martes, 26 de noviembre de 2013

¿El orgullo, o el amor? - Capitulo 17

{Capítulo 17}:


Esas veces que te incomodas al sentir una pesada mirada sobre ti es escalofriante, esa sensación la presenció Martina en la mañana, sin recordar lo de la noche anterior se incorporo en la cama y con lo que se encontró hizo a su corazón dar un vuelco, él la miraba serio sin alguna expresión delatante y eso hizo que a Martina le recorriera una sensación de nervios ligados a la ansiedad por todo el cuerpo.

- Buenos días – susurró tímida –para aligerar el ambiente– sin mirarlo a los ojos ¿Con que cara lo miraría ahora? Tal vez pensaba que ella no tenía vergüenza y que solo hizo el amor con él para no perder su empleo, y nuevamente cayó en la trampa de su mente >>Solo se acostaron, nada más, no pretendas engañarte a ti misma, no puedes pensar que para él significo algo más<< escucho hablar a su sensata consciencia.

Buenos días – soltó él en un tono seco y cortante, ella trago grueso y al segundo supo que lo que habían hecho no le hacía gracia, se estaba arrepintiendo de lo que para ella fue la mejor noche de su vida, él estaba sentado en la cama con la sábana cubriéndole mientras ella estaba semi-sentada admirándolo, enfocando su vista en esos ojos verdes que la hacian suspirar a cada segundo sin que el se diera cuaneta. Pero lamentablemente debía despertarse de ese cuento de hadas que se había formado en su creativo y alocada mente.

Para evitar sentirse más humillada aún, se levanto con la sábana envuelta sintiendo la mirada de él perforándola, de nuevo trago grueso, digerir ese nudo en su garganta no era fácil. Fue al baño y tomó una ducha, tratando de que cada gota de agua que caía sobre ella se llevara todo rastro de sus caricias impregnadas en su piel y se llevara consigo la vergüenza que sentía por ella misma, deslizándose por la pared del baño, y con lágrimas hirviendo recorriendo su rostro haciendo contraste con la fría ducha; se encontraba deshecha y abatida, él se arrepentía de lo que sería un recuerdo magnífico, se levanto como pudo y termino de bañarse, se vistió y salió del baño.

Él estaba abrochándose los botones del pantalón, ella lo miró a los ojos mientras él esperaba alguna reacción en ella, en un segundo sus miradas se encontraron, él suspiró y ella apartó la mirada, su entrometido orgullo la obligaba –aún en su penumbra– a convertir la mejor noche de su vida en un simple recuerdo que le dolería más y más con el pasar del tiempo.

- ¿La hora del reloj es la correcta? – preguntó él mientras ambos bajaban las escaleras que para ella eran eternas, vaya pregunta se le ocurrió, ella suspiró mordiendo su labio inferior sin ser vista por él evitando llorar, solo asintió y siguió revolviendo la taza de té cuantas veces su ansiedad la obligaba – Martina respecto con lo que pasó – ella lo detuvo antes de que siguiera humillándola.

- No fue importante ¿Vale? – Agradecía a Dios porque su voz no temblara en el intento de parecer fuerte.

- ¿No lo fue? – Pregunto desconcertado y a la vez decepcionado, ella solo negó con la cabeza haciendo el enorme esfuerzo de no soltar una lágrima hasta que él se fuera – Pero…

- ¿Ya fue Jorge, está bien? Solo fue una noche más ¿Puedes olvidarlo? Por favor yo haré lo mismo.

- ¿Por qué lo quieres así? – pregunto ahora más furioso que decepcionado.

- Porque solo fue la calentura del momento ¿Sí? Solo eso, no hablemos más de este tema, solo quedara entre nosotros – mientras ella lo miraba de una forma dolorosa y masoquista él entendía esa mirada como asco y desprecio hacia él.

- Está bien – soltó luego de unos segundos de un silencio perturbador – Esto te pertenece – dijo él dejando un objeto sobre la mesa ella se giro después de revolver siete mil veces el té. Él se disponía a salir, ella se acercó a la mesa y fijo su vista en su celular, sorprendida le gritó.

- ¡Jorge! – grito llamándolo pero solo escucho el sonido de la puerta azotándose, sabiéndose enojado.

Tomo el celular y comenzó a llorar comparándose con María Magdalena, el dolor en su pecho no cesaba a pesar de estar sacando cada sentimiento en unas hirvientes lágrimas, entendiendo que a pesar de que acababa de cometer el error de su vida, tenía que aprender que eso era lo mejor para ella, incluso para él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario