martes, 24 de diciembre de 2013

¿Quien Te Crees? - Capitulo - 27

Capitulo 27
Por mi parte, yo conversaba con Marco y sus amigos. Bien… quizás debería haber intentado charlar con alguna de las chicas, pero no era lo mío. Eran demasiado putas, o demasiado tímidas para mi gusto. Esa es una de la ventajas de juntarte a pasar el rato con un grupo de amigos hombres, siempre habrá tema de conversación, aunque no sea de tu agrado siempre terminarás riéndote.

{Narra Jorge}
Mis padres me habían llamado, habíamos sido invitados a la fiesta de los padres de Marco.

Por primera vez en mi vida me alegraba de estar obligado a ir. De seguro me encontraría con Martina. Demonios, como la extrañaba. Tres meses de arrogancia, insultos, y sentimientos heridos para nada. No sabía exactamente porque había empezado con esa maldita guerra su primer día de instituto.

Quizás porque me sentía herido al ver que ella sonreía y hablaba con un chico, cuando a mi me trataba con fría indiferencia. Por el hecho de que no podía tenerla rendida a mis pies como el resto de las chicas, o simplemente porque no podía tenerla. Esa maldita semana en la que ella no me había cruzado palabra luego de lo de Caroline, había sido dolorosa, aunque no lo quería aceptar. Pero esos asquerosos malditos meses sin Martina, me atormentaban. Sólo con insultarla, me destruía a mi mismo. Quería tenerla cerca de mí, fuera como fuera. Quería hablar con ella, quería que ella dirigiera palabras a mí, aunque fueran con odio y rencor. Era enfermizo, pero la amaba.

La amaba y la odiaba al mismo tiempo. No me importaba no tenerla en mis brazos, en mi cama, o en mi casa. Su nombre quemaba mi corazón, me hacía arder de deseos, de miles de malditos sentimientos que jamás había sentido. Quería que entrara en mi vida, que me enloqueciera con sus peleas, que me besara como ella bien sabía hacerlo, que me enterneciera, que me amara como yo la amaba a ella.

Y algunos se preguntarían ¿dónde quedó el mujeriego de Blanco? Pues esa parte de mí se la llevó Martina, consigo. Al igual que con mi alma.
Me sentía vacío y sin vida, y lo tenía bien asumido. Sólo el hecho de que ella me mirara me volvía loco. A veces me dolía pensar que yo era el único que amaba en ésa complicada relación. Ella no podría siquiera tenerme aprecio, no después de todo el repugnante odio fingido que expresé hacia ella.

Quería recuperarla, y lo haría, de una manera u otra ella volvería a ser mía, y para siempre. El problema que más me atemorizaba es que sería de mí, si ella me dijera que no definitivamente.



{Narra Martina}


Había tomado demás y lo sabía. Pero no me importaba, quería olvidarme toda la confusión y el dolor que sentía por el beso con Jorge. Al menos esa noche. Tomé seis margaritas seguidos hasta quedar en un estado de idiotez total. Todo el mundo bailaba y todo giraba a mi alrededor.

Marco no estaba mucho mejor que yo.

Faltaban al menos tres horas para que terminara la fiesta y yo me sentía exhausta, y totalmente borracha.

-Creo que debo irme- balbuceé intentando mantener el equilibrio con aquellos malditos tacones.

-¿No te vas a quedar?- preguntó Marco intentando concentrarse en lo que le decía. Jennifer, una de las pocas amigas que tenía yo, estaba sobre sus piernas, en nuestro mismo estado.

-No puedo, me sentiría incómoda- susurré entrecerrando los ojos, intentando que nada se moviera a mi vista.

-Martina, no puedes irte, estas borracha y no creo que nadie que sea de tu agrado en ésta fiesta, pueda llevarte, hasta los choferes estan ebrios, quédate- empezó con un poco de lucidez mientras bebía otro trago- sube hasta el primer piso, la última puerta a la derecha. Es una de las habitaciones de huéspedes.

Intenté sonreír pero mi caro no expresó más que una mueca alcohólica.

-Gracias- susurré mientras intentaba tocar su cabeza pero le rocé la oreja. ¡Diablos! Estaba demasiado ebria.
El rió cansadamente..



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