domingo, 21 de diciembre de 2014

Unreflecting - Capitulo 119

Capitulo 119

"Ven Conmigo"

Después de unas horas, me desperté sintiéndome tan cansada como antes o más. Las palabras de León no dejaban de darme vueltas en la cabeza cuando entré en la cocina para recalentar el café que me había preparado antes..., antes de que él se marchara bruscamente.
Cuando oí entrar a Tomas, alcé la vista del café que había en mi taza. Los latidos de mi corazón se aceleraron al observar su cara. Jamás había visto esa expresión en su rostro. Estaba desolado, atormentado y derrotado. Se había duchado y vestido, pero no tenía buen aspecto ni parecía haber descansado. Parecía como si hiciera semanas que no conciliaba el sueño. Entonces, cerró los ojos, respiró hondo y, sonriendo con tristeza, entró en la habitación.
Yo me quedé helada junto a la encimera, observándolo. ¿Por qué estaba tan triste? ¿Sabía que anoche no había estado con él? ¿Sabía dónde había estado? ¿Era posible que León y yo no hubiéramos estado tan silenciosos como me imaginaba? Tomas se acercó a mí pero, de repente, se detuvo. Había una extraña tensión en la estancia. Empecé a respirar con dificultad a medida que aumentaba mi nerviosismo. Sabía que le chocaría que no le preguntara qué le ocurría —en otras circunstancias habría sido inconcebible que no le preguntara el motivo de su abatimiento—, pero me faltaba el aire y no podía articular palabra. Y me aterrorizaba preguntárselo.
Por fin murmuró:
—Creí que habías desaparecido.
Los latidos de mi corazón se triplicaron; parecía como si todo diera vueltas ante mis ojos. Dios mío, iba a desmayarme delante de él.
—¿Qué? —respondí sin pensar.
—Esta mañana —dijo indicando el sofá con la cabeza—. Cuando bajé hace un rato, estabas dormida en el sofá. No quise despertarte...
Mi corazón se ralentizó un poco.
—Ah.
En su rostro se pintó de nuevo una expresión de tristeza y me tomó de la mano.
—¿He hecho algo malo, Violetta?
Negué de inmediato con la cabeza y tuve que tragar saliva dos veces antes de responder.
—No, no..., claro que no.
—¿De veras? Porque siento como si hubiera un muro entre los dos. Antes hablábamos de todo. Yo conocía casi todos tus pensamientos, y ahora no tengo la menor idea de lo que piensas.
Tragué de nuevo saliva para reprimir las lágrimas.
—¿Quieres contármelo? —Por un momento, sus apenados ojos azules escrutaron mi rostro. Luego, me tomó del brazo y me condujo suavemente hacia al cuarto de estar. Me imploré a mí misma no romper de nuevo a llorar, como había hecho la víspera.
Nos sentamos juntos en el sofá. Él se inclinó hacia delante, con los codos apoyados en las rodillas. Luego, tras pasarse suavemente la mano por el pelo, se volvió hacia mí.
—¿Eres feliz aquí? —preguntó; su marcado acento denotaba el esfuerzo que hacía para contener la emoción que lo embargaba.
Negué con la cabeza pero dije:
—Sí. —Su expresión transmitía la misma perplejidad que sentía yo ante mi respuesta.
—¿Se trata de León? —murmuró, y sentí una crispación en la boca del estómago, como si fuera a vomitar. ¿Por fin había decidido preguntármelo? Comprendí que me había puesto blanca como un fantasma, y temí empezar a hiperventilar de nuevo.
—¿Te molesta su forma de vida? ¿No te gusta vivir aquí y tenerlo como compañero de piso?
Me relajé. No me preguntaba sobre nuestra relación, sino sobre las mujeres de León. Tomas se había enterado hacía poco que eso me disgustaba, así como de lo del bofetón en el bar, pero las cosas habían cambiado mucho desde entonces. León me amaba profundamente. Y yo...
—No, no se trata de él. De todos modos, apenas lo veo —respondí en voz baja mientras los pensamientos se agolpaban en mi cabeza.
—Es verdad, apenas para en casa últimamente. —Tomas me miró de forma extraña al oír mi respuesta, y temí haber despertado sus sospechas. Esperé la próxima y lógica pregunta: «¿Te mostrabas tan triste porque estuvo ausente toda la semana? ¿Sufriste ayer una crisis nerviosa porque regresó? ¿Porque hiciste el amor con él... y luego te sentiste culpable en mis brazos?»
Pero la pregunta que me hizo me dolió más que las que yo había imaginado.
—Entontes, ¿se trata de mí? ¿No eres feliz conmigo? —preguntó en voz tan baja que apenas le oí.
Le arrojé los brazos al cuello y traté de reprimir un sollozo.
—No, te quiero. —No pude impedir que mi voz se quebrara—. Soy feliz contigo. —«No me hagas más preguntas. No averigües lo que he hecho. No me dejes...»
Él me abrazó estrechándome contra él como si yo quisiera apartarme en lugar de aferrarme a él.
—Entonces ven a Madrid conmigo.
Retrocedí y lo miré a los ojos confundida, que seguían mostrando una expresión apagada.
—¿Qué?
—Cuando termines el curso en la universidad..., ven a España conmigo. —Fijó su mirada escrutadora en mi rostro, como queriendo calibrar mi reacción.
Lo miré pestañeando, sin dar crédito. Nunca habíamos hablado de trasladarnos a su tierra, tan sólo de visitar a sus padres durante las vacaciones de invierno.
—¿Por qué?
—He hecho unas llamadas telefónicas. Allí me espera un trabajo magnífico..., si decido aceptarlo. Podríamos mudarnos allí. Está cerca de donde viven mis padres. A ellos les encantaría tenernos cerca. —A medida que hablaba sobre su familia y su hogar, su acento se hacía cada vez más marcado.
—Pero está muy lejos, Tomas... —Físicamente, lo más lejos que me podía alejar de León—. ¿Y mi familia?
—Iremos a verlos tan a menudo como desees, Violetta. Durante las fiestas. En vacaciones. Cuando tú quieras. —Me acarició la mejilla con dulzura mientras hablaba. Percibí cierta desesperación en su tono. Estaba claro que era lo que deseaba.
—¿España? No sabía que quisieras regresar allí.
—Es una oferta excelente... —Fijó la vista en el suelo antes de alzarla y mirarme de nuevo—. Podríamos casarnos allí —murmuró.
El corazón me latía con furia. Nunca habíamos hablado de casarnos. Yo no sabía qué decir. En mi mente bullían mil pensamientos, algunos sobre quedarme a vivir allí con León, otros sobre una vida con Tomas a miles de kilómetros de allí. Él me acarició el pelo mientras yo contemplaba su hermoso y apenado semblante.
—Allí seríamos felices. —Tragó saliva—. Seré un buen marido para ti. Quizás un día, un padre... —Se detuvo al tiempo que se me saltaban las lágrimas. Imaginé también el cuadro que estaba pintando..., y era tan maravilloso como el que León me había pintado. Yo no sabía qué elegir. Me acarició de nuevo la mejilla y me atrajo hacia él para besarme con ternura. Cerré los ojos, fundiéndome en sus brazos, y pensé en su propuesta..., en ambas propuestas.



Otra cosa que debe pensar Violetta u.u la pobre va a tener estres XD

Jany

1 comentario:

  1. VIOLETTA ESCOJE YA A LEON! QUE NO SOLO LO HACES SUFRIR A EL Y ATOMAS SINO QUE TAMBIEN A NOSOTRAS!

    JANY!! TE AMO ESCRIBES GENIAL

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