viernes, 19 de diciembre de 2014

Dangerous Obsession - Capitulo 41

Capitulo 41

Suaves gemidos escapaban de sus labios, que eran rápidamente acallados por los míos. Besé cada centímetro de su piel que estaba a mi alcance, mientras aun me movía dentro de ella.
—Jorge… —gimió mi nombre mientras sentía que poco a poco la iba llevando a su clímax.
Mordisqueé sus labios y tironeé de ellos con suavidad, mientras me movía despacio la sostenía entre mis brazos. Ella entrelazó sus piernas con las mías y me mantuvo cerca.
—Quiero que sepas una cosa —le hablé agitadamente. Sus ojos se clavaron en los míos. Me acerqué a ella y rocé su nariz con la mía —Yo quiero hacer el amor contigo… hoy, mañana… pasado mañana y por muchas, muchas noches más.
No sé cómo fue, pero ella giró sobre el colchón y quedó sobre mí. Gruñí fuertemente al sentirla así. Salvaje… mojada… completamente mía. Comenzó a moverse suave sobre mí y era tan placentero verla, que no pude contenerme. Me senté y capturé sus labios en un caliente beso.
—Y yo quiero que lo hagas —me dijo agitada y soltando apenas mi boca.
No se cuanto tiempo estuvimos así, y tampoco era que me importaba.
Por mí iba a estar dentro de ella toda la noche. Pero entonces sentí que tenía que liberarme. La tomé de las caderas y la empujé más cerca de mí.
Ella boqueó y se aferró a mi cuello, mientras me mordía levemente el hombro. Luego de unos segundos gimió mi nombre al correrse en mis brazos. Me recosté con ella y giré atrapándola de nuevo.
Besándola otra vez, aceleré mis embates, buscando mi propia paz. Y cuando la encontré no cerré los ojos, solo bajé la mirada hacia ella.
Martina respiraba trabajosamente, sus labios estaban rojos y un poco hinchados. Levantó su mirada para encontrarse con la mía.
Me sonrió y levantó su mano para acariciar mi rostro.
Entonces supe que no había nada que yo no hiciera por ella. Si ella quería, sería capaz de bajar al infierno y matar al mismo diablo, solo para hacerla sonreír.
Maldije por lo bajo ante el pensamiento. Me estaba por apartar de ella, pero me tomó de la barbilla e hizo que la mirara.
—No te atrevas a alejarte de mí —me ordenó y luego me besó ferozmente.
Apenas podía respirar al sentirla con cada fibra de mí ser. Su pequeño y femenino cuerpo debajo del mío. Pero el calor de sus labios y el valor de su intrépida voluntad eran los que me calentaban.
El fuego de su pasión ardía a través de mí, haciéndome sentir vulnerable y al mismo tiempo fuerte y decidido. Soltó levemente mis labios, entonces la miré a los ojos y luego bajé sobre ella, para poder apoyar mi cabeza sobre su pecho.
—¿Escuchas la lluvia? —le pregunté.
—Si —me contestó sin dejar de acariciar mis cabellos.
—¿Sabes que escucho yo? —le dije.
—¿Qué? —preguntó.
—Escucho tu corazón…
—¿Y que te dice mi corazón?
—Me dice: Más te vale Blanco que te quedes, porque o sino te juro que te vas a arrepentir de haberme hecho latir como loca —le dije.
Ella rió divertida, haciéndome levantar la cabeza para mirarla.
—¿Y qué dice el tuyo? —me preguntó.
—¿Por qué no lo escuchas tú misma? —dije y giré en el colchón para que ella quedara sobre mi pecho. Se apoyó suavemente, colocando una su mano izquierda en el lado derecho de mi pecho. Con mi mano acaricie su espalda —¿Y que te dice?
—Me dice: Cariño, ¿Por qué no lo repetimos? Fue muuuy interesante participar esta vez… aunque debo confesarte que la primera vez también participé —me dijo y levantó su cabeza para mirarme —¿Eso es lo que está diciendo?
—Exactamente eso es lo que esta diciendo —le contesté.
Sonrió y se acercó a mí besando suavemente mis labios. Respiré profundamente y su perfume invadió mi cuerpo. Que agradable era oler a ella.
Mordió mis labios traviesamente. Arqueé una de mis cejas y me alejé con cuidado.
—¿Estás juguetona? —le pregunté.
—Solo cuando me provocan estarlo —me dijo y capturó mi boca de nuevo.
Comencé a despertar por un extraño ruido que llegó a mis oídos. Somnoliento abrí un ojo y miré el techo. Esta no es mi casa… Entonces recordé todo y giré la cabeza para poder comprobarlo.
Sentí que mi corazón latía rápido al verla allí. Ella dormía profundamente boca abajo. Su largo y oscuro cabello caía sobre su espalda. Me apoyé sobre mi codo y la miré fijo. Su rostro estaba relajado y sus labios parecían curvar una leve sonrisa.
Bajé mi mirada por su cuerpo, que estaba debajo de las sabanas. Levanté mi mano y acaricie su mejilla. No puedo creer que de verdad me haya quedado, aunque después de hacer el amor casi toda la noche no podía irme.
Bajé mi mano de su mejilla a su mentón, seguí bajando hasta encontrarme con las sabanas. Con cuidado comencé a bajarlas, para poder apreciar la dorada y suave piel de su espalda. Cuando la sabana quedó justo sobre el final de su espalda, subí mi mano y la acaricie con cuidado. Su piel se erizó y ella se movió levemente.
Pero yo quería ver más de ella. Volví a tomar las sabanas y seguí bajándolas, hasta retirarlas completamente de su cuerpo. Su pequeño y redondo trasero se veía suave. Sonriendo bajé mi mano por su espalda, hasta llegar a él y acariciarlo despacio…
—¿Por qué estás tocándome el trasero? —su voz suave y adormilada llegó a mis oídos.
Levanté la cabeza y miré su rostro.
—Buenos días —la saludé.
—Pásame las sabanas, pervertido. Y deja de mirarme así —me dijo.
—Me parece que la más pervertida de los dos eres tú —le dije.
Se sentó en la cama y tomó las sabanas para taparse. Volvió a acostarse boca arriba y giró la cabeza para mirarme.
—¿Te quedaste de verdad o estoy soñando? —me preguntó.
Rápidamente me acerqué a ella y la besé con pasión. Llevé mi mano a su nuca y enterré mis dedos en sus cabellos. Su lengua acarició la mía y elevó sus manos para tocar mi rostro.
Entonces no pude evitarlo, me subí a su cuerpo, haciendo que gimiera levemente. Solté despacio sus labios.
—No podía irme cariño —le contesté agitado.
Ella arqueó una ceja y subió y bajó sus manos por mi espalda.
—Mmm, que excitante es despertar y encontrarte aquí… tocándome —dijo provocadoramente.
—¿Recuerdas las barbaridades que me dijiste? —le pregunté.
—¿Yo? —dijo haciéndose la desentendida —No querido… tú eras el que me decía cosas que ni siquiera me atrevo a repetir.
—¿Cómo qué? Lo duro que…
—¡Jorge! —me calló antes de que continuara.
—Vamos, te encantó que te dijera todas esas cosas mi pequeña y pervertida cajita de mentiras…
—¿Quieres saber qué es lo que realmente me encantó, mi fogoso y lujurioso motoquero marilymansero?
—Mmm… fogoso y lujurioso, que bonitos adjetivos —le dije. Ella sonrió —¿Qué fue lo que te encantó?
—Me encantó hacer el amor contigo y que te quedaras…
—¿Qué me estás queriendo decir con eso? —pregunté alejándome un poco más de ella para mirarla bien a los ojos —¿Acaso me estás queriendo decir que te gustaría intentarlo?
—¿Tú lo intentarías? —me preguntó. La miré fijo a los ojo y ya no lo dude.
—Claro que si… porque eres la primera mujer con la que duermo, y eres la primera mujer con la que hago el amor… la primera que me vuelve loco… y me gusta tanto —le dije mientras me inclinaba hacia ella para tomar sus labios.
Su boca me esperó dulce y cálida. Comencé a besarla más profundamente al sentir que el deseo volvía a brotar en mí.
Subí mi mano por el costado de su cadera y cintura, hasta toparme con su pecho. Ella gimió y su pezón se endureció contra mi palma. La apreté sutilmente y su boca se abrió más para mí.
—Jorge… cariño —dijo alejándose apenas de mí —Tenemos que levantarnos.
—No —susurré y la callé besándola de nuevo.
Volvió a soltar mi boca y respiró profundamente.
—Blanco —me llamó en tono de advertencia.
—Vamos Stoessel, no te resistas —le dije y comencé a bajar mis besos por su mentón.
Al parecer ella perdió todo rastro de cordura, pues comenzó a dejarse y a no protestar por ello. Seguí bajando mis besos por su cuello, mordisqueé esa delicada piel. Seguí bajando y besé sus pechos, ganándome un murmuro de placer.
—Jorge… no hagas esto… no, detente ya… dios. Debemos levantarnos, tenemos que ir a la Universidad —me dijo.
—Al diablo con la Universidad —dije y volví a subir por su cuello hasta su boca. La besé con ímpetu, con necesidad. Saboreando cada rincón de su boca —Pero si no quieres me alejo. Dime Martina, dime que no me deseas y me alejo de ti…
—Te deseo Jorge, no sabes cuánto —dijo agitada.
Le sonreí y volví a besarla.
No había nada que me gustara tanto como besarla. Como lo dije varias veces ella tiene una forma muy particular de hacerlo. Sus manos bajaron por mi espalda y soltó mi boca haciendo que mis ojos se abrieran. La miré fijo.
—¿Qué sucede? —le pregunté.
—Nada… solo quería verte a los ojos —me dijo dulce.
Entre unas tiernas y al mismo tiempo calientes caricias la temperatura de nuestros cuerpos y del lugar comenzó a subir. Jadeé al sentir sus labios en mi cuello y llegando a mí oreja. Con cuidado tomó el lóbulo con su boca y lo mordió despacio.
Ella se sentó a horcajadas sobre mi abdomen y me miró pícaramente. Se inclinó hacia delante y comenzó a besar mi mentón, comenzó a bajar por mi pecho, cerrando y abriendo su boca sobre mi piel. Un celular comenzó a sonar. Ella levantó la cabeza y miró extrañada a nuestro alrededor. La miré y tomé su rostro.
—No atiendas —le dije agitado.
—Puede ser importante —resopló.
—No hay nada más importante que tú y yo en este momento —dije y la jalé hacia mí para besarla.
El celular dejó de sonar, y sonreí sobre sus labios. Nada ni nadie iba a parar este momento, ella no se iba a alejar de mí sin antes ser mía. Otra vez el maldito sonido invadió la casa.
Martina se incorporó de mí y me miró divertida. Solté un frustrado gruñido. Ella se bajó de mí y giró sobre el colchón para agarrar el celular que se encontraba en la mesita de noche.
—¿Hola? —dijo al atender. Sin dejar de mirarla me acerqué a ella y comencé a besar su brazo.
Ella sonrió y mordió sus labios. Fui un poco más atrevido y subí mi boca por su hombro para luego bajar hasta su pecho —¡jorge no hagas eso, es tu prima!
—¿Mercedes? —dije sin poder creerlo. Tomé el celular de Martina y lo puse en alta voz.
—¡Estás con Jorge! ¿Cómo que estás con Jorge? ¿Qué hace él ahí? —escuché como preguntaba sin poder creerlo.
—Primero quieres tirar a mi Martina a los brazos de otro y ahora arruinas un momento extremadamente caliente, ¿Qué más vas a hacer primita? —le pregunté.
—¡Oh, eres un asqueroso! ¡No quería saber aquello! —se quejó.
—No seas malo con tu prima —la defendió Martina —¿Qué pasó Mechi?
—¿Cómo que pasó? Por si no te has dado cuenta ya son más de las 11 de la mañana y tú aun no estas en la Universidad… pero ya entiendo porque —dijo la rubia.
—Me parece perfecto que lo entiendas… bueno adiós —dije e intenté colgar, pero Martina tomó el celular y se puso de pie dándome la espalda.
—Creo que ya no vale la pena ir por unas pocas horas —dijo ella y me miró de costado, aun mostrándome su cuerpo desnudo, solo de atrás.
—¿Pasaron la noche juntos? —preguntó Mercedes.
—Una larga y lujuriosa noche —le dije fuerte para que me escuchara.
—¡Pervertido! —me chilló mi prima. Martina tomó su ropa interior y se la colocó rápidamente. Maldije para mis adentros al saber que la cosa ya se había acabado… por ahora.
—Mer, más tarde te llamo ¿si? —dijo ella.
—¿Vas a cambiarme por él? —le preguntó sin poder creerlo.
—No, no te estoy cambiando por tu primo…
—Si, si lo está haciendo —dije mientras me recostaba en la cama y colocaba mis brazos detrás de mi cabeza.
—Bueno, no importa —habló Mechi y ambos escuchamos como reía levemente —Me alegro que se hayan dado cuenta de que tienen que estar juntos… me alegro que lo hayan entendido de una vez, en vez de estar como perro y gato peleando y reclamándose cosas.
—En eso estoy completamente de acuerdo primita —le dije.





Abkdbdkab ya estan juntos!!! <3

Jany

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