martes, 16 de septiembre de 2014

Unreflecting - Capitulo 59

Capitulo 59

"Quédate Conmigo"

Acto seguido, se volvió y saltó sobre el escenario, y yo volví a sentirme tan mareada que tuve que apoyarme un instante contra la mesa.
Como de costumbre, la banda estuvo genial. El público se duplicó mientras los chicos seguían tocando, y apenas tuve tiempo para gozar viendo tocar a León. Pero, entre uno y otro pedido, conseguí observarlo un momento. Me estremecí de gozo cuando comprobé que él me miraba a mí. Aunque también me preocupó un poco, pero me apresuré a desterrar mi inquietud al fondo de mi mente.
Tenía que reconocer que me complacía la atención que me dedicaba.
Coreé en voz baja la letra de las canciones que conocía mientras atendía a los numerosos y sedientos clientes que abarrotaban el bar. Poco antes de concluir su actuación, la banda tocó una canción que me llamó poderosamente la atención. Era muy intensa y no recordaba haberla oído antes, pero, al comprobar que los asistentes la coreaban, deduje que no era una novedad. Miré a Ludmila y vi que también la cantaba. La letra era intensamente seria, al igual que el semblante de León, quien mostraba una expresión casi ausente.
«He visto lo que le has hecho a ella... Conozco tu secreto. Quizá consigas destruirla, pero no durará, tú no durarás. Ella resistirá, esperará a que el dolor pase. No tardarán en aparecer los ángeles guardianes».
Mientras tocaba, León estaba más concentrado en su guitarra que en el público, e intuí que la canción no tenía nada que ver con una mujer.
«Se lo arrebataste todo, la dejaste sin nada. Se suponía que la amabas. ¿Qué diantres te ocurre? Ella hallará el valor para liberarse. No tardará en ocurrir..., para ella..., para mí...»
De pronto, sentí la inexplicable necesidad de abrazarlo, de consolarlo. Lo observé por el rabillo del ojo mientras atendía a mis clientes. Al cabo de unos minutos, la canción concluyó, y León pasó a otra más alegre y rítmica. Todo rastro de la emoción que había mostrado durante la canción anterior se había esfumado de su rostro, pero yo no podía olvidar la furia que había detectado en él.

******************
—Lo siento, cielo. —Tomas estaba sentado en el borde de la cama, mirándome con gesto compungido. Se quitó los zapatos y se frotó los pies.
—No te preocupes, Tomas. A fin de cuentas, es un fin de semana. Ya me las arreglaré.
—En realidad, sólo pasaremos una noche separados. Regresaré a la noche siguiente, probablemente antes de que regreses a casa del trabajo. —Suspiró y apoyó los pies en la alfombra—. Pero lo siento. —Puso cara de resignación—. Es ridículo, el único motivo por el que Max me obliga a ir a trabajar es porque va a volar a Las Vegas para asistir a una fiesta de solteros. —Tomas sacudió la cabeza, irritado—. Si su tío lo supiera, le echaría una buena bronca.
Me encogí de hombros.
—¿Por qué no se lo dices?
Me miró con una sonrisa irónica y meneó la cabeza.
—No quiero agravar mi situación en el trabajo. —Me estremecí al recordar el motivo por el que había aceptado ese empleo, y, al percatarse, él se apresuró a decir—: Lo siento.
Sacudí la cabeza para apartar el recuerdo.
—¿De modo que te marchas el viernes por la mañana y vuelves el sábado por la noche?
Tomas se acercó y se sentó en la cama junto a mí.
—Sí. Te echaré de menos. —Sonrió y se inclinó para besarme en el cuello.
Mi mente empezó a divagar mientras sus labios se deslizaban sobre mi piel. Dispondría de toda una tarde a solas con León. Quizá pudiéramos ir a algún sitio..., ir en coche a algún lugar donde nadie nos conociera, donde pudiéramos flirtear abiertamente en público. León había pasado casi todo último fin de semana con Tomas y conmigo. Habíamos ido los tres a dar una vuelta por el centro; Leónn nos había enseñado todos sus lugares favoritos. Cuando Tomas estaba distraído, León me apretaba la mano o me daba un rápido achuchón. Nos mirábamos discretamente y sonreíamos... durante todo el rato.
Los labios de Tomas descendieron más allá de mi cuello, distrayéndome de mis gratos recuerdos, y lo aparté un poco.
—¿Tienes hambre? Esta vez prepararé yo la cena. —Tuve la impresión de que Tomas no tenía hambre de comida, pero yo no estaba de humor.
Él arrugó ligeramente el ceño, pero se enderezó y respondió:
—Vale..., muy bien.
—De acuerdo —dije con tono jovial mientras me levantaba y lo besaba en la frente.
Cuando salí de nuestra habitación, miré la puerta de León, pero él no estaba allí. Esa noche, su banda tocaba en un pequeño club en Pioneer Square. Yo me había devanado los sesos, tratando de hallar una excusa para ir allí sin que Tomas sospechara. Era mi noche libre, y rara vez veía actuar a León salvo en el local de Pete. Recordé una ocasión en que lo había visto actuar en Razors. Era un local más reducido e íntimo que el bar de Pete, y él había estado increíble..., aunque siempre estaba fantástico cuando cantaba.
Suspiré cuando bajé el último escalón y atravesé el cuarto de estar desierto. La casa estaba muy silenciosa sin él. Siempre estaba tocando la guitarra, cantando o canturreando. Llenaba nuestro hogar con su música, con su presencia. Cuando estaba ausente, la casa parecía vacía. Se me había ocurrido decir a Tomas que iba a pasar la velada con Ludmila..., pero eso requería muchas mentiras. Para empezar, Ludmila estaba trabajando, y si Tomas se aburría y decidía pasarse por el bar de Pete... Me estremecí al pensarlo.
Suspiré de nuevo cuando entré en la cocina y busqué en la nevera algo que comer. No quería convertirme en una embustera. No era mi estilo. Esperaría. No tardaría en ver a León. Tendríamos casi todo el próximo fin de semana para nosotros. Arrugué un poco el ceño al caer en la cuenta de que tendríamos también toda la noche para nosotros. Sacudí la cabeza. Eso no venía a cuento. Éramos simplemente amigos. La cosa no pasaría de ahí.
Sonreí de nuevo al pensar en los últimos días con León. Decidí preparar algo complicado para cenar y dejé que mi mente se deleitara de nuevo con los recuerdos mientras me ponía manos a la obra. No sólo habíamos pasado un fin de semana genial, sino que León se había mostrado amable y encantador durante toda la semana. Me llevaba todos los días a la universidad y me acompañaba hasta el aula. Las mujeres observaban expectantes la puerta para verlo entrar conmigo, lo cual me hacía reír. Por lo general, venía también a recogerme, y me llevaba a casa o al bar de Pete, cuando yo quería llegar temprano para estudiar un rato. Generalmente, no me apetecía. Prefería estudiar junto a él en el sofá, aunque a veces me distraía demasiado cuando me tumbaba con la cabeza apoyada en sus rodillas mientras trataba de leer Orgullo y prejuicio y él me acariciaba el pelo. Por regla general, acababa mirándolo a los ojos, lo cual hacía que él se riera divertido y me indicara que siguiera estudiando. Entonces, le pasaba la novela y le pedía que me leyera en voz alta. Él obedecía encantado, empleando un tono tan dulce que casi me quedaba dormida escuchándolo; aunque, en ocasiones, utilizaba un tono deliberadamente erótico.
Tomas se reunió conmigo abajo cuando terminé de prepararlo todo, y nos sentamos a cenar. Me contó más detalles sobre la conferencia a la que tenía que asistir y yo le hablé de mis clases. Charlamos sobre mi clase de Economía durante mucho rato; en realidad, no necesitaba estudiar para preparar esa asignatura, pues aprendía más hablando con Tomas que leyendo los libros de texto o mis apuntes. Después de cenar, él fregó los platos y recogió la cocina mientras fui a atender el teléfono, que estaba sonando. Era mi hermana, y hablamos hasta bien entrada la noche. Estaba ilusionada con la idea de venir y quería cerciorarse de que León saldría con nosotros. Suspiré y me tragué mi frustración —todo iría bien—, y luego hablamos de sus novios actuales.
Seguía charlando con ella por teléfono cuando Tomas se acercó y me besó en la mejilla para darme las buenas noches. No sé si esperaba a que León regresara a casa del bar o no, pero el caso es que seguí hablando por teléfono con mi hermana horas después de que Tomas subiera a acostarse. León apareció por fin y colgué, fundiéndome en su cálido abrazo.
***********************
—¿De modo que Tomas se ha marchado esta noche? —preguntó León, sosteniéndome la mano a través la mesa de la cocina mientras nos bebíamos nuestros cafés.
Lo miré con recelo.
—Sí..., estará en Portland hasta mañana por la noche. ¿Por qué?
Él bajó la vista, como si reflexionara, y respondió sin mirarme.
—Quédate esta noche conmigo.
—Me quedo contigo todas las noches —contesté, confundida. A fin de cuentas, compartíamos una casa.
Él me miró con aire divertido.
—No..., me refiero a que duermas conmigo.
—¡León! Esto no puede...
Pero él me interrumpió.
—Me refiero literalmente... a que te quedes a dormir en mi cama —dijo riéndose de lo que yo había supuesto.
Me sonrojé y desvié la vista, lo cual le hizo redoblar sus carcajadas. Por fin, mi bochorno remitió y lo miré de nuevo.
—No creo que sea una buena idea, León.
Ladeó la cabeza y esbozó una sonrisa deslumbrante.
—¿Por qué? Es totalmente inocente... Ni siquiera me meteré debajo de las mantas.
Arqueé una ceja.
—¿Completamente vestido? —¿Por qué consideraba yo siquiera esa propuesta? No era una buena idea.
—Desde luego —respondió soltando otra carcajada—. Si es lo que prefieres. —Me acarició la mano con el pulgar.
Me reí, y luego sonreí ante la perspectiva de dormirme entre sus brazos.
—Sí. —Arrugué el ceño. Realmente no era una buena idea. La situación podía desembocar en algo muy perjudicial.
—¿Y me advertirás cuando la cosa se ponga demasiado dura?
Él apartó la vista, sin poder reprimir la risa. De inmediato, me di cuenta de lo que había dicho y me puse como un tomate.
—Ya sabes a qué me refiero —murmuré, avergonzada.
Se rió bajito y respondió:
—Sí, lo sé..., y sí, lo haré. —Luego suspiró—. Eres realmente adorable. —Su rostro parecía sincero, de modo que sonreí y desvié la mirada.
—De acuerdo, lo intentaremos —musité, aunque seguía pensando que era una mala idea.






Y??? Quiero sus sexys comentarios :D
6 días para el especial!!! Gracias a Vale por ayudarme :D
Les voy contando que hay nueva novela que les va a encantar!! o más bien se van a enamorar!!! es todo lo que les puedo decir!!

Jany

domingo, 14 de septiembre de 2014

Walking Disaster - Capitulo - 55

Capitulo 55

ULTIMOS CAPITULOS

Trague la cerveza, terminando lo que quedaba, y luego lo tiré al suelo. La habitación estaba en silencio, excepto para la música en el sótano, y todos me miraron con confusión masiva.

Un movimiento rápido de Martina me llamó la atención cuando ella agarró la mano de Brad, llevándolo escaleras abajo para la pista de baile.

Salté de la silla y me dirigió hacia el sótano, pero Xabi puso el lado de su puño contra mi pecho, inclinándose hacia mí.
— Tienes que parar—dijo en voz baja. —Esto sólo va a terminar mal.
— Si se termina, ¿qué importa?—pasé a Xabi con un empujón y bajé las escaleras hasta donde Tini estaba bailando con Brad. La bola de nieve era demasiado grande como para detenerme, así que sólo decidí rodar con ella. No había vergüenza en ir con las bolas por el piso. No podríamos volver a ser amigos, así que hacer uno de nosotros odie al otro parecía una buena idea.

Me abrí paso entre las parejas en la pista de baile, deteniéndome junto a Tini y Brad.
—Estoy cortando esto.
— No, no lo estas. ¡Jesús!—dijo Tini, agachando la cabeza con vergüenza.
Mis ojos se clavaron en los de Brad.
— Si no te alejas de mi chica, voy a arrancarte la maldita garganta. Justo aquí en la pista de baile.
Brad parecía en conflicto, con los ojos como dardos nerviosamente entre mi y su pareja de baile.
—Lo siento, Tini— dijo, sacando lentamente sus brazos. Se retiró a las escaleras.

— Cómo me siento acerca de ti en este momento, Jorge… se parece mucho al odio
—Baila conmigo—le supliqué, cambiando para mantener el equilibrio.
La canción terminó y Tini suspiró.
—Ve a beber otra botella de whisky, Jorge.—Se volvió a bailar con el único hombre solo en la pista de baile.

El ritmo era más rápido, y con cada latido, Tini se acercaba más y más a su nueva pareja de baile. David, mi menos favorito hermano Sig Tau bailaba detrás de ella, agarrando sus caderas. Se sonrieron, mientras la media, poniendo sus manos por todo su cuerpo. David agarró sus caderas y sacó su pelvis hacia su culo. Todo el mundo miraba. En lugar de sentir celos, la culpa se apoderó de mí. A era a lo que la había reducido.

En dos pasos, me agaché y envolví mis brazos alrededor de las piernas de Tini, lanzándola por encima de mi hombro, empujando a David a la tierra por ser un imbécil oportunista.
— ¡Suéltame!—dijo Tini, golpeando sus puños en mi espalda.
— Yo no voy a dejar que te pongas en ridículo por mi—gruñí, subir las escaleras de dos en dos.
Cada par de ojos que pasábamos vio gritar y patalear a Tini mientras la llevaba a través del cuarto.
— ¿Tu no crees—dijo mientras luchaba— que esto es vergonzoso? ¡Jorge!
— ¡Xabi! ¿Esta Donnie afuera? —grité, esquivando sus extremidades agitándose.
— Uh... ¿si? —dijo.
— ¡Bájala!—dijo Mechi, dando un paso hacia nosotros.
— Me— dijo Tini, retorciéndose— ¡no te quedes ahí! ¡Ayúdame!

La boca de Mechi se curvó y se rió una vez.
— Ustedes dos se ven ridículos.
— ¡Muchas gracias, amiga!—dijo, incrédula. Una vez que estuvimos fuera, Tini sólo luchó mas duro. — ¡Ponme abajo, maldita sea!
Me acerqué al coche que esperaba de Donnie, abrí la puerta de atrás, y arrojé a Tini al interior.
— ¿Donnie, eres el CD esta noche?

Donnie se dio la vuelta, mirando nerviosamente el caos desde el asiento del conductor.
— Sí.
— Necesito que nos lleves a mi casa—le dije cuando llegué a su lado.
— Jorge... No creo...
— Hazlo, Donnie, o voy a meter mi puño a través de la parte posterior de su cabeza, lo juro por Dios.
Donnie inmediatamente puso el coche en marcha y se alejó de la acera. Tini se abalanzó sobre la manija puerta.
— ¡No voy a ir a tu apartamento!

Cogí una de sus muñecas, y luego la otro. Ella se inclinó hacia abajo, hundiendo sus dientes en mi antebrazo. Dolió como el infierno, pero yo sólo cerré los ojos. Cuando estuve seguro de que había roto la piel y se sintió como fuego disparando por mi brazo, gruñí para compensar el dolor.

— Haz lo que quieras, Pigeon. Estoy cansado de tu mierda
Me soltó y luego retorció, tratando de golpearme, más por sentirse insultada que por tratar de escapar.
— ¿Mi mierda? ¡Déjame salir de este maldito coche!
Tiré de sus muñecas cerca de mi cara.
— ¡Te amo, maldita sea! ¡Tú no vas a ninguna parte hasta que se te pase la borrachera y resolvamos esto!
— ¡Tú eres el único que no lo ha resuelto, Jorge!

Me soltó las muñecas, y se cruzó de brazos, haciendo un mohín el resto del camino hasta el apartamento.
Cuando el coche desaceleró en nuestra parada, Tini se inclinó hacia delante.
— ¿Me puedes llevar a casa, Donnie?
Abrí la puerta, y luego saqué a Tini por el brazo, balanceándola sobre mi hombro de nuevo.
—Buenas noches, Donnie — le dije, llevándola por las escaleras.
— ¡Voy a llamar a tu padre!—exclamó Tini.
Yo no podía dejar de reír.
— ¡Y él probablemente me de palmaditas en el hombro y me diga que ya era el maldito tiempo!

El cuerpo de Tini se retorcía mientras sacaba las llaves del bolsillo.
— ¡Ya basta, Pigeon, o vamos a caernos por las escaleras!
Finalmente se abrió la puerta y fui directamente a la habitación de Xabi.
— ¡BA.JA.ME! —gritó Tini.
— Está bien— le dije, dejándola caer sobre la cama de Xabi. —Duérmete. Hablaremos por la mañana.

Me imaginé lo molesta que debe haber estado, pero a pesar de que mi espalda estaba palpitante por ser apaleada por los puños de Tini durante los últimos veinte minutos, era un alivio tenerla en el apartamento de nuevo.
— ¡Tú ya no puedes decirme qué hacer, Jorge! ¡Yo no pertenezco!

Sus palabras encendieron una profunda ira dentro de mí. Caminé hacia la cama, planté mis manos sobre el colchón cada lado de sus muslos y me incliné sobre su rostro.
— Bueno, ¡Yo pertenezco a ti!—grité. Puse tanta fuerza detrás de mis palabras, podía sentir toda mi sangre correr a mi cara. Tini se encontró con mi mirada, negándose a siquiera inmutarse. Miré sus labios, jadeante. —Yo te pertenezco—susurré, mi ira desapareciendo mientras el deseo aparecía.

Tini se acercó, pero en vez de golpear mi cara, agarró una de mis mejillas y cerró su boca en la mía. Sin dudarlo, la levanté en mis brazos y la llevé a mi habitación, dejándonos a ambos caer en mi colchón.

Tini agarró mi ropa, desesperada por quitarla. Desabroché su vestido con un movimiento uniforme, y luego observé mientras rápidamente lo quitaba por su cabeza, tirándolo al suelo. Nuestros ojos se encontraron, y luego la besé, gimiendo en su boca cuando ella me devolvió el beso.

Antes de que, incluso, tuviera la oportunidad de pensar, estábamos los dos desnudos. Tini agarró mi culo, ansiosa por tirar de mí dentro de ella, pero me resistí, la adrenalina quemaba a través del whisky y la cerveza. Mis sentidos volvieron, y pensamientos de consecuencias permanentes comenzaron a parpadear en mi mente. Yo había sido una mierda, la había cabreado, pero nunca quisiera que Tini se preguntara si había tomado ventaja de este momento.
— Los dos estamos borrachos— le dije, respirando con dificultad.

— Por favor.
Sus muslos se apretaron en mis caderas, y podía sentir los músculos bajo su piel suave estremeciéndose de anticipación.
—Esto no está bien—luché contra la neblina de alcohol que me decían que las próximas horas con ella valdrían la pena por todo lo que estaba en el otro lado de ese momento.

Apoyé mi frente contra la suya. Por mucho que la quería, el doloroso pensamiento de Tini haciendo la caminata de la vergüenza en la mañana era más fuerte que lo que mis hormonas me pedían que hacer. Si ella de verdad quería seguir adelante con esto, necesitaba una prueba sólida.
— Te deseo— susurró contra mi boca.
— Necesito que lo digas.
— Voy a decir lo que quieras.
— Entonces di que me perteneces. Di que volverás conmigo. No voy a hacer esto a menos que estemos juntos.
— Nunca hemos estado separados, ¿verdad?
Sacudí mi cabeza, barriendo mis labios con los suyos. No es suficiente.
— Necesito escucharte decirlo. Necesito saber que eres mía.
— He sido tuya desde el momento en que conocimos—dijo ella, suplicando.

Lo miré a los ojos durante unos segundos, y luego sentí en mi boca aparecer una media sonrisa, esperando que su palabras fueran ciertas y no sólo dichas en el momento. Me incliné y la besé con ternura y, luego de poco a poco ella me empujo en su interior. Mi cuerpo entero pareció estar derritiéndose dentro de ella.

— Dilo de nuevo—una parte de mí no podía creer que todo realmente estaba sucediendo.
— Soy tuya— ella respiraba. —No quiero volver a estar lejos de ti otra vez.
— Prométeme—le dije, gimiendo con otro empuje.
— Te amo. Te amaré por siempre—ella me miró fijamente a los ojos al hablar, y finalmente creí que sus palabras no eran solo una promesa vacía.

Cerré mi boca sobre la de ella, el ritmo de nuestros movimientos cobró impulso. Nada más se necesita decir, y por primera vez en meses, mi mundo no estaba al revés. La espalda de Tini se arqueó, y sus piernas se envolvieron alrededor de mi espalda, enganchadas por los tobillos. Probé todas las partes de su piel a las que podía llegar como si hubiera estado muriendo de hambre por ellas. Una parte de mí lo estaba. Pasó una hora, y luego otra.

Incluso cuando yo estaba agotado, seguí adelante, asustado de que si paramos me despertaría, y todo hubiera sido solo un sueño.

************************************

Entrecerré los ojos contra la luz vertiéndose en el ambiente. No pude dormir en toda la noche, sabiendo que cuando el surgiera, todo habría terminado. Tini se movió, y mis dientes se apretaron. Las pocas horas que pasamos juntos no eran suficientes. Yo no estaba listo.

Tini acarició su mejilla en mi pecho. Besé su cabello, y luego la frente, y luego sus mejillas, cuello, hombros, y luego me llevé su mano a la boca y la besé tiernamente en la muñeca, la palma y los dedos. Quería apretarla, pero me contuve. Mis ojos se llenaron de lágrimas ardientes por tercera vez desde que la había traído a mi apartamento. Cuando se despertara, ella iba a estar mortificado, enojada, y luego me dejaría para siempre.

Nunca había tenido tanto miedo de ver las diferentes tonalidades de gris en sus iris.
Con sus ojos todavía cerrados, Tini sonrió, y llevé mi boca de nuevo a ella, aterrado por cuando tome conciencia.
— Buenos días—dijo contra mi boca.






JorTini !!!

Jany

El Niñero - Capitulo 45

Capítulo 45 

Me desperté ante el sonido de mi despertador, esta vez no eran las caricias de Jorge las que me despertaban. -¡Basta!- mi voz interna me reclamó. Yo sola me lastimaba recordándolo a cada momento.

Entré al baño y dejé correr el agua para que su temperatura se estabilizara, mientras eso sucedía me dirige al closet, tomé lo primero que vi. No tenía ánimos de ponerme a buscar algún conjunto. Dejé mi ropa sobre la cama y regresé a la regadera.

Si por mí fuera, me hubiera quedado por horas en la ducha, pero mi vida no había terminado solo porque Jorge ya no esta en ella.

Terminé de vestirme y tomé mi bolsa, aún no muy segura, salí de mi habitación.

—¡Ya me voy! —avisé desde la puerta.

Salí de la casa y subí a mi auto, aún no había pensado en qué diría, ya seguramente Mechi me preguntaría sobre lo que sucedió ayer, pero no podía contarle la verdad ya que si no le decía a Xabi ella misma iría a buscar a Jorge para aniquilarlo— Jorge, te mereces que le cuente a Xabi... —hablaba conmigo misma— Pero no puedo hacerlo —suspiré profundamente.

Llegué al colegio, afortunadamente era algo tarde, por lo que todos estaban en los salones, así no me encontraría con Xabi, y en el salón sería más fácil evitar las preguntas de Mechi.

Entré al edificio, los pasillos estaban vacíos. Así que sin dificultad alguna llegué a mi casillero, saqué mis libros para las siguientes clases y cerré éste de un fuerte golpe, caminaba hacia el salón cuando mi celular comenzó a vibrar. Lo saqué de mi bolsa y miré la pantalla. Era un mensaje de...Jorge. Sin siquiera abrirlo lo eliminé, no quería entrar llorando al salón.

Di dos golpes sobre la puerta del aula y entré, todas las miradas se dirigían hacia mí.

—Stoessel...llega tarde —me recordó el profesor.

—Lo siento —dije mientras caminaba hacia mi lugar, tratando de ignorar la extrañada mirada de Carla.

Saqué rápidamente un par de bolígrafos, el cuaderno de la materia y comencé a escribir todo lo que estaba en el pizarrón. De pronto una pequeña bolita de papel golpeó mi mejilla derecha, volteé y Mechi me dijo 'Léela' marcando los labios y sin sonido para que no nos descubrieran.

Tomé el pequeño papel y leí: '¿Qué te sucede?' reí nerviosamente y volteé a verla nuevamente y me miraba con detenimiento. Me conocía tan bien.

Respondí el papel: '¿Qué me sucede de qué?' aproveché que el profesor volteaba hacia el pizarrón para seguir escribiendo y lancé el papel hacia el asiento de Mechi.

Me regreso el papel: 'Sabes que no me puedes engañar...algo te sucede' bien, a ella no podía mentirle sobre nada, sabía muy bien cuando algo me sucedía, si estaba triste, feliz, enojada. Le hice una seña indicándole que me esperara, asintió con la cabeza y cada una siguió escribiendo en su cuaderno.

-¡Estúpido timbre!- pensé molesta. No podía retrasarlo más, tenía que hablar con Mechi. Tomé mis libros, salí del salón y rápidamente Mechi me alcanzó.

—Habla ya... —me dijo mirándome fijamente para asegurarse de que no le mintiera.

—Ayer llegaron mis padres —le conté sonriente.

—¿Enserio? —preguntó sonriendo igual.

—Sip —le contesté.

—Pero no...a ti algo te pasa y no es eso —me dijo levantando una de sus cejas.

—Sí, solo es eso —insistí— Mis padres llegaron y Jorge...y Jorge se fue —después de todo no estaba mintiendo.

—¿Y les dirás sobre ustedes? —me preguntó mientras entrábamos al siguiente salón.

—N...no —me senté en mi lugar.

—¿Por qué no? —me preguntó.

—No lo sé...creo que será mejor que lo mantengamos en secreto por un tiempo —dije no muy segura.

—¿Entonces por qué tu cara de depresión? —rió.

—Solo estoy algo triste porque se fue, pero es todo —le tendría que decir la verdad pero no hasta que me encargara de Xabi.

Las clases pasaron rápido, al igual que en el receso, platicábamos de cosas sin mucha importancia, y según lo que me contó Mechi, Xabi estaría en entrenamiento hasta pasando la salida, por una semana ya que se acercaban los torneos.

Salimos y Mechi se tuvo que ir, su madre había pasado por ella. Yo tenía que ir a la biblioteca por unos libros para unos resúmenes que tenía que elaborar.

Me dirigía al estacionamiento, traía mi bolsa, los 3 libros sumamente pesados y una botella de agua que recién había comprado en una de las máquinas distribuidas por el campus.

—Carga otra cosa más y apuesto a que te desarmas —volteé y de pronto tenía a Xabi a un lado.

—En vez de burlarte, deberías de ayudarme —le dije riendo por su tonto comentario.

—Dame —me dijo tomando los libros— ¿Y Mechi? ¿Ya se fue? —me preguntó.

—Sí, su mamá vino por ella —le dije abriendo la botella de agua para poder beber de esta.

—Mmm... —dijo asintiendo con la cabeza— ¿Y como te fue ayer?

—¿Ayer? —lo miré extrañada.

—Sí...Mechi me dijo que cumplías dos meses con el idiota.

—Sí —le dije sin muchos ánimos.

—¿Hey qué pasa?

—¿Q...qué pasa de qué? —rápido cambié mi triste rostro por una sonrisa— ¡Ayer volvieron mis padres! —agregué aceleradamente, intentando cambiar el tema.

—¿Enserio? —sonrió— Pasaré a saludarlos...cuando no esté entrenando —ambos reímos— Entonces quiere decir que Jorge se fue de tu casa ¿no? —por qué tenía que preguntarme por él; nunca lo hacía y cuando no quería hablar sobre él, aparecía en la conversación.

—Así es —afirme— ¿Y por qué no estas entrenando ahora? —pregunte nuevamente cambiando rotundamente el tema, rogando por dentro que no se diera cuenta.

—A ver... —dejó los libros sobre mi auto— Nunca paras de hablar sobre el idiota ese, lo ofendo y no lo defiendes, te pregunto algo y cambias el tema ¿Qué te sucede? —se dio cuenta.

—N...no me sucede nada, solo sé que no te gusta que hable de él así que no lo hago —mentí, normalmente me divertía hacerlo enojar, caminé y me senté en el cofre del auto.

—Por favor, Tini... —dijo irónicamente.

—¡Enserio! —le dije.

—¿Es el idiota no? —me miraba fijamente.

—¡Xabi! —alargué— ¡No solo porque estoy seria quiere decir que me hizo algo! —trataba de contenerme y no romper en llanto.

—Te conozco y lo sabes —se sentó a mi lado, ambas miradas se dirigían hacia el piso— Tú tienes toda mi confianza, y siento que tú no confías en mi ni un poquito —volteó a verme, sus palabras me pusieron peor. No podía estar más sensible, así que las lágrimas no tardaron en hacer su aparición.






Un Befo como Xabi porfavor XD

Jany

Unreflecting - Capitulo 58

Capitulo 58

"Suerte"

A la mañana siguiente, cuando me encontré con León en la cocina, le di un golpecito afectuoso en el estómago. Él emitió un gruñido de protesta y se dobló hacia delante. Entonces, recordé que estaba herido.
—Ay..., lo siento... —dije, mirándolo horrorizada.
Se rió y me abrazó.
—Te estoy tomando el pelo. No me duele tanto.
Le rodeé el cuello con los brazos y lo miré con gesto de reproche.
—Eso no está bien.
Sonrió.
—Cierto..., pero he conseguido que me rodees el cuello con los brazos —dijo con un guiño.
Puse cara de resignación y sonreí.
—Eres imposible.
—Es verdad, pero te gusto. —Me abrazó con fuerza.
Suspiré con gesto melodramático.
—No tengo pajolera idea de por qué.
Sonrió y ladeó la cabeza, haciendo que contuviera el aliento por un momento.
—De modo que te gusto. Tenía curiosidad por...
Le di un suave golpecito en el pecho y me aparté de él.
—Enséñame la herida —dije, indicándole que se levantara la camiseta.
Sonrió con aire satisfecho y obedeció.
—¿Acaso tratas de hacer que vuelva a desnudarme?
No pude evitar reírme y examiné la venda. Había una mancha roja donde la sangre la había traspasado, indicando que la herida había vuelto a sangrar. La miré enojada.
—Se suponía que anoche ibas a que te viera un médico. —Incluso lo había obligado a marcharse del bar poco después del incidente, pero, por lo visto, él no había juzgado necesario ir a que lo atendiera un profesional.
León se encogió de hombros.
—En cualquier caso, tengo que cambiarte la venda. ¿Tienes vendas en casa?
Él asintió con la cabeza y fue en busca de una mientras yo me preparaba un café. Cuando me disponía a beber un trago, León apareció con una venda.
Se apoyó contra la encimera y me la dio.
—¿Quieres hacer los honores, ya que pareces disfrutar haciéndome daño?
Yo sonreí y él meneó la cabeza, sonriendo también. Se levantó la camiseta al tiempo que hacía un gesto con la cabeza indicando «adelante». Retiré con cuidado una esquina de la venda y me cercioré de que no se le había pegado a la herida. Al comprobar que todo estaba en orden, lo miré a los ojos y le arranqué la venda de golpe.
—¡Mierda! —exclamó León en voz alta, apartándose de mí. Me reí y lo hice callar, señalando hacia arriba, donde Tomas seguía durmiendo. Torciendo el gesto, él alzó la vista hacia el piso de arriba y luego me miró—. Lo siento, pero caray, mujer...
Sin dejar de reírme, le devolví la sonrisa y meneé la cabeza.
—Te comportas como un nene...
Examiné la herida. No era una enfermera, pero la herida tenía buen aspecto y no estaba hinchada. La limpié bien y sonreí satisfecha al comprobar que no sangraba; supuse que debió de cerrarse anoche.
Perfecto, probablemente no necesitaría que le dieran unos puntos.
—¡Caray, tío! —Me volví rápidamente hacia la puerta y vi a Tomas, bostezando y observando el costado de León—. ¿Qué te ha pasado?
León se bajó la camiseta con suavidad y se apoyó contra la encimera. Mostraba un aspecto despreocupado y perfecto, en absoluto turbado por el hecho de que Tomas hubiera estado a punto de sorprenderme acariciándole el pecho. Me aparté de él, tratando de imitar su aire despreocupado.
—Una admiradora que se volvió loca y se empeñó en llevarse un pedazo de mí, literalmente. —León sonrió—. Por suerte, Violetta es una excelente enfermera —apostilló señalándome con la cabeza.
Tomas sonrió también.
—Sí, aunque no la más delicada. —Su sonrisa se hizo más amplia cuando lo miré ofendida y León se echó a reír. Tomas entró en la cocina y lo miró preocupado—. ¿Es eso lo que ocurrió realmente?
León negó con la cabeza. Lo observé, asombrada de que fuera capaz de bromear y mostrar semejante sangre fría con Tomas, cuando nosotros no nos comportábamos precisamente con... frialdad.
—No, estoy bromeando. Un cretino borracho me atacó anoche con una navaja.
—Caray. —Tomas se acercó a mí y me enlazó por la cintura, haciendo, para mi sorpresa, que me sonrojara—. ¿Te metiste con su chica o algo por el estilo?
Miré a Tomas. Sonreía, por lo que comprendí que estaba bromeando, pero León lo miró de forma extraña antes de volver a esbozar su sonrisa despreocupada.
—Es posible. A veces, es difícil adivinar quién pertenece a quién. —Al decir eso, me miró a los ojos, pero Tomas no reparó en ello, pues estaba demasiado ocupado besándome en el cuello.
Tomas se rió por lo bajo, miró de nuevo a León y le dio una palmadita en el hombro.
—Bien, espero que le dieras una buena paliza. —León asintió con la cabeza al tiempo que sonreía—. Bravo por ti. Me alegro de que estés bien, colega. —Tomas me dio un beso rápido en la mejilla y añadió—: Tengo tiempo. ¿Tienes hambre?
—Sí. —Tomas se volvió para que lo besara y le di un besito en la mejilla mientras miraba con disimulo a León, que tenía la vista fija en el suelo.
Tomas se acercó al frigorífico y miró en su interior, en busca de algo que estaba al fondo. León se acercó a mí por detrás, me tomó la mano y tiró de ella hacia atrás. Yo me volví para mirarlo, pero su rostro mostraba una expresión indescifrable; observaba a Tomas fijamente. Me acarició los dedos durante unos segundos y luego me apretó la mano, dejándola caer en el preciso momento en que Tomas reapareció detrás de la puerta del frigorífico.
—Aaah, estupendo..., ¿tortitas con fresas? —preguntó con tono encantador, mostrándome la caja de fresas que había hallado en el frigorífico.
Asentí con la cabeza y bajé la vista mientras León salía discretamente de la cocina. El sentimiento de culpa se apoderó de mí, aunque no sabía si era por Tomas o por León.
Esa noche, cuando llegué al bar, Ludmila y Cami se apresuraron a acercarse a mí. Querían que les contara detalles de la reyerta que se había producido ayer, pues ambas habían estado demasiado lejos de la escena para ver con claridad lo que ocurrió. Me preguntaron por León y me ruboricé un poco al decirles que estaba perfectamente, incluso que se sentía un tanto orgulloso de su herida de guerra. Ambas coincidieron conmigo en que pudo haber sido mucho peor, y que León se había salvado por los pelos. Sentí un pellizco en el corazón al pensarlo y dirigí la vista hacia su mesa habitual, donde se había sentado a comer y esperar a que apareciese el resto de su banda. Unas chicas sentadas en una mesa cercana parecían deseosas de acercarse a él, pero León no les hizo caso, pues estaba hablando con Bruduey. Sí, se había salvado por los pelos.
Las tres regresamos junto a nuestros respectivos clientes y sonreí cuando miré de nuevo a León. Él se fijó en mí y me sonrió también. El corazón me dio un vuelco y desvié la mirada. Al cabo de un rato, entró más gente en el local y León dejó de ser el único D-Bag sentado a su mesa. Pete me detuvo cuando yo salía de la cocina y me pidió que comunicara a León que tenían que actuar dentro de unos minutos. Asentí sonriendo y me dirigí hacia la mesa ocupada por los miembros de la banda.
Cuando me acerqué, León sonrió. Estaba sentado en su silla habitual, un poco alejado de la mesa, y su regazo resultaba de lo más tentador. Por un momento, deseé ser como sus admiradoras más descaradas y sentarme en sus rodillas para hacerle unos arrumacos. Imaginé sus brazos rodeándome. Imaginé su olor envolviéndome.
Imaginé la tibieza de su piel al besarle en el cuello...
—¿Violetta? —Ladeó la cabeza y me miró con curiosidad, y comprendí que mis indecorosos pensamientos me habían inducido a observarlo fijamente sin decir palabra.
Me sonrojé y aparté la vista.
—Tienen que actuar dentro de unos minutos —informé a los ocupantes de la mesa.
Oí el rechinar de las sillas contra el suelo cuando los chicos se levantaron. Maxi y Bruduey me dieron las gracias y saltaron sobre el escenario ante los estruendosos aplausos y aclamaciones del público. Diego se subió al escenario en medio de un silencio. A veces, se le escapaban las sutilezas más elementales. Me volví para observar a León apurar su cerveza y levantarse lentamente. Se detuvo junto a la mesa un segundo, sonriéndome como si esperara algo. Yo arrugué el ceño y lo miré perpleja.
—Bueno..., ¿no vas a desearme suerte? —preguntó, acercándose a mí. Se apoyó contra la mesa mientras esperaba mi respuesta.
Procuré relajar mis músculos faciales y sonreí.
—No necesitas que te desee suerte para estar genial.
Sonrió de oreja a oreja y me sentí un poco mareada.
—Es verdad, pero me gusta.
Me eché a reír y le di un breve achuchón.
—Suerte.
Él hizo un mohín delicioso.
—Generalmente, obtengo algo más que un casto achuchón cuando las chicas me desean suerte —dijo arqueando una ceja de forma provocadora.
Volví a reírme y le di un golpecito en el hombro.
—Yo no soy como las otras chicas.
Sonrió de forma adorable y sacudió la cabeza.
—Cierto, no lo eres.






Bueno, Tomas es muy inocente para darse cuenta XD lei los comentarios y.... todos quieren que sufra Violetta xD Jejeje las amo <3 No les puedo decir como va a sufrir, tal vez llega un dinosaurio y se la come, o puede que llegue un perro rabioso, la muerda y se haga zombie, o puede que llega alguien llamada Jany, se quede con León, se casen y son felices para siempre, mientras ella se queda con 12 gatos triste y solitaria jejejejeokno XD... Bueno, lo importante es que sufrira...

8 dias para el especial de un año :D

Jany

sábado, 13 de septiembre de 2014

Unreflecting - Capitulo 57

Capitulo 57

"Héroe"

La noche siguiente fue muy ajetreada pese a ser un día entre semana, y Diego parecía sentirse de nuevo aburrido. Se había encaramado sobre su mesa habitual y cantaba a voz en grito al son de la gramola, concretamente la canción Baby Got Back de Sir Mix-A-Lot. Hacía gestos obscenos y movía las caderas de una forma que estaba segura de que me provocaría pesadillas. Las mujeres que estaban apiñadas alrededor de la mesa se reían y le pasaban billetes de un dólar. Él los aceptaba encantado y se los metía en sitios en los que yo no quería siquiera imaginarme.
Broduey, Maxi y León se habían alejado un poco de la mesa y se reían como histéricos del idiota de su amigo. León dirigió la vista hacia donde me hallaba, en medio del pasillo, observando el grosero espectáculo, y me guiñó el ojo sin dejar de reírse. Yo solté una carcajada y le sonreí.
—¡Bájate de la maldita mesa, Diego! —Pete salió de la cocina, donde tenía instalado su despacho en un viejo trastero, y miró indignado al bajista.
De inmediato, Diego saltó de la mesa y su rendido harén se apresuró a rodearlo.
—Lo lamento, Pete —dijo sonriendo, aunque no parecía lamentarlo en absoluto. Pete entró de nuevo en la cocina, sacudiendo la cabeza y mascullando.
Me reí de buena gana, hasta que sentí algo detrás de mí. Una mano se introdujo debajo de mi amplia falda y me agarró la parte superior del muslo. Chillé y me alejé unos pasos. Un hombre de mediana edad con pinta de viejo verde me miró con sus ojillos castaños y sonrió, mostrando una dentadura amarillenta. Me guiñó un ojo con expresión libidinosa, mientras su amigo, que tenía un aspecto tan repugnante como él, se reía. Me apresuré a refugiarme junto a la barra.
No conocía a esos hombres. No eran clientes asiduos, y no eran agradables. Estaban sentados en mi sección, de forma que tenía que pasar junto a ellos cada vez que me dirigía a la barra, y, cada vez, el viejo verde trataba de tocarme las piernas, por más que yo tratara de alejarme de su mesa. Por más que intenté postergarlo, llegó el inevitable momento de llevarles la cuenta. El tipo más corpulento, el
que me había tocado el muslo, se levantó y me agarró sin contemplaciones del culo, estrechándome contra él mientras con la otra mano me tocaba una teta.
Furiosa, le aparté la mano de mi pecho de un manotazo y le propiné un empujón, lo cual hizo que se echara a reír a carcajadas. Exhalaba un hedor que sólo puedo describir como «eau de mala vida». Era una repugnante mezcla de tabaco rancio, efluvios de whisky de tres días y juraría que estiércol. Y esa mezcla no incluía su aliento, que era tan pestilente que, en comparación, el resto de de su persona olía a rosas. Miré a mi alrededor en busca de Sam, pero de pronto recordé que ese día libraba y Pete no había tenido en cuenta que el local solía llenarse tanto que convenía contratar a otro gorila a tiempo completo. En ese momento, yo no podía estar más en desacuerdo con él.
No sabía qué hacer, y no me creía capaz de defenderme sola de ese tipo. De repente, me lo quitaron de encima.
Broduey estaba detrás de él, sujetándole los brazos, que tenía inmovilizados junto a sus costados. León se plantó de inmediato frente al tipo. Parecía furioso.
—No ha sido buena idea —dijo con voz grave y fría.
Maxi se acercó al tipo más menudo, que se había levantado para defender a su amigo. Diego se acercó a mí por detrás y me rodeó los hombros con un brazo.
—Sí, esta chica es nuestra —dijo sonriendo de oreja a oreja.
El tipo corpulento se sacudió de encima a Broduey y propinó un violento empujón a León, obligándolo a retroceder.
—Lárgate, niño bonito.
León le agarró de la camisa con ambas manos y acercó su rostro al del tipo.
—Anda..., inténtalo.
El hombre miró a León, que parecía dispuesto a machacarlo a puñetazos. León sostuvo su mirada, sin dejarse intimidar. Todo el bar había enmudecido, observando el desafío entre ambos. Por fin, León lo soltó; sus manos temblaban debido al esfuerzo de controlarse.
—Sugiero que te largues ahora mismo. Y no se te ocurra volver a poner los pies aquí —le espetó con tono gélido.
El tipo más menudo apoyó una mano en el hombro de su amigo.
—Vamos, tío. Esa mujer no lo vale.
Sorbiéndose la nariz y mirando a León de arriba abajo, el tipo me guiñó el ojo de nuevo y se volvió para marcharse. León se relajó y me miró con gesto preocupado. El hombre casi se había vuelto de espaldas a León, cuando, de pronto, se llevó la mano al bolsillo. Sólo alcancé a ver un destello metálico y oír un chasquido, antes de que el tipo se volviera rápidamente y se abalanzara sobre León.
Grité el nombre de León. Éste se volvió para mirar al tipo y se apartó de un salto. La navaja que empuñaba el hombre le rozó el cuerpo. Diego me apartó bruscamente de ambos contendientes en el momento en que avancé para ayudar a León. Maxi empujó al tipo menudo para impedir que interviniera en la reyerta. Brudey trató de arrebatar la navaja al tipo corpulento, pero León se le adelantó y asestó a éste un puñetazo en la mandíbula, haciendo que cayera al suelo con un gruñido. La navaja se deslizó por el suelo y se detuvo debajo de una mesa cercana.
León hizo ademán de obligar al tipo a levantarse, pero éste comprendió que estaba derrotado. Se alejó arrastrándose por el suelo y, poniéndose de pie, salió huyendo del bar, seguido por su amigo. Todos los presentes guardaron silencio durante un minuto, tras lo cual volvió a oírse el murmullo de voces y cada cual siguió con lo que estaba haciendo.
Respirando hondo y flexionando la mano, León me miró.
—¿Estás bien? —preguntó arrugando el ceño.
Yo suspiré, tranquilizándome por primera vez desde la confrontación.
—Sí, gracias, León... Y a ustedes también, chicos. —Sonreí y miré a León, a Brudey y a Maxi. Por último, miré a Diego, que estaba a mi lado—. Ya puedes quitarme la mano de encima, Diego.
León, que estaba pálido, se rió por lo bajo, mientras Diego me quitaba la mano de encima y la sostenía en el aire.
—Lo siento —dijo, señalándola—. Tiene vida propia. —Me guiñó el ojo, y él y Maxi, que no dejaba de reírse, continuaron con lo que estaban haciendo antes de estallar la pequeña reyerta.
Brudey y León permanecieron junto a mí. Brudey examinó a León con gesto serio.
—¿Estás bien? ¿Te ha lastimado ese tipo?
Alarmada, lo observé más detenidamente. ¿Estaba herido?
León torció el gesto y, por fin, volviéndose hacia mí, metió la mano debajo de su camiseta. Cuando la sacó tenía los dedos manchados de sangre.
—¡Dios mío...! —Tomé su mano y le levanté la camiseta. Un corte de más de siete centímetros de longitud sobre sus costillas mostraba lo reñida que había sido la pelea. No era muy profundo, pero sangraba profusamente—. Tienes que ir al hospital, León.
Él se miró la herida y sonrió con desdén.
—Apenas me ha rozado. Estoy bien. —Yo seguía sosteniendo su camiseta arremangada y me miró con una media sonrisa y arqueando una ceja.
Solté su camiseta y le tomé de nuevo de la mano.
—Anda, vamos.
Brudey le dio una palmada en la espalda mientras yo lo conduje por el pasillo situado al fondo del local. León sonrió con gesto satisfecho, mientras algunas personas de vez en cuando lo iban parando, deseosas de comentar el incidente. ¡Hombres!, pensé mientras lo conducía a través de los tipos que lo observaban con curiosidad y las mujeres que lo miraban prácticamente babeando. Lo llevé al cuarto del personal, tomé una toalla limpia y una tirita extragrande del botiquín que guardábamos en una de las taquillas que no utilizábamos nunca. Confié en que mis primeros auxilios bastaran, que el corte no fuera tan profundo que necesitara que le dieran unos puntos. A continuación, lo llevé de nuevo por el pasillo del fondo hacia el lavabo de mujeres.
—Quédate aquí —dije clavándole un dedo en el pecho mientras él sonreía de forma adorable y hacía la señal de la cruz sobre su corazón. Abrí la puerta y eché un rápido vistazo a los cubículos. Como no vi a nadie, salí al pasillo, donde Kellan me esperaba impaciente, apoyado contra la pared. Observé hacia León que la mancha de sangre en la camiseta se había pegado a su húmeda piel. Alarmada, tragué saliva.
—No es necesario —protestó él cuando lo tomé de la mano y le hice entrar en el lavabo—. Estoy bien —insistió.
Lo miré irritada ante su terquedad.
—Quítate la camiseta.
Él sonrió con malicia.
—Sí, señora.
Puse cara de resignación y traté de no fijarme en su fabuloso cuerpo cuando alzó los brazos para quitarse la camiseta. La sostuvo con una mano y aguardó paciente junto al lavabo, sonriendo ligeramente. El corte no sangraba tanto, pero aún se deslizaba un hilo de sangre por su costado. Sentí mariposas en el estómago al pensar en lo que pudo haber ocurrido si no se hubiera apartado deprisa.
Abrí el grifo de agua fría y empapé la toalla. Él inspiró un poco de aire entre dientes cuando empecé a limpiarle la herida, y yo sonreí.
—Eres una sádica —murmuró, y lo miré ofendida. Él respondió con una deliciosa carcajada.
—¿Cómo se te ocurrió enfrentarte a un tío armado con una navaja? —pregunté, tratando de limpiarle la herida con la máxima delicadeza. Pero era más profunda de lo que había supuesto y al tocarla empezó a sangrar más.
—Bueno —respondió inspirando de nuevo entre dientes—, es obvio que no sabía que iba armado con una navaja. —Terminé de limpiar la herida que tenía en el costado y oprimí la toalla con firmeza sobre el corte, haciendo que él emitiera un gruñido de protesta—. No podía permitir que siguiera manoseándote —dijo meloso.
Alcé la vista y la fijé en sus increíbles ojos verdes y luminosos. Sostuve la toalla sobre su herida durante unos momentos mientras le miraba. Al cabo de unos instantes, la retiré y vi que la herida había dejado de sangrar. Abrí el envoltorio de la venda adhesiva y arrugué el ceño, temiendo que la herida volviera a sangrar cuando León se moviera. Él sonrió y dijo:
—No podía permitir que ese tipo te tocara de esa forma cuando yo no puedo hacerlo. Contraviene tus reglas. —Se rió y yo le coloqué la venda sin muchos miramientos, haciendo que se quejara de nuevo y torciera el gesto. De inmediato, temí haber hecho que la herida volviera a sangrar.
Pasé los dedos sobre la venda, suavemente, alisándola sobre su musculoso costado.
—Fue una estupidez; pudo haberte herido gravemente, León. —Tragué saliva para aliviar el nudo que sentí en la garganta al pensar en esa posibilidad.
Me tomó la mano y la sostuvo sobre su pecho.
—Es mejor que me hiriera a mí que a ti, Violetta —musitó. Nos miramos a los ojos durante un momento, y luego añadió—: Gracias... por cuidar de mí. —Me acarició los dedos con el pulgar. Contuve el aliento al observar la expresión que traslucían sus ojos, al sentir su piel debajo de las yemas de mis dedos.
Me sonrojé y desvié la mirada.
—Ya puedes volver a ponerte la camiseta.
Sonrió y volvió a enfundársela. Me estremecí al ver la mancha de sangre en el costado, el desgarrón en el tejido; había estado a punto de sufrir un percance mortal. Las lágrimas afloraron a mis ojos y, al percatarse, León me abrazó. Inspiró algo de aire entre los dientes y yo me aparté un poco al darme cuenta de que le hacía daño.
—Lo siento —murmuré—. En serio, deberías ir a que te viera un médico.
Asintió y me abrazó más fuerte. Suspiré y me relajé entre sus brazos. Seguíamos abrazados cuando Ludmila abrió la puerta.
—Uy, perdón... Sólo venía a ver cómo estaba tu paciente.
Me aparté de él.
—Estábamos..., León está bien —farfullé.
Él se rió por lo bajo, pasó frente a Ludmila y salió al pasillo. Se detuvo junto a la puerta y se volvió hacia mí.
—Gracias de nuevo, Violetta. —El corazón me dio un vuelco. Se despidió educadamente de Ludmila con un gesto de la cabeza—. Creo que debo ir a rescatar la navaja de manos de Diego.
Ella lo miró perpleja.
—¿La tiene Diego? —Él la miró con gesto inquisitivo. Ella puso los ojos en blanco y suspiró—. Diego..., sí, ve a rescatarla. —León me miró una vez más y echó a andar por el pasillo riendo bajito.
Ludmila se volvió hacia mí y me miró a través de la puerta abierta.
—¿Vienes?
Suspiré, tratando de calmar los temblores de mis manos y los acelerados latidos de mi corazón.
—Sí..., dentro de un minuto.
No salí hasta al cabo de diez.





Adsjkhjusdbj Ya faltaba Lion Man en esta novela XD León siempre salvando a Violetta...Les pido disculpas por no haber subido, esque llego visita a mi casa y bla,bla,bla... en fin... ¡Ya les subi! :D Y eso es lo importante XD....

PREGUNTA:

¿Qué quieren que pase en la nove?

Nunca se los pregunte, asi que...COMENTEN!!

9 Días para el especial de un 1 año :D

Jany

jueves, 11 de septiembre de 2014

El Niñero - Capitulo 44

Capítulo 44 

—¡Volvieron! —alargué mientras bajaba corriendo las escaleras— ¿Por qué no llamaron o avisaron? —pregunté mientras abrazaba a cada uno de los integrantes de mi familia.

—Decidimos darte la sorpresa —dijo mi padre.

—¿Estabas llorando? —preguntó preocupadamente mi madre.

—Eh...es que ya los extrañaba, me ganó la emoción —mentí.

—¡Ay hija! —agregó enternecida volviéndome a abrazar.

—¡Jorge! —saludó mi padre a Jorge quien venía bajando las escaleras— ¿No te ocasionó problemas?

—No, ninguno en absoluto —mintió, claro que le había causado muchos problemas.

—¿Seguro? —preguntó incrédula mi madre— Esperemos que así siga, sin causar problemas.

—Bueno, iré a tomar mis cosas... —dijo Jorge con una forzada sonrisa.

—¿Por qué no nos acompañas a comer? —le dijo mi padre en tono de invitación.

—¡No! —lo interrumpí rápidamente, ocasionando que mis padres voltearan a verme sin comprender mi reacción— Su novia lo está esperando, creo que será mejor que se vaya —claramente no hablaba de mí— No quieres hacerla esperar ¿cierto?

—S...Sí será mejor que me vaya... —pasó su mano por su cabello despeinándolo con cierto nerviosismo, dio la media vuelta y volvió a subir las escaleras.

Me destrozaba, me aniquilaba, me rompía aún más el corazón que se fuera. Deseaba tanto tomar todo mi orgullo y enterrarlo bajo tierra, y así poderme lanzar a sus brazos sin importarme lo que había hecho. Pero me era completamente imposible intentar hacer eso.

—¡Ya me extrañabas! —me dirige a Ana mientras la tomaba entre mis brazos— ¡Por eso regresaste! —ella solo gritaba y se reía a carcajadas.

—¡Claro que no! —decía entre carcajadas— ¿Sabes qué me dijo mami? —dijo mientras la bajaba.

—¿Qué? ¿qué te dijo? —le pregunté mientras caminaba con ella a la sala.

—¡Me va a comprar un perrito! —dijo emocionada.

—¿Un perrito? —le pregunté fingiendo mucha emoción ya que así ella se emocionaba aún más.

—¡Sí! —sonreía de oreja a oreja— ¡Y le voy a poner Pelusa! —solté una carcajada— ¡Hey! ¿Por qué te ríes? —frunció su rubio ceño.

—Pues porque yo creo que 'Pelusa' es nombre como de gato ¿no crees? —le dije aunque qué nombre se podía esperar de una pequeña niña de seis años.

—¡A mí me gusta Pelusa!

—Está bien, Pelusa es un nombre lindo —le dije riendo, si otras fueran las circunstancias, seguramente la habría hecho enojar. Pero no tenía ánimos ni siquiera de molestarla.

—¿Tini, puedes ayudarme con las maletas de Ana? —me llamó mi madre, solo le respondí que sí.

Fui a la entrada para tomar las rosadas maletas y subirlas a su habitación; las tomé mientras que Ana no paraba de hablar sobre la que sería su nueva mascota.

Caminé hacia las escaleras con las maletas y me topé con Jorge quien ya traía la suya, su mirada se encontró con la mía.

—Martina, por favor... —olímpicamente lo ignoré y seguí subiendo las escaleras.

El dolor en mi pecho era incontenible, respirando profundamente dejé las maletas en la habitación de Ana.


Pasé toda la tarde con mis padres y Ana, me platicaron de cómo la habían pasado allá, y que ahora podrían manejar la empresa desde acá, sin necesidad de abandonarme o cambiarme de colegio.

Cerca de las diez de la noche, cada quien fue a su respectiva habitación. Me cambié y me senté en la cama, me sentía sola. Por tres meses no nos habíamos separado, más que por el tiempo que estaba en el colegio. Pero fuera de ahí siempre estábamos juntos. Subí mi mano a mi pecho y tomé el pequeño dije con la letra 'J', no pude evitarlo y una lágrima volvió a caer.

Era increíble cómo seguían saliendo. Por un momento pensé en quitarme la cadena, mas no lo hice. Acomodé las sábanas para meterme debajo de éstas. Me estiré para apagar la lámpara que estaba en la pequeña mesa de noche, y no pude evitar mirar las fotos que hace poco nos habíamos tomado en el parque de diversiones. Todo parecía ponerse intencionalmente para recordarme a él. Tomé la tira de fotografías, y en automático las acaricié.

La regresé a la mesa de noche solo que esta vez debajo de un libro y así evitar volver a verla.

Tomé una almohada para envolverla con mis brazos, me hacía tanta falta. Me había acostumbrado tanto a él. Sus grandes brazos envolviéndome haciéndome sentir segura, su respiración chocando con mi cabello y su delicioso aroma inundando mis pulmones. Lo amaba más de lo que creía.

Pero todo había terminado. Tal vez para él ni siquiera había comenzado. Tal vez había sido una forma para entretenerse por el tiempo que estaría aquí. Sin darme cuenta había dejado la almohada llena de lágrimas, limpié mi rostro y giré la almohada. Cerré mis ojos y de un momento a otro caí en un profundo sueño...





Ayyy.... :(

Jany

martes, 9 de septiembre de 2014

Walking Disaster - Capitulo - 54

Capitulo 54


Ella va a estar allí.

Aparecerme será un error.

Sería incómodo.

Ella va a estar allí.

¿Y si alguien la invita a bailar?

¿Y si ella conoce a su futuro esposo y yo estoy ahí para presenciarlo?

Ella no quiere verme.

Yo podría ponerme ebrio y hacer algo que la moleste.

Ella podría ponerse ebria y hacer algo que me moleste.

No debería ir.

Tengo que ir. Ella iba a estar allí.

Mentalmente enumeré los pros y los contras de ir a la fiesta de San Valentín, pero seguía volviendo a la misma conclusión: necesitaba ver a Tini, y ahí es donde estaría.

Xabi se preparaba en su habitación, apenas me hablaba desde que él y Mechi finalmente habían vuelto a estar juntos. En parte porque se quedaban encerrado en su habitación recuperando el tiempo perdido, y porque todavía me culpaba por las cinco semanas que habían pasado separados.

Mechi nunca perdió un momento para hacerme saber que odiaba mis entrañas, especialmente después del más reciente tiempo que yo había roto el corazón de Tini. Yo había hablado con Tini para que abandonara su cita con Parker y fuera a verme en una pelea. Por supuesto que yo la quería allí, pero cometer el error de admitirlo era también como si le preguntará a ella primero así yo podía ganar un concurso de meadas. Quería que Parker supiera que no tenía influencia en ella. Tini sintió que había tomado ventaja por sus sentimientos hacia mí, y ella tenia razón.

Todas esas cosas fueron suficientes para sentirme culpable, pero el hecho de que Tini había sido atacada en un lugar donde yo la había llevado, hacía casi imposible mirar a alguien a los ojos. Agregando a todo a eso nuestros encuentros cercanos con la ley resultaron ser para mí una gigante cagada.

A pesar de mis disculpas constantes, Mechi pasó sus días en el apartamento disparándome miradas asesinas en mi dirección, y bufando injustificados comentarios de mierda. Incluso después de todo eso, yo estaba contento de que Xabi y Mechi se hubieran reconciliado. Si ella no lo habría aceptado de vuelta, Xabi podría nunca haberme perdonado.

— Me voy—dijo Xabi. Entró en mi habitación, donde me sentaba en mis boxers, todavía en conflicto sobre lo que debía hacer. —Recogeré a Mechi por su dormitorio.
Asentí con la cabeza una vez.
— ¿Tini todavía ira?
— Sí. Con Finch.
Logré una media sonrisa.

— ¿Debería eso hacerme sentir mejor?
Xabi se encogió de hombros.
— Lo haría para mi—Él miró al alrededor mis paredes y asintió. —Volviste a poner las fotos.
Miré alrededor, asintiendo con la cabeza una vez.
— No lo sé. No se sentía bien simplemente dejarlas en el fondo de un cajón.
— Supongo que te veré más tarde.
— Hey, ¿Xab?
— Sí—dijo, sin darse la vuelta.
— Realmente lo siento, primo.
Xabi suspiró.
— Lo sé.

Al segundo que se fue, entré en la cocina para servirme lo último del whisky. El líquido ámbar se quedó quieto en el vaso, a la espera de ofrecer comodidad.

Lo tomé de un trago y cerré los ojos, considerando hacer un viaje a la tienda de licores. Pero no había suficiente whisky en el universo que me ayudara a tomar mi decisión.
— A la mierda—dije, agarrando las llaves de mi moto.
Después de una parada en Ugly Fixer Liquor’s, conduje la Harley sobre la acera y aparqué en el patio delantero de la casa de la fraternidad, abriendo la media pinta que acababa de comprar.

Buscando valor en el fondo de la botella, entré en Sig Tau. Toda la casa estaba cubierta de rosa y rojo, decoraciones baratas colgaban del techo, y brillos cubrían el suelo. El bajo de los altavoces abajo zumbaban por toda la casa, ahogando las risas y constante murmullo de las conversaciones.
Todos parados colmando la habitación, tuve que girar y maniobrar a mi camino a través de la multitud de parejas, manteniendo un ojo por Xabi, Mechi, Finch, o Tini. Mayormente Tini. Ella no estaba en la cocina, o en cualquiera de las otras habitaciones. Ella no estaba en el balcón, tampoco, por lo que me dirigí escaleras abajo. Se me cortó la respiración cuando la vi.

El ritmo de la música disminuyó, y su sonrisa angelical se notaba incluso en el oscuro sótano. Sus brazos alrededor del cuello de Finch, y él torpemente se movía con ella con la música.

Mis pies me impulsaron hacia adelante, y antes de que supiera lo que estaba haciendo, o me detuviera a pensar en las consecuencias, me encontré de pie a centímetros de distancia de ellos.

— ¿Te importa si me meto, Finch?
Tini se congeló, sus los ojos brillantes con el reconocimiento.
Los ojos de Finch rebotaban entre mí y Tini.
— Por supuesto.
— Finch—dijo entre dientes mientras se alejaba.
La puse contra mí y di un paso.
Tini seguía bailando, pero mantuvo el mayor espacio entre nosotros como le fue posible.
— Pensé que no ibas a venir.
— No iba a hacerlo, pero sabía que estabas aquí. Tenía que venir.

Con cada minuto que pasaba, yo esperaba que ella huyera, y cada minuto se quedaba en mis brazos se sintieron como un milagro.
—Te ves hermosa, Pigeon.
— No lo hagas.
— ¿No haga qué? ¿Decirte que eres hermosa?
— Solo... no lo hagas.
— No era lo que pretendía.
— Gracias—espetó.
— No… te ves hermosa. Quise decir eso. Hablaba de lo que dije en mi habitación. Yo no voy a mentir. Me gustó sacarte de tu cita con Parker…
— No fue una cita, Jorge. Estábamos comiendo. Pero ahora él ya no me habla, gracias a ti.
— Eso escuché. Lo siento.
— No, no lo haces.
— Y t-tienes razón—le dije, tartamudeando cuando me di cuenta de que se estaba enojando.
—Pero yo... esa no era la única razón por la que te llevé a la pelea. Te quería allí conmigo, Pigeon. Eres mi amuleto de la buena suerte.
— Yo no soy tu nada—me miró amenazadoramente.
— Eres mi todo.

Los labios de Tini formaron una línea dura, pero sus ojos se suavizaron.
— En realidad no me odias... ¿verdad? —le pregunté.
Tini se dio la vuelta, poniendo más distancia entre nosotros.
— A veces me gustaría hacerlo. Haría todo esto un infierno entero más fácil.
Una cautelosa, pequeña sonrisa se dibujó en mis labios.
— Así que ¿Qué te molesta más? ¿Lo que yo hice para que quisieras odiarme? O ¿saber que no puedes?

En un instante, la ira de Tini regresó. Ella empujó más allá de mí, corriendo por las escaleras hasta la cocina. Me quedé solo en el centro de la pista, tanto atónito como disgustado de que me las había arreglado de alguna manera para volver a encender su odio hacia mí de nuevo.

Tratar de hablar con ella parecía inútil, ahora. Cada interacción se agregaba a la creciente bola de nieve de cagadas que era nuestra relación.

Subí las escaleras y me dirigí derecho al barril, maldiciendo mi codicia y la botella vacía de whisky tirada en algún lugar del césped delantero de Sig Tau.

Después de una hora de cerveza y monotonía, ebrias conversaciones con mis hermanos de la fraternidad y sus citas, le eché un ojo a Tini, con la esperanza de llamar su atención. Ya me estaba mirando, pero desvió la mirada. Mercedes parecía estar en el medio de un intento de animarla, y Finch le tocaba el brazo. Ella estaba obviamente lista para irse.

Ella bebió el resto de su cerveza en un trago rápido, y luego tomó la mano de Finch. Ella caminó dos pasos, y luego se congeló cuando la misma canción que habíamos bailado en su fiesta de cumpleaños flotaba por las escaleras. Ella extendió la mano y agarró la botella de Finch, tomando otro trago.
No estaba seguro de si era el whisky hablando, pero algo en la mirada de sus ojos me dijo que el recuerdo que la canción desencadenó eran tan doloroso para ella como lo fue para mí.

Ella todavía se preocupaba por mí. Tenía que hacerlo.
Uno de mis hermanos de fraternidad se apoyó en el mostrador junto a Tini y sonrió.
— ¿Quieres bailar?

Era Brad, y aunque yo sabía que probablemente notó la mirada triste en su rostro y fue tratando de levantarle el ánimo, los pelos de la nuca se me erizaron. Justo cuando ella negó con la cabeza para decir que no, yo estaba a su lado, y mi estúpida boca de mierda estaba moviéndose antes de que mi cerebro pudiera decirle que se detenga.
— Baila conmigo.

Mercedes, Xabiani y Finch estaban mirando a Tini, esperando su respuesta tan ansiosos como yo.
—Déjame en paz, Jorge—dijo ella, cruzando los brazos.
— Esta es nuestra canción, Pigeon.
— No tenemos una canción.
— Pigeon…
— No.
Ella miró a Brad y forzó una sonrisa.
—Me encantaría bailar, Brad.

Las pecas de Brad se extendían por sus mejillas mientras sonreía, haciendo un gesto con la mano para que Tini liderara el camino a las escaleras.

Me tambaleé hacia atrás, sintiendo como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago.
Una combinación de ira, celos, y tristeza ardieron en mi sangre.
— ¡Un brindis! —grité, subiendo a una silla. En mi camino a la cima, le robaré la cerveza a alguien y la sostuve delante de mí. — ¡Por los imbéciles!— dije, señalando a Brad.—¡Y por las chicas que rompen tu corazón!— Me incliné hacia Tini. Un nudo en mi garganta. —Y por el absoluto maldito horror de perder a tu mejor amiga porque fuiste lo bastante estúpido como para enamorarte de ella.






Me mato ese brindis :(

Jany