domingo, 21 de diciembre de 2014

Unreflecting - Capitulo 121

Capitulo 121

"Tiempo"

Tomas sonreía, más contento de lo que le había visto en muchos días. Mi melancolía durante la ausencia de León le había afectado más de lo que yo había supuesto. Se sentía feliz de que hubiéramos hecho planes para el futuro. En estos momentos conversaba con Maxi, de modo que volví a fijarme en León.
Él se volvió hacia mí y me miró a los ojos durante una fracción de segundo, tras lo cual dirigió unos instantes la vista hacia el pasillo. A cualquiera que lo hubiera observado no le habría extrañado ese gesto, pues parecía como si simplemente estuviera echando un vistazo alrededor de la sala. Pero yo capté su intención: quería hablar conmigo. Después de apurar tranquilamente su cerveza, se levantó y se encaminó hacia el pasillo. Tomas lo obsevo y lo vio alejarse durante medio segundo, tras lo cual reanudó su conversación con Maxi.
Yo me acerqué apresuradamente a Ludmila. No disponía de mucho tiempo.
—Lud, ¿puedes hacerme el favor de...?
Ella dirigió la vista hacia la mesa de la banda y, al percatarse de la ausencia de León, respondió de inmediato:
—No voy a mentir por ti, Vilu.
Yo negué con la cabeza.
—No te pido que lo hagas. Sólo que vengas a avisarme si Tomas te pregunta... algo.
Ella suspiró con resignación.
—De acuerdo... Pero apresúrate.
La miré sonriendo satisfecha y dije:
—Gracias.
Ella asintió con la cabeza y regresó a sus quehacerest. Luego, asegurándome de que nadie, y en especial Tomas, se diera cuenta, seguí a León hasta el pasillo. Al verlo los latidos de mi corazón se aceleraron. Estaba apoyado contra la pared en el espacio entre los dos lavabos, con el pie apoyado en la pared, las manos enfundadas en los bolsillos y la cabeza vuelta hacia mí. Al verme, sonrió suavemente y yo le devolví la sonrisa. Al acercarme, me tomó de la mano y, con la otra, abrió la puerta del lavabo de mujeres. Observé que en la puerta colgaba el letrero que decía: «No Funciona».
—¿Has sido tú...? —pregunté señalando el letrero.
Él sonrió y me condujo dentro. Luego se le borró la sonrisa del rostro.
—¿Vas a irte a España con Tomas? —me preguntó en cuanto cerró la puerta.
Sentí una opresión en la boca del estómago.
—¿Qué? ¿Quién te lo ha dicho?
—Tomas... Se lo ha contado a todo el mundo, Violetta. ¿Qué le dijiste? —Sus ojos verdes se clavaron en los míos.
Cerré los ojos y me apoyé contra la pared.
—Lo siento. Me hacía unas preguntas difíciles de responder. Yo tenía que ganar tiempo. —Abrí los ojos, sintiéndome como una estúpida.
—¿De modo que le dijiste que te irías con él? ¡Por el amor de Dios, Violetta! —Se pasó la mano por el pelo y se pellizcó la nariz—. ¿Es que eres incapaz de pararte a pensar antes de hablar?
—Sé que fue una estupidez, pero en ese momento no se me ocurrió otra cosa —respondí débilmente.
—Dios, Violetta... ¿Accediste también a casarte con él? —preguntó con tono sarcástico. Yo no respondí, pero el repentino silencio era más que elocuente. León me miró con gesto inquisitivo ante el silencio que se hizo entre nosotros—. ¿Te lo ha pedido?
—No le dije que sí —murmuré.
—Pero tampoco dijiste que no —dijo también en voz baja, retirando la mano de su rostro.
Al observar su expresión dolida, traté de explicarme.
—En realidad no me lo pidió. Sólo dijo que cuando estuviéramos allí..., podríamos..., dentro de unos años...
Él tragó saliva y me miró con recelo.
—¿Y tú te lo estás... pensando?
Avancé un paso hacia él.
—Necesito tiempo, León.
—¿Te acostaste con él? —murmuró.
Me detuve y pestañeé varias veces seguidas.
—León..., no me preguntes eso.
Él asintió con la cabeza y desvió la vista, visiblemente enojado.
—De modo que, hasta que te decidas, ¿qué se supone que debemos hacer Tomas y yo? ¿Establecer un horario? —Se volvió de nuevo hacia mí; su rostro encendido y la dureza de su voz indicaban que estaba furioso—: ¿Yo me acuesto contigo durante la semana y él los fines de semana, o mejor una semana yo y otra él? ¿Por qué no follamos los tres juntos? ¿Preferirías eso? —me espetó.
Me acerqué a él con calma y apoyé una mano en su mejilla.
—León..., piensa en lo que dices.
Me miró pestañeando y sonrió compungido.
—Vale..., lo siento. Es que... esto no me gusta, Violetta.
Lo besé dulcemente y una lágrima rodó por mi mejilla.
—A mí tampoco, León. No quiero seguir así. No quiero sentirme culpable. No quiero mentir. No quiero herir a nadie. Pero soy incapaz de decidirme.
Me miró en silencio durante un rato que se me hizo eterno y luego murmuró:
—¿Me permites que trate de convencerte?
Acto seguido, me tomó la cabeza entre sus manos y me besó con una pasión que me dejó sin aliento.




AbdkjaksjdjddndnaLeónhazmehijosbhjdkkas jejejejeokno XD

Jany

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