sábado, 14 de diciembre de 2013

¿El orgullo, o el amor? - Capitulo 24

{Capítulo 24}:



La tensión podía ser cortada con un cuchillo ¿Qué venia ahora? ¿Él debía alejarse? ¿Debía quedarse hasta convencerla? Sabía que ella era testaruda pero estaba embarazada y desempleada ¿Cómo sobreviviría ella? O peor aún ¿Cómo sobreviviría él sin ella? No hacía mucho había admitido que la amaba y le quedaba muy poco tiempo para por lo menos saber que ella sentía lo mismo. Sería extremadamente difícil la situación de ellos juntos sin que ella sintiera algo por él, sería difícil, desesperante y humillante. Esa situación de él enamorado por primera vez en mucho tiempo versus ella embarazada tal vez no sintiendo algo por él, era frustrante. Su mente volvió cuando escucho su voz de nuevo, parecía un adolescente.

- ¿Qué haces aquí? – repitió, su voz se escuchó apagada, por fin él tomó el valor de hablar.

- Vine a saber cómo estaba mi hijo y la madre de mi hijo – Jorge de inmediato notó el rostro de la joven palidecer y sonrió al verla así, estaba indefensa y la ternura le llegó.

- ¿A qué… qué te refieres? – él rió, su tartamudez lo tranquilizó, quería decir que ella no tomaba a la ligera la situación y que también le costaba hablar de eso. Algo a favor de él.

- No ocultes más esto – comenzó a acercarse, y ella se dio cuenta rápidamente, debía ponerla nerviosa cuando estaba cerca, solo era un estrategia para saber si su presencia le daba igual o la ponía a temblar, esperaba que fuese la última – Se que estas embarazada y también sé que es mío – ella bajo la mirada avergonzada, sí lo sabía; un suspiro salió de ella ¿Y si su embarazo solo arruinaba su vida de picaflor? Era su vida, le dolía que fuera así pero al final era su vida y si le daba gana podía dejarla en mitad de la nada solo con una carta diciendo que no estaba preparado para ser padre y se mudaba a otro lado lejos de ella, no esperaba exactamente eso pero era lo máximo que podía soportar y así afrontaría las cosas como son y no con ilusiones estúpidas en sus manos, pero ¡Él seguía allí! A pesar de que estaba embarazada, que no eran nada sentimentalmente, que no estaban casados y que no fue planificado ese embarazo ¡Él seguía allí! Y de repente una sonrisa apareció en su rostro, ignorando que él estaba allí, se sentía feliz que aún no hubiera huido de su lado y que además quisiera verla a ella y a su hijo.

- ¿Cómo lo sabes? – fue lo único que pudo salir de su boca luego del largo rato que estuvo presa de su mente.

- Caitlin y el doctor me lo dijo – la miró fijamente, ya su rostro no estaba tan pálido y sus mejillas ya habían tomado un color rojo carmesí que la hacía ver tierna y no podía pasar por alto que se veía extremadamente hermosa de esa manera.

- No sé qué decir – se sinceró, la sorpresa la abrumaba hasta dejarla sin palabras.

- Empieza por decirme por qué no me dijiste que estabas embarazada – sus sentidos se alarmaron al notar con que tranquilidad le dijo, ¿Y si era una trampa? No podría soportar que él le quitara el niño a penas naciera y tenía con que, sabía perfectamente que el dinero como la fe, mueve montañas.

- No pensé que fuera a importarte – el rostro de él se endureció y su mirada fue sombría – Tampoco pensé que una noche de…. – se trabó – esas podría dar resultados.

- Eso no son razones válidas para ocultarme algo así.

- ¿Qué pretendías qué hiciera? Si corría y te lo contaba iba a parecer como si lo hubiera hecho a propósito y te aseguro que nada fue planeado. Ni si quiera esa noche.

- Lo sé pero ¿Qué significaba eso? ¿Qué jamás me lo contarías? ¿Qué corría el riesgo de encontrarme a mi hijo en la calle y no saber quién es? Porque si es así tienes una muy mala perspectiva de vida.

- No me juzgues no tienes derecho si tan solo te largaste así de mi casa – el recuerdo doloroso la invadió y la humillación de ver su rostro al saberlo no la quería soportar.

- Esperaba verte en la tienda para aclarar las cosas y luego me consigo con tu carta de renuncia.

- No hay nada que aclarar, se quedará todo así y como está. Yo tendré a mi hijo sola y si quieres verlo puedes hacerlo pero hasta ahí.

- No permitiré que mi hijo crezca apartado de mí y que solo lo vea unos días. Mi hijo no merece que su madre desconsiderada le afecte su vida.

- ¿Desconsiderada? – La rabia explotó como un volcán dentro de ella – ¿Con que vergüenza me dices desconsiderada? ¿Te has visto en un espejo? Si no te dije nada era porque no quería sufrir la humillación de tu segura negación ante el niño y luego tener que mirarte a los ojos y sentirme culpable de algo que probablemente no querrías, y sí, hablo del niño. Lo más creíble de parte de ti es que niegues todo y huyas como el conquistador sin compromisos que eres.

- Sacaste conclusiones precipitadas y mordazmente letales, así que no te alteres tanto por algo que tú creíste a tu manera. Que sea de una manera no quiere decir que evada mis responsabilidades y las consecuencias, que te quede claro. Hasta por una carta era factible y aún así era inmaduro pero ni siquiera eso.

- Es que las cosas no pueden ser así – renegó con una sonrisa furiosa – Si te decía corría el riesgo de que te aparecieras en mi casa y no estaba preparada para tener este tipo de discusión. Encima de todo, verme obligada a aceptar tu maldito dinero de pensión alimenticia o tu manutención.

- Oh cariño no hará falta que te de pensión alimenticia o te pase un cheque de manutención – el tono en su voz la intranquilizó, su tono era tranquilo, pasivo e irónicamente alarmante, ese era el tono que usaba para dar la ultima estocada.

- ¿Por qué no hará falta?

- Porque te casarás conmigo mucho antes de que el bebé nazca – Y su corazón aumento sus latidos y no pudo pensar en nada más.

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