lunes, 5 de enero de 2015

Dangerous Obsession - Capitulo 45

Capitulo 45

Lo miré fijo por unos cuantos segundos… no puedo entender como alguien así puede ser mi padre. Cómo mi madre pudo amar a esta basura.
—Ya no más, Fernando — le dije. Él sonrió de costado y se acomodó mejor en su silla.
— Creo que va a ser mejor que pienses en el bien de tu madre. — me habló.
Ahora yo sonreí de la misma manera torcida y perversa que él.
— Ya no puedes hacerle daño — le aseguré. Su sonrisa se desvaneció lentamente.
— Dime — dijo mientras se ponía de pie – ¿Qué te llevó a tu madre? – No contesté y solo me dediqué a mirarlo fijamente — Sé que esa jovencita tonta con la que estás últimamente consiguió el número de tu madre…
— No es ninguna tonta… ya sé que intentaste manipularla ayer, no te funcionó ¿verdad? – Reí levemente — Ella no es como las demás. Ya no tienes poder sobre mí. Se terminó.
Se puso de pie y salió de atrás de su escritorio. Se acercó a la biblioteca y comenzó a mirar los libros que allí estaban. Él podía llegar a ser tan cínico, tan frío… tan distante. Luego de que mamá se fue aprendí que lo único que podía recibir de Fernando Blanco eran órdenes y amenazas. Se giró a verme y volvió a sonreír.
— Voy a demostrarte que puedo ser generoso, Jorge– dijo y volvió la mirada a los libros – Tienes un poco de tiempo para jugar a ‘la casita’ con la ramera de tu madre…
— Bastardo – lo interrumpí — Ella no es una ramera.
— No me interrumpas, hijo, sabes que no me gusta – respiré profundamente tratando de no perder el control – Como te decía, tienes un tiempo para jugar a ‘la casita’ con tu madre y divertirte con esa muchachita.
— Sabes que ya no es cuestión de tiempo… se terminó, Fernando, ya no más amenazas estúpidas y ese tipo de cosas — dije. Volvió su vista a mí, se notaba que ya estaba perdiendo la paciencia.
— ¿Sabes? Sé a qué jardín va Daniela– me paralicé y mi cuerpo se tensó – Es una niña muy linda, se parece a tu madre. Le gustan mucho los dulces, ella me lo ha dicho.
— Gusano — musité por lo bajo.
— Por eso mismo, hijo, piénsalo bien, hijo... no me molesta que estés con la hija de Martina, una pequeña diversión no te viene mal... pero lo mejor va a ser que dejes de la loca idea de estar cerca de tu madre y de ese infeliz – sonreí ante la forma en que llamó a Ryan.
Reí divertido y él me miró con furia.
— Padre, padre, padre — dije calmando mi risa — No sé si has visto a tu alrededor últimamente pero, si no, aquí tienes una noticia: YA NO ME CONTROLAS ni CONTROLARÁS.
— No estés tan seguro de eso — dijo apretando los dientes.
— Puedes meterte tus amenazas en donde más se te acomoden — le dije con una sonrisa.
— Puedo hacerlo mucho mejor, hijo, te sorprenderías.
— ¿Sabes? — Dije sin dejar de sonreír — He visto cómo está mamá... y debo decirte que alejarla de ti ha sido lo mejor que has podido hacer en este mundo. Así que, sin rencores... papi, todo está bien. Ryan le ha dado todo lo que tú jamás pudiste darle en la vida – lo vi ponerse rojo del coraje, y eso me llenó de satisfacción – Cuidado, papá, creo que estas a punto de tener una embolia. Cuídate, ¿sí?... ya estás viejito, no debes pasar corajes.
Quise echarme a reír ante su notorio enojo, pero traté de controlarme… pero es que juro que se me hace imposible. Este infeliz tiene que pagarme una y cada una de las que me ha hecho.
— Ten cuidado, hijo mío — me dijo con toda la calma posible, mientras me miraba fijamente. Mi mandíbula se tensó — Mide tus palabras… no querrás que algo le pase a tu nueva dama de compañía ¿o sí?
Y esa fue la gota que rebalsó el vaso, rápidamente me acerqué a él tomándolo de la camisa para acercarlo a mí.
— Escúchame bien, maldito infeliz — le hablé entre dientes sin dejar de sostenerlo por la camisa. Sus ojos se clavaron en los míos — Dejaré de lado el motivo de tener tu maldita sangre si le tocas un pelo a Martina... no voy a dudar en acabar contigo.
— Te importa de verdad — susurró como si acabara de descubrir lo mejor de su vida.
— Entendiste, ¿verdad? No juegues conmigo, Fernando… ya no tengo 9 años. Y lo único que siento por ti es desprecio, así que mejor no me busques — lo solté bruscamente y salí de aquel despacho antes de acabara con la poca paciencia que me quedaba.
Cuando estuve afuera de la casa, pateé lo primero que estuvo delante de mí. El tacho terminó en medio de la calle con toda la basura esparcida.
Intenté calmarme, pero se me estaba haciendo imposible. De verdad, pero de verdad si a él se le ocurre hacerle algo a Martina, lo mataré. Solté un suspiró y decidí calmarme del todo. Comencé a caminar y luego de unos cuantos minutos llegué a mi casa, necesitaba dormir un poco, pensar, despejarme. Abrí la puerta y al instante mi rubia prima salió de la habitación.
— ¡Hola! — dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Se acercó a abrazarme, al instante se alejó de mí y me miró bien — Oye, ¿Qué te pasa? ¿Acaso vas a decirme que arruinaste todo con Martina y pelearon? — no pude evitar sonreír.
— No, no peleé con Martina — dije en un suspiro.
— ¿Entonces? ¿Por qué esa cara horrible? — preguntó. Le estaba por decir algo, pero me interrumpió con un pequeño gritito – Quiero que me cuentes, quiero saberlo todo… todo ¿Qué pasó con Martina? ¿Por qué durmieron juntos? ¿Cómo te sientes? ¿Estás enfermo? ¿Sabes lo que haces verdad? — volví a reír.
— Sí, sé lo que hago… todo está bien. Anoche me di cuenta de que todos tenían razón, yo estoy loco por Martina, la quiero… no puedo evitarlo.
Mercedes llevó sus manos a su pecho y puso su mejor cara de tonta emocionada, apretó los labios como si evitara llorar y luego volvió a gritar. Me alejé un poco de ella.
— Aaay, muero, te juro por Dios que me muero aquí mismo. No puedo creerlo, esto es increíble. Al fin, primito – dijo y apretó mis mejillas.
— Ya, ya — dije alejándome de su molesto agarre.
— Te quiero, primo — me volvió a abrazar. Sonreí y le respondí el gesto.
— Yo también te quiero, tonta — le dije. Se alejó de mí y soltó un suspiro. La miré bien, percatándome de que estaba bastante arreglada — ¿Vas a salir? — ella se sonrojó instantáneamente y ahí supe que ella saldría con Xabiani— Ooooh, vas a salir con Xabi.
— Bueno yo… él me invitó al… cine y bueno, creo que ya es hora de… de hacerle un poco de caso. El pobre ya me estaba… dando pena — habló nerviosa.
— Mentira, tonta — dije divertido y la empujé levemente — Te mueres por él, admítelo.
— Bueno sí, me gusta — dijo haciendo un leve puchero y mirando al suelo — Así que… no me esperes hoy, no vendré.
— Está bien… al fin podré dormir en mi cama — golpeó levemente mi brazo — Ya, sólo bromeo. Me voy a bañar y a dormir un rato…
- Está bien, tontín, adiós – dijo y besó mi mejilla.
Me dirigí a mi habitación y me tiré en la cama. Tomé mi celular y busqué su número. Sonó una… sonó otra.
— ¿Cómo te fue con tu padre? – preguntó al atender.
— Primero que nada, “hola, cariño, ¿Cómo estás? Te extraño” – dije y escuché su risa.
— Hola, cariño, ¿Cómo estás? Te extraño — me dijo.
Sonreí y me senté en la cama para buscar un poco de ropa ya que iba a entrar a bañarme.
— Bien ¿y tú, cariño? — pregunté.
— Bien, acabo de salir de lo de mi madre… ahora voy a lo de papá.
— ¿Vas a tardar mucho? Quiero verte.
— Quizás no podremos vernos hoy, Jorge — detuve mi búsqueda de ropa y me paré bien.
— ¿Por qué no? — dije como un niño al que no quieren comprarle un juguete nuevo.
— Porque papá hará una cena y seguro quiere que me quede…
--Martina, no me hagas esto — supliqué.
— Pareces un niño — dijo divertida.
— Está bien, déjame solo… no te necesito — colgué y me dispuse a buscar la ropa.
Mi celular comenzó a sonar y sonreí al ver que era ella. Esperé unos segundos antes de atender.
— ¿Por qué me cortas? ¿Acaso de verdad eres un niño? — preguntó enojada. Sonreí.
— No me extrañas, es eso — dije.
— Tonto, eres un tonto… te comportas como un tonto. ¡Claro que te extraño! ¿Acaso crees que no me muero de ganas de besarte en este preciso momento? – sonreí como un bobo mientras entraba al baño.
— ¿Quieres besarme? — pregunté.
— Claro que quiero besarte — susurró.
— Yo quiero hacerte otras cosas — dije con voz profunda.
—Jorge— se quejó divertida.
— Entonces, ¿no vas a venir? — dije esperanzado con que me dijera que si iba a venir.
— Hagamos una cosa, apenas salga de ahí te llamo y vemos si vamos al cine y tomar algo ¿quieres? Así de paso hablamos de tu padre…
— No, no quiero hablar de él — aseguré.
— Vamos, cariño, te hará bien — sonreí levemente.
— Está bien, llámame, por favor — dije.
— Te llamo, adiós — dijo y colgó.
Tuve que haberle dicho que la quería… pero ¿si es muy rápido? No, no es rápido, es sincero y real… cuando la vea se lo digo. Me duché y luego me puse mi pantalón de dormir para tirarme boca abajo en mi cama, estoy tan cansado, necesito dormir un poco. Mis ojos comenzaron a cerrarse de a poco, hasta que todo estuvo totalmente oscuro…

Una sensación dulce recorrió mi espalda, era algo así como una suave caricia… pero de labios. Me moví un poco para alejar el escalofrío que me atravesó. La caricia o beso, no estoy seguro, volvió a repetirse, pero esta vez más arriba. Seguro estoy soñando y solo debo seguir durmiendo. Comenzó a ser más repetitivo y más dulce que antes.
— Hueles a jabón de bebé… eres tan hermoso — escuché su voz.

Me senté rápidamente en la cama y me giré a verla. Seguro que yo estoy soñando y en cualquier momento voy a despertar para estar solo.
— ¿Cómo entraste? — le pregunté mientras la miraba bien, para ver si era real.
Sonrió y levantó su mano mostrándome las llaves.
— Se las robé a Mechi — me dijo. Sonreí bobamente.
— ¿Tú me estabas besando la espalda? — pregunté.
— Ajá — dijo asintiendo — Y hueles tan lindo…
— ¿Qué pasó con la cena de tu padre? — le dije intentando averiguar si era un sueño o no.
— Te mentí — dijo mordiendo sus labios — Quería darte una sorpresa… parece que funcionó ¿Qué te pasa? ¿Por qué tienes esa cara?
— Porque creo que estoy soñando – dije.
— No, no estás soñando, Jorge — dijo divertida y levantó su mano para acariciar mi mejilla.
Cerré los ojos ante el contacto de su piel.
— Ven aquí — dije y la tomé de la nuca para acercarla a mis labios.
Su boca se movió sobre la mía de manera apasionada, mientras colocaba sus brazos alrededor de mi cuello y se acercaba más a mí. La tomé de la cintura y la subí sobre mí. Su ropa comenzó a estorbarme cuando sentí la terrible necesidad de sentir su piel contra la mía. Nuestras lenguas se mezclaron y ella gimió levemente enterrando sus manos en mis cabellos.
Subí una de mis manos hasta los primeros botones de su blusa.
— No, no, no, hoy no. — dijo agitada alejándose de mi boca.
— Sí, por Dios — musité y volví a besarla.
— No, Jorge, no vamos a hacer eso en donde yo comienzo arriba y termino abajo, mañana tengo que ir a lo de mi madre. Además de que Rose viene por la mañana y qué... qué espanto que nos vea — dijo cuando se volvió a alejar.
— Tu prudencia solo me excita más, amor — le dije con una leve sonrisa.
Sus ojos se abrieron bien y me miró como si acabara de decir algo que no entendió.
— ¿Cómo dijiste? — preguntó. Sonreí y la acerqué un poco más a mí, rozando sus labios.
— Que te niegues solo hace que te desee mucho más — susurré.
— No, lo otro — musitó. Sonreí para mi mismo… ella quería escucharlo de nuevo.
— ¿Qué cosa, Martina? — pregunté haciéndome el tonto.
— Me dijiste ‘amor’ — dijo con un brillo especial en los ojos.
— ¿Yo? No, yo nunca dije eso…
El brillo que adquirieron sus ojos se desvaneció como el humo en el aire. Miró hacia otro lado y se bajó de mí lentamente.
— Bueno… escuché mal — dijo sin mirarme.
— Sí, tal vez sí — dije asintiendo.
Las ganas de echarme a reír me invadieron, pero me contuve. Martina se puso de puso de pie y la miré, esperando que me mirara.
— Voy a buscar algo de comer — sentenció con tono frío.
Antes de que pudiera caminar la tomé de la mano y la jalé hacia mí, para luego girar y que quedara debajo de mí.

— Sí, te dije amor… dije que tu prudencia me excita más, amor. Mucho más — dije sin dejar de mirarla fijo a los ojos.




Le dijo AMOR!!! oyea!! XD

Jany

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