lunes, 25 de noviembre de 2013

¿El orgullo, o el amor? - Capitulo 16

{Capítulo 16}: 



Su cerebro aún no analizaba las palabras que salían de Caitlin ¿Enamorada del ogro ese? Imposible eso no podía estar pasándole la mayoría de las desgracias que le pasaban a ella era justamente cuando estaba cerca de él. Aún pasmada por esa posibilidad miro a Caitlin a los ojos aun sin poder creerlo, trato de calmarse y analizar su comportamiento con él, y a la mente se le vino la primera vez que se besaron por supuesto que le había gustado ese beso pero debía recordar que él solo lo hacía por el calentón del momento, nada más, luego se le vino el día en el parque ¿Por qué había ido para allá? ¿La estaba buscando a ella? No podía creer que alguien como Jorge la buscara a ella en medio de la lluvia, está bien, su depresión era enorme, tanto que una vez más –de muchas que había pasado– ella se sentía desvalorizada, todos le hacían daño sin importarles nada. Volvió a la realidad cuando Caitlin le puso la mano en su hombro dándole apoyo y luego la abrazó, a pesar de darle un nuevo dolor de cabeza al pensar en estar enamorada de Jorge fue de gran ayuda el que ella viniera, Caitlin salió de su casa y nuevamente su casa fue invadida por un sepulcral silencio que la volvía loca, sin embargo, era justo lo que necesitaba.


El sonido del timbre otra vez sonó, como siempre a Caitlin se le olvidaba algo en su casa y se devolvía a recogerlo, abrió con una pequeña sonrisa que más parecía una mueca, la expresión en su rostro se deformo al ver que no era precisamente Caitlin la que estaba en su casa, su mirada se endureció ante…. Jorge, él estaba en su casa con una mirada arrepentida, pero eso no le hacía nada a ella, se formo un nudo en su garganta y tragaba con dificultad, su respiración era acelerada y su vista se alternaba en él y en el piso, se deshizo del nudo en su garganta y hablo.

- ¿Qué haces aquí? – maldijo para sus adentro cuando escucho su voz para nada firme, era temblorosa y áspera.

- ¿Puedo pasar? – pregunto él por primera vez en su vida, dudoso.

- ¿Te pregunte qué quieres? – pregunto ella ahora con más confianza en su voz.

- Pasare de todos modos – advirtió él esperando respuesta de ella, ella solo se hizo a un lado y él se sorprendió ante eso.

- Que sea rápido estoy ocupada – soltó ella sin mirarlo >> ¿Ocupada, en qué? ¿En pasearte por ahí como una zombie por no querer aceptar que en verdad estas enamorada del cretino que tienes en frente? Entonces sí, estas ocupada<< Esa estúpida conciencia que solo está allí para reclamarle y no cuando está a punto de cometer una estupidez. Estaba tan concentrada en su lucha interna que no se fijo cuando estaba a escasos centímetros del rostro de él, respirando el mismo aire, deseando lo mismo que él, pegados uno al otro y siendo consciente de ello pero para nada alejarse.
- ¿Qué haces? – su voz sonó aún más temblorosa cuando él con su dedo índice delineaba cada uno de los rasgos más marcados de ella, se puso nerviosa, parecía una adolescente en su primera cita.

- Eres hermosa – dijo él alternando su vista de los ojos a los labios de ella, ella se sorprendió ante tal cumplido, su garganta se seco al igual que sus labios, de pronto sintió algo suave en sus labios, de inmediato supo que él la estaba besando, el beso comenzó lento, sin apuros ni remordimientos, disfrutando de cada roce que ambos hacían volver loco al otro, ella lo estaba besando tan suave como él era con ella, la tomo de la cintura acercándola, no era suficiente con sus labios, era toda ella a quien quería, ella dudosa, llevo sus manos al cuello de él, enredando sus cabellos entre sus dedos acción que –inconscientemente – quiso hacer desde que vio por primera vez esos cabellos dorados.


Ahora ambos hacían todo lo posible por no separarse, él la hizo retroceder dos pasos y ahí fue cuando los sentidos de ella se alteraron, estaba a punto de hacer el amor con él y…. ¿Qué había pensado? ¿‘Hacer el amor’? No, no, era acostarse, eso es, ellos estaban a punto de acostarse, ella suspiró en medio del beso, sí, ahora estaba consciente de que ellos se ‘acostarían’ pero era como una despedida, sería el último recuerdo que le quedaría de él, luego se tratarían como desconocidos después de que ella notificaría su renuncia, pero decidió olvidarse de todo el mundo y disfrutar del momento.

Sintió como él la apretaba más a su cuerpo, no queriendo soltarla jamás y le dieron ganas de llorar, él dejo de besarla para mirarla a los ojos, aún agitados por el intento de no separarse él le dirigió una mirada que ella la entendió perfectamente, le estaba pidiendo permiso para tomarla, desvestirla y que sucediera, ésta era su última oportunidad para arrepentirse de algo que ella también ansiaba, pero no se arrepentiría, lo tomo del cuello y lo acerco para un roce de labios, él suspiró y la tomo de la cintura para cargarla obligándola a rodear su cintura con las piernas de ella, ambos sonrieron dejando ver en sus miradas un brillo muy particular, él subía las escaleras mientras la besaba y trataba de coordinar sus pasos, no quería que ambos cayeran y ella pensara que él era un idiota, y en verdad eso era, los besos de ella lo volvían así, un completo e inútil idiota.

La poso suavemente en la cama con miedo de quebrar a esa chica que trataba como una muñeca de cristal, beso su cabeza, su frente, mejillas, nariz, mentón y al final sus labios, la fue desvistiendo con sus manos temblorosas, no sabía por qué rayos le sucedía eso, jamás en su vida sexual activa había temblado ante una mujer en la cama, era la primera vez y no sabía como reaccionar ante eso. Lentamente fue quitando cada prenda que estorbaba ella acariciaba su pecho y él gruñía mientras lo besaba haciéndolo perder todo lazo de cordura en él.

Ambos desnudos y besándose admirando la belleza del otro, estaban en la cama aún no sucedía y ya él estaba satisfecho pero quería más, necesitaba más de ella, necesitaba más que sus besos y caricias, él susurraba cosas inentendibles pero que inmediatamente le erizaban la piel y la volvía loca. Él se posiciono sobre ella mientras ella temblaba besándolo y él desfallecía en el intento de controlarse y no hacerla suya de una vez por todas, tenía que ser delicado con ella, y no permitiría que por culpa de sus instintos casi animales arruinara la noche perfecta para ambos.

Él abrió lentamente las piernas de ella mientras la besaba haciéndole saber que no tenía nada que temer, se acerco a ella y sucedió. Entro en ella lentamente mientras ella ahogaba sus gemidos en los labios de él y aruñaba su espalda, él la miro y le encanto esa imagen, ella debajo de él besándolo con toda la delicadeza del mundo a pesar de estar en esa situación, estaba dentro de ella, disfrutando de ella en cada momento, tenía que ser delicado con ella, las demás veces era brusco, necesitaba saciar esa sed de sexo duro y salvaje pero con ella no, no tenía que ser sexo ya que estaba siendo lo más delicado posible con ella, incluso le besaba la frente las veces que hacía un gesto de dolor que después era reemplazado por un gemido de ambos, ambos estaban a punto de llegar segundos antes de llegar al ansiado clímax el susurró algo en el oído de ella ‘Ich liebe dich mein Schatz’ ella sospecho que podía ser alemán pero eso ahora no era importante, ambos cayeron rendidos en el cuerpo del otro, sus respiraciones eran agitadas pero su cansancio valió la pena y lo haría mil veces más con estar él cerca de ella y ella cerca de él.



Ella estaba en su pecho, por la respiración pausada y notando que no hacía ningún movimiento supo que estaba dormida, le acariciaba el gran cabello castaño que reposaba sobre sus hombros, rebobinó todo durante la noche, y supo irremediablemente que esa fue la mejor noche de su vida, no había tenido sexo salvaje, no se había acostado con una rubia más, había hecho el amor con la castaña más orgullosa que conocía. Sí definitivamente, era la mejor de noche de su vida, en donde por primera vez en su vida, había hecho el amor.

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