domingo, 8 de marzo de 2015

Unreflecting - Capitulo 146

Capitulo 146

"Butaca"

Dos horas más tarde, me hallaba contemplando la vista del lago Unión desde el apartamento de dos dormitorios que mi hermana había conseguido encontrar y alquilar en una tarde. El apartamento era minúsculo. En la cocina cabían justo los fogones, el frigorífico y un lavavajillas. El estante de formica sobre éste constituía la encimera. Los dos dormitorios estaban situados en cada extremo de un pequeño pasillo. No pude evitar sonreír al comprobar que mi hermana se había apropiado de un armario ropero de tamaño normal, mientras que el mío era la mitad de éste. Mi dormitorio tenía un futón y una cómoda; y el de mi hermana, un colchón sobre una cama baja y una mesita de noche. El baño contenía sólo una ducha y estaba lleno de los productos de belleza de mi hermana. El cuarto de estar y el comedor ocupaban el mismo espacio, y una desvencijada mesa plegable indicaba dónde nos sentaríamos a comer. El resto del espacio contenía un sofá de color naranja que supuse que era una reliquia y una butaca que yo sabía por experiencia que era la butaca más cómoda del mundo. Sentí que el corazón me daba un vuelco al pasar la mano sobre el respaldo. Era la butaca de León..., y el único mueble medio presentable que poseía.
Mientras Tomas me observaba con curiosidad, me pasé los dedos por las mejillas, tragando saliva repetidamente, y me senté en el grotesco sofá de color naranja. Tomas me preparó un almuerzo ligero con algunas cosas que había comprado y Anna se fue a trabajar. Ludmila se sentó a mi lado en el sofá y empezó a sintonizar en el pequeño televisor que había en un rincón un canal en el que ponían telenovelas. Me distraje mirando la televisión junto a ella mientras comía la mitad del sándwich que Tomas me había preparado, al tiempo que contemplaba una y otra vez la confortable butaca... en la que nadie se había sentado.
Durante la semana siguiente, mientras me recuperaba y aclimataba a mi nuevo hogar y a la presencia de mi caprichosa hermana, se impuso una nueva rutina. Ludmila venía a verme por las tardes, a veces con Cami, e intentaba que yo saliera del apartamento y regresara a mi trabajo en el bar de Pete. Pero yo rechazaba ambas sugerencias y me quedaba arrebujada debajo de mullidas mantas sobre el grotesco sofá, al que empezaba a tomar cariño.
Mi hermana se iba a trabajar, diciéndome que buscaban a otra chica, y que unas hermanas obtendrían unas propinas suculentas. Yo me sonrojaba ante la mera idea de lucir unos shorts tan ajustados. Anna regresaba por las noches con un fajo de dinero obscenamente abultado de las propinas que había percibido... y, a veces, con las manos de Diego firmemente apoyadas sobre su ridículo y ajustado uniforme. En esas ocasiones, yo deseaba que nuestro apartamento fuera mayor y estuviera insonorizado.
Tomas venía a verme cada noche cuando salía del trabajo. Al principio, me asombró que estuviera aún tan pendiente de mí, después de todo lo que le había hecho. Pero observé las emociones que él procuraba ocultar: la tirantez alrededor de sus ojos cuando miraba la butaca de León, la tristeza en su rostro cuando miraba mi cuerpo y la culpa que procuraba tragarse cuando miraba mi moratón.
Su voz también delataba su fingido aire despreocupado. Cuando hablábamos sobre nuestra historia adoptaba un gesto de dureza. Yo intentaba abstenerme de sacar el tema a colación demasiado a menudo. Cuando hablábamos sobre la fatídica noche de la pelea, se emocionaba y tenía que tragar saliva para poder proseguir, por lo que yo procuraba también evitar el tema. Él se negaba a hablar de León, limitándose a decir que lo veía de vez en cuando y que mantenían una relación «cordial». De hecho, la única vez que su voz adquiría un tono de ternura y su acento se hacía más pronunciado y animado era cuando hablaba de regresar a casa, empezar a trabajar en su nuevo empleo y ver a su familia.
Yo me sentía al mismo tiempo contenta y asustada ante esa perspectiva, que cada día era más inminente. Cada vez que Tomas venía a visitarme, su cercana partida se erguía como una sombra entre nosotros. Conforme me iba recuperando, cada vez hablábamos menos de «nosotros» y más sobre su nuevo trabajo. No me sorprendió cuando me dijo que había adelantado su vuelo unos días. Pero, aunque no fue una sorpresa, me dolió profundamente.


No se desesperen, ya saldra León XD

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Jany

1 comentario:

  1. Janyyyyyyy, que aparesca León!!!! O tendré que mandarte a Elmo

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