domingo, 21 de diciembre de 2014

Unreflecting - Capitulo 118

Capitulo 118

"No Puedo Compartirte"

León presentaba un aspecto distinto cuando bajé a la cocina a la mañana siguiente. No en su aspecto físico. Físicamente, seguía siendo increíblemente perfecto. Bueno, quizá sus ojos verdes e intensos parecían más cansados de lo habitual, pero ninguno de los dos habíamos pegado ojo la noche anterior. No, parecía distinto en el aspecto emocional. Cuando entré en la habitación, no alzó la vista. No me saludó alegremente, sino que siguió con la vista fija en su taza de café, al parecer absorto en sus pensamientos.
Me acerqué a él, tomé su taza de café que aún estaba intacta y la deposité en la encimera, interrumpiendo su concentración. Él volvió la cabeza y me miró con tristeza. Luego, me besó con suavidad y me ciñó por la cintura. Yo le rodeé el cuello con los brazos y apoyé la cabeza sobre su hombro, abrazándolo con fuerza.
—Me parece increíble lo que voy a decir —murmuró, y yo me tensé automáticamente—. Lo de anoche no puede volver a ocurrir, Violetta.
Yo me aparté y lo miré, dolida, confundida y un poco asustada.
Al ver las emociones que se pintaban en mi rostro, suspiró.
—Te amo, y sabes lo que esta frase significa para mí. Jamás se lo había dicho a nadie. —Después de retirar suavemente mis brazos de su cuello, me tomó de la mano y entrelazó nuestros dedos—. Hace un tiempo no habría tenido ningún reparo en seguir así. Habría aceptado cualquier parte de tu ser que hubieras querido entregarme y habría hallado la forma de resolver el tema...
Apoyó nuestros dedos entrelazados sobre mi mejilla. La expresión de mi rostro se suavizó al oír sus palabras, pero aún me sentía confundida y asustada. Él suspiró mientras me observaba.
—Quiero ser el tipo de hombre que mereces. —Empecé a interrumpirlo, pero él apoyó nuestros dedos sobre mis labios—. Quiero ser una persona honesta...
—Lo eres —lo interrumpí, apartando nuestros dedos de mis labios—. Eres un buen hombre, León.
—Quiero ser el mejor hombre, Violetta..., y no lo soy. —Volvió a suspirar y miró hacia el piso de arriba, donde Tomas seguía durmiendo, y luego me miró a mí—. Anoche no me comporté de forma honesta, Violetta..., ante las narices de Tomas...
Arrugué el ceño y sentí que afloraban a mis ojos lágrimas de vergüenza y culpa. Él captó enseguida mi expresión.
—No me refiero..., tú no eres..., no pretendía ofenderte, Violetta. —Me estrechó contra él mientras un par de lágrimas escapaban de mis ojos.
—Entonces ¿qué tratas de decir, León?
Cerró los ojos y respiró hondo.
—Quiero que lo dejes... y te quedes conmigo. —Abrió los ojos lentamente, unos ojos que de pronto mostraban un profundo temor.
Lo miré estupefacta, sin saber qué decir. ¿Me estaba dando un ultimátum? ¿Por fin me obligaba a elegir?
—Lo siento. Quería mostrarme estoico y no decir nada mientras tú me desearas, pero luego hicimos el amor... y jamás había experimentado eso... y no puedo volver a ser como era antes. Te quiero a ti y sólo a ti, y no soporto la idea de compartirte. Lo siento. —Bajó la vista con tristeza—. Quiero estar contigo sin ocultarnos, como debe ser. Quiero entrar en el bar de Pete contigo del brazo. Quiero besarte cada vez que me encuentre contigo, sin importarme quién pueda vernos. Quero hacerte el amor sin temer que alguien pueda descubrirnos. Quiero dormir cada noche abrazado a ti. No quiero sentirme culpable por algo que hace que me sienta... realizado. Lo siento, Violetta, pero te pido que elijas a uno de los dos.
Seguí mirándolo estupefacta mientras las lágrimas rodaban por mis mejillas. El cuadro que me había pintado era maravilloso. Lo vi con todo detalle: un futuro con él, una vida con él. Una gran parte de mi ser deseaba eso. Pero el resto veía los ojos azules, cálidos y risueños de Tomas, su sonrisa de despistado.
—Me estás pidiendo que lo destruya, León.
Él cerró los ojos y tragó saliva.
—Lo sé —murmuró. Cuando volvió a abrir los ojos, los tenía húmedos—. Lo sé. Pero... no puedo compartirte. La idea de que estés con él me mata, ahora más que antes. Te necesito. Necesito todo tu ser.
El pánico se apoderó de mí ante la perspectiva de perder a uno de los dos.
—¿Y si no te elijo a ti, León? ¿Qué harás entonces?
Desvió la mirada mientras una lágrima resbalaba por su mejilla.
—Me iré, Violetta. Me marcharé, para que Tomas y tú puedan vivir felices para siempre. —Se volvió de nuevo hacia mí—. Ni siquiera tendrás que contarle lo nuestro. Con el tiempo, tú y él... —Su voz se
quebró y otra lágrima rodó por su mejilla—. Tú y él se casaran y tendran hijos, y gozaran de una vida maravillosa.
Me esforcé en reprimir un sollozo.
—¿Y tú? ¿Qué harás tú en ese escenario?
—Yo... ya me las arreglaré. Y te echaré de menos cada día —murmuró.
El sollozo que había reprimido escapó al fin de mis labios, y para cerciorarme de que él seguía frente a mí, de que el horror que había descrito aún no había sucedido, tomé su rostro y lo besé con intensidad. Sentí sus lágrimas sobre mi piel cuando me devolvió el beso con la misma intensidad. Al cabo de unos instantes, nos separamos, jadeando, y apoyamos nuestras frentes la una contra la otra mientras nuestras lágrimas seguían resbalando por nuestros rostros.
—Violetta..., seríamos muy felices juntos —murmuró.
—Necesito más tiempo, León..., por favor —respondí en voz baja.
Me besó con dulzura.
—De acuerdo, Violetta. Puedo concederte más tiempo, pero no toda la vida. —Me besó de nuevo y sentí que mi corazón empezaba a latir otra vez con normalidad y que la crispación en mi estómago se relajaba—. No quiero quedarme hoy aquí estando él. Iré a casa de Broduey.
Lo abracé, sintiendo que mi corazón volvía a acelerarse. Al observar mi pánico, dijo para tranquilizarme:
—Nos veremos esta noche en el bar de Pete. Prometo ir. —Me besó y empezó a apartarse de mí.
—Espera... ¿ahora? ¿Te marchas ahora? —pregunté casi gimiendo.
Él me acarició el pelo y luego apoyó las manos en mis mejillas.
—Pasa el día con Tomas. Piensa en lo que te he dicho. Quizá consigas...
¿Tomar una decisión? ¿Decidir qué corazón iba a partir? No sabía cómo iba a ser capaz de hacer semejante cosa.
León no terminó su reflexión. Acercó los labios a los míos y me besó durante lo que me parecieron horas, pero cuando se separó, de pronto, sentí como si hubieran sido sólo unos segundos. Sonriéndome con tristeza, se volvió y salió de la cocina y, al cabo de unos momentos, de la casa. Me volví para mirar su taza de café intacta, sobre la encimera, preguntándome qué iba a hacer.
Al fin me tumbé en el sofá y lloré hasta que me quedé dormida.




Bueno, León ya se canso de los juegos y le puso una gran decisión...lo que se viene!!! Sigo sin poder creer que diferentes partes del mundo visiten mi blog y pagina de Facebook....Como ya saben se acerca navidad y pues tendre que irme de viaje por tres o cuatro días, así que no subire novelas (3 o 4 días xD) por eso, no queria dejarlas sin nada, así que are maraton de 5 capitulos de TODAS las novelas que subo.
Las AMO

Jany

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