jueves, 26 de febrero de 2015

Unreflecting - Capitulo 144

Capitulo 144

"Despedir"

Lo miré estupefacta y arrugué el ceño con tal fuerza que la cabeza me dolió. Sus ojos oscuros observaron mi confusión.
—Le di una paliza de muerte, Violetta. Lo golpeé hasta dejarlo inconsciente. Pude haberlo matado..., pude haberos herido gravemente a los dos. La gente va a la cárcel por eso. Pero no es mi caso. Pronto abandonaré el país, y la única razón de que pueda hacerlo es... porque León me ayudó.
—No entiendo —dije meneando la cabeza.
Él sonrió con dulzura y su rostro se relajó.
—Lo sé. —Acarició la piel de mi mano con sus dedos y me relajé al comprobar que su ira empezaba a remitir—. Cuando caíste al suelo herida, cuando nos aseguramos de que aún respirabas, de que seguías viva —se encogió de hombros—, León me obligó a que me marchara.
—¿A marcharte?
Tomas asintió y sonrió con tristeza.
—Yo no quería. Quería ayudarte. Quería hacer algo, lo que fuera. Pero él me gritó..., me dijo cosas muy desagradables, y me dijo que si no me marchaba me detendrían. —Volvió la vista hacia los oscuros ventanales, que parecían haberse oscurecido más, como si él absorbiera su negrura—. Estabas tan pálida..., parecías tan menuda..., apenas respirabas. Él te estrechó con fuerza entre sus brazos, y yo quería ser quien...
Emitió un suspiro y cerró los ojos.
—Me convenció de que debía marcharme y pedir auxilio, y que cuando llegaran los sanitarios, les diría que tú y él habíais sido víctimas de un asalto. Que le habían dado una paliza y que cuando trataste de ayudarlo, te atacaron a ti. —Suspiró y volvió a fijar sus ojos en los míos, que lo miraban asombrada—. Incluso me dio su cartera para que pareciera real. —Sacudió la cabeza y se volvió de nuevo hacia las ventanas—. Todo el mundo lo creyó. Al cabo de un rato, me presenté en el hospital y nadie me preguntó nada.
Me miró, y vi en sus ojos un inmenso dolor y sentimiento de culpa.
—Es como si gracias a él me hubiera ido de rositas después de haberos herido gravemente a los dos. —Bajó la vista y derramó una lágrima sobre la sábana. Automáticamente, le enjugué la mejilla con los dedos y él alzó la vista hacia mí—. Eso hace que me sienta fatal.
Yo negué con la cabeza.
—No debes sentirte así. Él tenía razón. Ya has sufrido bastante debido a nuestros errores. No habría sido justo que lo perdieras todo porque nosotros te indujéramos a... a... —No pude reprimir que mis ojos volvieran a llenarse de lágrimas, ni tampoco la necesidad de abrazarlo. Le arrojé los brazos al cuello y él se tensó, pero al fin se relajó y me abrazó también—. No sabes cuánto lo siento, Tomas.
Él suspiró entrecortadamente y me acarició la espalda.
—Lo sé, Violetta. —Me abrazó con fuerza contra él y sentí que su cuerpo temblaba—. Yo también lo siento. Lo siento mucho.
Dejó que permaneciera abrazada a él durante buena parte de la noche, hasta poco antes de que amaneciera. Mientras nos pedíamos perdón una y otra vez por el daño que nos habíamos hecho, el uno al otro, nos dormimos abrazados, y a la mañana siguiente tuve la certeza de que, aunque no volveríamos a tener lo que habíamos tenido, siempre estaríamos conectados de alguna forma. Y sentí un inmenso consuelo.


Bue... Poco a Poco se acaba...

ULTIMOS CAPITULOS

Jany

Unreflecting - Capitulo 143

Capitulo 143

"Favores"

—No fue así, Tomas.
Yo quería explicárselo, convencerlo, pero no había gran cosa que decir. No podía decirle que yo había iniciado todo lo que había ocurrido entre León y yo. Que León no merecía que estuviera furioso con él, porque había sido yo quien había iniciado el contacto entre ambos..., y que él se había enamorado de mí. Al margen de las buenas intenciones que yo hubiera tenido al principio, cuando Tomas se había marchado, en cierto momento le había traicionado, incluso antes de acostarme con León.
Y, lo que era peor, yo también me había enamorado de él. Ni siquiera estaba segura de cuándo me había enamorado de León. Quizá fue durante nuestro primer y torpe encuentro en el pasillo, quizá fue la primera vez que lloré en sus brazos, quizá fue cuando me dijo que era bonita o quizá fue la primera vez que le oí cantar esa canción que me había conmovido tanto. Lo único que sabía con certeza era que me había enamorado perdidamente de él, y que ese dolor incrementaba el que sentía ahora al observar el evidente sufrimiento que expresaban los ojos de Tomas.
—Cuando os vi a los dos en el aparcamiento..., cuando vi la pasión que había entre vosotros..., lo odié con toda mi alma. Lo odié por lo que me había arrebatado. Quise acabar con él por tratarte como a una de sus fans. —Tomas sacudió la cabeza y me interrumpió cuando traté de protestar—. No se me ocurrió que pudiera estar enamorado de ti. No se me ocurrió que tú estuvieras enamorada de él. No se me ocurrió culparte por lo ocurrido. Te tenía en un pedestal...
Asentí con la cabeza y bajé la vista, sintiendo que las lágrimas afloraban a mis ojos, amenazando con derramarse. No era digna de estar en un pedestal, y, a juzgar por la expresión que vi en sus ojos al decir eso..., supuse que ahora quizá coincidiría conmigo. En voz baja, y sintiéndome como una estúpida, le confirmé que no debía seguir teniendo esa opinión sobre mí.
—Es cierto. Estábamos enamorados..., y ninguno de los dos queríamos lastimarte.
Él agachó la cabeza.
—Lo sé. Creo que ahora lo sé. —Me acarició la mano con sus dedos, trazando inconscientemente unos dibujos sobre mi piel mientras reflexionaba. Por fin dijo—: La pelea... fue como si... —Alzó la cabeza y me miró—. Me sentía como si estuviera fuera de mi cuerpo presenciando una espantosa película que no podía detener. Ni siquiera recuerdo todo lo que dije o hice. Fue como si durante unos segundos hubiera abandonado mi cuerpo.
Asentí y desvié la vista, disgustada conmigo misma por lo que le había inducido a hacer. Al percibir la tensión en su voz, me volví para mirarle.
—Lo único que sentía era odio. Estaba fuera de mis casillas. —Sus ojos escrutaron los míos mientras hablaba, posándolos de vez en cuando en mi lesión de la cabeza, como si no quisiera olvidar que él era el culpable—. No podía controlar lo que hacía mi cuerpo. Sólo quería hacerle daño—. Suspiró de nuevo y fijó la vista en el techo—. Creo que me volví loco.
Cerró los ojos y negó con la cabeza.
—Estuve a punto de perderlo todo..., todo. —Abrió de nuevo los ojos, y, al ver su gesto de consternación, me quedé perpleja—. Gracias a León en estos momentos no estoy detenido y acusado de agresión.

Tan, tan, tan!! XD

ULTIMOS CAPITULOS

Jany

Unreflecting - Capitulo 142

Capitulo 142

"Fallar"

Ladeé la cabeza, completamente confundida.
—No entiendo...
Él suspiró y suavizó la expresión de su rostro.
—No pensé en las consecuencias que podía tener que nos alojáramos en su casa. En lo atractivo que les parece a las mujeres. Incluso en el instituto, no tenía más que mirar a una chica y ésta... —Tomas suspiró de nuevo, mientras sentí que me sonrojaba un poco—. Ni siquiera pensé en lo tentador que podía parecerte a ti. No se me ocurrió que eso pudiera tener importancia, porque lo nuestro era tan... —Cerró los ojos al tiempo que los míos se llenaban de lágrimas. En ese momento, me odié por lo que le había hecho. Alargué la mano que tenía libre para tocarle la mejilla, pero cuando él abrió los ojos me detuve y la dejé de nuevo en mi regazo. Él sostuvo mi mirada con serenidad—. Cuando me di cuenta de lo que pasaba, comprendí que jamás podría competir con él.
Sus palabras me sorprendieron y arrugué el ceño. ¿Competir con León? No tenía que hacerlo. Yo siempre lo había deseado a él. Bueno, quizás una parte de mí no lo deseaba. Él observó mi expresión de desconcierto.
—Cuando empecé a juntar las piezas, las miradas que había pillado entre vosotros, las caricias a las que no había dado importancia, lo distante que te mostrabas conmigo, lo triste que parecías cuando él no estaba presente..., comprendí que iba a perderte, si no te había perdido ya. Sabía que no podía competir con... —Puso los ojos en blanco y meneó la cabeza, fijando la vista en las
sábanas de mi cama— posiblemente el hombre más atractivo del Pacífico Noroeste.
—Tomas..., yo...
Pero él me interrumpió.
—Estaba furioso con él. —Alzó la vista y me miró; luego observó sus manos, que seguían sosteniendo una de las mías—. Era como si supiera que no podrías resistirte a su encanto, de modo que dependía de él..., y me falló. —Yo volví a bajar la vista en el preciso momento en que él alzó la suya, y nuestras miradas se cruzaron—. Creo que por eso le pedí en el aeropuerto que se mantuviera alejado de ti. No es que pensara que fueras a traicionarme..., confiaba en ti, pero siempre que él guardara las distancias. —Se encogió de hombros—. León consigue a todas las chicas que persigue, y yo sabía que te conseguiría si se lo proponía, y no podía competir con él.


Tomas me da pena XD
ULTIMOS CAPITULOS

Jany

Unreflecting - Capitulo 141

Capitulo 141

"Lagrimas"

Me tragué las lágrimas mientras nos miramos en silencio. La calidez que me transmitía su mano me tranquilizó, y al fin pude mirarlo sin llorar. Él sonrió de nuevo al ver que mis lágrimas se habían secado.
—He visto tu nuevo apartamento —dijo en voz baja—. Creo que te gustará. Tu hermana tiene buen gusto.
Lo miré con gesto interrogante.
—¿Lo has visto? —Él asintió y le apreté la mano con más fuerza—. ¿De qué hablaron Anna y tú ayer?
Tomas bajó la vista y sacudió la cabeza.
—Está enfadada conmigo... —alzó la cabeza y me miró—... por haberte herido. —Durante unos instantes, sus ojos reflejaban una expresión angustiada, y miró de nuevo mis contusiones antes de proseguir—. Me llamó de todo. —Arqueó una ceja—. En ocasiones emplea un vocabulario increíble.
Su comentario me hizo sonreír y él sonrió también divertido, mostrando una expresión más animada de lo que había observado en él en mucho tiempo.
—En cualquier caso, cuando terminó de insultarme, me pidió que la ayudara a trasladar tus cosas. Yo también tenía que trasladar las mías —añadió encogiéndose de hombros—, de modo que accedí. Terminaremos de hacerlo esta noche, y Anna consiguió unos muebles de Diego, Cami, Ludmila..., de todos los que pudieron cederle algunos. —Alargó una mano casi tímidamente para recogerme un mechón detrás de la oreja—. Podéis mudaros cuando queráis.
Procuré ver el lado positivo del asunto y traté de sonreír, pero lo único que sentí fue dolor al tener que abandonar una casa en la que, hasta que las cosas se complicaron, me había sentido muy feliz. Tomas pareció percatarse de mi melancolía y me acarició la mejilla con dulzura, antes de retirar la mano y apoyarla de nuevo en sus rodillas.
—¿Y tú? ¿Dónde te alojarás mientras... estés aquí? —pregunté con voz temblorosa.
—Me he mudado a casa de Sam. Se ha portado muy bien conmigo. Llevo varios días durmiendo en su sofá. —Se pasó una mano por el pelo y sonrió irónicamente—. No podía seguir en casa de León. Mi paciencia tiene un límite.
—¿Cómo es que ustedes...? —No terminé mi pregunta, pues no quería provocar su ira sacando el tema. Aunque probablemente estaba siempre presente, por más que tratara de eludirlo.
Pero él insistió:
—¿Qué ibas a preguntarme? ¿Cómo es que no nos atacamos mutuamente? ¿Cómo es que no nos gritamos y montamos un follón cada vez que nos vemos? ¿Cómo es que nos comportamos de forma civilizada?
Yo me encogí de hombros, temerosa. Él me miró un momento y me pareció ver ira en sus ojos, pero no estaba segura. Cuando habló de nuevo, lo hizo con voz controlada pero su acento era más marcado de lo habitual.
—Anoche pude haberte matado..., y no quiero pensar siquiera en esa pesadilla. Pero..., a pesar de lo que hice, la situación podría ser mucho peor para mí de lo que es. Y se lo debo a León.

:O
ULTIMOS CAPITULOS!!!

Jany

Unreflecting - Capitulo 140

Capitulo 140

"Arrepentimientos"

Diego llegó al cabo de un rato de haberse marchado Ludmila y Cami , lo cual me sorprendió. Como es natural, deduje que en realidad había venido a recoger a Anna. Me abrazó, y de paso trató de meterme mano. Yo le agradecí su amabilidad, pero no que tratara de propasarse. Mi hermana le dio una palmada en el trasero y le riñó en broma por tratar de meterme mano. Él puso cara de inocente, la abrazó y le dio un beso de tornillo. Abrazados y haciéndose arrumacos, se despidieron para ir, según dijo Diego, «a bautizar el nuevo apartamento». Confié en que no se les ocurriera utilizar la habitación destinada a mí.
Cuando se marcharon, el médico pasó a verme y, satisfecho de mi mejoría, dijo a las enfermeras que podían desconectar el maldito aparato y retirarme el gotero. Mientras tomaba una cena de lo más insulsa, deseé sentirme tan recuperada como el médico había tratado de convencerme que estaba. Cuando terminé de cenar, Susie entró de nuevo para ver cómo estaba y luego me dejó tranquila. El silencio de la habitación era abrumador.
El espacio estaba bien iluminado, pero la oscuridad de la noche invernal parecía filtrarse a través del amplio ventanal, casi como si esa negrura me robara el calor y la luz. Contemplé las siniestras ventanas durante lo que me parecieron horas, observando cómo la oscuridad se espesaba y hacía más intensa. Tirité un poco y me arrebujé bajo las mantas. Tenía frío y me sentía sola. La culpa y los remordimientos no dejaban de atormentarme, haciendo que me doliera la parte de la cabeza en la que tenía el golpe. Cuando empecé a preguntarme si sería capaz de soportar esa situación, oí un suave acento que me habló desde la puerta.
—Hola. ¿Cómo te sientes?
Aparté los ojos de la ventana y me enjugué una lágrima que me rodaba por la mejilla sin que yo me diera cuenta. Vi a Tomas apoyado contra el marco de la puerta. Tenía los brazos cruzados y un pie apoyado en la pared, como si llevara largo rato mirándome. Sonrió con dulzura, una versión más reducida de su sonrisa de despistado que solía animarme. Pero aquel día hizo que rompiera a llorar a lágrima viva.
Al instante, avanzó hacia mí pero se detuvo antes de alcanzar mi cama, con el rostro crispado en un rictus de dolor. Se volvió hacia la puerta y, a través de mis lágrimas, vi una figura borrosa que retrocedía hacia el pasillo. No pude ver su silueta debido a mi nublada visión, pero sabía quién era. Sabía que León había vuelto a subir allí, por más que quisiera mantenerse alejado de mí. Al igual que antes, habíamos regresado a una política de no tocarnos· Sólo que ahora era peor, porque manteníamos también una política de no vernos.
No pude reprimir un sollozo, que, al parecer, hizo que Tomas se decidiera. Cruzó la breve distancia hasta mi cama y se sentó junto a mí, tomándome la mano y sosteniéndola en la suya. Fue un gesto sencillo, y más afectuoso de lo que yo estaba acostumbrada a recibir de él cuando estaba disgustada, pero comprendí que era cuanto estaba dispuesto a concederme. Le apreté la mano, gozando del confort que ésta me proporcionaba.
—No llores, Violetta..., todo se arreglará.
Me sorbí la nariz y traté de calmarme, detestándome por el hecho de que este hombre tan maravilloso que estaba a mi lado me consolara a mí, cuando yo lo había destruido a él. Me parecía injusto. Él era quien debía gritar y protestar, llamarme puta y salir de la habitación dando un portazo, para no volver a mirarme a la cara.
Pero..., Tomas no era así. Era una persona amable y bondadosa, casi excesivamente. Y, por la forma en que no apartaba los ojos de mi magullado rostro, comprendí que su constante presencia allí se debía al hecho de que se sentía culpable por haberme lesionado.

Se me había olvidado poner.... ULTIMOS CAPITULOS

Jany

Unreflecting - Capitulo 139

Capitulo 139

"Nuevo Departamento"

Tomas se quedó conmigo hasta que Anna regresó a última hora de la tarde. Lo abrazó con cierta frialdad, lo cual al principio me desconcertó. Anna solía ser más exuberante en sus afectos. Pero, cuando me miró, lo comprendí. Tomas me había hecho daño y eso le había restado puntos ante ella. Decidí explicárselo más tarde, puesto que técnicamente no había pretendido herirme, y no era justo culparlo por mi estúpido comportamiento. Tal como había dicho Anna, la idiota era yo.
Anna se volvió hacia mí y me habló con entusiasmo sobre nuestro nuevo apartamento y su nuevo trabajo... en Hooters. Suspiré y la escuché mientras me contaba que había conseguido que el casero nos lo alquilara por un precio irrisorio porque el viejo verde no dejaba de mirarle las tetas, y ella le había prometido un plato de alitas picantes gratis cuando se pasara por el restaurante. Eso selló el trato. Insisto, mi hermana es capaz de lograr que los hombres hagan lo que quiera.
Tomas se despidió de las dos con tono quedo y me besó en la frente antes de marcharse, sin apartar la vista del lado magullado de mi rostro. Cuando llegó a la puerta y yo sentí que se me encogía el corazón, oí decir a mi hermana «espera», tras lo cual salió al pasillo
con él. Yo no podía adivinar de qué hablaban, pero estuvieron allí unos veinte minutos. Cuando Anna volvió a entrar y le pregunté de qué habían hablado, se limitó a sonreír. Picada por la curiosidad, pero cansada, lo dejé estar. Quizás habían resuelto sus diferencias y, a partir de ese momento ella se mostraría más amable con él. Tomas no tenía la culpa de mis lesiones.
Mi hermana se quedó durante largo rato, y luego, al ver que se mostraba inquieta, le dije que si quería podía ir a... visitar a algún amigo. Ella sonrió con aire pícaro y me dijo que regresaría al día siguiente por la tarde. Yo estaba segura de que había planeado ir a ver a Diego. Me alegré de que lo encontrara atractivo en un sentido un tanto singular, por más que yo no lo entendiera. Sobre todo ahora que tenía una imagen espantosamente descriptiva de la historia entre ambos.
Anna regresó al día siguiente por la tarde y me contó con todo lujo de detalles la larga noche que habían pasado juntos. Si yo tuviera que reconocerle a Diego algún merito, sería su increíble resistencia. Al cabo de un rato, vinieron otros amigos a verme. Maxi y Broduey aparecieron juntos y me abrazaron brevemente. Parecían sentirse un tanto incómodos, pero querían mostrarme su apoyo viniendo a verme. Broduey parecía sentirse culpable, como si lamentara no haber estado en el lugar de los hechos o quizá por haberle contado algo a Tomas. Cuando se disponía a marcharse, le aseguré que no había hecho nada malo. Hizo lo que León le había pedido que hiciera, y no lo considerábamos responsable de nada. Él asintió, y, con una sonrisa de satisfacción que iluminó su orondo semblante de oso de peluche mientras me abrazaba con cuidado, murmuró que se alegraba de que me hubiera recuperado.
Ludmila y Cami aparecieron juntas antes de ir a trabajar, y los ojos de Ludmila se llenaron de lágrimas al contemplar mi magullado rostro. Me abrazó cariñosamente mientras repetía una y otra vez que se alegraba de que estuviera bien, que todos los colegas en el bar de Pete se alegraban de mi recuperación y que tenían ganas de que volviera al trabajo.
Al fin, la obligué a soltarme y vi que caía otra lágrima por su mejilla.
—Lud.. No puedo volver al bar de Pete.
Sus ojos marrones me miraron con estupor.
—Pero... ¿por qué, Vilu?
Sentí que mis ojos se humedecían.
—No puedo... estar... cerca de él.
En la habitación se hizo el silencio, como si todo el mundo hubiera captado el significado de mis palabras. Cami y Ludmila intercambiaron una mirada, y me pregunté si León aún estaba allí y Cami y Ludmila se habían tropezado con él abajo, al igual que mi hermana. A juzgar por la expresión en los ojos de Cami y el ceño arrugado de Ludmila, deduje que sí.
La falta de argumentos por parte de Ludmila no hizo sino confirmar mis sospechas.
—¿Adónde irás?
Sacudí la cabeza mientras las lágrimas resbalaban por fin por mi rostro.
—No lo sé. ¿Conoces a alguien que necesite a una camarera regular?
Ella sonrió con tristeza y me abrazó.
—Eres algo más que una camarera regular. Daré voces. El bar no será lo mismo sin ti..., te lo aseguro.
Sintiendo que no merecía sus elogios, me limité a asentir y le devolví el abrazo. Ella se apartó para mirarme y, enjugándose las lágrimas, dijo:
—Bueno, el hecho de que no sigamos trabajando juntas no significa que no sigamos siendo amigas.
Asentí de nuevo y me enjugué las lágrimas.
—Desde luego.


¿No aman la amistad de Violetta y Ludmila? <3

Jany

Unreflecting - Capitulo 138

Capitulo 138

"Hospital"

Permaneció tumbada en la cama junto a mí hasta que me sirvieron la comida. Entonces, se animó y me dijo que iría en busca de trabajo y un apartamento para nosotras, un apartamento coquetón con vistas al lago. Yo suspiré y me comí la insípida gelatina que me habían traído. De todas las personas que había en México, estaba convencida de que mi hermana era la que más probabilidades tenía de encontrar trabajo y un apartamento antes del anochecer. Me besó en la cabeza y me dijo que regresaría cuando tuviera buenas noticias. Yo estaba convencida de que volvería al poco rato.
Después de comer, dormí un rato, me desperté cuando la enfermera entró para ver cómo estaba, y volví a dormirme. No estaba segura de si mi somnolencia era un efecto secundario del accidente o si se debía a los medicamentos que me habían administrado o al hecho ineludible de que en estos momentos no quería enfrentarme a mi vida.
Pero la vida no estaba dispuesta a darme tregua. Tomas regresó por la tarde, y, al comprobar que tenía mejor aspecto —en todo caso, estaba menos grogui—, esbozó una breve sonrisa.
Se sentó en una silla junto a la cama, pero esta vez no a mi lado. Tuve la sensación de que quería distanciarse, prepararse para la ruptura definitiva que ambos sabíamos que iba a producirse. Sus ojos se detuvieron en el moratón de mi rostro, mientras conversamos sobre cosas importantes: había presentado su dimisión en la oficina, sus padres estaban encantados de que regresara a casa, y tristes de que yo no lo acompañara, y había decidido dejarme su coche porque no podía permitirse enviarlo a España en barco.
Esa última noticia me sorprendió, y él captó la expresión apenada que mostraba mi rostro.
—Sé que cuidarás de él, Violetta. —Su acento era dulce y cálido, y durante un momento, un segundo, lo eché de menos aunque estaba sentado junto a mí.
Yo quería hablar de cosas importantes: el accidente; la culpa que sabía que sentía cada vez que me miraba; la culpa que sentía yo cuando lo miraba a él; el cariño que sabía que existía aún entre nosotros, aunque fuera un cariño distinto; el asunto...
Pero no lo hice. Estaba demasiado cansada, demasiado débil, y no tenía valor para afrontar otra dolorosa conversación mientras seguía conectada a ese maldito monitor cuyos pitidos acabarían por hacerme enloquecer. En lugar de ello, conversamos sólo de temas sin demasiada importancia. Le conté que Anna lo había dejado todo para mudarse conmigo y que, en esos momentos, había ido en busca de trabajo y un apartamento. Él coincidió conmigo en que no tardaría en hallar ambas cosas.
Arqueó un poco las cejas cuando le dije que iba a instalarme con Anna, y deduje que quería preguntarme por León. Al margen de lo que hubieran hablado, supuse que León no le había dicho, o quizá ni él mismo lo sabía entonces, que iba a pedirme que abandonara el piso. Que iba también a romper conmigo. Pero Tomas no me preguntó nada. Quizá temía mi respuesta. Quizá se habría sentido tentado a quedarse si yo le decía que ya no había nada entre León y yo. Pero también era posible que el tema no le importara lo suficiente como para preguntarme nada al respecto.


Llego la desaparecida *Le aplauden* XD jejeje bue... estaba enferma, así que bue... Maraton!! XD

Jany