miércoles, 14 de enero de 2015

Unreflecting - Capitulo 127

Capitulo 127

"Elecciones"

León tomó su cerveza y subió a su habitación. Tomas y yo terminamos nuestra tensa cena en silencio, sin que él apartara los ojos de los míos. Terminé antes que él y, tras murmurar que iba a arreglarme, subí la escalera dispuesta a afrontar una velada que estaba segura que sería tan espantosa como la última que habíamos compartido los tres.
Cuando pasé frente a la puerta de León, comprobé que estaba cerrada, y, durante un instante, pensé en entrar y explicarle por qué no había tenido el valor de hablar con Tomas. Pero no pude. Tampoco estaba preparada para tener esa conversación con él. Suspiré y me dirigí al baño para peinarme y maquillarme..., cualquier cosa con tal de evitar que esos pensamientos se agolparan en mi mente.
**********
Por fin, durante el trayecto en coche hacia el bar, Tomas rompió sus largas horas de silencio.
—¿Has decidido lo que quieres hacer durante las vacaciones de invierno? —preguntó con un tono seco y marcadamente acentuado que me chocó. Se volvió hacia mí y su expresión se suavizó por primera vez en todo el día; tenía los ojos húmedos y relucientes—. Me gustaría llevarte a casa..., durante las vacaciones. ¿Lo pensarás, Violetta? —al pronunciar mi nombre le tembló un poco la voz.
Percibí con claridad la verdadera pregunta que me hacía: «¿Me elegirás a mí?» Sólo atiné a asentir con la cabeza, notando que tenía también los ojos húmedos. Volví la cabeza para contemplar a través de la ventanilla la ciudad que volaba frente a mí. Así era cómo me sentía yo; como si volara hacia algo y fuera demasiado tarde para detenerlo.
Tomas y yo llegamos antes que León. Éste parecía querer retrasar la inevitable tensión que se produciría. Deseé no estar allí. Tomas me condujo a través del bar, hacia la puerta que daba acceso al jardín situado al fondo. Cuando la abrió, vi un letrero colgado en ella que decía «Fiesta de Invierno Para Aliviar el Frío». Al parecer, habían decidido celebrar el frío polar que impregnaba el ambiente.
Aunque hacía mucho frío para sentarse en el jardín y beber cerveza, había muchas personas en el exterior del local, y Tomas me condujo a la misma mesa en la que nos habíamos sentado la última y fatídica vez que habíamos ido allí. No sabía si lo había hecho adrede o no. Dirigí la vista hacia la verja del jardín, hacia el quiosco de café exprés. ¿Sabía Tomas lo de esa noche? Traté de obligar a mis tripas a dejar de atormentarme. Tomas pidió unas bebidas para los tres, y él yo nos bebimos nuestras cervezas en silencio; observé que estaba muy serio y pensativo.
Cuando vi a León salir al jardín, contuve el aliento. Fue una reacción involuntaria. Confié en que Tomas no se hubiera percatado. Estaba, como de costumbre, espectacular. Se acercó tranquilamente a nuestra mesa; sus ojos mostraban una curiosa serenidad. Incluso sonrió a Tomas cuando se sentó junto a mí. Mi corazón se aceleró un poco, en parte debido a los nervios y en parte debido a su proximidad.
El local estaba muy concurrido. A través de los altavoces colocados alrededor del jardín, sonaba una música estridente, y varias personas habían salido a la improvisada pista de baile y se divertían
en el gélido ambiente. Confié en que Tomas no hablara en serio al proponer que bailáramos. En esos momentos, con la furia con que me latía el corazón y la opresión que sentía en el estómago, me sentía incapaz de fingir que tenía ganas de bailar. Observé a los borrachos procurando entrar en calor con el movimiento físico y tirité un poco de frío. De nuevo, me pregunté por qué Tomas nos había sentado allí en lugar de guarecernos en el interior del local. Apoyé las manos, que tenía heladas, en el regazo, resistiendo el deseo de alargar una debajo de la mesa y tomar la de León.
Ignoro cuánto tiempo permanecimos en silencio. León y yo observamos a la multitud, pero evitando mirarnos. Tomas no me quitaba ojo, pero, al cabo de un rato, empezó a sonarle el móvil. Sorprendida, lo miré mientras él atendía tranquilamente la llamada. Después de decir unas cuantas frases, colgó. Luego me miró, suspirando, y dijo:
—Lo siento. Me necesitan en la oficina. —Volviéndose hacia León, añadió—: ¿Puedes acompañarla luego a casa? Tengo que irme. —León asintió con la cabeza y Tomas se levantó para irse. Estaba demasiado estupefacta por el giro que habían tomado los acontecimientos para articular palabra. Tomas se inclinó hacia mí y preguntó en voz baja—: ¿Pensarás en lo que te he preguntado? —Murmuré en sentido afirmativo y él me tomó la cara en sus manos y me besó tan profundamente que gemí y le rodeé el cuello con las manos de manera instintiva. El corazón me latía como loco y me aparté de él, jadeando un poco.
León se removió en su silla y, durante un segundo, imaginé el terrorífico espectáculo de León atacando a Tomas. León se aclaró la garganta y se removió de nuevo en la silla cuando Tomas se despidió de los dos, dio media vuelta y abandonó el bar. Observé cómo se alejaba con el corazón latiéndome todavía con furia. Al llegar a la verja, volvió su hermoso rostro y me miró por última vez. Asintió ligeramente y sonrió durante un instante al comprobar que yo lo observaba, tras lo cual entró en el bar para abandonarlo por la puerta principal.



Jany volvio!!!! MAraton! xD jejejje

Jany

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