domingo, 17 de noviembre de 2013

¿El orgullo, o el amor? - Capitulo 11

{ Capítulo 11}:



Sólo necesitaba una señal para saber que debía regresar a esa tienda que de un tiempo para acá se ha convertido en todo lo contrario a lo que ella imaginaba, en su peor pesadilla, ella que siempre había odiado que un hombre le hiciera cambiar de opinión solo por una necesidad propia, ahora vivía esa situación en carne propia, las cuentas llegaban y llegaban y el dinero desaparecía muy rápido, estaba hasta el cuello de deudas, definitivamente debía regresar a la tienda doblegando su orgullo para ir y pararse en frente a recibir órdenes de Justin ¡Error! debía recibir órdenes de la rubia estúpida ¿Cómo era posible que el la pusiera a cargo si apenas la conocía? Al parecer el tonto está pensando con la cabeza de abajo. Es increíble todo lo que hace un hombre por un jodido polvo.


Dudosa, caminaba por las calles atestada de gente apresurada por llegar rápido a su trabajo en tanto ella quería todo lo contrario, cada paso lo retrasaba más para no llegar, se volvió un manojo de nervios al doblar en una esquina y ver la tienda ¡Joder, otra veces se le hacía lejísimo la tienda y ahora estaba a unos cuantos pasos! Solo faltaban unos cuantos metros para llegar a la tienda, suspiró y decidió terminar con esa zozobra que la estaba matando y empezó a caminar rápido a la tienda hasta estar en la puerta.

- Vaya, vaya. Miren a quién tenemos aquí – vocifero la teñida haciendo que la mayoría de los empleados en la tienda voltearan y sonrieran por estar ella allí, se sintió bien con la mirada aprobatoria y de alivio que le dirigía cada uno de los empleados, ella esbozó una sonrisa amplia haciendo que la rubia se enojara más y Jorge llegara a su lado.

- Buenos días – soltó ella ignorando el comentario vacío de la tonta del frente.

- Iré a dejar mis cosas en la bodega – dijo en un tono serio para dirigirse a la bodega pero esa voz que tanto detestaba resonó en toda la tienda.

- ¡No! Te quedas ahí – soltó la rubia a lo que Jorge frunció el seño para enojarse con la tonta que ni pendiente de eso estaba.

- Iré a dejar mis cosas en la bodega – repitió mirando a Jorge quien asintió, era a él a quien, desafortunadamente, tendría que recibir órdenes, no ella, a fin de cuentas era él el que le iba a pagar no la rubia tonta.

- Yo soy tu jefa ahora, yo te mande a traer y yo te daré órdenes – la sangre de Martina hirvió de rabia y frustración pero algo más la distrajo y fue la mirada seria que le proporcionó Jorge a ella.

- Yo le pagaré así que yo le daré las órdenes,Martina ve a dejar tus cosas – ella sonrió sorprendida y burlándose de la rubia en su cara, como disfruto ese momento.
ajSe dirigió a la bodega embargándola una emoción extraña ¿Estaba feliz porque Jorge la defendió o porque la mujerzuela hizo el ridículo? Por los síntomas temía que fuera la primera opción. Al entrar en la bodega se consiguió con Caitlin también dejando sus cosas.

- ¡Martina! – Chilló Caitlin al verla y corrió a abrazarla – Te he estado llamando, mujer – recordó ¿Llamando? Esto no podía ser cierto ¡Ni siquiera sabía donde carajos estaba su teléfono!

- Perdí mi teléfono – dijo decepcionada, era tan irresponsable que había perdido su teléfono al menos sabe que la última vez que lo uso fue cuando Jorge la despidió, se deshizo de ese amargo recuerdo y se dirigió a la tienda con Caitlin hablando de puras bobadas y riéndose, encontró a la rubia colgada del cuello de Jorge y él fastidiado fingiendo una sonrisa tan falsa como los pechos de ella, ella se giró y le habló a Martina.

- Ve a acomodar los maniquíes de la vitrina – ordeno ella y sin más ni menos Martina obedeció.


Hacía cuatro horas que había vuelto a trabajar, la rubia solo le dirigía mirada seria mientras Jorge a veces se le quedaba mirando fijo mientras desempeñaba su papel lo mejor posible. De pronto un ruido hizo que todos se taparan los oídos para cubrirse por el molestoso ruido. La rubia se dirigió al centro de la tienda y comenzó a hablar.

- Atención, se ha perdido una blusa de 500 dólares necesitamos revisar los bolsos y demás de los trabajadores, ya que es el único personal que puede ingresar a la bodega.

Martina se alarmó ¿Quién podría haber sido? Todos eran amigos ahí, y prácticamente todos se conocían pero la duda la invadía. Uno por uno la rubia revisaba los bolsos de los trabajadores que, al igual que Martina, habían dejado sus pertenencias en la bodega, al llegar a su bolso, la rubia la miro de una forma inescrupulosa, abrió su bolso y sacó una blusa carísima propiedad de la tienda. Su mundo se vino abajo, los demás trabajadores la miraron atónita mientras Justin quien miraba toda la inspección le dirigió la mirada más gélida que alguna vez había visto. Ahora sí su vida era una mierda.

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