martes, 10 de diciembre de 2013

¿Quien Te Crees? - Capitulo - 12

Capítulo 12

Estuvimos nadando un rato, y yo me sentía como una estúpida enamorada platónica.
Él me lanzaba miradas coquetas, estabamos realmente flirteando y Julia, Fede y Nico obviamente se habían dado cuenta.
Se hicieron las 4:00am y la noche de sábado aun no acababa.
Los chicos trajeron alcohol, y más bebidas energizantes.
-Creo que debería irme a casa- objeté.
-¿Siempre eres tan aburrida?- preguntó Nico a una distancia poco considerable de mí.
Bien... ya se estaba pasando de gracioso. ¿Desde cuándo eres así Martina? Ni aunque fuera un amigo mío le permitiría que me tome de estúpida.
Aunque comprendí que así debían sentirse los demás conmigo. Yo solía ser muy sarcástica y a veces se me iba la mano... lo dejé pasar.
Bebimos un rato, y a las 5:00am los chicos se despidieron y acompañaron de vuelta a Julia a su casa.
-Bien, ahora si debo irme- le dije a Jorge mientras terminaba de juntar las latas de cerveza y las tiraba al cesto de desechos.
Él no dijo nada, sólo siguió contemplándome de la misma manera que lo había venido haciendo desde que estuvimos en la piscina.
-Ya, Horge, ¿qué diablos te sucede?- pregunté evadiendo su mirada.
Él estaba en silencio y yo comenzaba a enojarme.
-Me voy, adiós- dije furiosa, caminé hacia la puerta y me maldije al recordar que dejé mi celular sobre la mesada de la cocina.
¿Quedaría muy ridícula si volvía?
¡Al carajo! Volví a entrar por la puerta de la cocina y él me observó expectante mientras una sonrisa triunfadora se formaba en su rostro.
-¿Te olvidas algo?- dijo mientras levemente me enseñaba su mano, allí estaba, en efecto, mi celular.
-Sí, gracias- me dije acercándome pero el alejó su mano de mí- ¿qué haces?- salió de la cocina y caminó hacia su cuarto- ¿Jorge?
Lo seguí hasta la puerta de su habitación.
-¿Me puedes devolver el celular, por favor?- pregunté algo cansada.
-Aquí tienes-.
Entré al cuarto y tomé mi móvil de su mano. Él tomó mi mano mientras me acercaba a su cuerpo, tiró el móvil sobre la cama, y luego me apretó contra él.
-Martina, tu me vuelves loco, y yo te vuelvo loca, así que... ¿porqué no dejamos los rodeos?- de un solo movimiento estampó sus labios sobre los míos.
Era real, oh sí.. MUY real. Siete días enteros había fantaseado con ésto y ahora lo estaba viviendo.
Nuestras labios se movían en una sintonía hambrienta, mientras yo pasaba mis brazos alrededor de su cuello.
Él me apretó contra su pecho y pasó sus brazos por mi cintura, mientras yo agradecía a cielo por ese momento.
Me separé un poco de él para respirar, pero sus labios no abandonaron mi piel, sino que trazaron un dulce camino de besos desde mis labios hasta mi mandibula, descendiendo por mi cuello.
Suspiré de placer. ¿Sería correcto? ¿Por qué me hacía ese tipo de preguntas ahora? ¿Qué diablos me importaba si era correcto o no? Una semana de tensión sexual me nublaba los pensamientos, además de sus ardientes besos.
De pronto sentí una superficie suave debajo de mí. ¿Ya estábamos en la cama?
Estaba cegada, mi conciencia aturdida por el latido de mi corazón. Me derretía en sus brazos.
-No te imaginas cuanto deseaba ésto- susurró con voz aterciopelada y mis defensas y autocontrol se fueron a tomar aire, metafóricamente.
Mordí su labio, mientras continuaba besándolo, no quería que dijera nada. El momento era irónicamente perfecto.
"¿Cómo puedes acostarte con un tipo qué conoces hace una semana?" me regañaba a mí misma.
Enredé mis piernas alrededor de su cintura, no podíamos estar más pegados de lo que estábamos, pero aun así yo necesitaba más.
No era suficiente.
-Martina... ¿eres virgen?- preguntó mientras tomaba aire.
Bien, ¿qué se supone que debía decirle? Opté por la verdad.
-Sí- susurré.
-No quiero lastimarte- lo miré a los ojos y le sonreí.
-No me lastimarás-.
-Yo... no soy muy tranquilo que digamos- hizo comillas con los dedos cuando decía "tranquilo".
-¿Cómo que tranquilo?- pregunté confundida y al instante solté una risa nerviosa- oh, entiendo...- intentaba contener la risa.
-¡No te rías!- dijo divertido mientras besuqueaba todo mi cuello de nuevo y me mordía.
Se me escapó un gemido ahogado.
-Así que... eres un salvaje- dije luego de un momento, y me sorprendí al notar un gran ápice de sensualidad en mi voz.
Él me sonrió pícaramente mientras volvía a acercarse.
-Depende como tu me quieras- susurró.
Me reí. ¿Cómo podíamos estar teniendo ésta conversación cuando un minuto atrás estabamos casi por devorarnos?
Su expresión caliente se desvaneció un poco.
-Martina... ¿crees que sea adecuado? Bueno, es tu primera vez, no quiero que te arrepientas de nada-.
-No me arrepentiré de nada- dije firme.
-¿Segura?-.
-Sí- sonreí.

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