domingo, 17 de noviembre de 2013

¿El orgullo, o el amor? - Capitulo 12

{Capítulo 12}:


Todos le dirigían una mirada desaprobatoria en tanto la chica plástica tenía en sus manos la blusa que supuestamente se había robado, esa mirada que ella le dirigió hizo que su ánimo decayera enormemente, cada uno de los empleados la incriminaban mientras aún estaban sorprendidos por eso, parecía un bicho en medio de depredadores feroces que morían por acabarla de una vez, e hizo lo más difícil, miro a Jorge a los ojos y sintió odio en esa mirada pero por sobretodo asco por ella. En tanto ella, sus mejillas estaban rojas, sus labios temblaban y sus ojos estaban acuosos debido al gran peso de tristeza que llevaba encima, ella no se había robado nada, no tenía la necesidad de hacerlo y aun así si se estuviera muriendo de hambre o sin un techo donde vivir robar no estaba en su lista de cosas qué hacer para sobrevivir.


- Al parecer tenemos una ladrona entre nosotros – musitó la chica que aún le restregaba con la mirada a Martina que delante de todos ella era una ladrona.

- No te permito que me hables así, podrás ser la jefa del departamento pero no tienes ningún derecho en hablarme de esa manera – fue lo único que se le ocurrió decir.

- No lo has negado – esta vez el que habló fue Jorge, dando un paso al frente posicionándose en frente de Martina, causando temor, odio, y vergüenza en ella, pues aunque ella no haya sido la que ha robado esa blusa, todos asimilaban que si, sobre todo Jorge, sintió algo romperse dentro de ella al oír esas palabras salir del Jorge normalmente frío que es, pero esta vez había algo más en su duro hablar, era sensación mezclada de ira, decepción y lo peor temor. Todos miraban la manera en que ese par se acribillaban con la mirada, y como no si el – indirectamente- la estaba acusando de ladrona.

- Yo no he robado nada, no me hace falta – entonces Jorge habló.

- Por supuesto que te hacía falta – Martina lo miro anonadada, estaba en contra de ella aún sabiendo que ella podría ser una fiera pero era educada y tenía valores. Martina Lo miraba confundida mientras esperaba la siguiente acusación de Jorge – Ayer en tu casa – Martina se tensó al creer que el confesaría lo que paso entre ellos el día anterior – El Sr Wesley llegó a tu casa para cobrar el dinero de la renta y yo lo pagué – soltó de golpe, Martina no lo podía creer, su mundo dio vueltas de la peor forma, sin embargo nada lo podía empeorar, o, tal vez sí.

- ¿Porqué lo hiciste? – pregunto furiosa esperando que no la humillara más de lo que ya se sentía, pero lamentablemente se topo con el peor de los ogros.

- Te lo descontaría de tu sueldo – contestó luego de que esa pregunta lo tomara por sorpresa, en realidad, ni el mismo sabía por qué lo había hecho, fue instinto que ahora salió a la luz delante de todos – Deja de actuar como una santa – la chica plástica reía ante la situación callada sin decir una sola palabra, disfrutando como Jorge la humillaba delante de los doce empleados que la tienda tenía, y ella en el centro siendo devorada por todas esas miradas acusadoras, pero no los culpaba a ellos, ellos mismo habían visto como sacaban la blusa de su bolso era de esperarse el que creyeran que era una ladrona, la culpa totalmente la tenía la rubia quien -más que segura- fue ella la que organizo todo ese show, y por otro lado estaba Jorge quien no hacía nada más que mal imponerla delante de todos como una vil ladrona.

- Ya he dicho que no he sido yo la que ha puesto esa blusa ahí.

- ¿Entonces quien?

- ¡No lo sé! – Ambos seguían gritándose mientras los empleados y la oxigenada eran el público de todo ese teatro en vivo – Y en cuanto al dinero que pagaste de MI renta te devolveré cada dólar.

- ¡Ese no es el punto! – Replico ya harto – ¡Tú tomas una de las blusas más caras de la tienda el día después que un cobrador de renta llega a tu casa por el dinero! ¡Qué conveniente! ¿No lo crees? – El tono irónico que uso, la despedazo totalmente haciendo que ella no resistiera el impulso de soltar una lágrima hirviendo de vergüenza – ¿No dirás nada? – pregunto en un grito al notar que no decía nada, ella respingo del susto.

- ¿Qué quieres qué diga? Si ya te he dicho que no fui yo la que puso esa blusa en mi bolso-

- ¡No mientas! Ya todos han descubierto lo hipócrita que eres, ¡Se te ha caído la máscara, Martina! ¡Eres una ladrona!

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