jueves, 26 de febrero de 2015

Unreflecting - Capitulo 140

Capitulo 140

"Arrepentimientos"

Diego llegó al cabo de un rato de haberse marchado Ludmila y Cami , lo cual me sorprendió. Como es natural, deduje que en realidad había venido a recoger a Anna. Me abrazó, y de paso trató de meterme mano. Yo le agradecí su amabilidad, pero no que tratara de propasarse. Mi hermana le dio una palmada en el trasero y le riñó en broma por tratar de meterme mano. Él puso cara de inocente, la abrazó y le dio un beso de tornillo. Abrazados y haciéndose arrumacos, se despidieron para ir, según dijo Diego, «a bautizar el nuevo apartamento». Confié en que no se les ocurriera utilizar la habitación destinada a mí.
Cuando se marcharon, el médico pasó a verme y, satisfecho de mi mejoría, dijo a las enfermeras que podían desconectar el maldito aparato y retirarme el gotero. Mientras tomaba una cena de lo más insulsa, deseé sentirme tan recuperada como el médico había tratado de convencerme que estaba. Cuando terminé de cenar, Susie entró de nuevo para ver cómo estaba y luego me dejó tranquila. El silencio de la habitación era abrumador.
El espacio estaba bien iluminado, pero la oscuridad de la noche invernal parecía filtrarse a través del amplio ventanal, casi como si esa negrura me robara el calor y la luz. Contemplé las siniestras ventanas durante lo que me parecieron horas, observando cómo la oscuridad se espesaba y hacía más intensa. Tirité un poco y me arrebujé bajo las mantas. Tenía frío y me sentía sola. La culpa y los remordimientos no dejaban de atormentarme, haciendo que me doliera la parte de la cabeza en la que tenía el golpe. Cuando empecé a preguntarme si sería capaz de soportar esa situación, oí un suave acento que me habló desde la puerta.
—Hola. ¿Cómo te sientes?
Aparté los ojos de la ventana y me enjugué una lágrima que me rodaba por la mejilla sin que yo me diera cuenta. Vi a Tomas apoyado contra el marco de la puerta. Tenía los brazos cruzados y un pie apoyado en la pared, como si llevara largo rato mirándome. Sonrió con dulzura, una versión más reducida de su sonrisa de despistado que solía animarme. Pero aquel día hizo que rompiera a llorar a lágrima viva.
Al instante, avanzó hacia mí pero se detuvo antes de alcanzar mi cama, con el rostro crispado en un rictus de dolor. Se volvió hacia la puerta y, a través de mis lágrimas, vi una figura borrosa que retrocedía hacia el pasillo. No pude ver su silueta debido a mi nublada visión, pero sabía quién era. Sabía que León había vuelto a subir allí, por más que quisiera mantenerse alejado de mí. Al igual que antes, habíamos regresado a una política de no tocarnos· Sólo que ahora era peor, porque manteníamos también una política de no vernos.
No pude reprimir un sollozo, que, al parecer, hizo que Tomas se decidiera. Cruzó la breve distancia hasta mi cama y se sentó junto a mí, tomándome la mano y sosteniéndola en la suya. Fue un gesto sencillo, y más afectuoso de lo que yo estaba acostumbrada a recibir de él cuando estaba disgustada, pero comprendí que era cuanto estaba dispuesto a concederme. Le apreté la mano, gozando del confort que ésta me proporcionaba.
—No llores, Violetta..., todo se arreglará.
Me sorbí la nariz y traté de calmarme, detestándome por el hecho de que este hombre tan maravilloso que estaba a mi lado me consolara a mí, cuando yo lo había destruido a él. Me parecía injusto. Él era quien debía gritar y protestar, llamarme puta y salir de la habitación dando un portazo, para no volver a mirarme a la cara.
Pero..., Tomas no era así. Era una persona amable y bondadosa, casi excesivamente. Y, por la forma en que no apartaba los ojos de mi magullado rostro, comprendí que su constante presencia allí se debía al hecho de que se sentía culpable por haberme lesionado.

Se me había olvidado poner.... ULTIMOS CAPITULOS

Jany

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