miércoles, 28 de enero de 2015

El Amor Es Su Mayor Tragedia - Capitulo 26

Capitulo 26

Todo el apartamento tipo estudio estaba tranquilo; el único sonido era el chasquido ocasional del hielo siendo vertido desde el fabricador automático de hielo. Mientras llegaba la noche, Mechi se había ido a los extremos colocando trampas explosivas en todas las habitaciones: envases de leche vacíos se alzaban en una pirámide bloqueando el camino detrás del sofá de color crema en el centro de la habitación, el hilo de pesca se extendía por las puertas, latas atadas al frente y detrás de las puertas.
—Si él intenta alguna estupidez de mierda... de ninguna manera va a conseguir pasar a estos bebés sin que lo sepamos —dijo Mechi atando el último nudo en el hilo de pescar.
Martina pensó que Mercedes se había vuelto loca.
—¿Dónde aprendiste a hacer todo esto?
—El internet. Nunca se puede ser demasiado cuidadoso.
Más tarde Martina estaba sumergida hasta la barbilla en una tina humeante de agua. Burbujas cosquilleaban su nariz. Sus dedos atrapaban gotas calientes del grifo goteante. Se sentía ansiosa. Tomó aire y desapareció bajo el agua, con el cabello flotando alrededor de su cabeza. Su rostro salió a la superficie, con la boca y los ojos justo por encima del agua. Relajó su cuerpo entero. Incluso con sus oídos sumergidos, no hubo equivocación en el sonido amortiguado cuando los envases de leche cayeron y se esparcieron por el suelo de madera. Se puso de pie, el agua derramándose de su cuerpo desnudo. Agarrando una toalla del gancho en la parte posterior de la puerta se secó y se deslizó en un par pantalones cortos de corte bajo y una camiseta sin mangas. La puerta crujió cuando lentamente la abrió.
Su voz no era más que un susurro.
—¿Mechi? ¿Esa fuiste tú?
No hubo respuesta.
Su corazón se aceleró, sus brazos doblados sobre su pecho mientras se inclinaba hacia el pasillo, mirando arriba y abajo del oscuro pasaje. Sólo había silencio. Tomando una respiración profunda, Martina se lanzó a través pasillo hasta su habitación sintiendo una extraña sensación, como si alguien estuviera detrás de ella. Se movió con rapidez, sin aliento, su cuerpo temblando mientras empujaba la puerta de su dormitorio cerrándola tras ella. Se acercó a la cama y se puso de rodillas, su mano desapareciendo entre el colchón y el jergón. El cuchillo de carnicero brilló en sus manos.
—Por si acaso —había dicho Mechi cuando lo puso allí.
Martina trató de convencerse de que era sólo su sobre activa imaginación, y que probablemente era Mercedes buscando un bocadillo de medianoche y que se reirían de esto juntas por la mañana. Pero entonces oyó el soporte de una planta siendo volteado y el inconfundible sonido de la voz de un hombre murmurando obscenidades.
Las trampas explosivas de Mechi...
Él había tropezado a través del hilo de pesca.
Ella cruzó la habitación en varias y largas zancadas. Sus dedos se curvaron alrededor del mango del cuchillo cuando abrió la puerta y asomó la cabeza al pasillo. Oyó pasos acercándose hacia ella y gritó, sin saber si ocultarse o pelear.
Pelear.
¡Ella lucharía!
Martina levantó el cuchillo cuando la cara de Mercedes tomó forma desde las sombras. Viendo el cuchillo en el aire, el rápido movimiento fallando el brazo derecho; Mercedes ahogó un grito con la palma de su mano.
—¡Mierda! ¡Casi te apuñalo! —exhaló Martina con horror bajando la hoja.
—¡Por el amor de Dios, me asustaste de muerte! —exclamó Mercedes sujetando el brazo de Martina arrastrándola hacia el salón. Las dos chicas, pegadas la una al lado de la otra, caminaron cuidadosamente, un solo paso a la vez. Ninguna se levantó completamente mientras se acercaban al salón, asustadas. El cuchillo brilló, sostenido frente a Martina.
—¿Así que lo escuchaste también? —murmuró Mercedes.
Martina asintió, la parte blanca de sus ojos brillando en la oscuridad.
—Te dije que mis trampas explosivas eran impresionantes, ¿no? Ahora dime que sobre reaccioné. Ojalá tuviéramos una enorme bestia en lugar de Cooper vigilando nuestras espaldas. ¿Crees que este chico va a hacer alguna locura?
—¿Cómo diablos lo sabría Mechi? ¿Parezco una persona loca?
—¡Mierda! No tienes que estar tan a la defensiva, solo preguntaba. Tú conoces a este loco, yo no.
Las dos chicas se detuvieron en la puerta al salón, quedándose fuera de vista. Martina consideraba volver a su habitación y esconderse, pero eso ya no era una opción en el instante en que Mercedes la empujó hacia la habitación primero, en campo abierto, lejos de la seguridad que el estrecho pasillo había proporcionado.
—¡Él es tu novio psicópata! —razonó Mechi.
Martina estaba horrorizada. Sólo podía distinguir formas básicas en la habitación. Su visión se ajustaba a la luz que se derramaba por la ventana y al juego de sombras en la pared del fondo. La punta de la hoja tocó los labios de Martina cuando miró atrás a su compañera de cuarto.
—Shh... creo...
Martina se volvió y lo vio venir bajo y rápido. Tuvo poco tiempo de reacción. Un penetrante grito brotó de su boca. De alguna formacorrió en el lugar. La cabeza de él se estrelló contra su lado derecho liberando el cuchillo de su mano. Su espalda chocó contra la pared, haciéndola expulsar el aire de los pulmones en una ráfaga. El cuchillo cayó repiqueteando sobre el suelo de madera hasta que giró varias veces, llegando a un punto muerto al otro lado de la habitación.
—¡Agárralo, Mercedes! ¡Agarra el cuchillo! —gritó ella.
Jorge inmovilizó la muñeca de Martina en alto por encima de su cabeza. La sujetó a la pared con el peso de su cuerpo.
—¡Deja de pelear conmigo! —soltó él.
—No, tú eres un imbécil psicótico. ¡Quítame las manos de encima! —Chocó su rodilla en la región de sus testículos.
Él esquivó sus mejores intentos. Una de sus cejas se alzó.
—¿Eso es lo mejor que tienes? Tus habilidades defensivas necesitan ser trabajadas un poco mejor, Tini.
—¡Déjame ir! —Luchó para liberarse pero la falta de aliento pronto se dejó ir todavía sostenida por su agarre inquebrantable. Echó un vistazo por encima del hombro de él y vio a Mercedes acercársele lentamente desde atrás. El cuchillo estaba alto en el aire y apuntaba hacia el centro de sus omóplatos. Martina tenía sólo unos pocos minutos para regalarse con el hombre que había sido su primer amor, su único amor. Se tomó el tiempo para memorizar su hermoso rostro atrapado por la luz aislada abriéndose camino a través de la ventana. Cerró los ojos, triste. La pesadilla se acabaría pronto.
Pasaron unos segundos, luego minutos.
—Abre tus ojos... mírame —ordenó Jorge. Su agarre se apretó en su muñeca—. Maldita sea... ¡Mercedes no es real Martina!
Sus ojos se abrieron.
—¡Tú estás loco! ¡Lo siento por ti!
—Si ella realmente está aquí... dile que me apuñale con este cuchillo imaginario que has pensado levantar. —Cuando ella no hizo más que mirarlo, añadió—: Vamos... dile que lo haga. No tengo miedo porque Mercedes no puede estar detrás de mí. —Removió una de sus manos de la muñeca de Martina para golpetear un dedo en su sien—.Está sólo en tu cabeza.
Su mirada se levantó por encima de su hombro, y él tenía razón, no había nadie allí.
Martina parpadeó en un estado de confusión.
—Te equivocas. Mercedes es mi compañera de cuarto.
—No. Tú has estado viviendo en el viejo apartamento sobre el garaje detrás de la casa de tus padres.
Al darse cuenta de que estaba demasiado aturdida para luchar liberó su muñeca. Se distanció, empujó una mano por su cabello con un largo suspiro.
Virginia estudió su entorno viéndolo realmente por primera vez.
—Estás mintiendo. Esta es una broma enfermiza. —Ella dio tres pasos y tropezó causando que él llegara hasta ella para estabilizarla. Estaba desorientada.
Nada de esto tenía sentido.
Él sacó un encendedor del bolsillo de sus vaqueros, sus manos visiblemente temblorosas mientras la llama azul lamia el final del cigarrillo encajado entre sus labios.
—Me gustaría estar mintiendo, pero no lo estoy.
—Tini, tú eres la enferma, no yo.


:O ¿Que creen que pasara? u.u

PENULTIMO CAPITULO, todas las novelas se estan acabando :(

Jany

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