domingo, 17 de noviembre de 2013

¿El orgullo, o el amor? - Capitulo 10

{Capítulo 10}:



La razón por la que estaba allí era sólo porque la rubia oxigenada se lo había pedido y no por voluntad propia, pensando que su corazón no podía estar más destrozado nuevamente se equivoco como una estúpida, se recriminó el haber pensando al menos por un momento que él había ido a buscarla con esa tormenta que, por supuesto era la peor que había visto en su vida, pero todo fue una real mentira, se sentía tan tonta en creer en un cuento de hadas si su día a día era una batalla contra un ogro que tenía todas las de ganar. Ella esperaba que él no se hubiera dado cuenta de la esperanza que nació en ella de que él la quería de vuelta en la tienda por cuenta propia y no porque una mujerzuela se lo haya pedido.

Sus miradas aún estaban unidas pero lanzaban llamas de odio y rabia uno por el otro, aunque la más afectada era ella. Ella suspiró bajando la mirada tragándose el caliente de las lágrimas y la presión en el pecho que se alojó desde que, prácticamente, le grito la verdad en la cara.


- No volveré a trabajar en esa tienda y mucho menos con la……- la interrumpió como si tuviera el derecho de hacerlo.

- No la insultes, no permitiré que lo hagas – se comportaba como un caballero que protege a su dama, en este caso era un ogro protegiendo a una ‘dama de compañía’ y una pequeña risa salió de ella, enfureciéndolo más a él.

- Entiendo que necesites una dama de compañía para cumplir tus aventuras truncadas. Ahora se la razón por la cual no quieres que la insulte – expresó ella burlándose de él, cosa que lo estaba logrando.

- Puedo cumplir mis ‘aventuras truncadas’ con quien se me dé la gana, no necesito una dama de compañía.

- No con cualquiera – esbozó ella una sonrisa burlona recodando aquella vez en la bodega que lo rechazó al casi volver a besarla.

- Por supuesto que sí – ironizó él mientras se acercaba a ella, en tanto ella no pudo reaccionar al sentir que sus pechos estaban muy pegados con el torso de él y no hacía nada para impedirlo. Ella estaba a punto de alejarse de él pero en un movimiento rápido, él la tomo de la cintura y la apretó más contra su pecho, encerrando los brazos de ella en su pecho sin que tuviera escapatoria alguna. Al momento de tomar todo el aire que sus pulmones le permitían para vociferar al menos una palabra ese aire fue reemplazado por los labios de él que los apretó contra los de ella, ella cohibida por el acto apretó sus labios por inercia, no quería volver a caer como tonta en un juego de niños.

A él no le importo que ella apretara los labios, conocía muy bien a las mujeres y cómo actuaban pero él, ignorando todo obstáculo que ella imponía, mordió el labio inferior de ella y en un quejido de dolor o de placer abrió los labios dejándoselos en bandeja de plata a él, él aprovechó ese único momento tomando sus labios con fuerzas con una desesperación anormal como si tuviera años sin probar sus labios, ella trataba de separarlo empujando su pecho con sus, ahora débiles, brazos pero sus labios seguían actuando correspondiéndole el beso, él para que no escapara tenía sus manos en la espalda de ella, teniendo todo el cuerpo de ella entre el suyo. La pasión ya hacía presencia y la cordura ya desalojaba el lugar, tanto, que ella revolvía el cabello de él entre sus manos y él hacía todo lo posible porque sus cuerpos no se separaran, en un acto de inconsciencia él jugaba con el borde de su blusa, al notar que ella ahora no ponía impedimento, levanto su camisa dejando sus pechos cubiertos solo por el brassier, ella siendo otra persona en los brazos de él, comenzó a desabrochar los botones de su camisa con lentitud y miedo, al ver que los labios de él se movían desesperados contra los de ella, su actuar se aceleró.

De pronto el mundo se detuvo, él separo sus labios lentamente de ella, ambos estaban sin camisa y aturdidos por lo que acababa de pasar, la cordura llegó a ella rápidamente estrellándola contra la cruda realidad. Para aturdirlos más a ambos, el sonido del timbre se escuchó más agudo de lo normal, una y dos veces, ella tomo su camisa del piso y huyó escaleras arriba, encerrándose en su cuarto, él abrió la puerta y se encontró a un hombre calvo y barrigón en frente de la puerta.


Ella estaba en su cama hecha una estatua por la obvia razón que aún no asimilaba lo que acababa de ocurrir, escuchó la puerta principal cerrarse y su estómago se tensó ¿Se había ido? Se termino de colocar la blusa que anteriormente estaba en el suelo de la sala mientras ella cometía una locura con la persona que menos soportaba en este mundo, bajo sin pensarlo, porque si pensaba en bajar se volvería una ermitaña y no bajaría nunca, se encontró con él apoyado en la puerta y en su rostro ninguna expresión alarmante, sin embargo, sus ojos posados en el suelo denotaban una decepción increíble y nuevamente se sintió humillada pero esta vez no era por él, era ella misma quien se había prestado al juego de ‘orgullosos que nunca ceden’ él levanto su mirada viéndola a ella bajando las escaleras, tenso su mentón ocultando todo lo que su mirada demostró, el se paro erguido y se giró, abrió la puerta y habló por última vez.


- Te espero el lunes a primera hora – soltó en un frió hablar haciendo que inconscientemente los vellos de sus brazos se erizaran y una lágrima saliera sin avisar bajando por su mejilla, sin saber que esa lágrimas estaba cargada de miles de sentimientos que ella apenas podía reconocer.

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