martes, 24 de diciembre de 2013

¿Quien Te Crees? - Capitulo - 30

Capitulo 30
Me enfadé.

-Pues si no vas a hacer nada útil,… ¡deja de tocarme!- casi le grité mientras me metía dentro de la cama e ignoraba su mirada divertida.

-¿Nada útil?- rió- ¿soy tu maquina personal de sexo?-.
Lo fulminé con la mirada y luego cerré los ojos fingiendo dormirme.

-Quiero que hablemos, Martina. Pero no contigo en éste estado- susurró mientras besaba mi pelo- mañana hablaremos ¿bien?

Asentí quedadamente, y aun con los ojos cerrados. En cuanto mi cabeza entro en contacto con la almohada mi “sueño fingido” comenzó a hacerse real.

Me dio un beso en la mejilla y luego suspiró.

Seguía sintiendo su presencia, pero alcohol comenzaba a surgir efecto.
Sentía como cada músculo de mi cuerpo se destensaba y mi mente se relajaba.
“Te amo” fue lo último que escuché antes de caer completamente rendida.


Desperté al día siguiente con una gran jaqueca.

-Buenos días, dormilona- en ese momento entraba Marco por la puerta del dormitorio- o mejor dicho, buenas tardes…

-¿Qué hora es?- pregunté tallando mis ojos mientras me sentaba en la cama.

-Las dos de la tarde- dijo en tono despreocupado, acercándose a la cama con una bandeja repleta de comida.

-¡¿Qué?! Se nos ha hecho tardísimo- exclamé.

-¿Para el instituto? Te recuerdo que ayer lo terminamos… -comenzó a reírse tras mi mueca de confusión- ¿sufres de memoria a corto plazo?

Golpeé su hombro y le hice un espacio en la cama.

Hasta ese momento, no había notado el lujo de la dichosa “habitación de huéspedes”

-¿Te divertiste?- enarcó una ceja mientras encendía la televisión y me pasaba una tostada.

-¿Es una pregunta capciosa?-.

-Dimelo tú- tomó un sorbo de café.

-Sí, ha sido genial… tu madre da las mejores fiestas del mundo.

-Lo sé- sonrió- deberías ver el jardín, luego de las seis de la mañana la gente comenzó a irse, pero hasta las nueve seguía habiendo personas por todos lados. Creo que todos se han ido caminando a casa, si no es que en las noticias muestran graves accidentes de tráfico.

Pese a la gravedad de la situación, nos reímos.

-¿Cómo es que no tienes una gran jaqueca?- pregunté mientras cerraba los ojos con fuerza y recordaba el punzante dolor de cabeza.

-Estoy acostumbrado, pero tu eres una novata mi querida Martina-
Volví a reír, y me dolió aun más la cabeza.

-¿Tu madre duerme?-.

-Si, y por cierto… quiere que veas las mil trescientas cincuenta y dos fotos que ha tomado con la nueva hija adorada.

-¿Hija adorada?- cuestioné con curiosidad.

-Su nueva cámara fotográfica- explicó- estoy seguro de que se va a dormir con ella, y la quiere más que a mí.

-¿Celoso?- pregunté divertida.

-Créeme que es gran amante de la fotografía.

-Es lindo que tenga una ambición. Oye… ¿y tu padre?- no lo he visto.

-Es un tipo muy ocupado, se la pasa en viajes de negocios. A veces mamá se queja de que no pasa mucho tiempo con nosotros, pero bueno… aquí todos viven de él-.

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