lunes, 21 de julio de 2014

Dos Mundos Opuestos - Capitulo 12

Narra Lodo:

-¿Qué idea? - dijo Facu un poco asustado
- Oh,vamos Facu, no es nada malo - le dije con una sonrisa de oreja a oreja
- Lodo, no te lo tomes a mal, pero, digamos que todos tus planes siempre terminan mal - me dijo Tini tímidamente
-¿Qué? Claro que no Tini
-¿No? Y que tal en el cumpleaños de mi hermano, ¡Casi nos comen los leones! - Dijo Facu
- El quería ir al zoológico a ver los animales ¿no? - Me defendí
- Si ¡Pero no al frente de él! - Dijo Facu un poco exasperado.
- Bueno una vez - Dije
-Y cuando nos persiguió la policía cuando...
- Bueno el punto es - Interrumpí a Tini antes que terminara de hablar - Que tengo un buen plan y ocupare de su ayuda
- Bueno dinos - Dijo Facu


Cambio De Escena

Narra Mechi:

Me acabo de mudarme a Buenos Aires, y la verdad es un lugar muy grande, nada que ver de donde soy, La Plata es un lugar mucho más tranquilo que aquí, ni siquiera conozco esta escuela ¿Donde me dijeron que estaba la cafetería?
-¿Disculpa me puedes decir donde queda la cafetería? -Le pregunte a una chica de cabello negro azulado, me miro y siguió caminando "Que grosera" dije en mis adentros.
Seguí caminando y de pronto sentí que alguien choco contra mi espalda.
-Disculpa, soy una tonta - Dije disculpándome
-No, descuida, fui yo el que no se fijo que estabas detrás de mi - Me dijo un chico un poco mas alto que yo.
-¿No sos de ca verdad? Digo, esque no tenes el acento argentino - Dije y el se río.
- No, no soy de aquí, soy de México, me vine a Argentina por asuntos de trabajo de mi familia, soy Xabiani Ponce De León, pero puedes decirme Xabi -Me contestó con una sonrisa.
-Soy Mercedes Lambre, pero dime Mechi o Mer, como quieras decirme
- ¿Y que estabas buscando? - Preguntó curioso
- La cafeteria
- Yo estoy apunto de ir para aya, si quieres vamos juntos - Me sugirió
-Claro

 Cambio De Escena:

Narra Jorge:

Llegue a la cafetería buscando a Xabiani, pero no lo encontré, así que empece a buscar a Tini con la mirada, pero no la encontré, hasta que vi a Xabi entrando con una chica rubia a su lado.
-¡Hey! - Me llamo Xabi, haciendo señas para que me sentara con ellos
Me acerque y me senté.
- Hola - Me dijo la rubia tímidamente.
- Hola, de casualidad, ¿eres amiga de Martina? - Pregunté
- Si, ¿Porqué? - Preguntó curiosa
- ¿Siempre es así de callada?
- Un poco, pero ya que agarra confianza, es muy agradable, ¿por qué la pregunta?
- No, por nada

Cambio de Escena

Narra Martina:

La idea de Lodo no era tan mala, su idea era hacer una huelga para que Cande volviera, la idea era decirle a todos los estudiantes que no asistieran a clases si el director no dejara que Cande volviera, y conociendo a mis compañeros, ellos harían cualquier cosa para no asistir a clases, así que no había nada de que preocuparnos.
 Sin alumnos no hay escuela.
-Wow, al fin Lodo se le ocurrió una idea sin salir muertos o lastimados - Dijo Facu sorprendido y con tono de burla.
- Jajaja que buen chiste Facundo - Dijo Lodo sarcástica - Uno se equivoca una vez, y se la agarran contra ella.
- Que yo recuerde fue más de una vez - Dijo Facu sonriendo
- El punto es que hay que comenzar la operación "Lodo Salva El Día" - Dijo Lodo emocionada
- ¿"Lodo Salva El Día"? - Dijo Facu frunciendo un poco el ceño
- Ok, "Lodo, Facu y Tini Salvan El Día" - Dijo lodo
- ¿No es muy largo ese nombre?
- Con vos no se queda bien Facu -   Dijo Lodo - Y a vos Tini ¿Cual te gusta más? ¿Lodo Salva El Día o Lodo, Facu y Tini Salvan El Día?
-Creo que eso no importa chicos, lo importante es ayudar a Cande, no buscar nombres - Dije ya un poco cansada
-Ok, nos quedamos con "Lodo Salva El Día"





Les pido disculpas por no haber subido esta novela, lo siento muchisimo, esque las dos hemos tenido algunos problemas familiares, espero y nos entiendan.
Jany

Unreflecting - Capitulo 15

Capitulo 15

"Invisible"

Después de no haber sabido nada de él la noche anterior, la llamada telefónica de Tomas la noche siguiente me irritó profundamente. Él se disculpó repetidas veces, jurando que había estado muy liado con el trabajo, que no había tenido ocasión de hacer una pausa para comer y menos aún para telefonearme. Se inventó un par de creativos argumentos por haberme fallado, que me hicieron reír y aplacaron un poco mi enfado. Pero al cabo de unas noches volvió a suceder, y de nuevo unas noches más tarde.
Aparte de la preocupación y las dudas que eso me provocaba, había llegado el momento de inscribirme para estudiar en la universidad. Tomas se había ofrecido a mostrarme el nuevo campus. No es que lo conociera mejor que yo, pero habíamos planeado dedicar una jornada a este menester: habíamos decidido ir un domingo por la mañana a que me inscribiera para asistir a las clases (Tomas era un as a la hora de organizarme el programa perfecto), echar un vistazo a la librería, hacer la visita guiada del campus y otras cosas... juntos. Pero se había marchado, por tiempo indefinido, y tendría que arreglármelas solas.
Un miércoles por la tarde, cuando examinaba con gesto malhumorado un montón de folletos, catálogos de cursos y un mapa del gigantesco campus, León entró en la cocina. Enojada de nuevo por la partida de Tomas, al cabo de unos minutos derribé todos los papeles que había sobre la mesa al tiempo que soltaba unas palabrotas con tono melodramático. Por supuesto, no me había percatado de que León estaba a mi espalda; de lo contrario, no habría hecho un gesto tan teatral. Lo cierto es que no me apetecía pasearme por la universidad sola, como una idiota.
León se rió de mi arrebato de furia y, sorprendida, me volví hacia él.
—Me muero de ganas de contárselo a Diego. —León sonrió de oreja a oreja, gozando con la situación. Yo me sonrojé y protesté al imaginar la expresión divertida que se pintaría en la cara de Diego. Genial.
—¿De modo que las clases están a punto de comenzar? —preguntó León indicando con la cabeza los folletos diseminados por el suelo.
Suspirando, me agaché para recogerlos.
—Sí, y aún no he ido al campus. No tengo idea de dónde está nada. —Me enderecé y lo miré—. Es que... Tomas se había ofrecido a acompañarme. —Me irritó cómo sonaba, como si yo fuera incapaz de funcionar como un ser humano normal sin él. Iba a ser muy embarazoso tener que averiguarlo todo por mí misma... Pero supuse que sería capaz de hacerlo. Al pensar en ello, arrugué el ceño—. Hace casi un mes que se fue.
León me observó fijamente, demasiado fijamente, y desvié la mirada.
—Los D-Bags tocamos de vez en cuando en el campus. —Me volví y él sonrió de una forma que me chocó—. Lo conozco bastante bien. Si quieres, puedo enseñártelo yo.
Sentí un gran alivio ante la perspectiva de tener un guía.
—Sí, por favor. —Esforzándome por recobrar la compostura, añadí—: Es decir, si no te importa.
Él esbozó su adorable media sonrisa.
—No, Violetta, no me importa...
Sin prestar atención al curioso tono de su voz al pronunciar la última parte de la frase, agregué:
—Mañana tengo que ir a inscribirme. ¿Podrías llevarme y acompañarme el domingo para echar un vistazo al campus?
Él sonrió complacido.
—Me parece genial.


Al día siguiente, León, que parecía de excelente humor, me llevó a la universidad y me acompañó a la secretaría, que sabía exactamente dónde se encontraba.
—Mil gracias, León.
Él despachó mi gratitud con un ademán.
—No tiene importancia.
—Pero te estoy muy agradecida..., y no tengo idea de cuánto tiempo tendré que esperar hasta que me toque el turno, de modo que no te preocupes en venir a recogerme. Tomaré el autobús de regreso a casa.
Él me miró con una expresión rara y contestó sonriendo:
—Suerte.
Esperé junto a otros estudiantes, tan nerviosos como yo, en la sala de espera. Fijé la vista en mis manos, repasando mentalmente las clases que quería tomar, hasta que una mujer se acercó a mí y me
indicó una puerta abierta que daba acceso a la secretaría.
Era una estancia cálida y acogedora, lo cual me relajó un poco. Había dos estanterías gigantescas repletas de gruesos volúmenes de tapa dura. Había también múltiples archivadores y una amplia y ordenada mesa frente a la ventana que daba a la residencia estudiantil, de un color cereza oscuro que armonizaba a la perfección con el color beis de las paredes. Había plantas por doquier. La persona que ocupaba ese despacho sin duda tenía buena mano con las plantas; yo era incapaz de mantenerlas vivas durante más de tres días.
La mujer que estaba sentada ante la mesa alzó la vista y me miró cuando su ayudante, una joven de edad universitaria, me invitó a pasar a través de la puerta abierta. Tenía un aspecto muy profesional, y, de pronto, me sentí poca cosa e incómoda hasta el extremo. Deseé que León estuviera allí. Sabía que él se sentiría muy cómodo acercándose a esa mujer, dirigiéndole una tímida sonrisa y obteniendo lo que quisiera de ella. Habría hecho con ella lo que quisiera. Sentí una punzada de envidia. Supuse que la vida era muchísimo más fácil cuando uno era increíblemente atractivo.
Suspiré para mis adentros y enderecé la espalda cuando me acerqué a ella. Quizá no tuviera un aspecto que llamara la atención, me dije, pero era inteligente, y, en un lugar como este, la inteligencia contaba más. Le tendí la mano, tratando de imaginar lo que Tomas habría hecho en esa situación.
—Hola, me llamo Violetta. Este año he decidido trasladarme de universidad y quiero inscribirme aquí. —Sonreí, pensando que hasta ahora iba bastante bien.
Ella sonrió y me estrechó la mano.
—Encantada de conocerte, Violetta. Bienvenida a U-Dub. ¿En qué puedo ayudarte?
Sonreí y me senté. De momento había resultado más fácil de lo que había supuesto. Conversamos sobre los cursos que había dado en la Universidad de Buenos Aires y las asignaturas que necesitaba para graduarme. Hablamos sobre mi programa y los pormenores de las asignaturas, y hallamos unas cuantas que encajaban en lo que yo precisaba. Ese semestre sólo necesitaba tres, lo cual era magnífico, pues tendría tiempo de sobra para estudiar... y dormir, puesto que la mayoría de las noches trabajaba hasta tarde.
Al término de la reunión, ya había decidido las tres clases que tomaría. Literatura Europea, con todos los grandes clásicos: las hermanas Brontë, Austen, Dickens. Era una asignatura que me ilusionaba. Microeconomía, que Tomas me había aconsejado que tomara, insistiendo en que él me ayudaría con esa asignatura. Yo le había dicho que podía arreglármelas sola, pero él se había mostrado deseoso de enseñarme. Y, por último, una clase de Psicología. Era una asignatura que me apetecía mucho, pero el único curso abierto que encajaba en mi programa era Sexualidad Humana. Un tanto turbada, me inscribí en ese curso. Podía sentarme al fondo del aula y no abrir la boca. Además, cuando regresara Tomas, podría ayudarme también con esa materia...
Cuando abandoné la secretaría, al cabo de largo rato, pestañeé sorprendida al ver a León apoyado contra la pared frente a la puerta, con un pie apoyado en ella y sosteniendo un espresso en cada mano. Al verme, sostuvo un vaso de cartón en alto y arqueó una ceja. No pude evitar sonreír con alegría mientras me dirigía hacia él.
—¿Qué haces aquí? —pregunté, aceptando encantada el café que me ofrecía—. Te dije que no era necesario que vinieras a recogerme.
—Pensé que preferirías volver a casa en coche... y beberte una reconfortante taza de café. —Alzó la suya y bebió un sorbo.
Yo lo miré atónita unos segundos, antes de darle por fin un beso en la mejilla.
—Gracias, León..., por todo.
Él me miró, sonriendo, y meneó la cabeza.
—Anda, vamos —dijo suavemente—. Vamos a casa. Luego me contarás lo de tus clases. —Volvió a mirarme y sonrió.
Pensando en mi clase de Psicología, sentí que me ruborizaba. León se rió.


El domingo, León me condujo en una visita guiada por el campus. Vimos un sorprendente número de personas paseando por él, que o estaban a punto de reanudar sus clases o habían venido, como yo, a echarle un vistazo. Era un campus inmenso, más parecido a una pequeña ciudad que a una universidad. Como es natural, lo primero que me enseñó León fue un pequeño bar situado frente a la librería de la universidad. Lo miré sonriendo y meneando un poco la cabeza, y entramos para tomar un rápido tentempié y una cerveza antes de emprender nuestra pequeña aventura. Luego, nos dirigimos a la librería, donde encontré todos los libros que necesitaba. Casi todos los que adquirí eran de segunda mano, con lo cual me ahorré un montón de dinero, pues los libros son caros. Mientras hacía cola, sonreí al ver a León hojeando un libro sobre anatomía humana y charlando con dos chicas de edad universitaria que no dejaban de reírse. Era un seductor impenitente.
Cruzamos la calle para entrar en el campus. Era una maravilla. Los senderos que conducían a los edificios de ladrillo atravesaban el campus perfectamente diseñado y el cuidado césped. Por doquier crecían cerezos japoneses; supuse que en primavera el campus ofrecería un aspecto impresionante. Personas de diversas edades y etnias estaban sentadas sobre la hierba, gozando del espléndido día.
León me miró sonriendo y me condujo frente a los imponentes edificios. No sólo conocía el nombre de todos ellos, sino que sabía qué asignaturas enseñaban en allí: en Gowen Hall, Literatura Asiática y Ciencias Políticas; en Smith Hall, Historia y Geografía; en Savery Hall, Filosofía, Sociología y Económicas (donde yo asistiría a la clase de Microeconomía); en Miller Hall se hallaba la secretaría, el único lugar del campus que yo ya conocía; en Raitt Hall, Comunicación a través del lenguaje y Ciencias Nutricionales...
León me explicó con todo detalle lo que representaba cada cosa. Yo tenía unos folletos, pero él apenas les echó un vistazo. Parecía saberlo todo de memoria. Era el mejor guía que pude haber deseado, y cada vez me sentía más agradecida por su amable ofrecimiento de acompañarme, no sólo porque parecía conocer cada rincón del campus, lo cual me chocó, puesto que había supuesto que sólo lo había visitado un par de veces cuando había venido a actuar con la banda.
No, principalmente me sentía agradecida porque, por el mero hecho de caminar junto a él por los senderos y las salas de la universidad, hizo que yo resultara prácticamente invisible. León atraía las miradas de prácticamente todo el mundo como un imán. Las mujeres —y algunos hombres— lo miraban sin disimulo. Los hombres que no lo miraban observaban perplejos a las mujeres, como si no lo entendieran. Desde la marcha de Tomas, yo me había sentido muy sola y bastante deprimida. Caminábamos entre multitud de gente que yo no conocía, que hoy no me apetecía conocer, y me alegraba de ser invisible.
León era una compañía agradable y conversaba educado conmigo. Hizo contacto visual con varias chicas con las que nos cruzamos en el edificio principal, y curiosamente evitó hacerlo con otras. Eso suscitó mis sospechas. Recorrimos gran parte del campus y visitamos algunos edificios y salas. Se afanó en mostrarme los edificios donde asistiría a clase, me indicó las aulas en las que estudiaría y las rutas que debía seguir para llegar a ellas en el menor tiempo posible.
La tarde había discurrido sin novedad, aparte de las miradas que León atraía, cuando de pronto nos topamos con alguien que nos sorprendió a los dos. Caminábamos por un pasillo hacia el aula donde asistiría a mi clase de Literatura Europea, cuando oímos detrás de nosotros:
—¡Cielo santo! ¡León Vargas!
León se detuvo, desconcertado, cuando una pelirroja menuda, con el pelo ondulado y la cara llena de pecas, se acercó apresuradamente a nosotros. En el rostro de León se pintó una expresión de pánico, y durante unos segundos pensé que iba a echar a correr. Pero, antes de que pudiera hacer nada, la joven menuda le arrojó los brazos al cuello y lo besó con voracidad.
Yo pestañeé, atónita y profundamente turbada. La chica separó brevemente los labios de los de León y dijo suspirando extasiada:
—No puedo creer que hayas venido a visitarme a la universidad.
León pestañeó, mirándola boquiabierto, pero no dijo nada.
La chica me miró y arrugó el ceño.
—Ah, veo que estás ocupado. —Sacó de un pequeño bolso un pedazo de papel y un bolígrafo, escribió algo y lo introdujo, con un gesto bastante insinuante, en el bolsillo delantero de León. Él hizo un gesto nervioso, con una expresión extraña pintada en la cara.
—Llámame —musitó la joven, besándolo apasionadamente de nuevo antes de echar a andar por el pasillo.
Y desapareció tan de repente como había aparecido.
León echó a andar de nuevo, como si no hubiera ocurrido nada remotamente insólito, y me apresuré para alcanzarlo. No pude evitar mirarlo incrédula. Se comportaba como si el hecho de que una chica se abalanzara sobre él fuera la cosa más normal. Al cabo de un momento, se volvió y me miró.
—¿Quién era esa chica? —pregunté.
Él hizo un mohín adorable, confundido y como tratando de hacer memoria.
—No tengo la menor idea. —Se llevó la mano al bolsillo y sacó la nota—. Mmm..., era Candy.
Sus ojos adquirieron una expresión chispeante al reconocer el nombre de la joven. Sonrió y miró hacia el lugar donde la chica había desaparecido. Yo puse los ojos en blanco, irritada. Mis anteriores
sospechas se habían visto confirmadas.
Me sorprendió verlo arrugar la nota y arrojarla a una papelera. Me pregunté a qué venía eso, y noté que mi enojo remitía. Había imaginado que Candy no tardaría en recibir una llamada suya. No pude reprimir una sonrisa. Pobre chica. ¡Con lo eufórica que se había mostrado!






Lo que se viene!!! :D
Jany.

Walking Disaster - Capitulo - 39

Capitulo 39


El vendedor trato sin éxito de hablar conmigo sobre algunas otras cosas que hacían juego con el sofá, pero yo tenía unas cuantas cosas más que comprar ese día.
Xabi les dio nuestra dirección, y el vendedor me dio las gracias por ser la venta más fácil del año.
— ¿A dónde vamos ahora? —preguntó Xabi, tratando de mantenerse a la par conmigo hacia el Charger.
— A lo de Calvin.
— ¿Un nuevo tatu?
— Sip.

Xabiani me miró, cauteloso.
— ¿Qué estás haciendo, Jorge?
— Lo que yo siempre dije que haría si conocía a la chica adecuada.
Xabiani se puso delante de la puerta del pasajero.
—No estoy seguro de que esto sea una buena idea. ¿No crees que deberías hablarlo con Martina primero? ya sabes… ¿Para que no enloquezca?
Fruncí el ceño.

—Podría decir que no.
—Es mejor que ella diga que no a que lo hagas y ella salga corriendo del apartamento, porque la asustaste. Las cosas han ido bien entre ustedes dos. ¿Por qué no lo dejas seguir así un rato?
Coloqué mis manos en los hombros de Xabiani.
—Eso no suena como yo en absoluto—le dije, y luego lo corrí hacia un lado.
Xabiani trotó alrededor de la parte delantera del Charger, y luego se sentó en el asiento del conductor.

—Todavía estoy tomando la posición oficial de que esto es una mala idea.
—Entendido.
—Entonces, ¿dónde?
—Steiner’s
—¿La joyería?
—Sip.
—¿Por qué, Jorge? —dijo Xabiani, con voz más severa que antes.
—Ya lo verás.
Negó con la cabeza.

— ¿Estás tratando de comprometerte con ella?
—Va a suceder, Xabi. Yo sólo quiero tenerlo. Para cuando llegue el momento adecuado.
—No hay tiempo en el corto plazo que sea adecuado. Estoy tan enamorado de Mercedes, que me vuelve loco a veces, pero no somos lo suficientemente adultos para esa mierda, todavía, Jorge. Y… ¿Y si ella dice que no?

Mis dientes se apretaron ante la idea.
—No voy a preguntarle hasta que sepa que está lista.
La boca de Xabiani en una mueca disgustada.
—Justo cuando creo que no se puedes volverte más loco, haces otra cosa que me recuerda que estas mucho mas allá que loco de mierda.
—Espera a ver la roca que conseguiré.
Xabiani estiró el cuello lentamente en mi dirección.
—Ya has estado ahí comprándolo, ¿No?
Sonreí.


Viernes. El día de la Fiesta de Citas, tres días después de que Martina sonriera por el nuevo sofá y diez minutos más tarde vertió whisky sobre mis tatuajes.

Las chicas se habían ido a hacer lo que las chicas hacen en el día de la Fiesta de Citas, y yo estaba sentado en frente del apartamento, en las escaleras, esperando que Toto hiciera su mierda.
Por razones que no podía determinar, mis nervios estaban disparados. Ya había tomado un par de tragos de whisky para tratar de asentar mi culo, pero no sirvió de nada.

Miré a mi muñeca, esperando que cualquier sentimiento ominoso que tuviera fuera una falsa alarma. En cuanto empecé a decirle Toto que se diera prisa porque estaba jodidamente frío afuera, él se encorvó e hizo sus asuntos.

— ¡Ya era hora, hombrecito!— dije, recogiéndolo y caminando al interior.
— Acabo de llamar a la florería. Bueno, florerías. El primero no tenía suficiente —dijo Xabiani.
Sonreí.
— Las chicas van a alucinar. ¿Te aseguraste de que hagan la entrega antes de que ellas lleguen a casa?
— Si.
— ¿Y si vuelven a casa antes de tiempo?
— Van a estar aquí en mucho tiempo.
Asentí con la cabeza.

— Hey— dijo Xabiani con una media sonrisa. — ¿Estás nervioso por esta noche?
— No—dije, frunciendo el ceño.
— ¡Lo estás, también, tu pollerudo! ¡Estás nervioso por noche de citas!
— No seas un idiota— le dije, retirándome a mi habitación.
Mi camisa negra ya se había planchado y esperaba en su percha. No era nada especial, una de las dos camisas con botones que yo poseía.

La Fiesta de citas era una primera vez, sí, y yo iba con mi novia por primera vez, pero el nudo en mi estómago era de algo más. Algo en lo que no podía poner mi dedo. Como si algo horrible estuviera al acecho en el futuro inmediato.

Al borde, me fui a la cocina y me serví otro trago de whisky. El timbre sonó, y levanté la vista de la barra para ver a Xabiani correr a través de la sala de estar desde su habitación, una toalla alrededor de su cintura.

— Yo podría haber atendido.
— Sí, pero entonces habrías tenido que dejar de llorar en el Jim Beam—gruñó él, tirando de la puerta. Un pequeño hombre con dos ramos de flores más grandes que él estaba en la puerta.
— Uh, sí... por aquí, amigo—dijo Xabiani, abriendo más la puerta.
Diez minutos más tarde, el apartamento estaba empezando a mirar el camino que me había imaginado. Se me había ocurrido la idea de regalarle flores a Martina antes de la fiesta, pero un ramo no era suficiente.

Así como un repartidor se iba, otro llegaba, y luego otro. Una vez que todas las superficies de la vivienda exhibían orgullosas por lo menos dos o tres ostentosos ramos de rosas rojas, rosas, amarillas, y blancas, Xabiani y yo estuvimos satisfechos.

Me di una ducha rápida, me afeité y me deslicé dentro de un par de jeans mientras el motor del Honda zumbaba fuertemente en el estacionamiento. Unos momentos después de que se apagara, Mercedes empujó la puerta de entrada y, luego, Martina. Su reacción por las flores fue inmediata, y Xabiani y yo estábamos sonriendo como idiotas mientras ellas gritaban de alegría.
Xabiani miró alrededor de la sala, parado orgullosamente.

— Íbamos a comprar dos ramos de flores, pero ninguno de los dos pensó que sólo un ramo bastaría.
Martina me echó los brazos al cuello.
— Chicos, ustedes son... son increíbles. Gracias.
Golpeé su culo, dejando que mi mano repose en la suave curva justo por encima de la parte superior su muslo.
— Treinta minutos para la fiesta, Pidge.

Las chicas se vistieron en la habitación de Xabiani mientras esperábamos. A mi me llevó unos cinco minutos abotonar mi camisa, encontrar un cinturón, y ponerme los calcetines y los zapatos. Las chicas, sin embargo, se tardaron una maldita eternidad.
Xabiani, impaciente, llamó a la puerta. La fiesta había comenzado quince minutos antes.
— Es hora de irse, señoras— dijo Xabiani.
Mercedes salió con un vestido que parecía una segunda piel, y Xabiani silbaba, brillando con una sonrisa instantánea.
— ¿Dónde está?—le pregunté.
— Martina está teniendo algunos problemas con su zapato. Saldrá en sólo un segundo —explicó Mercedes.
— ¡El suspenso me está matando, Pigeon!—Llamé.

La puerta chirrió y salió Martina, jugueteando con su vestido corto y blanco. Su cabello puesto a un lado, y a pesar de que sus tetas estaban cuidadosamente escondidas, estaban acentuadas por la tela ajustada.
Mercedes me dio un codazo, y parpadeó.
— Mierda.




Por un novio como Jorge y Xabi...Amen XD
Jany.

Hush Hush - Silence - Capitulo - 38

Capítulo 38
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Mi respiración disminuyó mientras me daba cuenta de que los brazos de Jorge estaban asegurados a mi alrededor. Estábamos sentados en el suelo de su habitación, y yo me estaba inclinando hacia él. Él me mecía gentilmente, murmurando sonidos calmantes en mi oído. 
—Así que eso es —dije—. Realmente maté a Chauncey. Maté a un Nefil. Un inmortal. Maté a alguien. Indirectamente, pero de todos modos. Maté.
—Tu sacrificio debería haber matado a Hank.
Asentí desconcertada.
—Te vi hablándole al arcángel. Vi todo. Utilizaste a Gabe, Jeremiah y Dominic para despejar el almacén y estar a solas con ella.
—Sí.
—¿Gabe encontró a Hank y lo forzó a jurar lealtad?
—No. Lo habría hecho, pero yo encontré a Hank primero. No estaba completamente de acuerdo con Gabe. Le hice creer que le daría a Hank, pero tenía a Dabria esperando afuera del almacén. En el momento en que Hank apareció, ella lo capturó. Cuando volví y encontré que no estabas, pensé que él te había tomado. Llamé a Dabria y transporté a Hank aquí para interrogarlo. Lamento lo de Dabria —se disculpó—. La traje conmigo porque no me importa lo que le pase. Ella es prescindible. Tu no.
—No estoy molesta —dije. Dabria era la menor de mis preocupaciones. Tenía una preocupación mucho más grande martillándome—. ¿Los arcángeles votaron? ¿Qué le va a pasar a Hank?
—Antes de que votaran, querían hablar conmigo. Dado todo lo que ha pasado, no confían en mí. Les dije que si me dejaban matar a Hank, ya no tendrían que preocuparse de la magia negra. También les recordé que si Hank muere, tú te convertirás en la líder de su armada Nefilim. Les prometí que tú detendrías la guerra.
—Cueste lo que cueste —dije, asintiendo con la cabeza impacientemente—. Quiero que Hank desaparezca. ¿La votación fue unánime?
—Ellos no quieren que se les relacionen con este lio. Me han dado luz verde con Hank. Tenemos hasta el amanecer. —Entonces fue cuando noté la pistola en el suelo al lado de su pierna.
Él dijo:
—Prometí que no te robaría este momento, y si eso todavía es lo que quieres, entonces cerraré mi argumento en el asunto para siempre. Pero no puedo dejar que entres en esto a ciegas. La muerte de Hank se quedara contigo para siempre. No puedes retractarte, y nunca lo olvidaras. Lo mataré, Martina. Lo haré si me dejas. La opción está ahí. Es tu decisión, y te apoyaré de cualquier manera, pero quiero que estés preparada.
Ni me inmuté. Recogí el arma.
—Quiero verlo. Quiero mirar sus ojos y ver su arrepentimiento cuando se dé cuenta a donde sus elecciones lo han llevado.
Sólo pasó un breve momento antes de que Jorge aceptara mi decisión con una inclinación de cabeza. Me dirigió hacia el pasillo secreto. La única luz parpadeaba desde las antorchas montadas. Las llamas iluminaban varios de los primeros metros del corredor, pero después de eso, no podía ver nada a través de la sofocante negrura.
Seguí a Jorge más y más profundo, el pasillo nos conducía suavemente hacia abajo. Por fin, una puerta apareció. Jorge tiró de la anilla de hierro, y la puerta se abrió hacia nosotros.
En el interior, Hank estaba preparado. Se abalanzó hacia Jorge. Las esposas le detuvieron en seco, atrapando sus puños en el aire. Con una risita que sonaba demasiado demente para mi gusto, dijo:
—No te engañes a ti mismo pensando que podrás salirte con la tuya con esto. —Sus ojos brillaban a partes iguales de aprobación y odio.
—¿Justo como tú pensaste que podías engañar a los arcángeles? —Fue la rápida respuesta de Jorge.
Los ojos de Hank se entrecerraron con cautela. Su mirada cayó al arma en mi mano, registrándola por primera vez.
—¿Qué es esto? —preguntó en un tono verdaderamente escalofriante.
Levanté el arma, apuntando a Hank. Satisfecha al ver su rostro nublado con confusión, y luego hostilidad.
—¿Alguien podría decirme que está pasando? —chasqueó.
—Tu tiempo se ha acabado —le dijo Jorge.
—Nosotros hemos hecho nuestro propio acuerdo con los arcángeles —dije.
—¿Qué acuerdo? —gruñó Hank, con rabia agitándose con cada palabra.
Reduje mi objetivo hacia pecho.
—Ya no eres inmortal, Hank. La muerte llamó a tu puerta después de todo.
Se echó a reír, incrédulo, pero el destello de miedo en sus ojos me dijo que me creía.
—Me pregunto qué te deparará la próxima vida —murmuré—. Me pregunto si, en este momento, estás cuestionándote la vida que construiste. Me pregunto si estás replanteándote todas las decisiones, tratando de averiguar dónde todo salió mal. ¿Recuerdas a las incontables personas que utilizaste y lastimaste? ¿Recuerdas cada uno de sus nombres? ¿Ves el rostro de mi madre? Eso espero. Espero que su rostro te persiga. La eternidad es mucho tiempo, Hank.
Hank se sacudía contra las cadenas tan violentamente que pensé que se iban a romper.
—Quiero que recuerdes mi nombre —le dije a Hank—. Quiero que recuerdes que hice por ti, lo que tú deberías haber hecho por mí. Mostrar algo de piedad.
Su expresión salvaje, vengativa se detuvo repentinamente marcada con cautela. Era un hombre inteligente, pero no estaba segura de que hubiera adivinado mis intenciones por el momento.
—No voy a liderar a tus Nefilim para que se subleven —le dije—. Porque no vas a morir. De hecho, vas a vivir un poquito más. Garantizado, no vivirás en el Ritz. A menos que Jorge intente mejorar esta cámara. —Levanté las cejas hacia Jorge, pidiéndole que interviniera.
¿Qué estás haciendo, Ángel? Murmuró en mis pensamientos.
Para mi sorpresa, mi habilidad de hablar en su mente era algo natural. Un interruptor instintivo se prendió en mi cerebro, y canalicé mis palabras por el enorme poder mental. No voy a matarlo. Y tú tampoco lo harás, así que no te hagas ilusiones.
¿Y los arcángeles? Tenemos un trato.
Esto no es correcto. Su muerte no debería ser nuestro problema. Pensé que esto era lo que quería, pero tenías razón. Si lo mato, nunca lo olvidaré. Lo voy a llevar conmigo para siempre, y eso no es lo que quiero. Quiero seguir adelante. Estoy tomando la decisión correcta. Y aunque lo mantuve para mí misma, sabía que los arcángeles nos estaban utilizando para hacer su trabajo sucio. Por mi parte, ya he tenido suficiente de ensuciarme las manos.
Para mi sorpresa, Jorge no dijo nada. Se enfrentó a Hank.
—Yo lo prefiero frio, oscuro y estrecho. Y a prueba de sonidos. De esa manera, no importa cómo tan fuerte y tiempo grites, sólo tendrás tu propia miseria para hacerte compañía.
Gracias, le dije a Jorge, poniendo toda mi sinceridad detrás de mis palabras.
Una sonrisa malvada se deslizó en su boca. La muerte era demasiado buena para él. Es más divertido de este modo.
Si el estado de ánimo no hubiera sido tan grave, podría haberme reído.
—Esto es lo que obtienes por creer a Dabria —le dije a Hank—. Ella no es una profetisa; es una psicópata. Vive y aprende.
Le di a Hank la oportunidad de decir alguna palabra final, pero como esperaba, estaba tan estupefacto que se quedó sin habla. Esperaba, al menos, un último intento de pedir disculpas, pero no había puesto mi corazón en ello. En lugar de eso el último intercambio de Hank llegó en la forma de una extraña y débil sonrisa de presentimiento. El efecto me desalentaba un poco, pero supuse que eso era lo que pretendía.
El silencio llenó la pequeña celda. El crepitar de la tensión del aire decayó hasta desaparecer. Desterrando todo pensamiento de Hank, me volví extremadamente consciente de Jorge de pie detrás de mí. Hubo un cambio distinto en el aire, cambiando de incertidumbre a alivio.
El cansancio me agotó. Su primer víctima fueron mis manos, las cuales empezaron a temblar. Mis rodillas también temblaban, luego mis piernas. La sensación de agotamiento se arrastró como un mareo. Las paredes de la celda, el aire viciado, incluso Hank parecían girar. La única cosa que me mantenía conectada a la tierra era Jorge.
Sin previo aviso, me arrojé en sus brazos. Me presionó hacia atrás contra la pared con la fuerza de su beso. Un temblor de alivio lo atravesó, y hundí mis dedos en su camisa, arrastrándolo contra mí, necesitándolo cerca de una manera que nunca había necesitado antes. Su boca presionaba y probaba la mía. No éramos nada expertos sobre la manera en que él me besaba ahora; en la fría oscuridad de la celda, una urgencia caliente nos obligaba estar juntos.
—Vámonos de aquí —murmuró en mi oído.
Estaba a punto de estar de acuerdo, cuando vi fuego por el rabillo de mi ojo. Al principio, pensé que una de las antorchas se había caído del soporte. Pero la llama danzaba en la mano de Hank, un fascinante, resplandor sobrenatural azul. Me tomó un momento entender lo que mis ojos estaban viendo pero se rehusaban a creer.
La comprensión de las dos cosas se puso de manifiesto de una sola vez. Hank hacia malabares con una bola de candente fuego azul en una mano y tenía la pluma negra de Jorge en la otra. Dos objetos vastamente diferentes; uno luz, otro oscuridad. Moviéndose juntos inexorablemente cerca. Un hilo de humo se enroscaba hacia arriba desde la punta de la pluma.
No había tiempo de gritar una advertencia. No había tiempo para nada.
En ese escaso momento, levanté el arma. Apretando el gatillo.
El disparo arrojó a Hank hacia atrás contra la pared, con los brazos y la boca abierta de sorpresa.
Él no se movió de nuevo.






Yei!!!! Game Over Hank... okno XD
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Jany

domingo, 20 de julio de 2014

El Niñero - Capitulo - 20

Capítulo 20

—¡Hey, no hemos terminado! —decía mientras caminaba detrás de mí.

—¿Sabes? no estoy de humor... —le dije con fastidio.

—Es algo que a mí no me interesa... —me dijo— Sabes que el castigo que te estoy dando no es nada a lo que realmente te mereces. —me dijo poniéndose enfrente de mí, evitando que siguiera caminando.

—Ay, Jorge...ya no hay nada que me puedas quitar...¡no tengo auto, dinero, celular y ni siquiera escuela! —le dije dándome la vuelta.

—Tampoco televisión... —me dijo siguiéndome.

—Está bien... —tomé la perilla de la puerta.

—Y de aquí a que me valla, no quiero a ese idiota aquí... —se refería a Xabi.

—¿Qué? —le dije mientras volteaba a verlo.

—Como escuchaste.

—Ni siquiera mis padres me prohíben verlo cuando me castigan —le dije molesta, Xabi para mí era como un hermano y después de lo sucedido necesitaba hablar con él.

—Pero ahora yo estoy a cargo y él no me agrada. —dijo despectivamente.

—Alguien está celoso...Jorge tiene celos...celos... —comencé a cantar con una tonta tonada, el solo reía fastidiado.

—Sí, claro... —dijo sarcástico.

—...Tiene celos...y se molesta porque tiene celos... —no podía parar de reír por mi improvisada canción.

—Basta... —me dijo mientras caminaba hacia las escaleras nuevamente.

—Muy molesto, alguien me quiere pero no puede, porque tiene celos, celos, celos... —seguía cantando y riendo.

—¡Ya! —me gritó desesperado mientras que fugazmente me acorralaba contra la pared.

—Alguien está asustada... —comenzó a cantar, mientras seguía acercando su anatomía a la mía.

—No tanto como los celos que sientes... —seguía cantando mientras que el ponía sus brazos a mis costados, apoyándolos contra la pared.

—¿Celos? —preguntó levantando una de sus cejas.

—Sí...acéptalo, te deshaces por dentro... —solté una burlona carcajada.

—Te equivocas... —su respiración se mezclaba con la mía— Yo tengo una hermosa novia, cero problemática. —podía sentir cómo su aliento acariciaba mis labios.

Subí mis manos por su cuello, delicadamente para formar un abrazo, su mirada iba de mis ojos a mis labios. Su respiración comenzaba a acelerarse, mas yo mantenía una tranquilidad increíble. Ladeé mi cabeza para acoplar nuestros labios. Cerró los ojos, esperando a que mis labios aprisionaran los suyos.

—Entonces por qué no te vas con ella... —susurre en sus labios para después ágilmente escaparme.

Me encerré en mi habitación, no sin antes ponerle candado a la puerta. Me acosté en mi cama mirando al techo.

—Ahh ya me aburrí... —dije después de unos minutos. Eran las dos de la tarde; no tenía música, ni televisión y no podía hablar por teléfono.

Me puse de pie y salí hacia la sala, tomé el control de la televisión y la encendí, para después acostarme en un sillón. Cambiaba rápidamente los canales hasta que por fin encontré una película que logró captar mi atención.

—Tini, abre la puerta... —me indicó Jorge desde la cocina cuando se escuchó el timbre.

—Yo no espero a nadie.

—¡Hey, qué haces viendo la televisión! ¡Estas cas-ti-ga-da! —me reclamó mientras caminaba hacia la puerta.

Abrió la puerta y seguido escuché un —Hola—

—¿Qué haces aquí? —le preguntó Jorge sorprendido.

—¿Que no te alegra ver a tu novia? —le contesto la dueña del 'hola'...osea, Alice.

—Sí, pero te dije que aquí no... —lograba escuchar toda la conversación.

—¿Hey qué te pasó en el labio? —le preguntó.

—No es nada... —le dijo cortante.

—Es que no sé...pensé que tal vez podríamos ir a tomar algo o a mi casa... —dijo con su aguda y molesta voz

— ¡Anda! Deja a la estúpida esa... —estaba por ponerme de pie y hacerle lo mismo que a Jasmine, pero me tranquilicé – ¡No, Martina! ¡Dos peleas en un día, no! – además si lo hacía, Jorge no se iría y arruinaría mi plan.

Seguí como si no hubiera escuchado nada y miraba con atención la película.

—Martina, voy a salir. ¡Pórtate bien! —me dijo parado en el umbral mientras se ponía su chaqueta. No le respondí, solo esperé a que saliera de la casa para correr escaleras arriba y cambiarme de ropa. {http://www.polyvore.com/cgi/set?id=16579346 } tomé la bolsa, pero no tenía sentido llevarla, no traía absolutamente nada, así que la dejé.

Sin hacer ruido salí de la casa, tenía que hablar con Xabi.

Su casa no quedaba muy lejos, solo haría unos cuantos minutos de camino, y para regresar le diría que me trajera o le quitaría dinero para un taxi. Tenía suficiente tiempo, seguramente Jorge llegaría hasta tarde y más si no llevaba su auto.

—¡Tini! ¡pero mira que linda estas! —me dijo la madre de Xabi cuando me vió, sonreí sonrojada y saludé— Buscas a Xabiani ¿cierto? —me preguntó sonriente— ¡Pero pasa! —me dijo amablemente.

Después de unos minutos vi que venía bajando las escaleras, me miró extrañado.

—¿Qué haces aquí? —me preguntó.

—Jorge salió y vine... —reí— Es que quería hablar contigo... —le sonreí lo mejor que pude.

—Siéntate... —me dijo después de soltar una risa.

—Mira...con Jorge no pasó nada...yo sé que estaba algo pasada esa noche pero créeme nada sucedió —le expliqué. No era del todo cierto, pero sí la gran mayoría.

—Es que no me da confianza ese tipo... —me dijo con cara de desagrado.

—Pero a mis padres sí... —le dije— Yo no lo escogí, si no ellos...así que por algo debe de ser... —le sonreí.

—Entonces discúlpame... —me dijo apenado— ...Discúlpame por golpear a tu novio... —soltó una sonora carcajada.

—¡Cállate! ¡No es mi novio! —reí junto con él.

—Pero sé que te gusta...y eso si lo puedo jurar... —levanto sus cejas rápidamente.

—...Tiene novia... —le dije mirando hacia el piso— Y es un idiota... —ambos reímos.

—No llores... —me dijo con voz tierna.

—¡No estoy llorando! —seguíamos riendo.

—Vamos, te invito un helado... —me dijo poniéndose de pie.

Pasamos toda la tarde juntos, me divertía mucho estar con él. Seguíamos ahogados de risas hasta que miré su reloj.

—¡Xabi! —dije alarmada— ¡Son las siete de la noche!

—No puede ser... —abrió sus ojos como platos— ¡Ya deberías de estar dormida, niña!

—Cállate y llévame a casa... —le dije riendo.

Subimos a su auto y en unos minutos ya estábamos en la puerta de mi casa, me despedí y bajé del auto. El auto de Jorge ahí seguía, pero no me alarmé porque se había ido en el auto de la bruja de Alice...



Jorge y Tini estan celosos :D
Jany

El Niñero - Capitulo - 19

Capítulo 19

—¿Quién se aprovechó de ti? —eso no lo pronunció Xabi y mucho menos yo, volteé hacia el umbral y vi que era Jorge el que entraba a la sala cargado con bolsas.

—Tú, idiota... —dijo Xabi mientas se acercaba amenazantemente hacia Jorge. Traté de pararlo, tomándolo de la camisa, pero fue inútil; se paró frente de él y lo empujó.

—Mira... —soltó una sarcástica y furiosa carcajada— No se de qué rayos estás hablando... —puso las bolsas en el piso— Pero será mejor que te largues ahora. —le dijo amenazantemente.

—Bueno... —reí nerviosamente mientras me ponía entre los dos, de frente a Xabi— Creo que será mejor que te vayas —le dije casi rogando, puse mis manos en su pecho, para hacerlo hacia atrás.

—No...yo no me voy hasta partirle la cara a este... —ni siquiera me miraba, solo lo miraba a él con una fría mirada, y estaba cien por ciento segura que la mirada de Jorge era igual o más despectiva.

—Genial...no sabes las ganas que tengo de dejarte en el piso. —sus voces llenas de rabia, me hacían estremecer.

—Ya basta...déjense de tonterías...Xabi vete por favor... —le insistí, pero lejos de hacerme caso, me tomó de la cintura, para levantarme en el aire y hacerme a un lado.

—¡Xabi! —grité cuando vi como le tiraba un golpe a Jorge; éste pasó el dorso de su mano por debajo de su labio inferior, para limpiar la gota de sangre que había brotado—. ¡Basta! —volví a gritar solo que ahora Jorge le devolvió el golpe.

Todo pasaba tan rápido y a pesar de mis seguidos intentos de separarlos, si no era Xabi, era Jorge el que me hacía a un lado.

—¡Xabiani! ¡Uno más y no te vuelvo a hablar en mi vida! —le grité haciendo que volteara a verme, su ceja y labio sangraban al igual que Jorge.

—No puedo dejar que este tipo se aproveche... —me dijo molesto.

—¡Pero entiéndeme, no me hizo nada! —me puse nuevamente en medio—. Por favor vete... —le volví a pedir. Tomó el cuello de su camisa y limpió sus labios.

—Sabes que te quiero... —me dijo resignado, se acerco a mí, me abrazó y besó mi mejilla.

Miró fulminantemente a Jorge una vez más y salió de la casa, escuché el golpe de la puerta e inmediatamente llevé mis manos hacia mi rosto para ocultarlo. Me sentía terrible.

—Por eso quería hablar contigo...para evitar que le dijeras a medio mundo que abusé de ti... —me dijo furioso mientras tomaba las bolsas del piso que ahora estaban esparcidas por toda la sala.

—Yo no dije absolutamente nada a nadie... —le dije caminando detrás de él.

—Sí, claro...¿entonces por qué este imbécil se me hechó encima? —me gritó.

—¡Tal vez porque vio las marcas que estúpidamente dejaste en mi cuello! —le grité igualmente, no iba a permitir que me él me gritara sin razón.

—Discúlpame...pero tú dejaste las mismas marcas o incluso peor en mi cuello y no estoy quejándome con la primera persona a la que vea. —dejó las bolsas sobre la mesa de la cocina.

—¡Ja! Ahora resulta que yo tengo la culpa... —le dije sarcásticamente.

—Sí...¡tienes la culpa desde haber hecho una fiesta, beber hasta perder el conocimiento y no dejarme ir! —se acercó mientras enumeraba fríamente lo que decía.

—¿No dejarte ir? —pregunté riendo— ¿Acaso te apunté con una pistola? ¿Te amarré? o ¿Te amenacé para que te quedaras? —ahora yo enumeré con mis dedos.

—Pues uno solo recuerda lo que le conviene...

—¿Lo que le conviene? —volví a reír— No lo creo...porque nada de lo que sucedió me conviene y aún así recuerdo algunas cosas —dije seca.

—¿No te conviene? —ahora fue él quien soltó una carcajada— '¡Shh Jorge! ¡Si podemos!' —dijo haciendo una aguda voz, tratando de fingir la mía.

—¡Eres un idiota! —le dije ahora más que molesta.

—¡Sí! ¡Un idiota al cual casi violas!

—¡Brincos dieras! —le dije soltando una sonora carcajada— ¿Sabes qué? ¿Por qué no te vas? ¡Tómate el día! ¿Por qué no te vas con tu novia o algo así?

—¿Qué? ¿Ahora estás celosa? —se acercó a mí lentamente.

—No tienes tanta suerte...

—No necesito suerte... —seguía acercándose— Sé que te gusto... —esta vez yo no retrocedí, no le demostraría debilidad.

—Si me gustaras ya te tendría aquí... —levanté mi mano mostrándole la palma de mi mano.

—¿Cómo? ¿Así como yo te tengo a ti? —levanto una de sus cejas mientras sonreía victoriosamente de lado.

—Bien sabes que no es cierto... —le dije riendo, me di media vuelta y caminé hacia las escaleras.




jejejeje Jorge "—¡Sí! ¡Un idiota al cual casi violas!" 
Aunque, pensándolo bien.... yo si lo ubiera hecho XD
Jany. 

El Niñero - Capitulo - 18

Capítulo 18

*Narra Martina*

—Martina y Jasmine... —comenzó a hablar el director— decidieron arreglar sus problemas vulgarmente... —le contó mientras yo solo miraba hacia el piso— El profesor que las cuidaba, me comenta que fue Jasmine la que comenzó el problema —sonreí victoriosa—. Pero aún así, Martina le siguió la corriente, y creo que de eso ya habíamos hablado ¿O me equivoco? —preguntó mirándome yo solo negué con la cabeza—. Así que ambas serán suspendidas por dos semanas. —volteé a verlo sorprendida— Y si al regresar vuelven a causar problemas, ambas serán expulsadas de la institución —dijo seriamente.

—¿Pero en vez de suspensión, no se le podría aplicar otro castigo? Perderá muchas clases —le dijo.

—Lo siento, pero ya he hablado muchas veces con ella, incluso estaba condicionada, ¡debería expulsarla! Pero no lo estoy haciendo, así que esta es su última oportunidad... —le dijo a Jorge, para después mirarme a mí.

—Está bien... —aceptó Jorge.

—Creo que el castigo no es nada a lo que realmente debería hacer... —me dijo y asentí con la cabeza. Ambos nos pusimos de pie para salir de la oficina, pero antes de salir el director me llamó.

—Stoessel...¿estás segura de que no quieres entrar al equipo de lucha? —solté una carcajada que se unió a la de él.

—No...de nuevo gracias... —le dije entre risas.

Salimos de la oficina, Jorge permanecía callado mientras caminábamos por los pasillos, hasta que se dignó a hablar.

—Es que ya no se qué hacer... —dijo riendo nerviosamente— Te quité el auto y el dinero... —enumeró con sus dedos— Y aún así sigues causando problemas...

—Ella inició... —me defendí.

—Pero pudiste evitarlo...mira cómo te dejó... —tocó mi mejilla.

—Hubieras visto cómo quedó ella... —le dije seriamente mientras corría mi rostro y dejara de tocarme.

Seguimos caminando hasta que llegamos a la salida del edificio, y antes de llegar a la salida del campus, escuché que gritaban mi nombre, volteé y era Xabi el que corría detrás de nosotros, venía con su traje de americano, seguramente se había salido del entrenamiento. Me detuve, pero Jorge solo hizo una cara de fastidio al verlo y siguió caminando.

—Quiero hablar contigo... —me dijo mientras trataba de recuperar todo el oxígeno perdido al correr.

—Si es sobre eso...ya te dije la verdad. —le dije recordando lo que había pasado hace unas horas.

—No...platiquemos bien... —me dijo sonriente.

—Está bien... —acepté— Solo que seguramente estoy castigada, así que ve a mi casa... —le dije.

—¿Castigada?

—Sí...estoy suspendida dos semanas... —solté una carcajada.

—¿Jasmine? —preguntó obvio.

—Sí... —volvió a reír— Al fin le di lo que se merecía...

—Entonces acabo el entrenamiento y voy a tu casa ¿sí? —me preguntó sonriente.

—Perfecto... —me despedí y caminé hacia el auto de Jorge.

—Creo que está más que claro que estas castigada ¿no? —me dijo sin despegar la mirada del camino— No saldrás desde ahorita, hasta que lleguen tus padres... —me dijo pensativo— No celular, no llamadas, a menos que sea importante... —no reclamé nada, en realidad no tenía ganas de pelear ahora con él.

—¡Pero que le pasó, señorita! —me dijo una de las de limpieza.

—No paso nada... —le dije riendo— Solo un pequeño problema... —dejé mi bolso en la mesa.

La casa ya estaba completamente limpia, me senté a un lado de la barra de la cocina y tomé mi cabeza entre mis manos.

—Eso pasa cuando bebes en exceso... —escuché la voz de Jorge— Ten...tómatelas. —me dijo mientras a un lado de mi dejaba un par de aspirinas. Las tomé y me puse de pie por un vaso de agua.

—Joven... —le dijo a Jorge una de las trabajadoras— Necesitamos estas cosas... —le entregó una lista cuyo contenido desconocía.

—Está bien...ya mismo iré a comprarlo. —le dijo saliendo de la cocina, pero se detuvo— Que Martina no tome el teléfono y que mucho menos salga... —les dijo a todas, yo solo solté una carcajada— Tu celular... —me dijo tendiendo su mano.

—Ten... —le entregué toda la bolsa para después ponerme de pie y subir las escaleras.

Entré a mi habitación, me quité el suéter y lo lancé a la cama para luego dirigirme al baño, después de deshacerme de toda mi ropa y que el agua tuviera una buena temperatura, entré. Después de un buen rato salí. El dolor de cabeza iba disminuyendo. – ¡No volveré a tomar nunca!- pensé segura. Elegí esto ya que no tenía planeado salir, ya que estaría castigada por mucho tiempo. {http://www.polyvore.com/cgi/set?id=16521471 }

Estaba por recostarme cuando tocaron a mi puerta, me puse de pie y abrí.

—Señorita...el Joven Xabiani está abajo.

—Gracias, dile que ahorita bajo —le dije mientras ponía mis pantuflas.

Bajé las escaleras y lo encontré sentado en la sala, ya se había cambiado, traía una playera blanca con unos jeans de mezclilla.

—Hey... —me dijo sonriente cuando me vió.

—Hey... —le dije igualmente mientras me sentaba a un lado de él.

—Me dijeron que estabas castigada... —soltó una carcajada.

—Así es... —le dije seguido de un suspiro.

—Mira como te dejó la mejilla... —trató de tocar el rasguño.

—Hey no toques... —le dije quitándome— Me arde... —reí.

— ¿Y qué le hiciste? —me preguntó curioso.

—Pues...solo te diré que me querían para el equipo de lucha... —ambos reímos.

— ¡Estás loca, Tini! —me dijo despeinando mi cabello.

—Sabes que yo no soy así...pero ella me sacó de mis casillas —me defendí.

—Te creo, te creo... —me abrazó.

— ¿Y Jorge? —preguntó con cara de desagrado.

—Salió a comprar unas cosas que hacían falta... —le dije mientras jugaba con los dedos de su mano.

—No me agrada en lo absoluto. —me dijo sincero.

—Tú a mí tampoco me agradas. —bromeé.

— ¿Ah, no? —preguntó haciéndose el ofendido.

—No... —solté una carcajada.

—¿Segura...? —puso sus manos en mis costillas para comenzar a hacerme cosquillas.

—N...no...para...para...por...por fav...por favor... —apenas podía hablar ya que sentía que me ahogaba, me recosté en el sillón para tratar de liberarme.

Las cosquillas cesaron, cuando noté que me miraba con detenimiento el cuello.

—Confía en mí...y dime...eso no es alergia —me dijo mirándome fijamente ahora a los ojos, me puse de pie.

—Creí que no íbamos a hablar de esto... —le dije molesta.

—¡Es que por qué no me dices! —me dijo desesperado— ¡Antes de irme no los tenías!

—Es que nada...¡entiéndeme! Es alergia, algo me picó, qué se yo... —le dije acelerada.

—¡Dímelo, Tini! ¿Se aprovechó de ti? —me preguntó mirándome fijamente...






Xabi,la cuida como si fuera su hermanita *-* AMOR!!!
Jany