viernes, 12 de diciembre de 2014

Unreflecting - Capitulo 115

Capitulo 115

"Crisis Nerviosa"

Ese día no asistí a clase. Ese día no abandoné su lecho. No podía; no deseaba estar en ningún otro lugar.
León se despidió de mí una hora antes de que Tomas regresara a casa del trabajo. Los ojos se me llenaron de lágrimas, y él apoyó las manos en mis mejillas y me besó en los párpados.
—Esta noche me pasaré por el bar de Pete. Nos veremos allí, ¿de acuerdo?
Asentí en silencio y él me dio un último y tierno beso antes de marcharse. Al verlo salir, sentí un pellizco en el corazón. Nuestra tarde juntos había sido... increíble. Tenía el corazón hecho pedazos.
Recordé las palabras de Ludmila: «Debes elegir a uno de los dos. No puedes seguir con los dos.» Pero yo no sabía cómo romper con ninguno de los dos.
Tomas regresó un poco antes de lo habitual; parecía muy cansado. Se acercó a mí, que estaba sentada en el sofá mirando distraída la televisión. Se sentó a mi lado y me volví y contemplé su abatido y hermoso rostro. Al instante, se apoderó de mí un sentimiento de culpa. Abrumada, rompí a llorar.
Él me rodeó con los brazos.
—Acércate. —Se tumbó en el sofá junto a mí, mirándonos frente a frente, y me abrazó con fuerza. Apoyé la cabeza sobre su pecho, estrujándole la camisa, y lloré hasta que apenas podía respirar—. Todo irá bien. Violetta. Sea lo que sea, todo irá bien. —La voz le temblaba y su acento era más marcado debido a la emoción que sentía. Comprendí que estaba también a punto de romper a llorar—. Cielo, eres mi corazón —murmuró con voz entrecortada por la emoción. —Mis sollozos arreciaron. Sabía que le hacía daño, pero no podía reprimir mis lágrimas, que fluían sin cesar.
Por fin, remitieron, y sentí que me invadía un sopor mientras él me abrazaba y frotaba la espalda. De pronto, se apartó y observó mis ojos cansados y semicerrados.
—¿Violetta...?
El pánico y el temor hicieron que yo abriera los ojos al instante. ¿Qué ocurría? ¿Iba a preguntarme por fin sobre León? Me sentía incapaz de responderle.
—¿Quieres...? —Calló durante un segundo y desvió la mirada. Luego, comenzó de nuevo, como si le costara un gran esfuerzo—. ¿Quieres... que te lleve en coche al trabajo? Llegarás tarde. —Me miró y yo me relajé visiblemente.
Pero aún no podía articular palabra, de modo que me limité a asentir.
—De acuerdo. —Se levantó y me tendió la mano—. Anda, vamos.
Durante el trayecto, no abrimos la boca. Tomas no me preguntó el motivo de mi abatimiento, y yo no le dije nada al respecto. En cualquier caso, no había nada que pudiera decirle. Había ahora tantos secretos entre los dos que apenas recordaba una época en que las cosas fueran fáciles y sencillas, cuando nos queríamos como dos adolescentes. Supongo que el amor siempre acaba regresando a la realidad.
Tomas decidió quedarse un rato en el bar. No dejaba de mirarme, como si temiera que yo volviera a perder los nervios. La reacción que yo había tenido antes había hecho que aflorara en él su espíritu protector, y comprendí que iba a estar pendiente de mí toda la noche..., mientras León estuviera allí. Suspiré y me dediqué a mis quehaceres. Debí tragarme mi dolor. No debí dejar que Tomas lo viera. No era necesario, y no podía explicarle por qué había sufrido una crisis nerviosa. Era una crueldad ocultarle la verdad. Y me había portado con él de forma muy cruel durante el tiempo que León había estado ausente, alejándolo continuamente de mí y encerrándome en mi impenetrable caparazón de soledad.
León llegó un poco antes que la banda, y Tomas lo recibió a la puerta. León le dio un abrazo amistoso y se pusieron a charlar de forma animada mientras se encaminaban hacia la mesa que solían ocupar. Pero capté la mirada que me dirigió León cuando Tomas se volvió al oír un ruido procedente del otro lado del local. La expresión de tristeza y pasión que dejaban entrever sus ojos durante ese breve instante casi hizo que yo echara a correr a través de la sala para arrojarme en sus brazos. Pero no lo hice. Al menos, tuve la suficiente fuerza de voluntad para abstenerme.
Al llegar a la mesa, se sentaron el uno junto al otro, enfrascados en lo que parecía una conversación seria. Mi corazón se aceleró un poco al pensar sobre qué estarían hablando. De pronto, León asintió y Tomas le dio una palmada en el hombro. Entonces lo comprendí. Tomas le hablaba sobre mi hermana. Al pensarlo me animé un poco. León no había tocado a mi hermana. Me había sido fiel. Bueno, no exactamente fiel, puesto que se había acostado con media ciudad para olvidarme, pero me había prometido no hacerlo con mi hermana, y había cumplido esa promesa, lo cual me alegró.
Era un tanto sorprendente verlos conversar durante toda la noche. No sólo por el hecho de que León se comportara de forma tan tranquila y relajada con el hombre con cuya novia se había acostado en repetidas ocasiones. No, era porque daba la impresión de que la amistad entre ambos no había sufrido lo más mínimo después de la pelea que León y yo habíamos tenido, el incidente del bofetón. Estaba convencida de que Tomas le había reprendido al respecto, e igualmente convencida de que León lo había encajado con estoicismo y había respaldado mi versión. Pero ninguno de los dos parecía estar dispuesto a que el incidente empañara su sólida amistad. Tragué saliva, sabiendo que mi elección, la que Ludmila me había dicho con razón que debía hacer, afectaría sin duda a la amistad entre ambos.
Yo sería quien rompiera esa amistad. Eso me dolió.





u.u dificil desición...bue, se me olvido comentar en el capitulo anterior:
Gracias y un millón de gracias por sus comentarios de apoyo y que me entiendan, somos más de 500 lectores y no me queda más que agradecerles por todo, ustedes siempre estan ahi apoyandome y soportandome xD no se como agradecerles todo lo que hacen por mi, por todo el amor que me brindan, por tomarse el tiempo de leer estas novelas, por...por todo. Gracias infinitas.

Jany

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