viernes, 15 de noviembre de 2013

¿El orgullo, o el amor? - Capitulo 7

{Capítulo 07}:


- ¿Qué? – al momento de él soltarle semejante bomba tan ágil a ella, vio un brillo opaco en sus ojos y de inmediato se arrepintió de lo dicho, pero decirlo no era lo mismo que hacerlo, él era Jorge Blanco, el hombre que no da paso atrás a sus decisiones y órdenes mucho menos con una chica desordenada a quién tenía en frente y le demostraba un odio infinito a pesar de solo mirarlo a los ojos.

- ¿Acaso estás sorda? – musito molesto más con el mismo que con nadie más – Te lo digo una vez más y despacio para que tu deficiente cerebro lo entienda. Estas despedida, recoge tus cosas y vete – aludió con enojo en su voz, a pesar que las palabras daban vueltas en su cerebro aún no procesaba la información, sus ojos se humedecieron cuando lo vio alejarse procurando que solo era una broma de mal gusto pero noto que no lo era cuando él le dirigió una última mirada de furia.


Tirada en el piso envuelta en llanto y gritos que desgarraban su garganta se encontraba Martina destruida aún con la ropa que llevaba en la mañana cuando Jorge la despidió, ¿Por qué carajos la despidió? Apenas tenía veintitrés años y su vida ya era un lío. Maldijo a Jorge una y otra vez desahogando un poco su rabia en esas palabras mientras sus lágrimas caían sin cesar alrededor de su rostro chocando contra el suelo. Es increíble que con sólo unas palabras de él ya este tirada en el piso ¿Pero qué podía hacer? El control de su vida económica lo tenía él en sus manos y así de fácil se deshizo de ella más rápido que cualquier otra cosa. Y nuevamente se repitió lo miserable que era al recordar la escena de humillación que había pasado ese mismo día en horas de la mañana, se sentí tonta e inútil. Con los ojos rojos y con el dolor de su alma se dirigió a la gran cama que estaba en su habitación, se lanzó sobre ella recordando que aún tenía la ropa y ya eran las nueve de la noche ‘Maldito miserable’ esa era la corta frase que sostenía luego de decir el nombre ‘Jorge’.

El sonido de la puerta retumbaba en toda la casa despertándola encontrándose con su miserable realidad y también con un rostro demacrado como si hubiera dormido por años o todo lo contrario como si tuviera años sin dormir.


- ¿Tienes un tic en la mano porque...? – callo de repente al fijarse en la figura que tenía en frente, era Pablo quien tocaba tan insistentemente y ella, como tarada que es, le llegó con groserías y a parte como una vagabunda en pijamas.

- Lo siento si te desperté – espetó tímido con una sonrisa que dejaba todos su blancos y alineados dientes. ¿Él se estaba disculpando? ¿Cómo? Si la única que apareció como una perra en celo era ella y él ¡Se está disculpando! – Linda pijama – bromeó al ver sus pantalones largos de tela suave con puros dibujos de vacas sonriendo, él amplio su sonrisa al verla sonrojada.

- Entra – cedió el paso ella para que entrara, aún estaba en shock por su visita – ¿Cómo.... cómo conseguiste mi dirección? – pregunto un tanto intimidad por su sonrisa que al parecer era la imagen de su personalidad.

Pues... – dudo un segundo cambiando su sonrisa de tierna a pícara soltando una pequeña carcajada – No querrás saberlo – volvió a reír atontándola de nuevo mirándola de esa forma tan particular – ¿Quieres salir? Ya sabes a comer algo o lo que desees – ella asintió sonriendo.

- Claro, deja que me cambie y vamos – subió apresuradamente las escaleras haciendo el ridículo cuando casi se cae en el último escalón, ella se giro para sonreírle apenada mientras él le hizo un gesto con el rostro para que no le diera importancia.





- Por supuesto que no me montaré en esa cosa de hierro – aseguró ella mirando con pánico el aparato que hacía girar a la gente y causara que gritaran, no sabía si los gritos eran de pánico por ver el mundo de cabezas o por puro placer masoquista, de cualquier forma ambas apestaban.

- Montaña rusa Martina, eso tiene su nombre – la corrigió burlándose de ella en sus narices por el miedo innecesario que le tenía al aparato.

- Pues yo también tengo mi nombre es 'adiós' – alargó casi huyendo de la escena, él la alcanzo a tomar sutilmente por el brazo con una velocidad impresionante que la hizo aprisionarse contra su pecho, ella cohibida lo único que atino fue a colocar sus manos sobre el pecho de él, él fijo su vista en las manos de ella posadas en su pecho y la miro sin alguna expresión en su rostro, luego fue consciente de sus mejillas coloradas y sonrió aligerando en gran manera el ambiente. El tiempo se detuvo, los juegos desaparecieron y las luces se opacaron. Una tos muy mal fingida los interrumpió.

- ¿Pasaran? – pregunto el encargado esperando con una falsa sonrisa como si hubiera pisado un clavo pero lo disimulaba muy bien.

- Claro – soltó Pablo tomando a Martina por la cintura evitando que escapara de nuevo, ella aterrada subió a rastras al juego mecánico.

- Si muero aquí mismo quedara en tu conciencia de por vida – confesó ella haciendo que él soltara una sonora carcajada.

- Este juego es seguro, no te preocupes – aludió él seguro.

- No digo el caerme lo digo por el infarto que está a punto de darme – exagero ella agarrando con fuerzas él tuvo que rodeaba su cintura haciendo que ella misma se hiciera daño con sus uñas, pero el pánico era mayor que su dolor en las palmas de sus manos.

- No exageres – se burló él mientras ella cerraba los ojos al sentir el aparato en movimiento mientras sentía su estómago tensarse. Un escalofrío atravesó su cuerpo al sentir una cálida pero masculina mano sobre la suya, ella abrió los ojos y vio al mundo de cabeza, el trato de relajarla acariciando su mano, sintió como el cuerpo de ella bajaba toda la presión y a tomar confianza al abrir los ojos y colarse una sonrisa en su rostro.


Ella bajo fascinada del aparato mecánico mientras él reía por él como ella había actuado en su momento de pánico. Ella trataba de caminar rápido con una sonrisa pícara tratando de ignorar su risa contagiosa y escandalosa.

- Debería haber tomado un video y colgarlo en youtube – siguió burlándose de ella mientras viraba los ojos aún con la sonrisa que tanto la caracterizaba.

- Deja de burlarte, algún día encontrare tu punto débil y te atacaré sin piedad - Sí claro como si el señor 'Don perfecto' tuviera un 'talón de Aquiles' el cual atacar – Lo siento – se disculpo ella al recordar de qué manera había actuado cuando estaba en el asiento culpándolo una muerte pronta solo por un juego mecánico.

- No te preocupes – sonrió él, ella desvió vista al escuchar el sonido de un dardo golpear algo, vio el almacén donde era y saltó como una niña pequeña. Ella corrió donde su vista se fijo ignorando un segundo que no estaba sola.

- No lo haré ni en un millón de años – procuro él haciendo ademán con sus manos tratando de alejarlo.

- Yo tuve que subir por tu culpa al juego ese – Hazlo – le ordeno ella de una manera divertida estrellándole la pistola en el estómago, él bufo y lo tomo con aburrimiento, se dispuso a apuntar a la montaña de botellas que había a unos cinco metros de distancia y le atinó, al igual que las otras dos veces. Recibieron el premio mayor, un tigre de bengala como peluche, ella lo miro alucinada, era su animal favorito y lo gano gracias a él.

- ¡Gracias! – aludió con una sonrisa tirándose a sus brazos fuertes y fornidos haciendo que diera un pequeño paso atrás por el peso de la fuerza, parecía una niña pequeña y eso le encantaba.

- Estuvo muy linda la salida – confesó ella en frente de él mientras se acercaban a la casa de ella, se detuvieron un momento él en frente de ella, con su figura predominante en el ambiente pero con un aire de ternura y simpatía en su personalidad, él se acercó a ella lentamente iba a rozar sus labios pero ella solo alcanzó a besarlo en la mejilla, dándole a entender que no estaba preparada para besarlo, él le sonrió de forma tierna causando que ella también sonriera sin alguna razón aparente, siguieron caminando hasta su casa, esta vez ella tomando el brazo de él. Su ceño se frunció al ver a alguien insistentemente tocándola puerta de su casa, vio el perfil de la persona quien tocaba y una oscura amargura invadió su cuerpo. Un brillo aparición en su mirada al observar a Jorge con cierta simpatía en su rostro y por un momento sonrió un poco al verlo de esa manera y pensó que tal vez estaba ahí para devolverle su empleo pero esa mirada cambio al ver a Pablo a su lado.


- ¿Qué haces aquí? – pregunto queriendo parecer dureza en su voz, recordando cada palabra salida de él, que hizo su día anterior un infierno.

- Eh... – dudo Jorge al ver que no venía sola sino del brazo de Pablo con toda la confianza del mundo, frunció el seño y su mirada se volvió oscura tensando su rostro y apretando la mandíbula. Él miro sus propias manos sin que ella se diera cuenta y guardó el aparato en el bolsillo de su chaqueta sin ella notar nada raro – Vine a decirte que aún quedan algunas cosas tuya en la bodega de la tienda y necesito que vayas a recogerlas me estorban y no las quiero ahí – soltó él con rudeza de nuevo humillándola y ahora, en frente de Pablo, ella endureció tanto su mirada que Jorge se sorprendió que no desprendiera fuego por los ojos. Y con eso rompió todas sus ilusiones soñando que él llegaría y le devolvería su empleo pero solo hizo que lo odiara a más no poder, maldiciéndolo una y otra vez por la facilidad en la que la hacía sentirse poca cosa.

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