martes, 10 de febrero de 2015

El Amor Es Su Mayor Tragedia - Capitulo 27 - Ultimo Capitulo

Capitulo 27

Ultimo Capitulo

La expresión sobre su cara en ese momento lo torturaría por el resto de su vida. Podía ver visiblemente la desesperación, el dolor.
—¡Te equivocas! Mechi y yo fuimos a la tienda de comestibles para hacer compras juntas.
—¡Aquí te voy a mostrar! —Ella lo condujo del brazo a la cocina, con ansiedad encendió la lámpara de techo, y comenzó a vaciar sus gabinetes.
—Compramos sopa, ves. —Latas pesadas golpetearon sobre la parte superior de la fórmica—. ¡Y compramos las carnes para el congelador! ¡Filetes para la parrilla!
Abrió el refrigerador y pinchó un dedo en la carne cruda todavía en su paquete.
Chase se apoyó en la entrada, sobre todo porque necesitaba algo para sostenerlo.
—Tú podrías haberte escapado a la tienda, pero no con Mercedes.
Cuando una palma golpeó sobre su boca para ocultar un sollozo él dejó caer el cigarrillo en el fregadero y fue a ella.
—¿Necesitas sentarte? —se atragantó, poniendo una mano sobre su espalda para consolarla.
—¡No! ¡No quiero sentarme! ¡Quiero hablar con Francisco!
—¡Martina, espera! —gritó persiguiéndola.
La puerta se abrió de golpe. Sus pasos sonaban impacientes sobre la escalera de madera mientras corría por ella hacia la casa cubierta por un cielo negro, iluminado por las estrellas. Todas las ventanas estaban oscurecidas en la casa. Los grillos gorjearon por los columpios que su padre construyó para Francisco y Martina cuando eran pequeños. Las lágrimas nublaron la visión de Jorge. Tal vez contárselo a no era la mejor idea.
—¡Francisco! —llamó Martina entrando precipitadamente por la puerta de atrás. Encendió las luces mientras iba por la casa, buscando frenéticamente.
Jorge se quedó algunos metros atrás. Su mente estaba errática, así que sus movimientos estaban haciendo difícil predecir en qué dirección se dirigiría después. Ella hizo su camino al dormitorio de su hermano, tirando para abrir la puerta, y buscó a tientas el interruptor de luz. Se escuchó inhalando una fuerte respiración a lo que la luz revelaba. Esta reveló una habitación vacía y una cama hecha en la que no se había dormido durante años.
—No entiendo. —Los cajones de la cómoda se abrieron de golpe y se cerraron mientras Martina revolvía los cajones vacíos. Se dio vuelta y culpó a Jorgee. Sus puños apretados golpeaban su pecho.
—¿Qué hiciste con sus cosas? Siempre has querido que se fuera. ¡Tú lo ahuyentaste, verdad! ¡Te odio! ¡Ojalá tú nunca hubieras venido aquí!
Jorge agarró su muñeca, mirando profundamente en sus ojos sintiendo como si su corazón en realidad se rompía.
—¡¡¡Francisco está muerto, Martina!!!
—¡MENTIROSO!
—¡Eso no es una mentira… esta es la verdad!
—¡Francisco y tu madre murieron en un accidente de auto hace dos años de camino a casa desde la feria!
Martina aspiró una respiración estrangulada. También podría haber perforado a Jorge en los intestinos por el dolor que sintió al verla derrumbarse.
Lo contempló, lágrimas acumulándose en sus ojos. Usó su pulgar para limpiarlas cuando ella le gritó:
—¡Por qué querrías decir algo tan horrible, Jorge! ¡Mi madre está enferma, no muerta! ¡Te lo demostraré!
Recibidos con otra habitación vacía toda la ira se desvaneció de la estatura de Martina. Todo lo que dejó fue tristeza. Desesperación. Ella se hundió en el piso donde estaba parada.
—Ella no puede haberse ido —gritó.
Las piernas de Jorgee se doblaron debajo de él y fue hacia abajo al lado de ella, cabizbajo. El dorso de su mano limpiando discretamente las lágrimas que se escaparon de sus ojos. Inhaló. Los chicos, como se supone, no deben llorar, pero ¡maldición! no podía evitarlo. La chica que amaba estaba tan lejos de él —no físicamente, emocionalmente— que no podía alcanzarla.
—Tini, lo siento. Nunca quise...
—¿Qué está pasando? Escuché gritos. —Su padre entró precipitadamente en la habitación atando su bata, su mirada inmediatamente aterrizando sobre Martina y Jorge en el suelo.
—¿Le contaste? ¡Por qué! Sabes que el doctor dijo que sería demasiado traumático para ella. ¿Por qué lo arriesgaste? —espetó.
—No tenía otra opción —murmuró Jorge acariciando la longitud del cabello de Martina. Sus ojos estaban fijos sobre su rostro. Quería cuidar de esta chica. Quería que estuviera bien. Quería a la antigua Martina de regreso. Quería volver a aquella noche en su auto cuando había hecho el amor con ella por primera vez. No, eso no era verdad… quería volver atrás y NO estar en ese auto con ella. Quería volver y hacer las cosas de tal forma, que ella se fuera con sus padres esa noche y ellos fueran directamente a casa en lugar de ir a buscar a su hija.
Quería borrar el accidente.
Martina se abalanzó, derrumbándose sobre la cama de hospital de su padre, agarrando puñados de su vestido. Él envolvió sus hombros con la fuerza de sus brazos.
—¡Lo siento, papá! —gritó ella.
—Shh... —su padre acarició su espalda, su voz entrecortada—, ¿te contaron sobre tu mamá… y… y tú hermano?
—Sí —su respuesta fue tan suave que Jorge casi ni la escuchó. Se quedó junto a la puerta, con miedo de inmiscuirse en la angustia que absorbía todo el aire de la habitación. Masajeó su garganta, sintiendo muchísimo como si estuviera sofocándose.
Su padre sujetó una amplia palma sobre sus ojos.
—Soy el que debería sentirlo. Debería haber sido yo, en lugar de ellos. Yo era el que conducía y aquí estoy con cortes menores y contusiones.
—¡No digas eso! —Martina lo regañó.
—¿A dónde fuiste? Estábamos buscándote —su padre dijo de repente.
Martina tartamudeó.
—Con Jorge. Sabías que me marché con él. ¡Te dijimos!
Su padre sacudió su cabeza.
—Nadie me dijo nada. Tu madre estaba frenética por la preocupación de que algo malo te había pasado.
Martina se apartó de su padre, sus ojos enfocándose sobre Jorge.
—¿Pensé que les preguntaste a ellos?
Jorge jaló a Martina en su regazo. Acunó su rostro entre sus manos y la forzó a mirarlo. La culpa lo consumía desde dentro hacia afuera. Ella parpadeó, mirándolo fijamente a sus ojos.
—Esa noche Francisco y yo tuvimos una conversación. Él estaba molesto porque nosotros estábamos deshaciéndonos de él. Así que te convencí de que tus padres y hermano dijeron que estaba bien que siguiéramos adelante sin ellos. Solamente quería un poco de tiempo a solas contigo. Ellos te buscaban. Tu mamá estaba molesta. Le gritó a tu padre y lo distrajo, salió al camino justo delante de un camión de basura.
—¿Mentiste? —Martina conmovida, sus mejillas comprimidas entre sus grandes manos.
Presionó su frente contra la de ella, sus ojos verdes apretados fuertemente.
—Dios, no me mires así, Tini.
—Lamento no poder revertir el tiempo y arreglar todo.
Jorge se retiró y alzó la vista hacia el padre de Martina.
—No podía dejarla volver a quedarse fuera en aquel apartamento hablando con nadie. Es mejor para ella saber la verdad —le explicó él.
El padre de Martina fue al aparador, recogió la botella de medicina, la línea profunda apareciendo en medio de su frente cuando él se inclinó hacia abajo y metió la botella en su mano. Esta era la misma botella que ella había encontrado hace días.
—Aquí, esto es tuyo. El doctor te dio Fenorbital después de que tuvieras un par de ataques. Estás también con Lexapro, Xanax, y las altas dosis de vitamina D para estabilizar tu estado de ánimo.
—Has mostrado signos de mejora… vislumbres de la antigua Martina.
Negó con la cabeza.
—No recuerdo tomar ninguna pastilla.
Jorge le dijo:
—Tú lo hiciste, cada día. Eso es lo que buscaba en tu maleta. Quería asegurarme que todavía tomabas tu medicina.
Ella presionó la palma de su mano temblorosa en su frente, estudiando el nombre en la botella.
Martina Stoessel.
Jorge levantó su barbilla con un dedo.
—¿No lo ves? En tu cabeza Francisco siempre está enfadado porque nosotros lo dejamos esa noche, o yo lo dejé. Nosotros nos escabullimos en el estacionamiento dejándolo sin más alternativa que viajar a casa con tus padres. Cuando tú y yo llegamos a casa, no teníamos idea sobre el accidente hasta que la policía se presentó en la puerta. Lo siento tanto, Tini.
—¿Qué pasa con Mercedes? ¿De dónde vino ella?
—El doctor Haines cree que Mercedes es algo similar a tu conciencia.
—Mercedes te ayuda a ordenar lo que está confuso dentro de tu cabeza.
—¿Entonces estoy viendo a un psiquiatra?
Jorge asintió.
Martina se dejó caer en los brazos de Jorge.
—Entonces tengo múltiples personalidades.
—Wow, realmente estoy mal de la cabeza.
—Hey. Mírame. Eso no es así. Has bloqueado una trágica experiencia dolorosa. Eso es en realidad algo normal si piensas en ello, el instinto de conservación.
Sus ojos se levantaron hacia su padre que estaba de pie cerca.
—¿Y tú sobreviviste al accidente? ¿Realmente estás aquí y no eres parte de mi imaginación también?
Se ahogó en un sollozo y vino a agacharse delante de ella.
—Estoy realmente aquí. No sé si me salvé por alguna razón o estoy destinado a sufrir la peor clase de infierno. Eso es lo que ha sido, cariño, un infierno, ser incapaz de ayudarte. Perdí más que a mi esposa y a mi hijo, esa noche también perdí a mi hija.
El padre de Martina se puso de pie y pellizcó el puente de su nariz, recuperando su compostura. Los brazos de Jorge apretados alrededor de ella. Se quedó mirándola con todo el amor que él sentía en su corazón. El tiempo perdido esperando que volviera a él valió la pena. Ella valía la pena. Con mucho gusto sacrificaría cualquier cosa por estar con ella. Era única para mí.
—Lo siento. No quiero ser una carga —murmuró Martina hacia él.
Las esquinas de la boca de Jorge bajaron. Sus ojos clavados en los suyos.
—¡Tú no eres una carga! ¡No quiero escucharte jamás decir eso! —Ella rompió el contacto con sus ojos, enrollándose en su pecho, sus dedos retorciendo la tela de su camiseta mientras ella lo aspiraba. Él presionpresionó sus labios en su cabello haciendo lo mismo.
—Te amo, Tini —dijo él. La mirada de jorge encontró la de su padre mientras la abrazaba fuerte, los dos intercambiando una sonrisa esperanzadora. Ambos sabían que este era el primer paso real hacia la recuperación de Virginia


FIN.

Otra novela terminada!!! :D ¿Se lo esperaban? u.u bue, esta novela tendra epilogo, así que aun no se acaba por completo. Gracias por todo el apoyo y las fieles lectoras. Las amooo.

Jany

No hay comentarios:

Publicar un comentario