domingo, 21 de diciembre de 2014

Unreflecting - Capitulo 120

Capitulo 120

"Tomar Una Elección"

Tomas apoyó las manos en mis mejillas y me besó profundamente. Yo lo besé también con ardor. De repente se levantó, se inclinó sobe mí y me tomó en brazos. No le costó ningún esfuerzo transportarme escaleras arriba —era muy fuerte—, y me besó durante todo el rato hasta que llegamos a nuestra habitación. Yo cerré deliberadamente los ojos cuando pasamos frene a la de León.
Por primera vez en todo el tiempo que llevábamos juntos, me sentí rara al acostarme con Tomas. Hicimos el amor con un frenesí que jamás se había dado en nuestra relación. Era sincero y conmovedor. Rebosaba de felicidad y, al mismo tiempo, de un intenso dolor. Era ardiente como el fuego y frío como el hielo. Era como el nacimiento de un amor auténtico... y como la muerte de un amor auténtico. Era como si los dos quisiéramos aferrarnos a algo que se nos escapaba entre las manos sin que comprendiéramos el motivo. Yo lo comprendía mejor que él, como es natural, pero no del todo. Jamás comprendería cómo había podido alejarme de una persona tan tierna, sensible y bondadosa.
Más tarde, Tomas me acarició el pelo mientras yo me acurrucaba contra su hombro. Sentí un profundo sentimiento de culpa. Eso mataría a León. Al marcharse esa mañana, debió de suponer que existía la posibilidad de que Tomas deseara...
Ese pensamiento hizo que me sintiera peor. Luego me sentí culpable por no haber gozado por completo con Tomas. Me enjugué una lágrima, furiosa. Estaba cansada de sentirme culpable. León tenía razón: debía elegir a uno de los dos. Tenía que hacer una elección.
—¿Estás bien, Violetta?
Cerré los ojos y me tensé; ¿me haría por fin la temida pregunta?
—Sí.
Tomas me besó en la cabeza.
—Has estado muy triste, y ayer parecía como si...
Suspiré. Sí, iba a hacérmela.
—Tuve un mal día. No tiene importancia.
—Ya. —Por el timbre de su voz comprendí que no me creía—. ¿Quieres hablar de ello? —Su acento era más pronunciado, como solía ocurrir cuando reaccionaba de forma emocional. Comprendí que tenía que poner fin a esa conversación.
Lo miré y esbocé una sonrisa forzada.
—No... Quiero ir a España contigo. —Me odié por decirlo, pero necesitaba ganar tiempo.
Él sonrió de oreja a oreja y me besó; todo vestigio de nuestra conversación había desaparecido.
Esa noche, Tomas me acompañó en coche al trabajo y decidió quedarse hasta que finalizara mi turno. Se mostraba insólitamente alegre, lo cual hizo que me sintiera peor. Yo había alimentado sus esperanzas con respecto a nosotros..., posiblemente unas esperanzas falsas. Aún no estaba segura.
Serví a Tomas un plato de comida y una cerveza en la mesa de la banda. Sentí una opresión en el estómago ante la idea de que León y Tomas estuvieran juntos. Al poco rato, los chicos de la banda entraron en el bar. Broduey y Maxi llegaron juntos. Al ver a Tomas sentado en la mesa que solían ocupar, Broduey me miró con curiosidad y yo bajé la vista y me sonrojé. No vi entrar a Diego, pero lo oí. Nada más entrar en el local gritó:
—¡Ha llegado el cachas! ¡Que empiece la fiesta!
Puse los ojos en blanco y miré hacia la puerta justo cuando apareció León. Al verlo contuve la respiración. Aún tenía la facultad de hacer que se me cortara el aliento con su perfección. Se pasó la mano por el pelo, perfectamente alborotado, mientras fijaba sus ojos increíblemente verdes en los míos. Yo dije «hola» en silencio, moviendo sólo los labios, y él esbozó su sexy media sonrisa al tiempo que me saludaba con un gesto de la cabeza. Echó a andar hacia mí, hasta que hice un gesto indicándole que no se acercara. Él ladeó la cabeza, confundido, y miró hacia donde miraba yo: la mesa de la banda. La sonrisa se borró de su rostro y sus ojos adquirieron una expresión sombría. Me miró con tristeza y fue a reunirse con los chicos en la mesa.
Durante mi turno, no dejé de observar a León con discreción. Algo que no fue fácil. Deseaba acercarme a él y abrazarlo, besarlo, sentarme en sus rodillas..., pero no podía. Aunque Tomas no hubiera estado sentado frente a él, no podía hacerlo. No teníamos ese tipo de relación, que era justamente lo que él deseaba de mí. No quería que siguiéramos ocultándonos. Yo tampoco, pero... Entonces me fijé en Tomas. No quería herirlo. No podía hacerlo. También lo amaba.




Violetta tiene más problemas que el libro de matematicas XD

Jany

1 comentario:

  1. Hola. No estoy en el grupo de WhatsApp ¿me podrías agregar? Este es mi número: +52 866 107 37 96. En la novela Unreflecting, gracias. Y me encantó el maratón ♡♡

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