lunes, 21 de abril de 2014

Unreflecting - Capitulo - 6

Capitulo seis

"Primer Día De Trabajo"

Cuando llegamos al bar de Pete —justo pasado el vigésimo quinto semáforo—, de pronto comprendí que no tenía ni idea de qué hacer o adónde ir. Por suerte, la bonita rubia que nos había traído las cervezas la otra noche me recibió a la puerta, me dijo que se llamaba Ludmila y, tras saludar a León, me condujo hacia el pasillo. Éste daba acceso a un cuarto situado al fondo, frente a los lavabos.
El cuarto servía de almacén, con múltiples estantes en una
pared que contenían cajas de licor y cerveza, servilletas, sal, pimienta y demás artículos propios de un bar. Había un par de mesas adicionales apoyadas de costado contra otra pared, con una pila de sillas junto a ellas, y en otra pared había unas taquillas destinadas al personal. Ludmila me dio una camiseta que sacó de una de las cajas en los estantes. Me indicó cuál era mi taquilla y dónde debía fichar. Tomé la camiseta roja en la que ponía «Bar de Pete» y me cambié en el baño. De inmediato, me sentí más relajada. El hecho de presentar el mismo aspecto que el resto de los empleados del bar hizo que me sintiera como si formara parte del personal.
Cuando dije a Pete que había trabajado de camarera, exageraba un poco. Un verano había sustituido a mi hermana cuando ésta había decidido ir a «conocerse a sí misma», al margen de lo que eso significara. El pequeño diner donde trabajaba recibía aproximadamente la mitad de clientes que el bar de Pete en una noche cualquiera. Me sentí un poco aterrorizada.
Al salir del pasillo al cabo de un rato, vi a León bebiéndose una cerveza apoyado en el largo mostrador del bar. La camarera estaba inclinada sobre él mirándolo con expresión insinuante. Había recortado el escote de su camiseta roja del bar de forma que enseñaba el canalillo. León bebía su cerveza sin hacerle caso, y al verme sonrió.
Lo miré un poco mosqueada al ver su cerveza. Él captó mi expresión de disgusto.
—Lo siento. Rita se te ha adelantado —dijo sonriendo—. La próxima vez será.
La camarera, Rita, era una mujer madura, rubia —aunque dudé que fuera su color natural—, con una piel tan tostada que presentaba un aspecto un tanto ajado. Puede que de joven hubiera sido atractiva, pero el paso del tiempo no la había tratado bien. No obstante, seguía teniendo unos ojos preciosos y coqueteaba con descaro. Además, según averigüé esa noche, disfrutaba con su trabajo, y más aún relatando los sabrosos cotilleos que le contaban los clientes. Yo me sonrojé varias veces mientras llevaba a cabo mi turno escuchando las historias que me contaba, y me prometí no confiar jamás en una camarera de un bar de copas..., y menos en ésta.
Durante la noche, seguí a Ludmila como una sombra mientras apuntaba los pedidos de los clientes. Era un poco desconcertante, puesto que la mayoría de las personas que entraban en el bar eran clientes asiduos que pedían siempre lo mismo. Ella se acercaba a la mesa y decía: «Hola, Bill, ¿te sirvo lo mismo?» El cliente asentía con la cabeza y ella sonreía y se dirigía a la barra o a la cocina para transmitir el pedido que yo no había oído. Lo cierto es que me sentí un poco cohibida.
Ella observó mi gesto de preocupación.
—Descuida, ya le cogerás el tranquillo. Las noches entre semana suelen venir los clientes asiduos... Te tratarán con amabilidad. —Ludmila frunció un poco el ceño—. Al menos la mayoría. Yo te echaré una mano con el resto.
Me sonrió con afecto y me sentí agradecida por su amabilidad. Su aspecto físico encajaba perfectamente con su alegre talante. Era, como suele decirse, una monada: menuda, con el pelo rubio, largo y sedoso, los ojos cafe claro y las suficientes curvas para recibir más de una mirada de admiración de algunos clientes. Pero no podía sentir celos de ella, era demasiado simpática. Además, noté de inmediato que sintonizaba con ella.
En cierto momento durante la noche, León se acercó y me dio una propina por la bebida que no le había servido. Sonrió y se excusó diciendo:
—Esta noche actúo en otro bar. —Señaló con el pulgar sobre su hombro—. Tengo que reunirme con los chicos..., y echarles una mano con nuestro equipo.
—Gracias por haberme acompañado en coche, León. —Le di un pequeño beso en la mejilla, lo cual, por alguna razón, hizo que me sonrojara y que Rita arqueara la cejas con gesto inquisitivo.
León bajó la vista, sonrió y murmuró: «De nada». Poco después, se marchó diciendo «que te diviertas» sin volverse antes de salir del bar.



Ya entro Ludmi a la historia!!!!
Jany.

Hush Hush - Silence - Capitulo - 19

Capitulo 19

—Chelo —fue mi corrección murmurada. Un recuerdo débil se agitó dentro de mí, una sensación de haber visto el anillo antes. 
—No soy el chico más inteligente, pero sé que este anillo no es inofensivo. La Mano Negra le hizo algo. Buscaba una manera de darle a cada miembro de su ejército una ventaja. Incluso si no lo estoy usando, y sólo estoy dependiendo de mis poderes y fuerza natural, la necesidad de tener más de ambos es fuerte. La única manera de vencerla es dejar de usar mis poderes y habilidades tanto como puedo. 
Intenté simpatizar con Scott, pero estaba un poco decepcionada. Necesitaba obtener un mejor entendimiento de cómo Gabe me había engañado en caso de que me encontrara cara a cara con él de nuevo. Y si Hank era realmente la Mano Negra, el líder de una milicia clandestina e inhumana, tenía que preguntarme si él estaba en mi vida por razones mucho más oscuras de las que se podían ver a simple vista. Después de todo, si él estaba tan ocupado luchando contra los ángeles caídos, ¿cómo tenía tiempo para manejar su concesionaria, ser padre, y salir con mi mamá? Quizás yo era muy sospechosa, pero considerando lo que Scott me había dicho, estaba muy segura de que estaba justificada. 
Necesitaba a alguien de mi lado que pudiera ir contra Hank, si se llegaba a eso. En este momento, la única persona que conocía era Scott. Quería que él mantuviera su integridad, pero al mismo tiempo, era la única persona que conocía que tenía una posibilidad contra Hank. 
—Quizás puedas tratar de usar los poderes del anillo para hacer el bien —sugerí suavemente después de un minuto. 
Scott pasó una mano por sus cabellos, obviamente listo para cambiar de tema. 
—Demasiado tarde. He tomado una decisión. No usaré el anillo. Me conecta con él. 
—¿Nunca te preocupa que si no llevas el anillo puesto, eso le dará a Hank una ventaja peligrosa? 
Sus ojos atraparon los míos, pero evitó contestar. 
—¿Tienes hambre? Puedo pescar unas lubinas. Saben bastante bien hechas al sartén. —Sin esperar mi respuesta, él tomó la caña de pescar y descendió por las rocas que salían de la cueva. 
Lo seguí, súbitamente deseando poder cambiar mis botas por zapatillas. Scott atravesaba las rocas con zancadas y saltos, mientras que yo me veía forzada a tomar un cauteloso paso tras otro. 
—Está bien, por ahora no hablaremos de tus poderes —grité—, pero no he terminado. Todavía hay demasiados espacios en blanco. Volvamos a la noche en que desaparecí. ¿Tienes alguna idea de quién me secuestró? 
Scott se sentó en una roca, ensartando la carnada en el anzuelo. Para cuando finalmente lo alcancé, él casi había terminado. 
—Al principio pensé que tenía que haber sido Rixon —dijo—. Eso fue antes de que supiera que estaba en el infierno. Yo quería regresar y buscarte, pero no era tan simple. La Mano Negra tiene espías en todos lados. Y a juzgar por lo que pasó en la casa de diversiones, supuse que también tendría a la policía detrás. 
—¿Pero? 
—Pero no fue así. —Me miró de lado—. ¿No lo encuentras un poquito extraño? La policía tenía que haber sabido que yo estaba en la casa de diversiones esa noche con Rixon y contigo. Tú les hubieras contado. Probablemente también les dijiste que me habían disparado. ¿Entonces por qué nunca vinieron por mí? ¿Por qué me dejaron ir? Es casi como... —se detuvo. 
—¿Cómo qué? 
—Como si alguien hubiese venido después y hubiera limpiado todo. Y no estoy hablando de evidencia física. Estoy hablando de trucos mentales. Borrar la memoria. Alguien lo suficientemente poderoso para hacer que la policía mirara en otra dirección. 
—Un Nefilim, quieres decir. 
Un encogimiento de hombros. 
—Tiene sentido, ¿verdad? Quizás la Mano Negra no quería que la policía me buscara. Quizá él quería encontrarme por sí mismo y encargarse de mí extraoficialmente. Si me encuentra, créeme, no me va a entregar a la policía para que me interroguen. Me encerrará en una de sus prisiones y me hará arrepentirme del día en que lo dejé plantado. 
Así que estábamos buscando a alguien lo suficientemente fuerte como para forzar la mente o, como Scott decía, borrar recuerdos. La relación con mi propia pérdida de memoria no se me pasó por alto. ¿Podría un Nefilim haberme hecho esto? Un nudo se ató en mi estómago mientras consideraba la posibilidad. 
—¿Cuántos Nefilim tienen esa clase de poder? —pregunté. 
—¿Quién sabe? Definitivamente la Mano Negra. 
—¿Alguna vez has oído hablar de un Nefilim llamado Jev? ¿O de un ángel caído, en ese caso? —añadí, cada vez más consciente de que Jev era muy probablemente uno o lo otro. No que comprenderlo me hiciera sentir consolada en lo más mínimo. 
—No. Pero eso no dice mucho. Casi tan pronto como supe de los Nefilim, tuve que ocultarme. ¿Por qué? 
—La otra noche conocí a un chico llamado Jev. Él sabía acerca de los Nefilim. Detuvo a los tres chicos… —me interrumpí. No había necesidad de ser imprecisa, aún cuando fuera más fácil para mi estado mental—. Él detuvo a los ángeles caídos de los que te hablé de forzar a un Nefilim llamado B.J. a hacer el juramento de fidelidad. Esto va a sonar loco, pero Jev irradió un tipo de energía. La sentí como electricidad. Era mucho más fuerte que lo que los otros irradiaban. 
—Probablemente un buen indicador de su poder —dijo Scott—. Enfrentarse a tres ángeles caídos habla por sí mismo. 
—¿Es así de poderoso y nunca has oído de él? 
—Créelo o no, yo sé lo mismo que tú sobre estas cosas. 
Recordé las palabras que Jev me había dicho. Yo intenté matarte. ¿Qué significaba eso? ¿Estaba involucrado con mi secuestrado después de todo? ¿Y era lo suficientemente fuerte para borrar mi memoria? Basado en la intensidad del poder que irradiaba de él, era capaz de más que unos pocos simples trucos mentales. Mucho más. 
—Sabiendo lo que sé sobre la Mano Negra, me sorprende que yo todavía sea un hombre libre —dijo Scott—. Debe odiar que lo haga ver como un tonto. 
—Hablando de eso, ¿por qué desertaste del ejercito de Hank? 
Scott suspiró, dejando caer sus manos pesadamente sobre sus rodillas. 
—Esta es una conversación que yo no quería tener. No hay una manera fácil de decir esto, así que simplemente lo diré. La noche en que tu papá murió, se suponía que yo lo vigilara. Él estaba en camino a una reunión muy peligrosa, y la Mano Negra quería asegurarse de que estuviera seguro. La Mano Negra dijo que si yo tenía éxito, probaría que él podía contar conmigo. Me quería en su ejército, pero no era lo que yo quería. 
Un escalofrío cosquilleó mi columna. Lo último que esperaba era que Scott trajera a colación a mi papá en todo esto. 
—Mi papá… ¿conocía a Hank Millar? 
—Yo ignoré la orden de la Mano Negra. Me imaginé que le haría una seña con el dedo y dejaría mi punto en claro. Pero todo lo que logré fue dejar que un hombre inocente muriera. 
Pestañeé, las palabras de Scott cayendo en cascada sobre mí como un balde de agua helada. 
—¿Dejaste que mi papá muriera? ¿Le dejaste ponerse en peligro y no hiciste nada para ayudarlo? 
Scott extendió sus manos. 
—No sabía que iba a ser así. Yo pensaba que la Mano Negra estaba loco. Lo creía un loco egocéntrico. Nunca entendí todo el asunto de los Nefilim. No lo supe hasta que fue demasiado tarde. 
Miré directamente hacia adelante, fijando la vista en el océano. Una sensación no deseada aferraba mi pecho, apretándolo implacablemente. Mi papá. Todo este tiempo, Scott había sabido la verdad. No me la había contado hasta que se la saqué a la fuerza. 
—Rixon apretó el gatillo —dijo Scott, su voz irrumpió suavemente en mis pensamientos—. Yo dejé a tu papá entrar a una trampa, pero fue Rixon quién lo ultimó. 
—Rixon —repetí. En piezas amargas, todo volvía a mí. Un horrendo vistazo después del otro. Rixon llevándome a la casa de diversiones. Rixon admitiendo pragmáticamente que había matado a mi papá. Rixon apuntándome con su arma. No podía recordar lo suficiente para pintar el cuadro entero, pero las imágenes eran suficiente. Estaba enferma del estómago. 
—Si Rixon no me secuestró, ¿quién fue? —pregunté. 
—¿Recuerdas que dije que había pasado el verano siguiendo a la Mano Negra? A principios de agosto, él hizo un viaje al Parque Nacional White Forest. Condujo hasta una cabaña remota y se quedó allí por menos de veinte minutos. Un viaje tan largo para una visita tan corta, ¿verdad? No me atreví a acercarme lo suficiente para ver por las ventanas, pero oí una conversación suya por teléfono un par de días después, de regresó en Coldwater. Él le contó a la persona al otro lado de la línea que la chica todavía estaba en la cabaña, y que él necesitaba saber si tenía la memoria en blanco. Esas fueron sus palabras. Dijo que no había lugar para ningún error. Estoy comenzando a pensar que esa chica a la que se refería... 
—Era yo —terminé por él, anonadada. Hank Millar, un inmortal. Hank Millar, la Mano Negra. Hank, mi posible secuestrador. 
—Hay un tipo que probablemente pueda conseguir más respuestas —dijo Scott, tirando de su ceja—. Si alguien sabe cómo conseguir información, es él. Rastrearlo puede ponerse difícil. No sabría dónde empezar. Y dadas las circunstancias, quizás no quiera ayudarnos, especialmente porque la última vez que lo vi, él casi me rompe la mandíbula porque intenté besarte. 
Me sobresalté. 
—¿Besarme? ¿Qué? ¿Quién es ese tipo? 
Scott frunció el ceño. 
—Cierto. Supongo que tampoco lo recuerdas. Jorge, tu ex.


Si!! Tini va recordando!! :D

Jany

¿Amor Olvidado? - Capitulo - 1

Capitulo 1

*El Presente*

Soy Martina Stoessel, y si amo algo lo arranco NO intencionalmente de mi...tampoco des intencionalmente  Veo a uno de ellos ahora; uno de mis sobrevivientes de mi agrio amor. El esta a unos cien metros de donde yo estoy parada pasando por viejos discos.
Jorge, su nombre rueda en mi cabeza por una bola de púas  abriendo sentimientos que hace mucho eran cicatrices. Mi corazón trata de apartarlos de mi pecho y todo lo que puedo hacer es quedarme y observarlo. Han pasado 3 años desde la ultima vez que lo vi. Sus palabras de despedida eran una advertencia que me mantuviera lejos.

Inhalé pegajoso aire en mis pulmones y trate de controlar a mis descuidadas emociones. Quería ir hacia el. Quería ver el odio en su cara. Estúpida  Empece a irme y casi cruzo la calle a mi carro cuando mis piernas me fallaron. El fuerte cosquilleo de agitación se arrastraba hasta mis dedos. Apretando los puños marcho de nuevo hacia la ventana. Este es mi lado de la ciudad ¿Como se atreve a mostrar su cara aquí?.

Su cabeza se inclina sobre una caja de cartón de CD y mientras se vuelve a mirar algo sobre por encima de su hombro, echo un vistazo a esos ojos color Esmeralda. Mi corazón se aprieta. Todavía me encanta este chico. La realización me asusta. Pensé que lo había superado, pensé que podía manejar algo como esto, un encuentro improvisado.

Había tenido terapia, había tenido tres años para...

Superarlo

Amargarme en mi culpa.

Pierdo el tiempo en mis emociones durante unos segundos más antes de darle la espalda a la tienda de música y a Jorge. No puedo hacerlo, no puedo volver a ese lugar oscuro. Mi pie se levanta para bajar a la cera cuando las nubes que han estado al acecho al rededor de Buenos Aires durante una semana repente gimen como tuberías viejas.

Antes de dar dos pasos, la lluvia estas asaltando el pavimento, empapando mi camisa blanca retrocedo de forma rápida y me apretujo debajo del tolde de la tienda de música. Me quedo observando a mi viejo Escarabajo a través de  los hilos de la lluvia.

Sólo una pequeña carrera y estaré camino a casa. Una vos extraña interrumpe mi estrategia de escape. Retrocedo, sin estar segura de quien me habla.

-El cielo esta rojo de problemas.

Me volteo y me encuentro a alguien parado justo detrás de mi. Está más cerca de lo que se considera social mente aceptable. Hago un sonido de sorpresa en mi garganta, y subo las escaleras. Es al menos medio metro mas alto que yo , todo musculo, aunque no en una manera atractiva. Sus manos cuelgan en un extraño angulo con tensos y separados.

Mis ojos se sienten atraídos por un lunar que se asienta  como un objetivo en el centro de su frente.

-¿Qué?- Sacudo la cabeza, confundida. Trato de dar un vistazo por encima de su hombro para darle un vistazo a Jorge. ¿Sigue allí? ¿ Debería entrar?

-Es una vieja superstición de marinero.

Bajo la mirada para ver sus ojos. Me parece familiar, y mientras considero al decirle que se joda, trato de recordar donde lo había visto antes.

-Tengo una sombrilla. -El sostiene una cosa floral con un mango de plástico con forma de margarita-. Puedo llevarte hasta tu carro.

Miro el cielo, sí que luce un rojo oscuro, y me estremezco. Quiero que me deje en paz y estoy a punto de decírselo  cuando pienso  -¿Qué pasa si esto es una señal? ¡El cielo esta rojo, lárgate-de-aquí!.

Estudio el esmalte desconchado de mi dedo pulgar y considero su oferta. No soy una persona de prestigios, pero él si tiene una manera de mantenerme seca.

-No gracias- dije. Volteo mi cabeza hacia la tienda detrás de mi, y me doy cuenta que ya había cambiado de parecer.

-Bien un huracán se acerca, pero como quieras. - Se encoge de hombros de nuevo y sale a la lluvia, sin abrir su sombrilla.

Quería que se fuera. Sus anchas curvas traseras contra el aguacero eran como una repisa para el resto de su cuerpo. Es verdaderamente enorme. En cuestión de segundos la lluvia lo había tragado y ya no podía ver su silueta. Lo conozco de algún lado, pero seguramente me acordaría de un tipo tan grande si lo hubiera conocido antes. Me dirijo de nuevo a la tienda. El letrero sobre la puerta dice "Mushroom Music" en letras brillantes con floritura. Miro mas allá del vidrio y lo busco en los pasillos. Está justo donde lo deje, con la cabeza todavía inclinada sobre lo que parece ser la sección de Regguae. Incluso donde estoy parada, distingo un ligero surco en su frente.

No puede decidirse. Me doy cuenta de lo que estoy haciendo y tiemblo. Ya no lo conozco  No puedo asumir lo que está pensando.

Quiero que alce la mirada y me vea, pero no lo hace. Ya no quiero estar al acecho debajo del toldo como una extraña. Me repongo, me sereno y camino a través de la puerta. El aire acondicionado es hielo sobre mi piel húmeda y me estremezco  Veo a un estante alto de pipas a mi izquierda, me paro detrás de el, y saco mi compacto para comprobar mi maquillaje.

Mientras lo espió a través de los listones en las estanterías uso un dedo para frotar el rimel corrido por debajo de los ojos. Tengo que hacer el encuentro de manera que se vea accidental.

En frente de mi, hay una pipa con forma de la cabeza de Bob Marley. Miro en los ojos de vidrio de Bob y practico una cara de sorpresa. Estoy indignada por los niveles a los que me rebajo. Pellizco mis mejillas por algo de color, salgo de mi escondite.

Aquí va todo.

Mis catones muerden la cerámica  sonando alto mientras hago mi acercamiento. Pude en su lugar contratar trompetistas para anunciar mi llegada. Sorpresivamente, él no alza la mirada. El aire acondicionado hace un ruido cuando estoy a pocos metros de distancia. Alguien ha atado banderines verde lima a las rejillas de ventilación. A medida que comienzan a bailar, huelo algo, es el olor de Jorge, menta y naranjas.




¿Les gusto? Apenas va empezando, pero ni se imaginan como sigue.....

Jany

¿Amor Olvidado? - Sinopsis

Bueno aqui va nuevamente la sinopsis, por los que tienen memoria de pez XD

Martina Stoessel es una manipuladora con lengua afilada, lo cual utiliza para conseguir siempre lo que quiere. Con una solo excepción "Jorge Blanco", el que ella tonta mente dejo escapar. Despues de un encuentro casual que trae a Jorge de nuevo a su vida, Martina encuentra asi misma deseando una segunda oportunidad con su primer amor y preguntándose hasta donde esta dispuesta a llegar para traerlo devuelta. Su unico problema es una pelirroja llamada Erika, el nuevo amor de Jorge. Martina tiene que luchar por lo que una vez fue suyo, y en el proceso de descubrir que a veces el amor no llega a la redención.


Jany.

sábado, 19 de abril de 2014

Walking Disaster - Capitulo - 22

Capitulo 22

Martina no se quedó en el baño mucho tiempo. En realidad, no podía dejar el apartamento lo suficientemente rápido. Traté de no dejar que me afecte. Martina generalmente se volvía loca cada vez que algo serio ocurría.

La puerta principal se cerró y el coche de Mechi salió del estacionamiento. Una vez más, el apartamento parecía sofocante y demasiado vacío al mismo tiempo. Odiaba estar allí sin ella y me preguntaba que hubiera hecho antes de conocernos.

Pasé por encima de una pequeña bolsa de plástico de la farmacia que recogí hace un par de días. Había subido algunas fotos de mí y Martina desde mi teléfono y pedí algunas impresiones.
Las paredes blancas, finalmente tuvieron un poco de color. Justo cuando la última foto fue clavada en su lugar, Xabiani llamó a la puerta.

—Oye, hombre.
—¿Sí?
—Tenemos cosas que hacer.
—Lo sé.

Fuimos en coche hasta el apartamento de Brasil, mayormente en silencio. Cuando llegamos, Brasil abrió la puerta, con al menos dos docenas de globos. Las cuerdas largas de plata soplaron en su rostro, y las apartó, escupiendo algunas de los labios.
—Me preguntaba si ustedes habían cancelado. Gruver está trayendo la tarta y el licor.
Caminamos junto a él en la sala. Sus paredes no se veían muy diferente de la mías, pero su apartamento o bien estaba "totalmente amueblado" o consiguieron el sofá del Ejército de Salvación.

Brasil continuó—: Pedí a algunos redshirts que consigan algo de comida y los parlantes de puta madre de Mickey. Una de las chicas Sigma Cappa nos presta algunas luces, no te preocupes, no las invite. Le dije que era para una fiesta del próximo fin de semana. Deberíamos prepararla.

—Bueno —dijo Xabi—. Mechi se volvería una mierda salvaje si se presentara y nos encuentra aquí con un grupo de chicas de la hermandad.

Brasil sonrió. —Las únicas chicas de aquí serán algunas de los compañeras de clase de Martina y las novias de los chicos del equipo. Creo que a Martina le va a encantar.
Sonreí, viendo a Brasil extendiendo los globos en el techo, dejando que las cuerdas cuelguen. —Yo también lo creo. ¿Xabi?

—¿Sí?

—No llames a Parker hasta el último minuto. De esta manera, lo invitamos, pero si viene, al menos no va a estar aquí todo el tiempo.
—Lo tengo.
Brasil tomó aliento. —¿Quieres ayudarme a mover muebles, Blanco?
—Claro —le dije, siguiéndolo a la otra habitación. El comedor y la cocina eran una habitación, y las paredes ya estaban llenas de sillas. La barra tenía una hilera de vasos limpios de chupito y una botella sin abrir de Patrón.

Xabi se detuvo, mirando la botella. —Esto no es para Martina, ¿verdad?
Brasil sonrió, sus dientes blancos en contraste con su piel oliva oscura. —Uh... sí. Es una tradición. Si el equipo de fútbol está montándole una fiesta, ella tendrá que seguir el tratamiento del equipo.
—No puedes hacerla beber tantos tragos —dijo Xabi—. Jorge. Dile.
Brasil levantó la mano. —No estoy haciéndole hacer nada. Para cada trago que beba, tendrá un billete de veinte. Es nuestro regalo para ella. —

Su sonrisa se desvaneció cuando vio el ceño fruncido de Xabi.

—¿Tu regalo es la intoxicación por alcohol?

Asentí una vez. —Veremos si ella quiere tener un cumpleaños de tragos por veinte dólares, Xabi. No hay nada malo en eso.
Trasladamos la mesa del comedor a un lado, y luego ayudamos a los redshirts a traer la comida y los altavoces. Una de las novias de los chicos comenzó a rociar ambientador de aire alrededor de la vivienda.
—¡Nikki! ¡Termina con esa mierda!
Ella puso la mano en la cintura. —Si ustedes no olieran tan mal, no tendría que hacerlo. ¡Diez chicos sudorosos en un apartamento empiezan a apestar bastante rápido! No quieres que ella esté caminando por aquí cuando huele como un vestuario, ¿verdad?
—Tienes razón —le dije—. Hablando de eso, tengo que volver y ducharme. Nos vemos en media hora.

Xabi se secó la frente y asintió, sacando su celular de un bolsillo de los vaqueros y las llaves del otro. Le escribió un mensaje rápido a Mer. En cuestión de segundos, su teléfono sonó. Sonrió. —Que me condenen. Están justo a tiempo. 

—Esa es una buena señal.

Nos precipitamos de regreso a nuestro apartamento. En quince minutos, me duché, me afeité y me vestí. Xabi no se demoró mucho tiempo, pero me mantuve mirando mi reloj.
—Cálmate —dijo Xabi, abotonándose la camisa a cuadros verdes—. Siguen estando de compras.
Un motor ruidoso se detuvo en frente, la puerta del coche se cerró de golpe, y luego pasos subieron los escalones de hierro fuera de nuestra puerta.
La abrí, y sonreí. —Justo a tiempo.

Trenton sonrió, con una caja de tamaño mediano con agujeros en los costados y una tapa. —Él ha sido alimentado, bebió, hizo su mierda diaria. Debería estar bien por un tiempo.
—Eres increíble, Trent. Gracias. —Miré más allá de él para ver a mi padre sentado al volante de su camioneta. Saludó con la mano y le devolví el saludo.
Trenton abrió la tapa un poco y sonrió. —Sé bueno, hombrecito. Estoy seguro de que nos veremos de nuevo.

La cola del cachorro golpeó contra la caja, mientras sustituía la parte superior, y luego lo llevé dentro.
—Aw, hombre. ¿Por qué mi habitación? —preguntó Xabi, gimiendo.
—En caso de que Pidge entre en la mía antes de que esté listo. —Saqué mi celular y marqué el número de Martina  El teléfono sonó una vez, y luego otra vez.
—¿Hola?
—¡Es la hora de la cena! ¿A dónde demonios han ido ustedes dos?
—Nuestras indulgencias eran mimarnos un poco. Tú y Xabi sabían cómo comer antes de que saliéramos del departamento. Estoy segura de que puedes manejarlo.
—Bueno, no, joder. Nos preocupamos por ustedes, ya sabes.
—Estamos bien —dijo, con una sonrisa en su voz.

Mechi habló en algún lugar cerca de Martina  —Dile que regresaremos en poco tiempo. Tengo que detenerme a recoger unas notas de Xabi con Brasil, y entonces iremos a casa.
—¿La has escuchado? —preguntó Martina.
—Sí. Nos vemos luego, Pidge.

Colgué el teléfono y seguí rápidamente a Xabi hacia el Charger. No estaba seguro de por qué, pero estaba nervioso.

—¿Llamaste al imbécil?
Xabi asintió, poniendo el coche en marcha. —Mientras estaba en la ducha.
—¿Vendrá?
—Más tarde. Él no estaba contento por la poca antelación, pero cuando le recordé que era necesario debido a su boca jodidamente grande, no tuvo mucho que decir después de eso.

Sonreí. Parker siempre me ha molestado. Pero no invitarlo haría a Martina infeliz, así que tuve que ir en contra de mi mejor juicio y dejar que Xabi lo llamara.

—No te emborraches y lo golpees —dijo Xabi.
—No lo prometo. Estaciona allí, donde ella no lo vea —dije, indicando la parte de al lado.
Corrimos alrededor de la esquina del apartamento de Brasil, y golpeé. Estaba silencioso.
—Somos nosotros! Abre.

La puerta se abrió, y Chris Jenks estaba en la puerta con una sonrisa tonta en la cara. Se balanceó hacia delante y atrás, ya borracho. Él era la única persona que me gustaba menos que Parker. Nadie podía probarlo, pero se rumorea que Jenks había puesto algo en la bebida de una chica una vez en una fiesta de fraternidad. La mayoría cree eso, puesto que era la única forma en que podía tener sexo. Nadie había podido probarlo, así que sólo traté de mantener un ojo sobre él.
Lancé una mirada a Xabi, que levantó las manos. Era evidente que él no era consciente que Jenks iba a estar allí.

Eché un vistazo a mi reloj, y esperamos en la oscuridad con decenas de cuerdas de plata en nuestras caras. Todo el mundo estaba cerca, amontonados en la sala esperando por Martina  que el movimiento de una sola persona de todos nosotros nos inclinaría de un modo u otro hecho.
Un par de golpes en la puerta nos hizo congelarnos. Esperaba que Mechi entrara, pero no pasó nada. La gente susurraba mientras que otros los hacían callar.

Otro golpe impulsó a Brasil, y tomó varios pasos rápidos hacia la puerta, la abrió, revelando a Mechi y a Martina en la puerta.
—¡FELIZ CUMPLEAÑOS! —gritaron todos al unísono.

Los ojos de Martina se agrandaron, y luego sonrió, cubriendo rápidamente su boca. Mechi la empujó hacia dentro, y todos se reunieron alrededor.
Mientras hacía mi camino a Martina  la multitud se dividió. Se veía fenomenal, con un vestido gris y zapatos de tacón de color amarillo. Las palmas de mis manos ahuecaron cada lado de su rostro sonriente, y apreté los labios contra su frente.

—Feliz cumpleaños, Pigeon.
—Es hasta mañana —dijo, sonriendo a todo el mundo que nos rodeaba.
—Bueno, ya que podrías sospecharlo, decidimos hacer algunos cambios al último minuto y sorprenderte. ¿Sorprendida?
—Mucho.





Jorge= Un amor!!!!

Jany.

jueves, 17 de abril de 2014

¿Quien Te Crees? - Epilogo.

{Epílogo}


Dos años después...


-Tiene los ojos del padre- dijo Diego mientras acariciaba la pequeña nariz de Vilu.

-Y las facciones son de Martina, definitivamente- agregó Franchesca.

-Y el cabello Martina- concluyó Marco.

Reí y observé a mi pequeña hija de casi un año en brazos de Franchesca.
Violetta.
Jorge acarició mi mano y me observó con dulzura.
Miel ronroneó en mi regazo exigiendo atención, y entonces mi esposo lo fulminó con la mirada.

-Tú siempre intentando robarme a mi chica- masculló en voz baja, divertido. Yo sólo reí.

Luego de llevar un año de casados nos llegó la sorprendente noticia,... estaba embarazada. Vivíamos en Holmes Chapel. Él empresario, yo profesora de Filosofía. Y pues,... Vilu, nuestra preciosa bebé.

-¿Quienes serán los padrinos?- preguntó Diego, quién había vuelto con Franchesca hacia unos cuantos meses atrás.

-La madrina será obviamente Franchesca- dije yo quitándome un peso de encima al no tener que elegir un padrino.

Todos observaron a Jorge esperando a que dijese algo.

-¿Se supone que tengo que elegir yo al padrino?- preguntó sorprendido y todos rieron.

-Claro que sí, cariño-.

-Pues,... ¿Marco?- lo observó como preguntándole.

-Sería un honor- dijo él divertido.

La tarde transcurrió con la mayor parte de la atención en nuestra hija, que se reía a cada rato con las expresiones que les hacían sus tíos.

-¿Hemos hecho un buen trabajo, verdad?- murmuró Jorge en mi oído cuando dejé a Vilu en su cuna.

Me di media vuelta y lo estreché en mis brazos.

-Claro que sí- sonreí besándolo.

-¿Quieres más bebés?- dijo él, pícaro.
Reí y pensé en la posible idea.

-Aun no, pero más adelante-.

-Yo quiero cinco hijos más- me avisó y lo miré horrorizada- ¿o quieres más?- bromeó.

-No importan cuantos sean, saldrán todos tan bonitos como tú-.

-Y como tú- convino Jorge y me besó. -Eres única, y mía. Tú y mi hija son lo mejor en mi vida-.

Sonreí.

Aquel amor era puro y leal, no necesitábamos papeles que lo confirmaran, una simple mirada bastaba para saber que éramos el uno para el otro, y nada ni nadie nos separaría.

FIN.






Ahora si lloren!!! Recibi varios mensajes de que si habra segunda temporada y la respuesta es....Nop, estoy re atrasada con las novelas que ya tengo y bueno subirles otra más estaria muy ocupada y por eso, en verdad lo siento :( pero el Lunes se estrena ¿Amor Olvidado? y creo que les va a gustar!!, tambien estoy con ¿El amor o la amistad? y bueno ya tenia avansado MUCHO pero luego no me gusto y pues Vale me dio otra cosa y pues me gusto más lo de ella....Espero que les aya encantado esta historia!! las AMO y gracias por todo...

Jany

miércoles, 16 de abril de 2014

¿Quien Te Crees? - Capitulo - 148 - Capitulo Final

¡Capitulo Final!


Capítulo 148 {FINAL}


Luego de una tranquila tarde junto a mi hermano, y Sharon -su novia-, era hora de regresar a casa.

Aguardé en la banca negra que había en la familiar estación de tren -consciente de su mirada posada fijamente en mi-.

El tren blanco, el mismo que había tomado cuatro años atrás, paró frente a mi.
Igual de bonito, y atestado de gente.

Caminé con una sonrisa discreta y me adentré a la masa de personas que se encontraban allí dentro.
Ningún asiento disponible, ¿porqué no me sorprendía?

Caminé entre la gente y me acomodé en un rincón observando por la ventana el exterior, mientras esperaba que el tren arrancáse.

Luego de un par de minutos en los que subió y bajó gente, el tren arrancó.

Se sentía tan extraño estar allí luego de tanto tiempo.
Sin embargo, los años habían pasado, y las personas seguían con su vida.
Cuando a uno le suceden cosas demasiado buenas o terriblemente malas, siente que el tiempo se detiene, y que el mundo está a su merced.
Pero cada persona es una historia diferente, con pasados trágicos o alegres.
Yo fui, soy y seré por siempre una de ellas.

Tomé mi viejo y gastado mp4, el cuál seguía acompañándome pese a los años, y puse una de mis canciones favoritas "Stereo hearts". Reí interiormente.
El tren se detuvo, y ésta vez no necesité la mirada de ninguna señora para darme cuenta de lo que sucedía.

Sentía un bulto contra mi trasero. Arqueé una ceja y me di media vuelta.

-No cambias más, ¿eh?- reí y su sonrisa se acentuó.

-Tú eres la pervertida que se apoya contra mi, aunque la última vez te lo tomaste peor- dijo en voz baja y divertido.

-Oh vamos, ¿nunca vas a aceptar que eres un depravado verdad?- me quejé.

-Claro que no, al menos hasta que aceptes que tú también lo eres- pasó su brazo por mi cintura.

-Eres mi pervertido y yo soy la tuya- le dije riendo.

-Me parece bien- esbozó una sonrisa pícara- te he acompañado sólo por una razón, y no es precisamente porque me agrade tu hermano- me avisó riendo.

-¿Ah si?- dije fingiendo sorpresa- ¿cuál?-.

La gente nos observaba curiosa ya que no manteníamos nuestra conversación privada, sino que pese a todas las personas que nos rodeaban, nos sentíamos como si estuvieramos sólo el y yo.

Jorge sonrió y me besó la mejilla.

-Aquí empezó todo- me dijo él y yo asentí sonriendo-. Pues quiero que empiece otro capítulo más aquí también-.

Lo miré confundida y mi corazón se detuvo cuando se arrodillo frente a mi.

-Me enamoré de ti desde la primera vez que te vi, justo en este lugar, hace cuatro años atrás. Me has vuelto loco, y aun lo haces. Quiero pasar el resto de mi vida junto a ti, venga lo que venga, sin importar si es bueno o malo, pero juntos. Martina Stoessel,... ¿te casarías conmigo?-.

Tomó mi mano y esperó mi respuesta. No pasaron menos de tres segundos...


-Claro que sí- respondí con lágrimas en los ojos y todo el mundo estalló en aplausos.
El sonrió y deslizó un anillo de diamantes en mi dedo corazón. Se paró y me tomó en brazos hundiendo su rostro en mi cuello.

-Te amo, Martina. Gracias por haber decidido tomar este tren aquel día- me susurró él.

-Te amo más. Y gracias por haber cambiado mi vida desde áquel momento-.


Cada uno tenía su versión personalizada de un final feliz. Y ésta probablemente sería la mía.
Otro fin que daría origen a un nuevo capítulo, a muchas cosas nuevas, buenas o malas. Pero con aquel arrogante chico de rizos y ojos verdes, no importaba nada. Nos teníamos el uno al otro, y eso bastaba.

¿Fin?







Lloren, griten, pataleen, hagan lo que quieran!!! ¿Les gusto el final? Yo se que estan llorando ;).
NO esten tristes se viene más novelas por delante, asi que no me hagan sentir mal por hacerlas llorar..
WOW!!! es la unica novela que he subido con más de 100 capitulos!!!!
Las amo y gracias por todos sus lindos comentarios en esta novela, por su apoyo y por TODO...Se viene más novelas!!!! No esten tristes.

Jany