viernes, 5 de diciembre de 2014

El Amor Es Su Mayor Tragedia - Capitulo 25

Capitulo 25

—Entonces, ¿alguna vez me vas a decir lo que pasó? —preguntó Mechi empujando el tambaleante carrito del supermercado hasta el pasillo de las mercancías enlatadas.
Martina abrió la marcha seleccionando las sopas del estante, tirándolas en el carro.
—No es nada. Olvídalo.
—Obviamente, es más que nada. ¿Qué tal si empiezas con eso de por qué de repente tenemos caca de cachorro por todas partes?
—Cooper no hizo caca por todas partes.
—Oh sí, Cooper lo hace. Me paré en una pila de eso esta mañana.
Martina rió por primera vez en días.
—¿De dónde sacamos a Cooper? —preguntó Mechi.
—Realmente no quiero hablar de ello.
El carro se detuvo repentinamente; una caja de Fruit Loops se cayó de la canasta, haciendo ruido en el piso de vinilo. Mechi miró a Martina.
—En serio, no vas a contarme. ¿No soy yo tu mejor amiga?
—El chico en la foto... —comenzó Martina.
—¿Quieres decir el Sr. Sexy?
—Sí. —Martina se sentía mal del estómago. Apenas había comido algo desde que había regresado. Echaba de menos a Jorge. Echaba de menos su intensidad. Echaba de menos la forma en que la miraba como si fuera la única chica en el mundo. Jorge podría ser obsesivo y loco, pero Martina todavía lo amaba locamente. Ir a casa y verlo sólo había profundizado esos sentimientos. A veces, en realidad trataba de convencerse a sí misma de que podía cambiarlo. Moldearlo en alguien con el que pudiera tener una relación normal—. De algún modo tuvimos algo cuando era más joven y él estaba allí cuando fui a casa. Fin de la historia.
—Espera. ¿Algo? ¿Es que estás en camino de decirme que tuviste sexo con él? —chilló Mechi. Su rostro se iluminó con una gran sonrisa—. Estás ruborizada. Lo hiciste, ¡tú desagradable sinvergüenza! Tuviste sexo con el señor Sexy. ESTOY impresionada.
Las personas estaban mirando. Martina bajó la voz.
—Estás perdiendo el punto.
—No, no lo estoy. Tuviste sexo con él. Te gustó. Mucho. Y ahora la parte retentiva anual de ti que se siente culpable por comportarse como nosotras sinvergüenza piensa que el sexo es jodidamente increíble. No parezcas tan miserable. Por fin has demostrado que eres en realidad normal. Estaba empezando a preocuparme.
—Él está loco, Mechi.
—La locura puede ser caliente.
—No su clase de locura.
Está bien. Eso fue una mentira.
Martina le dijo a Mechi acerca de la botella de prescripción que había encontrado, de las palabras pintadas en su pared y de las cosas que su hermano le dijo. Habían llegado a la sección de refrigerados y Martina estaba harta de hablar de ello. Hablar no podría arreglar nada. No había una solución fácil. Se acercaron a la caja y se pusieron en la fila.
—Oye, te conozco —dijo la chica señalándolas mientras comenzaban a añadir alimentos a la banda transportadora. La chica estaba cerca de la edad de Martina. Su cabello rubio estaba tejido en una trenza, envuelta sobre un hombro y sus ojos eran de un azul vibrante. Martinaa se preguntó si eran de contacto. Nadie tenía ojos así de azules. Una palabra describía a la muchacha, linda. Y Martina no tenía idea de quién era ella.
—Jorge Blanco —dijo simplemente la chica con una sonrisa, como si el nombre debiera aclarar cualquier confusión. Siguió sacandocomestibles, su mirada nunca dejando a Martina—. Tuve una clase con Jorge antes de que comenzara a hacer la cosa en línea. Él vive contigo, ¿verdad? Tú eres Martina. Él me mostró una foto.
—¡Oh, oh! Este sería el Sr. Sexy por el que ella está suspirando otra vez, ¿verdad? Huelo una pelea de gatos acercándose —murmuró Mechi en voz baja detrás de Martina.
—Shh —Martina la hizo callar.
Las cejas perfectamente arqueadas de las chicas se dispararon hacia arriba y Martina se preguntó si había oído a Mechi.
—De todos modos, es un chico muy dulce. No habría pasado Psicología sin él —añadió la joven.
—Sí. Es súper dulce. —Martina intentó mantener fuera el sarcasmo de su tono pero fracasó miserablemente.
—Fue genial que lo dejaras quedarse contigo. ¿Cómo está?
—Está bien.
La chica bajó su mirada hacia su trabajo.
—Me enteré del accidente.
¡Le contó de su madre! ¡Uf!
La chica continuó:
—Lo siento mucho. Apuesto a que realmente ayudó tener a Jorge alrededor. Es un buen oyente.
Martina oyó un resoplido detrás de ella.
—Oh vaya. Creo que el peróxido-en-un-palo está detrás de tu chico.
—¡Cállate! —gruñó Martina en voz baja.
Los ojos de la muchacha se agrandaron.
—¿Perdón?
—No es nada. No le hagas caso a mi amiga. Tiene problemas emocionales.
—¡Tengo problemas emocionales! ¿No es la olla diciéndole negra a la tetera? —se quejó Martina.
La chica registró el último artículo. Martina deslizó su tarjeta a través de la máquina y marcó su número de clave, rezando por que la máquina se diera prisa y dijera aprobado para poder agarrar su recibo y listo.
La muchacha se inclinó y susurró.
—¿Estás bien?
—Sí. Realmente fue un placer conocerte. —Martina retiró su recibo y traspasó el zumbido de las puertas eléctricas.
—¡Dile a Mandy que le mando saludos! —gritó la chica.
Mechi y Virginia pusieron las compras en la camioneta, y luego Martina se deslizó en el asiento del conductor y miró por la ventana. Sus manos temblaban mientras metía las llaves en el contacto. Mechi se dejó caer a su lado en el asiento del pasajero.
—Oh. Mi. Dios. ¡Eres una de esas chicas! —dijo ella bruscamente.
Martina saltó, asustada.
—¿De esas chicas?
— Sí. Los que atraen a los perdedores.
—Jorge no es un perdedor. Él está... dañado.
—Bueno, que diablos, tal vez deberías devolverlo y conseguir un reembolso.
Martina no se rió. No podía.
Mechi no tardó ni un segundo.
—Sabes que estaba tratando de conectar con esa chica, ¿no? Era tan obvio lo que estaba pasando allí. Sé que nunca lo he visto, pero ya no me gusta. Lo siento. ¿Estás llorando? —Mechi apoyó la cabeza en el hombro de Martina, lo que sólo hizo llorar más.
—Pienso en él constantemente, Mer. No lo intento, pero no puedo evitarlo. Es que hay este agujero vacío dentro de mí. Pensé que lo había superado.
—Parece que no.
Martina limpió el rímel de debajo de sus ojos. Sabía que la punta de su nariz estaba de un feo color rojo. Se ponía de esa manera cada vez que estaba molesta.
—Quiero decir, no lo había visto en dos años y estaba bien con eso, pero ahora... Y esa chica... uf. —Su frente golpeó contra el volante—. Creo que voy a vomitar.
—Tal vez tu hermano tiene razón. Este sicótico podría secuestrarte y desaparecer contigo convirtiéndote en su esclava sexual, Tini. Nunca se sabe acerca de la gente.



Ultimos capitulos!!!

Jany

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