domingo, 17 de noviembre de 2013

¿El orgullo, o el amor? - Capitulo 8

{Capítulo 08}:



- Espérate, aún tengo dos semanas legales para recoger todas mis cosas luego iré por ellas y no es cuando tú quieras sino cuando yo pueda – dijo ella, mirándolo fijamente a los ojos tratando de intimidarlo tanto como él lo hacía con ella.

- Búscalas rápido. Necesito el espacio.

- Con todo el gusto te invito a que te largues de mi casa – ordenó ella y esta vez no él podía replicar estaba en todos su derecho de botarlo de su casa, echó un último vistazo a sus brazos juntos y camino con quedo alzando su mentón demostrando superioridad y arrogancia.

- Siento el que hayas tenido que pasar por eso – expresó Martina en un mueca de pena Pablo la tomo como un gesto adorable al ver que en sus mejillas se marcaban unos pequeños hoyuelos haciéndola ver tierna y vivaz.

- No te preocupes – le dedico una sonrisa – Creo que le gustas – dijo en un tono poco audible exactamente para que solo ella lo escuchara, al oír semejante estupidez se volteo a mirarlo de inmediato con una expresión sorprendida y mirándolo nefasta – Vamos no te hagas la desentendida. Al igual que él te gusta a ti – dijo un poco más fuerte.

- ¿Te has fumado un cable? – pregunto Martina aún cohibida por la confesión que acababa de hacerle Pablo, que más que una pregunta era una afirmación segura. Se volvió a la puerta de su casa y con las manos temblando busco las llaves en su bolso, suspiro de alivio al encontrarlas y rogo a Dios que ese temblor en las manos cesara o si no haría una estupidez, aunque no era muy difícil ridiculizarse y más aún con semejante escultura de hombre a sus espaldas. Pero a pesar de tenerlo a centímetros de cerca, su cabeza solo estaba en un lugar ‘Creo que le gustas’.

- Martina no me ignores – suplicó Pablo, el temblor en sus manos aumento de modo que, mágicamente, la maldita llave no entraba en el cerrojo de la puerta, las llaves resbalaron de sus manos y ella se llevó una de sus frágiles manos a la frente, soltando un soplido de nerviosismo y angustia mientras Pablo recogía las llaves en el suelo y abría con facilidad la puerta.

- No te ignoro – aludió luego de unos minutos de silencio sentada en el sillón de su casa y Pablo parado cerca de la puerta, su cabeza aún no entendía lo que había dicho Pablo, o sí lo entendía pero quería ignorar ese comentario tan… equívoco.

- Pero no dices nada que es aún peor ¿Te incomode con lo que dije? – preguntó fijando sus ojos en ella, ella levanto su mirada y suspiró, ¿Cómo debía reaccionar a eso? Se supone que ella tendría que decir ‘No, es solo mi maldito jefe que no soporto que yo tuviera cinco minutos de fama’ pero no podía responder a eso. Elimino todo pensamiento que fuera más allá su cabecita loca y se levanto pegando un salto.

- No tranquilo – dijo ella – ¿Quieres algo de tomar? – pregunto cortando de raíz el tema de Jorge, no necesitaba más preguntas incómodas.

- No me tengo que ir – le hizo saber en una mueca sin creerle nada de lo anterior dándose cuenta que ella no quería hablar más del tema, o por lo menos no con él. Incluso con la salida de Pablo siguió rondando esa frase en su cabeza ‘Creo que le gustas’ Una sensación de alegría la invadió pero llego la realidad a abofetearla ‘No eres mi tipo y eso deberías saberlo’ recordó lo que él le había dicho hacía un poco de días y vio como esa ilusión repentina caía del pedestal en donde estaba, destruyendo todo grano de esperanza pero su mente le hizo una pregunta realista ¿Por qué se alegraba que Jorge tal vez sintiera algo? ¿Ella sentía algo profundo por él?


Su mente estaba en blanco, estaba tan alejada de la realidad que ni si quiera sintió cuando el sol se poso justo en su rostro, y vaya que había sol, aún estaba sobre ella la impresión de ver a Jorge en su casa, esperándola con una sonrisa mediadora y perspicaz. Se mordió el labio al notar que ya tenía bastante rato pensando en Jorge, eres una tonta, solo es la maldita impresión de verlo, solo eso.

Recordó la tienda donde aún permanecían sus sueños en la pared, en forma de dibujos y colecciones de ropa reflejando claramente su estilo personal y etéreo como también en las paredes con los colores que ella misma tardo una eternidad en escoger ¿Pero y ahora qué? El sueño de tener su propia tienda con sus líneas de ropa solo había durado unos cuantos meses, su mirada se volvió dura y se le formo un nudo en la garganta sabiendo que él la despidió sin razón alguna, suspiró de nuevo, esta vez, dejando salir parte de la rabia que, ahora, sentía por él.


Su corazón dio un vuelco al llegar a la tienda y encontrarse con el mismo personaje de cabello teñido y cuerpo adornado de silicona por doquier que detestaba, la rubia al verla frunció el seña marcando unas cuantas líneas de expresión en su –muy operado- rostro.

- Jorge ¿Podrías explicarme qué hace esta aquí? – replicó la estúpida, golpeando su fino tacón con el frío suelo, él se giró inmediatamente y la miro despectivamente, primer puñal, esa mirada no fue vacía era cargada de rencor y detesto dirigida exclusivamente para ella.

- Tranquila, cielo, solo viene a recoger algunas cosas – explicó el castaño con una sonrisa que la hirió hasta quedarse sin aire, segundo puñal. Ella con la frente en alto les paso por un lado para entrar en la bodega, en el trayecto de ida escuchaba aún sus voces – Con eso que la despedí, sabes perfectamente que cuando un empleado no da la talla hasta ahí llega su carrera – soltó, un suspiro otro suspiro y otro suspiro salió de ella llevándose consigo parte de la desilusión que, de un momento a otro, se formo en ella.

Entro rápido a la bodega y sintió sus ojos quemar, en un sitio privado y silencioso era una invitación a llorar, no tranquilamente pero al menos un momento a solas con ella y su subconsciente atormentándola más ¿Por qué rayos lloraba? ¿Por la aparición de la rubia operada o por la forma en que Jorge se burlo de ella con la rubia? La segunda opción por mas que le doliera era acertada, se colocó frente a un espejo y por más que su atuendo era colorido dejaba entrever la tristeza que la embargaba, su mirada estaba triste y, literalmente, caída. Sin darse cuenta las lágrimas ya enmarcaban su demacrado rostro que aún con todo el maquillaje que se colocó su desilusión se veía a través de la máscara mal puesta.

Su bufanda estaba empapada por todas las lágrimas derramadas en ella, tan solo habían pasado quince minutos de estar ahí y su cabeza ya explotaba y estaba harta de llorar sin querer admitir el por qué, le daba terror averiguarlo y aplico la técnica del dicho ‘No encuentres lo que no quieres conseguir’. Suspiro tratando de eliminar todo rastro de lágrima en su rostro, ya tendría bastante tiempo para llorar en su casa, de igual forma no tendría donde trabajar y ocupar su tiempo.

Salió del cuarto de la bodega simulando una sonrisa amplia y perfecta cuando su corazón se volvió a estremecer mientras sus ojos se posaban fijamente en la mano de ese chico engreído en la cintura de esa rubia oxigenada, ella sonreía con una pizca de malicia en sus labios mientras lo miraba, él, sin darse cuenta que a sus espaldas estaba Violetta, atrajo la atención de todo el personal en la tienda incluyendo algunos clientes interesados en saber qué iba a decir el señor ‘Don Perfecto’

- Quiero decirles a todos los trabajadores de esta tienda que la nueva diseñadora de modas en esta tienda es Carly – anunció el castaño con una sonrisa mientras posaba indiscretamente su mirada en el escote de ésta.

- Ahora yo seré su jefa – volvió su mirada a Jorge – Prometo hacerlo mejor que Martina - dijo la teñida mirando de reojo a Martina, quien estaba atrás echa nada con esa noticia tan repentina.

- Lo sé, y no lo pongo en duda – espetó él, tomándola de la cintura y acercándose a ella cuando un sollozo de la nada lo perturbó, y volteó su mirada a la puerta de la bodega, mientras el mundo de ella se desvanecía en sus manos.

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