días. Sí, por favor —respondí señalando la cafetera con la cabeza. Ésa era la primera taza de café que me tomaba desde nuestra aventura en el quiosco de café exprés. Por fin, me sentía lo bastante animada para volver a beberlo; lo había echado mucho de menos.
Él me miró sonriendo. Sus perfectos ojos verdes transmitían serenidad y sosiego.
—¿No vas a resistirte a este tipo de caricias? —preguntó, abrazándome más fuerte.
Le devolví su cálida sonrisa.
—No... Las echaba de menos. —Se inclinó hacia delante como si fuera a besarme en el cuello y lo aparté arrugando el ceño—. Pero tenemos que imponer unas reglas básicas.
Se rió divertido.
—De acuerdo... Dispara.
—Bueno, aparte de la más obvia, me refiero a que tú y yo jamás volveremos a... —Me sonrojé al pensarlo y no pude siquiera terminar la frase. Él se rió.
—¿Te refieres a... practicar un sexo... ardiente y salvaje? —preguntó, rematando mi reflexión y arqueando una ceja perfecta mientras articulaba cada palabra lentamente—. ¿Seguro que no quieres replanteártelo? Somos increíbles...
Lo miré enojada y lo interrumpí, dándole un golpecito cariñoso en el pecho por haberme hecho esa pregunta.
—Aparte de lo más obvio, no volveremos a besarnos... jamás.
Arrugó el ceño.
—¿Y si me limito a no besarte en los labios? Los amigos se besan.
Arrugué también el ceño, recordando de pronto su lengua deslizándose sobre mi cuello y haciendo que me estremeciera.
—No como tú lo haces.
Suspiró.
—De acuerdo... ¿Qué más?
Sonreí y me aparté de él, indicando con las manos la parte superior e inferior de un bikini.
—Eso también está prohibido. No puedes tocarlo.
Volvió a fruncir el ceño.
—Caramba, te estás cargando los aspectos más divertidos de nuestra amistad. —Tras ese comentario, se apresuró a sonreír—. De acuerdo... ¿Alguna otra regla?
Abrió los brazos y dejé que volviera a abrazarme.
—La nuestra debe de ser una amistad casta, León. Si eres incapaz de mantenerlo, se acabó. —Lo miré a los ojos, pero él hizo que apoyara la cabeza en su hombro y me estrechó contra él.
—De acuerdo, Violetta —suspiró. Me apartó y se echó a reír—. Tú también debes observarlas, ¿está claro? —Señaló sus labios y luego su bragueta—. No puedes tocarlos —dijo con tono burlón. Le di un golpe afectuoso en el pecho—. A menos que realmente lo desees... —apostilló con una risita— Le di un golpe más contundente en el pecho y él soltó una carcajada y me abrazó con fuerza.
Suspiré y me relajé contra él, pensando que podría quedarme toda la mañana entre sus reconfortantes brazos, pero me sobresalté al oír el teléfono. Aún era muy temprano. Alcé la vista hacia el piso superior, donde Tomas seguía durmiendo, y me apresuré a atender la llamada, pues no quería que el timbre del teléfono lo despertara todavía. Durante unos instantes, me inundó un pequeño torrente de culpa al comprender que no quería que se despertara porque deseaba permanecer un rato más a solas con León.
—¿Sí? —respondí mientras me inclinaba sobre la encimera. Al oír una risita divertida a mi espalda, me volví. León sonrió con gesto insinuante al observar mi postura inclinada sobre la encimera. Me apresuré a enderezarme y apoyé una mano en la cadera, mirándolo con gesto de reproche.
—¡Hola, hermanita! —Oí el tono jovial de Anna a través del teléfono, pero seguía mirando enojada a León. Él trazó un halo sobre su cabeza, para indicar que se portaría bien, y por fin sonreí.
—Hola, Anna. —Me apoyé contra la encimera, observando a León servirse un café y luego otro para mí—. ¿No es un poco temprano para que llames? —Mi hermana era un ave nocturna y no solía levantarse antes del mediodía.
—Acabo de llegar a casa y se me ha ocurrido hacerte una llamada antes de ir al instituto. ¿Te he despertado? —Fruncí el ceño y miré el reloj. Allí eran las siete y cinco de la mañana, de modo que en Buenos Aires debían de ser las cinco y cinco. ¿Y mi hermana acababa de llegar a casa?
—No, ya estaba levantada. —Miré de nuevo el reloj, preguntándome qué habría estado haciendo.
—Me alegro. ¿He despertado al Tío Cachas? —Noté el tono divertido con que pronunció el mote que había puesto a León.
Me reí.
—No. El Tío Cachas también está levantado. —Me estremecí al recordar que el Tío Cachas estaba escuchando la conversación, y observé su expresión de regocijo. Él arqueó una ceja y dijo Tío Cachas en silencio, moviendo sólo los labios y señalándose. Asentí y puse lo ojos en blanco mientras él se reía por lo bajo.
—Aaaaaah... ¿Y qué hacen los dos a estas horas de la mañana? —preguntó Anna con tono socarrón.
A fin de comprobar cómo reaccionaría León, decidí jugar un poco con él y con mi hermana.
—Estábamos follando sobre la mesa mientras esperábamos que el café estuviera listo. —La reacción facial de León fue idéntica a la reacción verbal de mi hermana y me eché a reír.
—¡Cielo santo, Vilu! —exclamó Anna, mientras León se atragantaba con el café y se ponía a toser, mirándome sin dar crédito. Solté otra carcajada y me volví de espaldas a él cuando esbozó una
sonrisa libidinosa.
—Era una broma, hermanita. Jamás lo tocaría de ese modo. No imaginas la cantidad de chicas con las que ha estado. Es repugnante... Además, Tomas duerme arriba. —Alcé la vista hacia donde dormía Tomas, confiando en que mis carcajadas no lo hubieran despertado. Luego, miré de nuevo a León, que sostenía su taza de café y observaba el suelo con una extraña expresión.
—¿En serio? Me gustan las cosas repugnantes. Espera... Pero ¿ha regresado? —Anna se refería a Tomas pero yo estaba pendiente de León y la extraña expresión que mostraba su rostro.
—Oye, una llamada a mamá o a papá de vez en cuando no te mataría. —Me quedé perpleja cuando León depositó su taza de café intacta en la encimera y se encaminó hacia a puerta, como si fuera a marcharse. Al instante, comprendí que, en mi afán de aclararle la situación a Anna, había dicho con desdén que «era repugnante».
Anna suspiró.
—Ya sé, ya sé, no estás tan segura de ello. ¿De modo que Tomas y tú han hecho las paces después de estar separados durante su larga ausencia?
Cuando León pasó junto a mí, lo sujeté del brazo. Lo había ofendido. Pero debía de imaginarse que lo había hecho para cubrirme.
—Todo va bien —dije dirigiéndome tanto a él como a Anna. León me miró con tristeza cuando tomé su brazo e hice que me rodeara la cintura. Sonrió de nuevo lentamente y me estrechó con fuerza, apoyándonos los dos contra la encimera.
—Me alegro... En tu situación, probablemente me habría acostado con el Tío Cachas durante la ausencia de Tomas. Menos mal que tú no eres yo, ¿eh?
Me sonrojé ante su frívolo pero atinado comentario, y León me miró con curiosidad.
—Sí, menos mal que tú y no nos parecemos en nada, Anna. —Fijé la vista en sus increíbles ojos verdes mientras él me abrazaba.
—Bien... ¿Qué te parece si voy a verte este fin de semana?
Sorprendida, me tensé y fijé la vista al frente.
—¡No!
León trató de atraer mi atención, murmurando:
—¿Qué pasa?
—Vamos, Viilu. Me muero de ganas de conocer al Tío Cachas. —Evité mirar a León a los ojos. Por fin, se habían arreglado las cosas entre nosotros; no quería que mi hermana lo estropeara todo... ni
tratara de acostarse con él. No estaba segura de que él no accedería.
—Tiene un nombre, Anna —repliqué en tono brusco, más irritada por esa última reflexión que por el mote que le había puesto mi hermana.
—De acuerdo, León. Dios, hasta su nombre me pone cachonda. —Mi hermana suspiró sonoramente—. No puedes monopolizarlo.
—¡No lo hago! —contesté indignada. Por fin, miré a León a los ojos, que me observaba preocupado, y traté de calmarme, de relajarme entre sus brazos. Le sonreí y meneé la cabeza, tratando de tranquilizarlo a él y de paso a mí misma.
—Quedamos en que vendrías durante las vacaciones de invierno, Anna..., ¿recuerdas? En estos momentos estoy muy liada. —Miré sus serenos ojos y él sonrió. No soportaba la idea de que estuvieran juntos.
—Las vacaciones de invierno... ¡Pero si estamos en Agosto! —protestó mi hermana.
—Tengo muchas cosas que hacer, Anna... —respondí con suavidad, tratando de apaciguarla.
—¡Venga, mujer! Un fin de semana no te matará, Vilu.
Suspiré, sabiendo que si seguía resistiéndome de esa forma, ella sospecharía.
—De acuerdo —dije devanándome los sesos en busca de alguna excusa para que postergara un poco el viaje. Al escrutar el rostro increíblemente perfecto de León, la respuesta se me ocurrió al instante y exclamé—: ¡Ah!
—¿Qué? —preguntaron mi hermana y León al unísono.
Sonreí y León hizo lo propio, arqueando las cejas picado por la curiosidad.
—Verás, Anna... León actúa todos los viernes y sábados por la noche. No estará libre hasta... —Lo miré con gesto interrogante y después de pensar unos segundos, él respondió moviendo sólo los labios: «El ventidos»—... hasta el siete. De modo que si quieres que salga con nosotros, tendrás que esperar hasta entonces.
Ella suspiró.
—¿De Septiembre? ¿Hasta dentro de tres semanas, Vilu?
Sonreí, reprimiendo la risa.
—Lo sé. Si quieres, puedes venir antes. León estará ocupado, pero puedes salir conmigo y con Tomas. Podemos ir al cine o...
—No, de acuerdo, vendré el ventidos. —Al cabo de unos instantes, mi hermana se animó—. ¡Nos lo pasaremos en grande, Vilu! —Se rió alegremente y me pregunté si estaba más impaciente por verme a mí o a mi compañero de piso—. ¿Puedo dormir en la habitación de León? —preguntó soltando una carcajada.
Vale, estaba más impaciente por ver a mi compañero de piso. Suspiré en voz alta.
—Tengo que arreglarme para ir a clase. Hablaremos más tarde, Anna. ¡Vete a dormir! Y date una ducha fría.
Ella se rió de nuevo.
—Adiós, Vilu. ¡Hasta pronto!
—Adiós. —Colgué el teléfono—. Mierda.
León emitió una risita y lo miré.
—No se lo digas a Diego, por favor.
Él se encogió de hombros y vlvió a reírse.
—¿Qué pasa? —León me miró sonriendo suavemente, reprimiendo la risa.
—Mi hermana quiere venir a visitarme. —Mi tono no denotaba la menor alegría.
Él me miró, confundido.
—Vale..., ¿y no te cae bien?
Negué con la cabeza y le acaricié ligeramente el brazo.
—No es eso. La quiero mucho, pero... —desvié la vista.
—Pero ¿qué? —preguntó él, tratando de mirarme a los ojos.
Me volví hacia él y suspiré.
—Mi hermana se siente atraída por ti como una abeja por la miel —dije con tono hosco.
Soltó una carcajada.
—Aaah... ¿De modo que ya puedo prepararme para ser atacado? —La perspectiva parecía divertirlo. Pero a mí no me hacía ninguna gracia.
—No tiene gracia, León —dije haciendo un mohín de disgusto.
Él se puso serio y me sonrió con dulzura.
—A mí me parece muy gracioso, Violetta.
Volví la cabeza, pues noté que se me saltaban las lágrimas y no quería que él lo viera. No lo entendería. Ni yo misma lo entendía. Sólo sabía cómo se comportaría probablemente Anna con él y cómo se comportaría él probablemente con ella... La idea me ponía enferma. No quería que él la tocara, pero sabía que no tenía ningún derecho a pedirle que no lo hiciera. No me pertenecía.
Me apartó un mechón de pelo de la cara, recogiéndomelo detrás de la oreja.
—Eh... —Me tomó suavemente del mentón y me obligó a mirarlo—. ¿Qué quieres que haga? —preguntó con tono quedo.
No pensaba pedírselo, pero se me escapó.
—No quiero que te acuestes con ella. No quiero que la toques siquiera —dije con tono brusco mientras lo miraba irritada.
—De acuerdo, Violetta —respondió al cabo de un minuto, acariciándome con ternura la mejilla.
—Prométemelo, León. —Dejé de mirarlo irritada, pero fijé mis ojos llenos de lágrimas en los suyos.
—Te lo prometo, Violetta. No me acostaré con ella, ¿de acuerdo? —Me sonrió para tranquilizarme y yo asentí y dejé que me abrazara con fuerza.




Leon como siempre un tierno,Violetta...pues...mejor ni hablemos.
Gracias por felicitar a Vale!! se sintio muy byuhbdchjwb XD
Las quiero!! y no olviden comentar que quieren para el especial de un a;o

Jany

miércoles, 27 de agosto de 2014

Unreflecting - Capitulo 46

Dedicado a la cumpleañera más bella y hermosa, moxxa y 86286482 loca XD Valeria!! <3 Te amo como no tienes idea, eres el pan de mi mantequilla xD Te amo!! Mandame pastel XD

Capitulo 46

"Como Antes"

Frunció un poco el ceño y me enjugó una lágrima.
—¿Te hago daño? —preguntó en voz baja.
—Todos los días... —respondí también en voz baja.
Guardó silencio unos minutos, y luego dijo:
—No pretendo hacerte daño. Lo siento.
Confundida, dije sin pensar:
—Entonces, ¿por qué lo haces? ¿Por qué no me dejas tranquila?
Arrugó de nuevo el ceño.
—¿No te gusta estar así... conmigo? ¿Ni siquiera... un poco?
Su desconcertante pregunta hizo que se me encogiera el corazón.
—Sí..., pero no puedo. No debo. No es justo... para Tomas.
Asintió, sin dejar de fruncir el ceño.
—Cierto... —Suspiró y dejó de acariciarme el pelo—. No quiero hacerte daño..., ni a ti ni a Tomas. —Calló durante unos minutos, mirándome con gesto pensativo. Yo no podía articular palabra. Sólo era capaz de observarlo mientras él me miraba a mí. Por fin dijo—: Dejémoslo así. En un simple flirteo. Procuraré no propasarme contigo. —Suspiró de nuevo—. Un flirteo amistoso, como solía ser...
—León, creo que ni siquiera deberíamos..., no desde esa noche. No desde que hemos...
Él sonrió, quizás al recordar ese episodio, como lo había recordado yo, y me acarició la mejilla.
—Necesito estar cerca de ti, Violetta. Ésta es la mejor solución que puedo ofrecerte. —De pronto, sonrió pícaramente y su intenso atractivo sexual hizo que mi corazón se pusiera a latir de nuevo con furia—. O podría tomarte aquí mismo, sobre el sofá. —Me tensé sobre sus rodillas y él suspiró—. Era una broma, Violetta.
—No creo que fuera una broma, León. Ése es el problema. Si yo accediera...
Sonrió con un gesto encantador.
—Haría lo que me pidieras —murmuró.
Tragué saliva y desvié la mirada; esa conversación hacía que me sintiera incómoda. Él me pasó un dedo sobre la mejilla, el cuello, la clavícula y la espalda hasta la cintura. Mi respiración se aceleró y lo miré con gesto de reproche.
—Lo siento... —Sonrió tímidamente—. Prometo esforzarme...
Siguió acariciándome el pelo y, al cabo de un rato, los movimientos repetitivos hicieron que me venciera el sueño. Me desperté unas horas más tarde en mi habitación, tapada con la manta. Confié en que estuviera vestida y comprobé, con profundo alivio, que así era. León quería seguir flirteando conmigo, pero ¿nada más? ¿Era capaz de conformarse con eso? ¿Me conformaría yo? ¿No traicionaría a Tomas si se trataba tan sólo de un inocente flirteo? No estaba segura de que fuera posible, pero, mientras estaba tumbada en el sofá junto a León, había evocado unos recuerdos maravillosos de cómo solíamos comportarnos el uno con el otro. ¿Lograríamos recuperar aquello? La idea de volver a tocarnos de manera espontánea me produjo una excitación tan intensa que me inquietó.
Tomas entró en el dormitorio mientras yo seguía pensando en León y su idea de flirtear conmigo. Me sobresalté un poco al verlo, absorta como estaba en mis reflexiones y sin saber qué hora era. Él me miró perplejo mientras se quitaba los zapatos y la camisa.
—¿Qué haces? —preguntó con una pequeña sonrisa y una mirada pícara mientras se ponía una camiseta más cómoda.
En otras circunstancias, el hecho de observarlo mientras se cambiaba y la forma en que acababa de mirarme me habría hecho sonreír, pero, teniendo en cuenta la índole de mis pensamientos, me ruboricé. Fue una reacción chocante en esas circunstancias, y él se sentó en el borde de la cama con gesto preocupado.
—¿Estás bien? —Apoyó la mano en mi frente y retiró unos mechones que me caían sobre la cara—. ¿Te sientes otra vez indispuesta?
Fue un gesto tan tierno que me relajé y me incorporé en la cama, echándole los brazos al cuello. Suspiré y lo abracé con más fuerza de lo habitual. Él me acarició la espalda y me abrazó también con fuerza.
—Perfectamente... Me había echado la siesta.
Se apartó para mirarme con afecto y entonces reparé en lo cansado que parecía.
—¿Te sientes bien? —Experimenté una breve sensación de pánico, pero me esforcé en desterrarla.
Suspiró y meneó la cabeza.
—Se trata de Max. Dios, qué idiota es, Vilu. Si su tío no fuera el dueño de la empresa, jamás le habrían dado trabajo allí. Van a encargarse de la campaña de un comerciante que... —Se detuvo y meneó de nuevo la cabeza—. No quiero ni pensar en ello. —Me acarició el pelo y me atrajo hacia él para besarme con ternura—. Sólo quiero pensar en ti...
Yo le acaricié también el pelo mientras nuestro beso se hacía más prolongado. Al cabo de un minuto, se apartó.
—¿Tienes hambre? Si quieres descansar un rato más, iré a preparar algo de comer para los dos.
Sonriendo ante su amable ofrecimiento, le acaricié la mejilla.
—No, bajaré contigo.
Me tomó las manos, sonriendo, y me ayudó a levantarme. Observé su cabello oscuro y las armoniosas líneas de su cuerpo mientras bajaba la escalera tras él. ¿Cómo pude serle infiel? Era un chico increíble. Tragué saliva para aliviar el nudo que tenía en la garganta y me recordé que no volvería a repetirse jamás. Jamás volvería a traicionarlo. León había accedido a dejar de acosarme. Él y yo seguiríamos siendo simplemente amigos. Todo iría bien.
Decidí tumbarme en el sofá, y, al cabo de un rato, los ruidos que hacía Tomas mientras preparaba la cena me relajaron y me quedé dormida. «Genial», pensé vagamente antes de quedarme dormida, «Esta noche no pegaré ojo». Me desperté al sentir unos suaves labios sobre los míos. Abrí los ojos aterrorizada. Durante un instante de delirio inducido por el sueño, no sabía a quién pertenecían esos labios.
Alcé la mano automáticamente hacia el rostro que estaba inclinado sobre mí, y, al tocar el nacimiento del pelo, me tranquilicé. Era Tomas. Todo encajaba. Yo libraba esa noche, Tomas había regresado a casa después de una larga jornada de trabajo y León tocaba con los D-Bags en Razors. Probablemente, ya estaban allí, relajándose antes de la actuación.
Puesto que no solía desaprovechar la oportunidad de estar a solas con él, Tomas ya estaba... preparado para mí. Al principio, me sentí extraña, dado que no habíamos estado juntos desde que lo había traicionado con León y aún me sentía tremendamente culpable, pero, después de varios besos apasionados sobre el sofá y cuando Tomas introdujo la mano dentro de mis vaqueros, me olvidé de mi sentimiento de culpa y gocé de cada centímetro de ese bellísimo hombre.
La maravillosa cena que Tomas había preparado se había enfriado cuando nos dispusimos a comerla.



León = Perfecto
Tomas = Inocente
Violetta = German
(Quien entendio, entendio XD)

Subi dos capitulos porque hoy es el cumple de mi B.F asi que ¡Felicitenla! Porque sin ella solo hubiera subido un capitulo XD Otra cosa... pues les recomendare una novela que es banjkbdjsbhjs PERFECTA, la sube nada más y nada menos que le mejor hermana del mundo!!! si la quieren leer el link es este: http://www.wattpad.com/story/21345330?utm_source=android&utm_medium=twitter&utm_content=share_writing Leanla!! y si no, le dire a Elmo donde viven xD
Te amo hermanita y Feliz cumple Vale <3

Jany

Unreflecting - Capitulo 45

Dedicado a Makarena Danitza Pinto Toledo. Me encanta que siempre comentes de lo que piensas de todos los personajes y que no olvidas de dar like siempre. ¡Beshos!

Capitulo 42

¿Si o No?"

A la mañana siguiente, lo acorralé en la cocina mientras se preparaba el café.
—Buenos...
Corté en seco su adorable saludo, irritada aún por el rato que me había hecho pasar ayer en el coche.
—Quiero... —lo espeté clavándole el dedo en el pecho, lo cual le hizo sonreír de forma encantadora al tiempo que dejaba la cafetera en la encimera— que me dejes en paz.
Él me agarró la mano y me atrajo hacia él.
—No te he hecho nada... últimamente —dijo con aire inocente.
Traté de apartarme, pero él me abrazó con fuerza.
—¿Y esto? —pregunté tratando de señalar sus brazos a mi alrededor, pero apenas podía moverme.
Él se rió y me besó en la barbilla.
—Pero si lo hacemos todo el rato. A veces, hacemos más que eso...
Me aparté, irritada, y lo espeté a punto de perder los estribos:
—¿Y lo del coche?
Él redobló sus carcajadas.
—Tú tuviste la culpa. Hiciste que me excitara teniéndote sentada a mi lado. —Se agachó un poco para mirarme a los ojos—. ¿Qué querías que hiciera?
Me sonrojé; tenía razón. Emití un sonoro suspiro y desvié la mirada.
Se rió por lo bajo de mi reacción.
—Mmm... ¿Quieres que pare? —Mientras hablaba, deslizó los dedos en sentido descendente por mi pelo, mi mejilla, mi cuello y entre mis pechos hasta mi cintura. Me agarró por la cinturilla de los vaqueros y me atrajo suavemente hacia él.
Mi cuerpo reaccionó al instante y eso me incomodó: mi respiración se aceleró, mi corazón empezó a latir con furia y cerré los ojos, esforzándome en no volverme hacia sus labios.
—Sí —dije jadeando, preguntándome si había respondido a su pregunta de forma adecuada.
—No pareces muy convencida. ¿Te pongo nerviosa? —Su voz era ronca y seductora, y mantuve los ojos cerrados para no ver su expresión. Deslizó los dedos ligeramente por la cinturilla e introdujo uno dentro del pantalón, rozándome apenas la piel.
—Sí. —La cabeza me daba vueltas. ¿Qué me había preguntado?
Se inclinó y me murmuró al oído:
—¿Deseas volver a sentirme dentro de ti?
—Sí... —contesté de sopetón antes de asimilar siquiera la pregunta. Sus dedos se detuvieron. Abrí los ojos al darme cuenta de mi error y lo miré; su rostro mostraba una expresión de sorpresa—. ¡No! ¡Quería decir no!
Él sonrió a medias como si fuera a prorrumpir en carcajadas mientras se esforzaba en reprimir la risa.
Furiosa, pensé: «Genial, le estoy siguiendo el juego y he quedado como una idiota».
—Quería decir no, León.
Soltó una carcajada.
—Lo sé, sé exactamente lo que querías decir.
Lo aparté bruscamente y subí de nuevo a mi habitación. La cosa no había ido nada bien.
Esa tarde, después de clase, tenía unas horas que matar antes de que mi novio regresara del trabajo. Estaba agotada. Apenas había pegado ojo. Tomas, León, la culpa y la pasión no cesaban de darme vueltas en la cabeza, impidiéndome conciliar el sueño. Si algo no cambiaba pronto, iba a estallar debido al estrés.
Estaba sentada en el centro del sofá, mirando distraída la televisión, absorta en mis pensamientos, cuando noté que se hundía el cojín a mi lado. Sabiendo quién era, traté de manera instintiva levantarme sin volverme siquiera. Pero él me sujetó del brazo y me obligó a sentarme de nuevo. Al volverme, vi que sonreía divertido ante mi resistencia a permanecer a su lado. Me sentí demasiado cansada para aquello.
Irritada por su sonrisa, me quedé sentada como un pasmarote en el sofá, con los brazos cruzados. Él suavizó su sonrisa mientras me observaba, y yo desvié la vista. Al sentir que me rodeaba los hombros con el brazo, me tensé, pero no se apartó. No quería seguir divirtiéndolo. La vergüenza que había pasado esa mañana seguía viva en mi mente. Él empezó a tirar de mí con suavidad para que apoyara la cabeza en sus rodillas.
Asombrada e indignada por su grosera insinuación, me aparté bruscamente y lo miré con frialdad. Él me miró sorprendido, arrugando el ceño antes de relajarse y echarse a reír ante mi reacción.
—Anda, échate —dijo señalando sus rodillas—, pareces cansada. —Me miró arqueando una ceja y sonrió de forma insinuante—. Si quisieras, yo no te lo impediría.
Arrugué el ceño, avergonzada por haberlo interpretado mal, y le di un codazo en las costillas por el comentario que acababa de hacer. Él soltó un gruñido y volvió a reírse.
—Qué terca eres... —dijo con tono socarrón obligándome de nuevo a apoyar la cabeza sobre sus rodillas.
Sintiéndome todavía como una estúpida por lo que había creído que quería que le hiciera, obedecí. Él me miró cuando me tumbé boca arriba. Su regazo era bastante cómodo y yo estaba muy cansada. Me acarició el pelo con dulzura, haciendo que me relajara al instante.
—¿Lo ves? No es tan horrible, ¿verdad? —Sus ojos verdes me observaban casi con melancolía. Me miró en silencio durante unos minutos antes de preguntarme—: ¿Puedo hacerte una pregunta sin que te enfades?
Me tensé de inmediato, pero asentí con la cabeza. Él observó sus dedos mientras me acariciaba el pelo y preguntó:
—¿Es Tomas el único hombre con el que te habías acostado?
Su pregunta me irritó. ¿Por qué quería saberlo?
—León, no veo qué...
Me miró a los ojos y me interrumpió:
—Responde a la pregunta. —Sus ojos reflejaban una expresión casi de tristeza, y su voz denotaba cierta emoción.
Confundida, respondí casi sin pensar.
—Sí... hasta ti. Él fue mi primer...
León asintió, reflexionando mientras seguía acariciándome el pelo. Pensé que debí de sentirme avergonzada al responder a una pregunta tan personal, pero no era así. Supongo que mi cuerpo no ocultaba muchos secretos para él, o que no pudiera imaginar de manera acertada.
—¿Por qué querías saberlo? —pregunté.
Dejó de juguetear con mi pelo durante unos momentos y luego continuó, sonriendo suavemente, sin decir nada. Siguió acariciándome el pelo y volví a relajarme. Parecía absorto en sus cavilaciones, mirándome y sonriendo con dulzura. De repente, recordé las numerosas ocasiones en que había estado así con él, sin hacer nada indecoroso, durante la ausencia de Tomas. La ternura de ese momento hizo que se me saltaran las lágrimas cuando alcé la vista y lo miré.



njkshbhcbhjs Un Jorge y un León para llevar por favor XD
Jany

martes, 26 de agosto de 2014

Unreflecting - Capitulo 44

Dedicado a Daniela Carolina Alvarenga Gonzáles. Gracias por poner siempre tu like y comentar. ¡Besos!

Capitulo 44

"Lluvia"

Cuando se fue, cerré de un portazo y di la vuelta a la llave. Más que ardiente, aquello se estaba poniendo al rojo vivo. Tenía que hacer algo al respecto... pero no se me ocurría qué.
León siguió flirteando conmigo a hurtadillas, aprovechando siempre el momento en que Tomas había salido de la habitación o estaba de espaldas a nosotros. La primera vez que me besó en el cuello estando Tomas en la habitación, sofoqué una exclamación de asombro. Él se rió y se apartó deprisa al tiempo que Tomas se volvía hacia mí extrañado. Yo farfullé una estupidez sobre que había visto una araña y miré enojada a León, que se rió y arqueó las cejas al oírme mencionar otra araña. Sentí un calor abrasador, pero agradable, donde me había besado en el cuello.
Cada día apreciaba más la soledad que me brindaba la universidad. Era mi única zona libre de Tomas y de León. Durante unas horas, podía centrarme en otras cosas aparte del gigantesco caos que constituía mi vida doméstica. Como es natural, al cabo de unos días, durante una clase de Psicología sobre las opiniones de Sigmund Freud a propósito de la represión sexual, los pensamientos acudieron de nuevo a mi mente.
No tenía ni remota idea de lo que debía hacer. Por una parte, tenía un novio maravilloso y cariñoso al que adoraba, por el que había atravesado medio país. Pero el hecho de que me hubiera abandonado por su carrera me había causado un grave perjuicio. No me gustaba pensar en ello. Él no tenía la culpa de que yo hubiera reaccionado de forma tan negativa, y lo cierto era que había cambiado de opinión y había regresado junto a mí casi de inmediato y a costa de perder su empleo..., pero no con la suficiente rapidez. Durante su breve ausencia, León había entrado en mi vida y al parecer no estaba dispuesto a abandonarla.
Suspiré. No sabía qué pensar al respecto. Aparte de sentime profundamente culpable, por supuesto. Todos me habían advertido sobre León. Sabía cómo era y, sin embargo, había caído en sus redes... en dos ocasiones. Odiaba lo débil que me mostraba cuando estábamos juntos y el tremendo poder que tenía sobre mí, cuando yo no tenía ninguno sobre mis actos. Era desesperante.
Como era de prever, durante aquellos últimos días León se volvió más atrevido. Sus caricias eran más íntimas. Cuando pasaba junto a él en el pasillo, siempre se las ingeniaba para tocar el centímetro de piel que asomaba entre mi camiseta y mis vaqueros. Cuando abría la puerta del frigorífico, me acariciaba la mejilla. Mientras preparaba la cena, sus labios rozaban mi hombro desnudo. Cuando Tomas salía para ver si había correo, me mordisqueaba el lóbulo de la oreja. Cuando estaba trabajando en el bar, se situaba detrás de mí y me tocaba el trasero cuando nadie nos veía.
Esas cosas me ponían muy nerviosa y detestaba que se comportara así. ¿O tal vez no?
Levanté la vista. La clase durante la cual mi mente había empezado a divagar había terminado, y yo no había oído una palabra de lo que había dicho el profesor. Ni siquiera me había percatado de que los estudiantes habían empezado a salir y el aula estaba medio vacía. Y todo por culpa del estúpido de León y sus estúpidos, maravillosos e increíbles dedos.
Ahora tendría que ver de nuevo a ese estúpido en el bar, puesto que mi turno empezaba dentro de un par de horas. Sin duda, estaría allí, bebiendo con sus colegas de la banda. Habían ensayado prácticamente todos los días y casi siempre aparecían antes o después del ensayo. Y, por supuesto, León no desaprovecharía la oportunidad de atormentarme cuando Tomas estuviera ausente. Siempre procuraba que nadie presenciara sus intentos de seducirme, pero tenía la impresión de que le resultaba más fácil cuando no tenía que mirar a Tomas a la cara.
Eché a andar bajo la llovizna hacia la parada del autobús. No me hacía gracia tener que esperar al autobús con el tiempo que hacía. No llovía a cántaros, pero al cabo de un rato terminaría empapada. A las gentes de aquel lugar no parecía importarles mojarse. Nadie se molestaba en coger un paraguas a menos que diluviara. Personalmente, prefería no mojarme, pero cuando había salido de casa no llovía y no me gustaba pasearme con un paraguas como una estúpida, esperando que lloviera.
Decidí ir directamente en el autobús al bar. Prefería llegar temprano que estar en casa sola con León. Estando Tomas fuera, trabajando, ¿quién sabe qué trataría de hacerme? Aunque, por supuesto, yo no se lo permitiría. Estoy segura de que no se lo permitiría... En cualquier caso, podía preparar mi examen de Literatura en el cuarto del personal del local.
Mientras caminaba, oí a alguien a mi espalda exclamar:
—¡Fíjate en ese chico tan impresionante!
Me volví instintivamente y contuve el aliento. ¿León? ¿Qué hacía allí? Estaba junto a su coche, empapado, y, como al resto de los lugareños, no parecía importarle. Cuando lo miré, esbozó esa media sonrisa tan sexy. Puse los ojos en blanco y no me molesté en comprobar quién había hecho ese comentario. Estaba segura de que había sido una chica que lo había mirado babeando, maravillada de su... perfección.
Como no quería mojarme mientras esperaba el autobús, me acerqué de mala gana a León. La lluvia había empapado su alborotado cabello y le caían unas gotas sobre la cara. Lucía su cazadora de cuero negra y estaba apoyado en el coche con los brazos cruzados. Quienquiera que fuera la chica que lo había mirado babeando, tenía razón: era impresionante.
—Supuse que te gustaría que te acompañara en coche —dijo casi ronroneando.
—Sí, gracias. Voy al bar de Pete. —Confié en que mi tono sonara tan despreocupado como pretendía. Mi corazón se había acelerado ante la perspectiva de estar a solas con él en un espacio cerrado, pero la perspectiva de no mojarme era demasiado tentadora.
Sonrió, como si de algún modo ya conociera mi respuesta. Se sentó al volante después de abrir la puerta del copiloto. Me tensé cuando arrancó y nos alejamos de la universidad, esperando que él hiciera... algo. No sabía lo que haría en una situación semejante, y en mi mente se agolpaban diversas posibilidades. ¿Me inmovilizaría contra el asiento y trataría de...? Me volví y miré el asiento posterior. De pronto, me pareció increíblemente espacioso y confortable. De golpe, comprendí que el coche de León era una «improvisada cama», por decirlo así. La idea hizo que me sonrojara y contuve el aliento.
Él me miró y emitió una breve risita.
—¿Estás bien?
—Sí —mentí de forma nada convincente.
—Me alegro. —Nos detuvimos en un semáforo y él me miró con ojos risueños y burlones mientras se pasaba la mano por su pelo deliciosamente húmedo.
Me di cuenta de que había empezado a jadear un poco mientras lo observaba. «¡Por el amor de Dios!», pensé enojada. Ni siquiera me había tocado. La posibilidad de que lo hiciera empezaba a ponerme nerviosa. Deseé que, fuera lo que fuera, lo hiciera de una vez. Un momento... No. La irritación volvió a apoderarse de mí. ¿No habíamos quedado en que no quería que volviera a tocarme?
Arrancamos de nuevo, pero yo miraba a través de la ventanilla, enfrascada en mi confusión, y apenas me percaté. Amaba a Tomas, de modo que ¿por qué iba a dejar que León me tocara? No tenía sentido. Pero no pude seguir dándole vueltas. León por fin decidió tocarme. Apoyó simplemente la mano en mi rodilla y la deslizó por la parte interna de mi muslo. Mantuve los ojos cerrados durante el resto del trayecto.
Llegamos al bar demasiado pronto pero..., no lo bastante. León aparcó sin apartar la mano de mi muslo. Sentí que me observaba, pero yo seguía con los ojos cerrados. Se deslizó sobre el asiento y se apretujó contra mí. Su calor, combinado con el olor a lluvia que emanaba, hizo que mi respiración se acelerara. Deslizó la mano hacia la parte superior de mi muslo. Contuve el aliento, estupefacta, y empecé a jadear. De pronto, por más que me disgustara, deseé mucho más... Sentí que me rozaba la barbilla con su mejilla mientras yo trataba de mantener la cabeza inmóvil, no volverme hacia él. Me besó en la esquina de la barbilla y pasó la lengua sobre ella hasta alcanzar mi oreja mientras yo me echaba a temblar. Me mordisqueó el lóbulo de la oreja durante un segundo antes de murmurar:
—¿Estás lista?
El pánico me obligó a abrir los ojos. Lo miré sólo de refilón, resollando de forma bochornosa. Él me miró con un gesto tan seductor que no pude evitar volverme hacia él. Con mi rostro a pocos centímetros del suyo, sentí que movía la mano sobre mi muslo hasta alcanzar mi cadera. Luego, oí un leve clic al soltarse mi cinturón de seguridad.
Se apartó de mí y se echó a reír. Irritada, abrí la puerta y la cerré de un portazo después de bajarme. Cuando me volví hacia su coche, que relucía bajo la lluvia, lo vi a través de la ventanilla, observándome, sonriendo divertido, mientras me dirigía deprisa hacia el bar de Pete. En esos momentos, agradecí que la lluvia refrescara mi encendida piel mientras me encaminaba hacia la puerta del local. ¡Maldita sea, qué listo era el muy canalla!



Ok Vilu, ya todos nos dimos que cuenta que eres bipolar :D
Cambiando de tema. El 22 de Septiembre voy a cumplir un año subiendo novelas a mi blog, y yo ya tengo muchas sorpresas preparadas, pero no solo yo cumplo un año escribiendo, sino que tambien ustedes tiene un año conociendome y leyendo todas las novelas que he subido (Buenos, las que estan desde el inicio XD) Y bueno, sin ustedes leyendo y llenándome de alegria, felicidad y risa con sus comentarios, este blog no hubiera seguido a si que mi pregunta:
¿Qué quieren que aya en el especial de un año?
Ustedes pidan lo que quieran, maraton,imagina, novela nueva, etc....
Pero comentan!!! Besos :3

Jany