viernes, 2 de enero de 2015

Unreflecting - Capitulo 124

Capitulo 124

"Enojos"

Cuando la música y la voz de León adquirieron mayor intensidad, sentí una mano sobre mi hombro.
—Aquí no, Vilu —me susurró Ludmila suavemente al oído.
No podía apartar los ojos de León para volverme hacia ella. Otra lágrima resbaló por su mejilla mientras seguía mirándome con descaro. Yo no sabía quién nos miraba. No sabía si Tomas nos miraba. Lo único que veía era el rostro de León, lo único que oía era sus palabras desgarradoras. Y ya no pude reprimir un sollozo.
Ludmila empezó a tirarme del brazo, pero yo me resistía empecinadamente.
—Aquí no, Vilu. Tomas te está mirando... Aquí no.
Paré de resistirme y dejé que Ludmila me condujera hacia la cocina en el preciso momento en que León entonaba la última estrofa: «Te prometo que mi amor por ti jamás morirá». Observó cómo me alejaba con ojos llenos de tristeza. De pronto, cuando desaparecí a través de la puerta de la cocina con Ludmila, su voz se quebró. De inmediato, rompí a llorar, y Ludmila me rodeó con sus brazos.
—Todo se arreglará, Vilu. No te preocupes. Ten fe. —Lo repitió una y otra vez mientras me frotaba la espalda y yo lloraba desconsolada con la cara sepultada en su hombro.
León iba a marcharse...
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Cuando por fin dejé de llorar, Ludmila me lavó la cara y me trajo una copa... No era agua. Me senté a la barra y la apuré de un trago. León me observaba con tristeza desde el borde del escenario. Yo deseaba desesperadamente correr hacia él, arrojarle los brazos al cuello y besarlo, rogándole que no me abandonara. Pero no podía hacer nada estando Tomas presente, y éste no me quitaba la vista de encima. Por primera vez en mi vida, deseé que Tomas se marchara.
Cuando León dejó de cantar, Tomas se acercó a él y le hizo una pregunta con gesto serio. León se volvió hacia mí y sentí que el corazón me daba un vuelco. Luego, sonrió con expresión desenfadada y negó con la cabeza al tiempo que daba a León una palmada en el hombro. Tomas, con rostro serio, observó a León guardar su guitarra en el estuche y salir deprisa del bar, aventurándose a mirarme por última vez antes de abrir la puerta. Yo lo vi pellizcarse el caballete de la nariz justo al abandonar el local.
Tomas se sentó a la mesa y esperó con gesto solemne hasta que terminé mi turno. Cuando recogí mis cosas, se acercó por fin a mí. Sentí que se me helaba la sangre en las venas, pero no dijo nada. Se limitó a ofrecerme la mano y salimos en silencio del bar.
Cuando llegamos a casa, León ya estaba allí. Al mirar discretamente la puerta de su habitación cuando pasamos frente a ella, vi que la luz estaba apagada, pero oí una música suave y supuse que estaba despierto. Tomas se desnudó en silencio, dirigiéndome de vez en cuando una mirada extraña, de tristeza. No había hecho ninguna alusión a la mentira que yo le había contado. No me había preguntado sobre mi crisis de llanto durante la última canción de León. Pero, teniendo en cuenta mi melancólico talante durante toda la semana, la repentina reaparición de León en el bar y las tiernas miradas que nos habíamos dirigido hacia el fin de la velada... Sentí las preguntas que Tomas no me hacía en sus apenados ojos. Intuí aterrorizada que no tardaría en formulármelas.
Me puse el pijama, también en silencio, me excusé en voz baja y entré en el baño. Tomas se acostó y me miró salir. Dejé la puerta abierta, confiando en ahuyentar cualquier sospecha que pudiera tener. Pero eso no me impidió mirar con tristeza la puerta de León. Iba a marcharse y yo no podía soportarlo. Tenía que hallar la forma de impedir que se fuera...
Me tomé mi tiempo en el baño. Me eché agua fría en la cara una y otra vez, confiando en eliminar con ella mis temores. León iba a marcharse. Tomas sospechaba de nosotros; mi mundo se desmoronaba.
Después de respirar hondo, lo cual no sirvió para calmarme, abrí la puerta y regresé junto a Tomas. Aún estaba despierto, aún seguía mirando la puerta, esperando que yo regresara junto a él. Escudriñé sus ojos un momento, preguntándome en que estaba pensando, qué sentía..., hasta qué punto se sentía dolido por lo que yo le había hecho. ¿Por qué no me preguntaba nada?
Me tendió los brazos y me acurruqué en ellos, alegrándome del confort que me ofrecían tras el continuo torrente de emociones. Pero no era lo que deseaba. No eran sus brazos los que yo deseaba. Ese pensamiento hizo que se me formara un nudo en la garganta, y me alegré de que Tomas no dijera nada. Cerré los ojos y esperé.
Cada segundo me pareció un minuto, cada minuto una hora. Agucé el oído, pendiente de la respiración de Tomas. ¿Era lenta y acompasada? ¿Se había dormido? De pronto, se movió y suspiró, y comprendí que aún estaba despierto. Traté de fingir que dormía, confiando en que se relajara y sucumbiera al sueño. Sentí que afloraban a mis ojos lágrimas de frustración, pero las reprimí. Deseaba salir de esa habitación, pero debía tener paciencia.
Para distraerme, imaginé lo que León estaba haciendo en su habitación. Ya no escuchaba música. ¿Se había dormido? ¿Estaba despierto, contemplando el techo, preguntándose si yo dormía en brazos de Tomas? ¿Deseaba no haberme dicho nada esa mañana? ¿Esperaba que yo me acostara en su cama junto a él? ¿Estaba planificando su partida?
Por fin, la respiración de Tomas se hizo más lenta y regular y deduje que se había dormido. Abrí los ojos y alcé con cautela la cabeza para mirarlo. Su hermoso rostro mostraba una expresión serena y apacible por primera vez desde que había descubierto mi mentira. Suspiré suavemente y le aparté el brazo, que estaba apoyado sobre mí. Se volvió de costado, sin despertarse, y se colocó de espaldas a mí, como solía hacer cuando dormía. Esperé unos momentos que se me hicieron eternos, para cerciorarme, y me levanté con sigilo. Imaginé una lista de excusas por si Tomas se despertaba y me sorprendía saliendo de la habitación, pero no se despertó, y salí sin hacer ruido.
El corazón me latía con furia cuando abrí la puerta de la habitación de León. Tenía los nervios muy alterados.




TAN;TAN,TAN XD

Jany

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