miércoles, 26 de noviembre de 2014

A Beautiful Wedding - Capitulo 1

Capitulo 1

"Coartada"

Martina:

Podía sentirlo venir: un creciente y persistente malestar deslizándose bajo mi piel. Cuanto más intentaba ignorarlo, más insoportable se hacía: una picazón que necesitaba ser rascada, un grito saliendo a la superficie. Mi padre decía que la necesidad urgente de huir cuando las cosas estaban a punto de salir mal era como un tic, un mecanismo de defensa inherente a los Stoessel. Lo sentí momentos antes del incendio, y lo estaba sintiendo ahora.

Sentada en la habitación de Jorge, justo horas antes del incendio, mi corazón se aceleró y mis músculos se contrajeron. Mi instinto me llevó a la puerta.

Me decía que me fuera; que me alejara, a cualquier lugar menos este. Pero por primera vez en mi vida, no quería irme sola. Apenas podía concentrarme en esa voz que amaba tanto describiendo lo asustado que estaba de perderme, y cuán cerca estaba de escapar cuando corrió en la dirección opuesta, hacia mí. Tantas personas murieron, algunos eran extraños del Estado pero algunos eran personas que había visto en la cafetería, en clase y en otras peleas.

De alguna manera sobrevivimos y estábamos sentados a solas en su apartamento, tratando de procesarlo todo. Sintiéndonos asustados, sintiéndonos culpables… sobre los que murieron, y que nosotros habíamos vivido. Mis pulmones se sentían como si estuvieran llenos de telarañas y llamas, y no podía quitar el olor rancio de piel chamuscada de mi nariz. Era insoportable, a pesar de que había tomado una ducha, aún seguía allí, mezclado con la esencia de menta y lavanda del jabón que usé para frotarlo. Los sonidos eran igual de inolvidables. Las sirenas, el llanto, las charlas de preocupación y pánico, y los gritos de las personas llegando a la escena para descubrir que un amigo seguía dentro. Todos se veían iguales, cubiertos de hollín, con expresiones idénticas de desconcierto y desesperación. Era una pesadilla.

A pesar de mi lucha por concentrarme, lo único que escuché decir fue—: De la única cosa de la que estoy asustado es de una vida sin ti, Pigeon.

Habíamos sido muy afortunados. Incluso en una esquina oscura en Las Vegas, ser atacados por los matones de Benny, de alguna manera aún teníamos la ventaja. Jorge era invencible. Pero ser una parte del Círculo, y ayudar a organizar una pelea bajo condiciones inseguras que resultaban en muertes de innumerables estudiantes… esa era una pelea que ni siquiera Jorge Blanco podía ganar.

Nuestra relación había soportado tantas cosas, pero Jorge estaba en peligro real de ir a prisión. Incluso aunque no lo sabía aún, era el obstáculo que podía separarnos.
El único obstáculo sobre el que no teníamos control.

—Entonces, no tienes nada de qué estar asustado —dije—. Estaremos juntos para siempre.

Suspiró, y luego presionó sus labios contra mi cabello. No creía que fuera posible sentir tanto por una persona. Él me había protegido. Era mi turno de protegerlo.

—Esto es —dijo.
—¿Qué?
—Supe en el momento en que te conocí que había algo en ti que yo necesitaba. Resulta que no era algo sobre ti. Eras sólo tú.

Mis entrañas se derritieron. Lo amaba. Lo amaba, y tenía que hacer lo que fuera para mantenerlo a salvo. Lo que fuera, sin importar cuán loco fuese. Todo lo que tenía que hacer era convencerlo de ello.
Me incliné contra él, presionando mi mejilla contra su pecho. —Somos nosotros, Jorge. Nada tiene sentido a menos que estemos juntos. ¿No has notado eso?
—¿Notarlo? ¡Te lo he estado diciendo eso todo el año! Es oficial. Bimbos, peleas, rompimientos, Parker, Las Vegas… incluso incendios… nuestra relación puede soportar cualquier cosa.
—¿Las Vegas? —pregunté.

En ese momento, el plan más loco se formó en mi mente, pero la idea tenía sentido mientras miraba sus cálidos ojos marrones. Esos ojos hacían que todo tuviera sentido. Su rostro y su cuello aún estaban cubiertos de hollín mezclado con sudor, un recordatorio de lo cerca que habíamos estado de perderlo todo.
Mi mente estaba acelerada. Sólo necesitaríamos algunas cosas necesarias y podríamos salir por la puerta en cinco minutos. Podíamos comprar ropa allí.

Cuanto más pronto nos fuéramos mejor. Nadie creería que dos personas subirían en un avión justo después de una enorme tragedia. No tenía sentido, lo que era exactamente el por qué teníamos que hacerlo.

Tenía que llevar a Jorge lo suficientemente lejos, por una razón específica.
Algo creíble, incluso si era una locura. Afortunadamente, la locura no está tan lejos de un salto para Jorge y yo, y era posible que los investigadores se enteraran por las decenas de testigos que vieron a Jorge peleando en el sótano de Keaton Hall esa noche, pero tendrían pruebas de que estuvimos en Las Vegas horas después casándonos. Era absolutamente una locura, pero no sabía que más hacer. No tenía tiempo para inventar un plan mejor. Ya deberíamos habernos ido.

Jorge estaba mirándome, expectante, esperando a aceptar incondicionalmente lo que fuera que saliera de mi boca. Maldita sea, no podía perderlo ahora, no después de todo con lo que habíamos luchado para llegar a este momento. Según los estándares de cualquiera, éramos demasiado jóvenes para casarnos, demasiado impredecible. ¿Cuántas veces nos habíamos lastimado el uno al otro a lo largo del camino, gritado el uno al otro un minuto e ido a la cama al siguiente? Pero acabamos de ver lo frágil que era la vida. ¿Quién sabía cuándo vendría el final y arrastraría a uno de nosotros lejos? Lo miré, resuelta. Él era mío, y yo suya. Si sabía algo, era que sólo esas dos cosas importaban.

Frunció el ceño. 

—¿Si?
—¿Has pensado en volver?
Sus cejas se alzaron. 

—No creo que sea una buena idea para mí.
Semanas atrás, había roto su corazón. La imagen de Jorge persiguiendo el auto de América cuando se dio cuenta de que se había terminado aún estaba fresca en mi mente. Iba a pelear para Benny en Las Vegas, y yo no volvería allí. Ni siquiera por él. Jorge había pasado un infierno mientras habíamos estado separados. Me había rogado de rodillas, y estaba tan concentrada en nunca volver a mi vida en Nevada, que me había alejado. Sería una completa idiota si le pedía que volviera. Medio esperaba que me dijera que me largara de aquí por siquiera mencionarlo, pero este era el único plan que tenía, y estaba desesperada.

—¿Y qué si fuéramos sólo por una noche? —Una noche era todo lo que necesitaba. Sólo necesitábamos estar en algún otro lugar.

Miró alrededor de su habitación, buscando en la oscuridad por lo que él creía era lo que yo quería escuchar. No quería ser esa chica, la que no era comunicativa y causaba un enorme y estúpido malentendido. Pero no podía decirle a Jorge la verdad sobre lo que acababa de proponerle. Nunca estaría de acuerdo en ir.

—¿Una noche? —Claramente no tenía idea de cómo responder.
Probablemente pensaba que era una prueba, pero lo único que quería era que dijera que sí.

—Cásate conmigo —solté.

Su boca se abrió, formando un grito silencioso. Esperé miles de vidas hasta que sus labios se curvaron hacia arriba, y selló su boca con la mía. Su beso gritaba mil emociones diferentes. Mi cerebro se sentía hinchado con pensamientos beligerantes de alivio y pánico. Esto iba a funcionar. Nos casaríamos, Jorge tendría una coartada, y todo estaría bien.
Oh, demonios.
Maldición. Mierda. Joder.
Me iba a casar.






Lalala van a amarla!!

Jany

A Beautiful Wedding - Sinopsis

Sinopsis: 

Sabes que Martina Stoessel inesperadamente se convirtió en la señora Blanco. Pero, ¿qué es lo que realmente sabes?
¿Por qué Martina hizo la pregunta?
¿Qué secretos fueron compartidos antes de la ceremonia?
¿Dónde pasaron su noche de bodas?
¿Quién más lo sabía… y no lo dijo?
Todo acerca de la boda fugaz de Tini y Jorge era secreto… hasta ahora.
Los fans de Beautiful Disaster y Walking Disaster tendrán todas sus preguntas contestadas en este relato del día de la boda (¡y noche!) y, al igual que todas las buenas historias, la espera habrá valido la pena.




La van a amar!!!

Jany

¿El Amor O La Amistad? - Capitulo 18

Capitulo 18

Al día siguiente hablo con Mechi. Le cuento lo de Lodo con Liam.
—¡Está como una cabra! —me dice.
—Lo sé, pero no consigo convencerla.
—Vale —dice Mechi—. Pues lo intentaré yo.
—Pero, por favor, ten tacto —digo yo—. Y, sobre todo, no le vayas con el cuento de que te lo he dicho yo, ¿vale?
Pero Mechi, ni caso. Va y grita en medio del patio:
—¡Oye, Lodovica! ¡Ven aquí! ¡Me está diciendo Tini que te lo vas a hacer con Liam! ¡Serás idiota!
Todas las chicas nos miran con la boca abierta.
—Pero, Mechi, por favor, ¡no seas bocazas! —me enfado.
—La bocazas eres tú, Tini —dice Lodo acercándose a nosotras— Muchas gracias.
—Venga, Lodo, no te pongas así —pide Mechi, que se le acerca y le rodea el cuello con el brazo.
—¡Déjame en paz! —exclama Lodo soltándose.
—Solo quiero hablar contigo, por favor —dice Mechi.
—No —contesta Lodo—No quiero hablar de ello.
—Pero... ¡si somos colegas! —insiste Mechi—. ¿O no?
—Sí, pero es que esto no tiene nada que ver ni contigo ni con Tini — contesta lodo—. Es un asunto que solo nos concierne a Liam y a mí. Así que ni se os ocurra meter las narices en nuestras cosas.
Y entonces va y se larga.
—¿La seguimos? —pregunta Mechi.
—Sería perder el tiempo —contesto yo, hundida en la miseria.
Conozco a Lodovica Comello demasiado bien. No nos haría ni caso. Me siento fatal. He traicionado su confianza y tampoco he sido capaz de ayudarla en nada.
No vuelve a hablarnos durante todo el día y, cuando acaban las clases, se larga a todo correr con Liam, que la espera a la salida del colegio apoyado en la valla.
—¿Hablamos con él? —dice Mechi.
—No. ¿Estás loca o qué? —contesto horrorizada—. ¡Lodo nos asesinaría!
Pero se van a toda pastilla, así que, de todos modos, no hay ocasión.
Hace bastante frío y Liam lleva puesta la cazadora esa de cuero negro que le sienta de maravilla.
—¡Vaya cazadora sexy que lleva! —dice Mechi, cayéndosele la baba—. ¡Será un cerdo, pero está de locura, el tío! ¿Por qué no podrá Greg llevar algo así? Tiene una especie de cosa cutre con cremallera. Como un anorak.
—¿Qué tal te va con él? —pregunto.
—Pues... bueno... —dice sin mucho entusiasmo, y suspira.
—¿No querrá él también que tú...? —pregunto de nuevo.
—¿Greg? No, ¡qué va! Eso no. Es bastante legal, pero... no sé... Parece que no hacemos otra cosa más que hablar de deberes y deambular por el McDonald's, ¿sabes? ¡Ah, por cierto! Eso me recuerda que me ha dicho que tiene un colega, Adam, que da una fiesta el sábado. Como no están sus padres porque se van de finde, quiere echar la casa por la ventana y dar una fiesta salvaje. ¿Por qué no te vienes?
La miro. Me late el corazón a toda velocidad. Ella me malinterpreta y dice:
—¡Ya sé que tú y Jorge son uno solo y que lo último que quieres es conocer a otro en una fiesta! ¡Tú ya tienes novio!
—¡Oh, Mechi! ¡Si tú supieras! Nunca he estado en una fiesta de verdad.
Claro, sí que he ido a fiestas de esas infantiles, con otras niñas, de esas que te dan pasteles y reparten globos, pero... a una fiesta de verdad, ¿con chicos?, ¡nunca en mi vida!
—¡Anda, Tini, ven! —dice—. ¡Nos reiremos un montón! A lo mejor hasta me encuentro a otro tío que esté mejor que Greg. Porque Greg no está mal; pero podría haber alguien de su cuerda con más potencial, digo yo.
No sé ni qué decir. Una fiesta salvaje. Sin padres y con chicos. Con chicos, con chicos, con chicos. Tengo un poco de miedo y todo. Pienso en bebidas con alcohol. Y en drogas. Y en dormitorios. Quiero ir. Quiero ir a esa fiesta.




Fiesta!!!

Jany

lunes, 24 de noviembre de 2014

Unreflecting - Capitulo 110

Capitulo 110

"Eres Todo Para Mi"

—León... —Me sentí culpable, y desvié la mirada.
La sonrisa se borró de su cara y dijo muy serio:
—Da lo mismo si lo hiciste, Violetta. Sólo que... me gustaría saberlo.
Suspiré.
—Siempre he sentido... algo por ti, pero..., sí, la primera vez te utilicé, y lo lamento, hice mal. De haber sabido que me querías, jamás habría...
—Está bien, Violetta.
—No, no está bien —murmuré. Luego añadí—: La segunda vez no te utilicé. Eso no tuvo nada que ver con Tomas. Sólo tenía que ver con nosotros. Fue sincero. A partir de entonces, cada caricia fue sincera.
—Es muy reconfortante oírte decir eso —murmuró sin mirarme pero sonriendo con dulzura. De pronto, arrugó el ceño—. Deberías estar con Tomas..., no conmigo. Es un buen hombre.
—Tú también eres un buen hombre —dije, escrutando su rostro perfecto, aunque tenía aún el ceño arrugado.
Meneó la cabeza, y yo le acaricié el pelo al tiempo que emitía un suspiro.
—No dejes que nuestra relación te convenza de que eres una mala persona. Tú y yo somos... complicados.
—Complicados... —repitió, apoyando la mano en mi mejilla y acariciándome el pómulo con el pulgar—. Supongo que tienes razón. —Retiró la mano y agregó—: Es culpa mía...
—No sigas, León. Soy tan culpable como tú. He cometido
errores...
—Pero... —me interrumpió.
—No, los dos nos hemos metido en este lío, León. Estas cosas siempre son cosa de dos..., lo sabes bien. Yo te deseaba tanto como tú a mí. Te necesitaba tanto como tú a mí. Quería estar junto a ti al igual que tu querías estar junto a mí. Quería tocarte tanto como tú a mí. Te amo... —No pude terminar mi reflexión, y la dejé suspendida en el aire entre nosotros, sin concluir.
Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.
—Nunca he sido completamente sincero contigo. Puede que si te hubiera dicho desde el principio que te amaba... Lo siento, Violetta. Te he lastimado en muchas ocasiones. Ojalá pudiera borrar...
Lo detuve besándole con intensidad. Ahora lo comprendía. Seguía doliéndome, pero comprendía cuánto daño le había hecho. Él hacía lo único que sabía hacer para aliviar su dolor. Obrara bien o mal, era lo único que sabía hacer. Apoyó de nuevo una mano en mi mejilla y me besó tan profundamente como yo a él, y ambos olvidamos durante unos instantes la emotiva conversación que habíamos mantenido.
Al cabo de una eternidad, que se me antojó demasiado breve, se apartó y dijo con tono quedo:
—Debemos irnos.
—Espera, me has traído a este lugar tan romántico..., desierto..., ¿sólo para que habláramos? —Lo miré arqueando una ceja con gesto provocador.
Sonrió y meneó la cabeza.
—Vaya..., veo que te he corrompido.
Esbocé una sonrisa satisfecha y me reí.
—Anda, vamos, te llevaré a casa. —Empezó a conducirme hacia los ascensores mientras yo hacía un mohín de disgusto. Al observar mi expresión, dijo—: Es tarde, Violetta..., mejor dicho, temprano, y no debes llegar tarde del baile... —Me miró preocupado—. No es tu carruaje el que se convertirá en una calabaza.
Puse los ojos en blanco ante esa analogía, pero él tenía razón. Era hora de que regresara a casa. Dejé de lado mi decepción y mi sorpresa al comprobar que me sentía decepcionada. Había supuesto... Me ruboricé y no me molesté en terminar la reflexión.
Concluimos nuestro paseo circular junto a los ascensores, y eché un último vistazo a la espectacular panorámica de la ciudad que se extendía a nuestros pies y al espléndido hombre que estaba junto a
mí. Sonreí cuando él oprimió el botón del ascensor y esperamos a que la puerta se abriera.
—De acuerdo. Tú te lo pierdes. —Cuando se abrió la puerta, entré y, agarrándolo por la camiseta, tiré de él—. Me han comentado que somos increíbles —dije en plan de guasa. Él sonrió con picardía y me abrazó para besarme apasionado mientras la puerta se cerraba y descendíamos.
Al salir de la Aguja, León me miró con expresión sombría. Lo miré intrigada, sintiendo el leve aleteo de mariposas en el estómago. Cuando llegamos junto a su coche, se detuvo y me observó con la cabeza ladeada.
—Hay otra cosa que quiero decirte.
Las mariposas que sentía en el estómago empezaron a dar saltos mortales.
—¿Qué? —pregunté en un murmullo.
De pronto su expresión mudó; sonrió irónicamente y arqueó una ceja.
—No puedo creer que me robaras el coche... ¿Cómo se te ocurrió?
Me reí al recordar la satisfacción que había sentido al hacerlo. Luego, recordé el motivo por el que se lo había birlado y lo miré con cara de pocos amigos.
—En aquel momento te lo merecías —dije dándole un golpecito en el pecho—. Tienes suerte de que te lo devolviera intacto.
Él arrugó el ceño mientras abría la puerta del copiloto para que me montara.
—Mmm... De ahora en adelante, prefiero que me vuelvas a dar un bofetón y dejes en paz mi juguete.
Lo tomé del mentón cuando metí un pie en el coche.
—De ahora en adelante, no quiero que vuelvas a salir con mujeres.
Él adoptó de nuevo una expresión sombría, hasta que sonrió y me besó con ternura.
—Sí, señora. —Me miró sacudiendo la cabeza cuando me senté. Sonreí para mis adentros cuando cerró la puerta y rodeó el coche para sentarse al volante.
Me apretujé contra su hombro y regresamos a casa en silencio. El confort de nuestro silencio era tan palpable para mí como el calor de su mano en la mía. Fue entonces, mientras lo tocaba sin tapujos, entregándome a él sin reservas, cuando comprendí hasta qué punto lo había echado de menos. La gravedad de mi adicción a él. Sonreí en mi fuero interno al recordar el día en que él me había dicho que yo era su adicción. Me complacía enormemente saber que sentíamos la misma atracción el uno hacia el otro. Aunque seguía sin explicarme qué veía él en mí.
Incluso después de aparcar en la entrada y que León apagara el motor, permanecimos abrazados dentro del coche, con mi cabeza apoyada sobre su hombro y su brazo rodeándome la cintura, estrechándome contra él. Ninguno de los dos queríamos enfrentarnos a la realidad de la vida fuera de ese acogedor vehículo.
Después de besarme en la cabeza, León rompió nuestro cómodo silencio:
—A veces sueño contigo..., sobre lo que habría ocurrido si Tomas no hubiera regresado, si fueras mía. Sosteniendo tu mano, entrando en el bar contigo del brazo..., sin tener que ocultarnos. Proclamando al mundo que te quiero.
Sonreí y me lo quedé mirando.
—En cierta ocasión me dijiste que habías soñado conmigo. Pero no me contaste el sueño. —Lo besé en la mejilla y sonreí con cariño—. Yo también sueño a veces contigo. —Me sonrojé enseguida, recordando algunos de los sueños más eróticos que tenía con él.
—¿De veras? Somos bastante patéticos, ¿no crees? —Emitió una carcajada y luego, al ver que me había ruborizado, esbozó una media sonrisa adorable—. ¿Y de qué tratan tus sueños?
Me reí como una idiota.
—Principalmente de acostarme contigo.
Se rió durante más de un minuto, mientras me sonrojaba de nuevo y me reía también.
—Dios..., ¿eso es lo único que significo para ti? —preguntó León en broma, tomándome la mano y entrelazando nuestros dedos.
Dejé de reírme y lo miré.
—No..., significas mucho más —respondí con gesto serio.
Él asintió, dejando también de reírse.
—Me alegro, porque tú lo significas todo para mí.





Bueno... VILETTA LE DIJO TE AMOOO!! jejeje ya era hora XD felices?? Leonetta a full. Quiero leer sus comentarios y no olviden decir que quieren que pase en la nove!! las AMO

Jany

Unreflecting - Capitulo 109

Capitulo 109

"¿No me utilizaste?"

Me atrajo hacia él para besarme profundamente. Yo lo besé también con ardor, deseando compensarlo de alguna forma por el daño que le había hecho. Cuando me quedé casi sin resuello, él se apartó. Me tomó de la mano y seguimos paseando.
Me miró mientras caminábamos a muchos pisos de altura sobre la apacible ciudad que se extendía a nuestros pies.
—Siento haberme mostrado tan... apasionado. No quería lastimarte. Tan sólo... te deseaba. —Sonrió de forma maliciosa, lo cual me hizo dar un traspié. Se rió por lo bajo y continuó—. Cuando me lo pediste, me esforcé en no... Pero debiste de darte cuanta que lo nuestro nunca había sido inocente. —Me miró arqueando las cejas, y yo asentí a regañadientes. Él sonrió—. En todo caso, traté de que lo nuestro fuera menos... pecaminoso.
Me miró con gesto severo.
—Pero me lo pusiste muy difícil.
—¿Yo? —pregunté, perpleja. Era él quien exhalaba una sensualidad irresistible.
León meneó la cabeza con fingida exasperación.
—Sí, tú. Cuando no te vestías de forma provocativa, te arrojabas a mis brazos de forma provocativa o... —dijo mirándome con una sonrisa lasciva— emitías unos sonidos provocativos... —Me sonrojé y él se rió—. Cuando no hacías esas cosas, tenías un aspecto tan adorable que no podía resistirme a ti. —Me miró de nuevo con gesto severo—. A fin de cuentas, soy un hombre.
Sacudí la cabeza enérgicamente, desmintiendo haber hecho ninguna de esas cosas... Bueno, excepto lo de los inoportunos sonidos.
—No seas absurdo, León. —Puse los ojos en blanco y él se rió con un gesto encantador.
—Sigues sin comprender lo atractiva que eres para mí. —Sonrió maliciosamente—. A estas alturas, debería de ser más que evidente —murmuró, y yo le di un codazo en plan de broma. Él se rió, y luego volvió a ponerse serio—. Lamento haberlo llevado demasiado lejos. —Levanté la mirada y observé sus apenados ojos mientras seguíamos paseando—. Debí dejar que pusieras fin a nuestra relación. Tenías razón al querer hacerlo. Todo lo que sucedió más tarde fue culpa mía. Debí dejar que me abandonaras. Pero no pude...
—León, no es...
Él volvió a interrumpirme.
—La noche de la discoteca... fue una locura. Te deseaba tanto, y tú me deseabas también... Se me ocurrió obligarte a entrar en un lavabo y tomarte allí mismo. Quizás hubieras dejado que lo hiciera. —Me miró, y yo asentí sin poder articular palabra; podría haberme tomado en cualquier sitio. Él empezó a sonreír, pero luego arrugó el ceño—. Vi a Tomas dirigirse hacia nosotros. No pude hacerlo. Te aparté de un empujón, confiando desesperadamente que le dijeras que me amabas. Que decidirías marcharte conmigo. Pero no lo hiciste, y fue como una puñalada mortal.
Me detuve y él avanzó un paso, pero se volvió lentamente y me miró. Parecía sentirse de nuevo herido. Me acerqué a él y le apoyé una mano en la mejilla. ¿Cuántas veces le había lastimado hasta lo más profundo? Me sentía fatal.
Me miró, absorto en sus recuerdos.
—Ni siquiera podía regresar a casa. Llevé a tu hermana a casa de Diego. Creo que conmigo se aburrió. Reconozco que no fui una compañía divertida. Me pasé toda la noche en el sofá, deprimido. Al final, se cansó y se dedicó a Diego. —León se encogió de hombros—. Y ya sabes cómo acabó eso.
Tragué saliva. Esa noche había dado por sentado muchas cosas que no eran ciertas.
—Me sentía..., me siento muy mal por lo que ocurrió en el coche —dijo con tono quedo—. Lo que dije. Lo que hice. No sabía que tú creías que me había acostado con Anna hasta ese momento, y estaba tan furioso contigo por... Tomas que dejé que lo creyeras. Incluso me inventé todo tipo de detalles. —Bajó la vista, avergonzado—. Cuando me enfurecí contigo, casi te deseaba más.
Tuve que tragar saliva tres veces antes de poder articular palabra.
—León..., no imaginas lo duro que fue para mí. Lo duro que fue pedirte que te detuvieras, cuando todo mi cuerpo anhelaba que no lo hicieras. —Le acaricié la mejilla y pensé en besarlo. Él tragó saliva de golpe.
—Y tú no imaginas lo duro que fue para mí detenerme. No te mentí sobre lo que había pensado. —Al observar la expresión de su rostro y recordar las groserías que me había dicho, tragué saliva de forma audible—. ¿Tienes ahora una peor opinión de mí?
Meneé la cabeza con obstinación y él suspiró y desvió la vista.
—Lamento haberte gritado, Violetta. —Cuando se volvió hacia mí, observé que tenía los ojos húmedos, y le acaricié de nuevo el pelo. Después de tragar saliva, dije por fin:
—Sé que lo lamentas... Lo recuerdo.
—Sí, lloraba como un niño..., no fue mi mejor momento. —Trató de desviar de nuevo la mirada, pero yo apoyé la mano en su mejilla y lo obligué a mirarme.
—No estoy de acuerdo. Si no te hubieras arrepentido, si yo no lo hubiera visto, probablemente no habría vuelto a dirigirte la palabra.
—No era sólo arrepentimiento. Sí, me sentí fatal por haberte dicho esas cosas..., pero, sobre todo, estaba seguro de que había destruido de manera irreversible la única relación de cariño que había tenido en mi vida. Comprendí que te había perdido. Entonces, comprendí que sólo le pertenecías a Tomas. Lo vi en tus ojos, y comprendí que ya no tenía ninguna posibilidad contigo..., ninguna en absoluto. —En ese momento, se le escapó una lágrima, que le enjugué con el pulgar—. No esperaba que me... consolaras. Nadie lo había hecho nunca. No sabes lo que aquello significó para mí.
Volvió a tragar saliva de repente y lo besé de nuevo. Pero él se apartó un poco y me miró fijamente.
—Después de lo ocurrido tenía miedo de estar contigo. Me permití despedirme por última vez de ti en la cocina, pero no quería volver a tocarte. —Escrutó mis ojos como si buscara en ellos mi perdón—. Lamento haberte herido, pero tenía que dejar de pensar en ti, asegurarme de que no volvería a extralimitarme. —Retiró mi mano de su mejilla y se volvió para contemplar de nuevo la ciudad. Las luces se reflejaban en sus ojos, todavía húmedos—. Lamento lo de las mujeres, Violetta. No debí herirte de esa forma. No quería hacerlo... Bueno, en parte quizá sí quería...
Lo interrumpí.
—No tienes que... Ya me has pedido perdón por eso, León.
—Lo sé. —Se volvió de nuevo hacia mí, y observé que estaba a punto de derramar otra lágrima—. Estaba convencido de que lo había estropeado todo. Pero tú no me querías, no como te quería yo..., y no tuve valor para dejarte. Hice lo único que sabía hacer, lo único que he hecho siempre para eliminar el dolor. —Sacudió compungido la cabeza, y la lágrima se deslizó por su mejilla—. Para sentirme... amado —murmuró.
—Las mujeres —dije, observando el dolor que traslucía su rostro.
—Sí. —Tenía una expresión sombría y desolada, como si acabara de confesar haber cometido múltiples asesinatos en lugar de ser un joven sin compromiso que se acostaba con mujeres que se arrojaban a sus brazos.
—Con montones de mujeres. —Añadí una nota de sarcasmo, confiando en animarlo un poco.
—Sí..., lo siento. —Sus labios se curvaron hacia arriba durante una fracción de segundo.
—Está bien. Bueno, no está bien, no deberías utilizar a las personas..., pero creo que lo entiendo.
Me miró bajando un poco la frente, mostrando una adorable expresión de esperanza en su rostro. No pude resistirlo más. Me incliné hacia él y lo besé durante un momento.
—¿Y bien? —me preguntó, retirándose apresuradamente.
—¿Qué? —pregunté, confundida y un poco irritada. No había terminado de besarlo. Nunca terminaría de besarlo.
Él esbozó una media sonrisa encantadora.
—¿Tenía yo razón? ¿No me utilizaste?




León es un amor no creen

Jany

Unreflecting - Capitulo 108

Capitulo 108

"Hasta Que Te Conocí"

Me aparté y pregunté casi sin atreverme:
—¿Alguna compañera de piso? —Sabía bien que yo no era la única compañera de piso con la que se había acostado. No estaba segura de querer que me contara lo suyo con... Joey, pero me picaba la curiosidad.
Me miró por el rabillo del ojo y sonrió con timidez.
—Lamento que Diego mencionara eso. Debiste pensar que yo era un monstruo. A veces no comprendo por qué te acercaste a mí. —Arrugué el ceño y meneé la cabeza, pero él suspiró y se apresuró a explicarme—: Nunca hubo nunca nada entre Joey y yo excepto sexo. —Alzó la vista, como si tratara de hallar las palabras adecuadas para explicármelo—. A Joey le gustaba que la adoraran. Cuando comprendió con claridad que su cuerpo no era mi único templo, me montó una escena melodramática. —León torció el gesto y se encogió de hombros—. Se largó indignada con el tercer niño bonito que pasó, según creo.
Se detuvo de nuevo y se volvió hacia mí, tomando mis manos en las suyas.
—Sé que me he pasado con las mujeres, pero nunca he sentido por ninguna lo que siento por ti. Y nunca he notado que ninguna sintiera por mí lo que noto que tú sientes por mí.
Tragué saliva para aliviar la emoción que me atenazaba la garganta y lo besé de nuevo con dulzura. Luego, me aparté y lo miré a los ojos, rebosantes de amor.
—¿Y lo de Tomas y yo..., nuestra relación? —pregunté, sintiendo que empezaba a perderme en sus intensos e increíbles ojos verdes.
—Sí... eso. —Seguimos caminando junto a la barandilla circular mientras él balanceaba mi mano al tiempo que trataba de retomar el hilo de sus pensamientos—. Supongo que al principio me sentí intrigado. Nunca había visto nada semejante. Una relación tan cálida, tierna y... auténtica. Y el hecho de que hubieras atravesado medio país para estar junto a ese chico... No conozco a nadie que haría eso por mí. Las personas que conozco no tienen este tipo de relaciones, y por supuesto mis padres jamás...
—Ya...
Dije, observando que su rostro se ensombrecía.
Se mordió el labio y miró a través de las ventanas.
—Convivir contigo, viéndote con Tomas día tras día... Empecé a desear lo que tenían ustedes. Dejé —me miró sonriendo— de enrollarme con putas, como dices tú. —Sonreí y él se rió, pero enseguida arrugó el ceño—. Pero, por desgracia, empecé a enamorarme de ti. Al principio no lo comprendía. Comprendía que hacía mal en experimentar esos sentimientos por ti. Estaba claro que eras la chica de Tomas. No siempre me han importado las relaciones que pudieran tener los demás, pero Tomas es muy importante para mí. El año en que se alojó con nosotros... fue el mejor de mi vida. —Me miró esbozando una cálida sonrisa y murmuró—: Bueno, hasta este año.
Le devolví la sonrisa y lo besé en la esquina de la barbilla. Sentí una sensación muy reconfortante. Era maravilloso poder besarlo abiertamente, cuando me apeteciera. Le apreté la mano y me apretujé contra él mientras contemplaba la vista panorámica de la ciudad.
—Cuando me enamoré de ti... fue distinto a todo lo que había conocido antes. Fue casi instantáneo. Creo que empecé a enamorarme de ti en el momento en que me estrechaste la mano. —León se rió al recordarlo y me dio un golpecito cariñoso en el hombro mientras yo me sonrojaba—. Fue muy potente. Yo sabía que estaba mal, pero era como una adicción. —Se detuvo, hizo que efectuara un giro mientras me sostenía la mano y me atrajo de nuevo hacia él, cogiéndome por la cintura y abrazándome con fuerza—. Eres como una adicción para mí. —Me besó con dulzura.
Me miró sonriendo, con sus ojos llenos de amor.
—A veces pensaba que tú también me querías, y todo era perfecto. —De pronto arrugó el ceño—. Pero la mayor parte de las veces era evidente que lo amabas a él, y una parte de mí deseaba morirse. —Se detuvo, observando mi reacción de asombro ante ese comentario—. Traté con todas mis fuerzas de mantenerme alejado de ti, pero me inventaba excusas para tocarte, para abrazarte —sonrió tímidamente y desvió la mirada—, para casi besarte mientras mirábamos una película porno. Dios, no imaginas el esfuerzo que me costó apartar la cabeza.
Me eché a reír, avergonzada al recordar el incidente.
Cerró los ojos y meneó la cabeza.
—Después de la primera vez, te estreché entre mis brazos durante horas..., sintiendo tu calor, tu aliento sobre mi piel. —Abrió los ojos y observó de nuevo mi expresión de sorpresa—. Mientras dormías, pronunciaste mi nombre una vez. Eso me hizo sentir..., fue casi tan gratificante como el sexo. —Sonrió de forma maliciosa y yo me reí, sintiendo que me sonrojaba.
Suspiró y desvió la mirada.
—Ojalá hubiera sido lo bastante fuerte para quedarme..., pero no lo fui. Me acobardé. No podía decirte lo que acababa de descubrir. —Me miró de nuevo con tristeza—. Que te amaba locamente.
Pasé los dedos a través del pelo de su cogote, deseando ser capaz de decir algo profundo.
—León..., yo...
Él prosiguió, sin dejarme concluir la reflexión que de todos modos no había formulado.
—Cuando volviste con él decidí marcharme. Después de haber estado contigo..., era muy duro verte con él. Ver que lo amabas como yo quería que me amaras a mí. Me enfurecí. Lo lamento profundamente.
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas al recordar ese episodio, y lo abracé con fuerza. No me había dado cuenta. Creía que yo era otra conquista para él. Lo había lastimado... profundamente.
—Soy yo quien debe pedirte perdón, León.... —Mi voz se quebró.
Él suspiró y bajo la vista, sonriendo.
—Luego, cuando por fin hice acopio del valor suficiente para marcharme..., me pediste que me quedara, y empecé a albergar alguna esperanza. Empecé a pensar que quizás... al menos me querías. —Me miró esbozando una media sonrisa durante un segundo—. Parecía que deseabas realmente que me quedara.
Me sonrojé de vergüenza al recordar lo desesperadamente que había deseado que se quedara. Sonrió al comprobar mi reacción y luego se puso serio.
—Probablemente no me oíste, pero esa noche te dije que te amaba. Se me escapó sin que pudiera evitarlo.
[Flashback]
 Luego masculló algo incomprensible contra en mi cuello. Sus palabras, su tono y su cálido aliento sobre mi piel me provocaron una especie de descarga eléctrica que me recorrió el cuerpo, y lo abracé con más frenesí.
[Fin del flashback]
#Dato/ es el capitulo 40. Sigan leyendo
—León, yo...
Pero él me interrumpió.
—Luego rompiste a llorar por Tomas, y sentí de nuevo ganas de morirme. —Noté que rodaban más lágrimas por mis mejillas por haberlo lastimado de nuevo. Él observó mis lágrimas con gesto pensativo—. Esa noche fue... muy intensa para mí. Después deseé estrecharte entre mis brazos, pero tú estabas tan disgustada..., parecías sentirte mal. —Tragó saliva para aliviar el nudo que tenía en la garganta—. Yo había hecho que te sintieras mal. Te parecía horrible lo que habíamos hecho, que para mí había representado mucho. —Me miró por el rabillo del ojo, y volvió un poco la cabeza—. A partir de ese momento te odié.
Las lágrimas seguían deslizándose por mis mejillas, y me sorbí la nariz. Él suspiró y desvió la mirada—. Esa noche estuve a punto de marcharme... Deseaba hacerlo... —Se volvió de nuevo hacia mí y apoyó las manos en mis mejillas. Su expresión se suavizó y fijó los ojos en los míos, mirándome con adoración. Sentí que mis lágrimas se secaban al ver su rostro perfecto contemplando el mío—. No pude dejarte. Recordé la expresión de tu rostro cuando te dije que iba a marcharme. Nadie me había mirado nunca de esa forma. Nadie había llorado nunca por mí. Nadie me había pedido nunca que me quedara..., nadie. Me convencí de que me amabas. —Sacudió la cabeza y sonrió—. Entonces comprendí que me quedaría contigo..., aunque me hiciera daño.




Abdkjabdkjbajh lo amaron??? Bue, dedicado a una persona muy especial que siempre esta ahi cuando la necesito y me conoce mejor que nadie en este mundo entero, ella es mi ángel guardian, mi hermanita y mi más grande orgullo... @Mony_santanaA Te amo mi Nora hermosa!! mi Faustita de la vida!!

Jany

Unreflecting - Capitulo 107

Capitulo 107

"Amor"

Por mi mejilla se deslizó otra lágrima.
—¿Cómo te enteraste sobre... sobre el mejor amigo de tu padre?
León se volvió hacia mí y suspiró.
—Por mi madre. Ella me contó la verdad. —Me enjugó una lágrima de la mejilla—. Supongo que mi... padre donante de esperma... se quitó de en medio cuando ella le dijo que estaba embarazada. No volvió a verlo. Le destrozó el corazón..., y ella me odió por ello. —León ladeó la cabeza mientras observaba el horror que se pintaba en mi rostro—. Creo que me odiaba incluso más que mi padre —murmuró.
Por mi rostro seguían rodando las lágrimas y volví a besarlo en la mejilla. Él me abrazó sin fuerzas.
—¿No le contaste a tu padre la verdad? Quizá se habría mostrado...
Pero él me interrumpió.
—No me habría creído, Violetta. Me odiaba. Sólo habría conseguido que me hiciera un daño brutal, lo cual traté de evitar. —Me aparté para mirarlo, apartándole un mechón de pelo de la frente mientras él continuaba—: De todos modos, debía de saberlo.
Pestañeé, sorprendida.
—¿Por qué?
Sonrió de nuevo con tristeza.
—Me parezco al mejor amigo de mi padre..., soy idéntico a él. Quién sabe, quizá me odiaba por eso... Como mi madre.
Sentí un profundo rencor contra esas personas que lo habían criado sin cariño.
—Tú eras inocente. No tenías culpa de nada. —No pude reprimir mi tono airado.
Me acarició el pelo y las mejillas.
—Lo sé, Violetta. —Me besó—. Nunca le había contado esto a nadie. Ni a Broduey, ni a Tomas... A nadie.
Me conmovió que me hubiera confiado algo tan personal, pero no comprendía qué tenía eso que ver con todas esas mujeres... y conmigo.
—¿Por qué me lo has contado a mí? —pregunté con suavidad, confiando en que mi pregunta no le pareciera una grosería.
Pero él me sonrió con calidez.
—Porque quiero que lo comprendas. —Bajó la mirada y dijo con tono quedo—: ¿Te imaginas crecer en un hogar lleno de odio? —Alzó la vista para mirarme con una sonrisa apenada y me acarició de nuevo la mejilla—. No, supongo que estabas rodeada de cariño...
No pudiendo soportar su sonrisa de tristeza, me incliné hacia él y lo besé. Él me miró sonriendo con cariño, tras lo cual se enderezó y me tomó de la mano.
—Anda, vamos —dijo señalando la barandilla, y echamos a andar junto a ella, admirando la hermosa ciudad. Pero mis ojos apenas se apartaban de los suyos, mientras él miraba con expresión ausente a través de las ventanas del observatorio. Seguía absorto en sus pensamientos. Había más detalles que quería contarme.
Después de avanzar unos pasos en silencio, dijo por fin:
—De niño era muy callado. Muy reservado. Apenas tenía amigos. —Sonrió con ironía—. Tenía mi guitarra, que era mi mejor amiga. —Sacudió la cabeza y soltó una carcajada—. Dios, era patético.
Le apreté la mano y me detuve, apoyando la otra en su mejilla para obligarlo a mirarme.
—León, tú no eras...
—Sí lo era, Violetta —me interrumpió, besándome la mano después de retirarla de su mejilla. Siguió andando y dijo—: Debo aclararte que me sentía patéticamente solo. —Me miró sonriendo mientras yo arrugaba el ceño—. Y un día..., por casualidad, te lo aseguro... —miró con gesto pensativo a través de la ventana, que ahora mostraba una vista casi completa de las oscuras aguas del Sound—, descubrí algo que hizo que me sintiera por primera vez... querido, atendido... casi amado —concluyó casi en un murmullo.
—¿El sexo? —pregunté en voz baja.
—Mmm... —Él asintió con la cabeza—. El sexo. En aquel entonces, era muy joven —sonrió y meneó la cabeza—, lo cual supongo que ya habías deducido. —Me sonrojé un poco al recordar la conversación que habíamos mantenido sobre su cama—. Probablemente demasiado joven, pero no pensé que fuera algo... malo. Sentí por fin que alguien me quería. Empecé a... —Desvió la vista—. Empecé a tratar de experimentar de nuevo esa sensación cada vez que podía. Incluso entonces me resultaba increíblemente fácil. Siempre había una mujer dispuesta, y no me importaba quién
fuera, quién deseara estar conmigo. Estaba obsesionado con ello..., con experimentar esa sensación. Quién sabe, quizá todavía...
Se detuvo y me miró con gesto preocupado.
—¿Tienes ahora una peor opinión de mí?
No comprendía cómo se lo podía culpar por buscar algún tipo de cariño, viviendo la vida que le había sido impuesta. Apoyé la mano en su brazo.
—León, eso no puede hacer que piense peor de ti.
Se rió y comprendí lo mal que había sonado mi respuesta. Desvié la mirada, abochornada.
—Ya sabes a qué me refiero.
Se rió por lo bajo.
—Eres realmente adorable.
—¿Cuántos años tenías? —pregunté, principalmente para disimular mi bochorno.
Suspiró.
—Doce —confesó—. En defensa de la chica, le dije que tenía catorce. Ella lo creyó. Aunque no creo que le importara.
Lo miré boquiabierta. Me apresuré a cerrar la boca y sonreí. La idea de la forma desesperada en que debía de anhelar un poco de ternura hizo que se me saltaran las lágrimas. Él escrutó mi rostro al tiempo que una expresión preocupada se pintaba en su semblante perfecto. Deseando consolarlo, me incliné hacia él y le di un beso rápido y tierno. Él sonrió y se relajó, observándome durante unos minutos.
—¿De modo que utilizas a las mujeres para... sentirte amado? —pregunté con tono quedo.
Bajó de nuevo la mirada, avergonzado.
—Entonces no me daba cuenta. Ni siquiera pensaba en ello, hasta que te conocí a ti. No comprendía por qué me parecías tan distinta de las otras. Ahora sé que no está bien... —Alzó la vista y me miró—. Pero era algo que hacía me sintiera menos... solo. —Sentí que otra lágrima me rodaba por la mejilla, y él la enjugó—. En cualquier caso..., nadie se ha parado a pensar que ellas también me utilizaban a mí. No sienten el menor afecto por mí. —Seguimos caminando mientras él contemplaba la vista de la rutilante ciudad, que aparecía de nuevo al otro lado del río.
Escruté su rostro pensativo y no pude evitar sentirme culpable de haberlo utilizado también yo en cierta ocasión. Pero supuse que no todas sus relaciones con mujeres habían sido superficiales.
—¿No te has enamorado nunca? —pregunté con timidez.
Él me miró con una media sonrisa que hizo que mi corazón se acelerara.
—No..., hasta que te conocí a ti. Y nadie se había enamorado de mí.
Sin dejar de observarlo mientras caminábamos en silencio, traté de comprender por qué ese hombre tan increíblemente bello no se había enamorado nunca. No tenía sentido. Era imposible que un hombre tan guapo, inteligente, divertido, seductor y espectacular... no hubiera conocido nunca el amor.
—Pero alguna chica...
—No —me cortó—. Sólo era sexo..., nunca amor.
—¿Ni siquiera una novia en el instituto?
—No. Solía frecuentar a... mujeres mayores que yo. Ellas no buscaban... amor. —Sonrió con ironía, y no comprendí muy bien a qué se refería con eso.
—¿Ni siquiera una ingenua camarera?
Me miró sonriendo
—Repito, antes que tú no hubo nadie que me quisiera.
—Quizás una de tus admiradoras... —apunté con timidez. Sabía por experiencia cuánto lo adoraban.
Se rió de buena gana.
—Te aseguro que no, ése es el sexo más falso. Les importa un bledo cómo soy en realidad. Ni siquiera están conmigo cuando... están conmigo. Están con la imagen de la estrella del rock que se han formado de mí, pero yo no soy así. En todo caso, no soy únicamente eso.
Sonreí y lo besé con ternura en la barbilla. No, era mucho más.





Sin palabras....

Jany