jueves, 9 de abril de 2015

El Niñero 2 - Capitulo 31

Capítulo 31
(Penúltimo capítulo)

—¡Ayuda! —grité— ¡Auxilio! —él cubrió mi boca con su mano.

—¡Cállate! No echarás mi esfuerzo a la basura... Eres idéntica a tu marido. Quien por cierto —rió— no te engaña y bueno...no lo engañas.

—Un engaño se cansa y acaba por traicionar a su más fiel compañero —me movía entre su agarre pero su fuerza era increíble—. Déjame.

—No, ahora mismo me tengo que deshacer de ti... —dijo mientras pensaba— Si Blanco se llega a enterar de esto, la miseria en la que se convirtió su vida ahora, no tardará. Todo por ti —me abrazó con tal de que dejara de patalear pero no lo consiguió—. Por lo tanto... —pensó nuevamente— ...tú y él deben desaparecer... —quedé completamente quieta ¿A qué se refería con eso?

—¿De qué hablas? —pude pronunciar dificultosamente. A lo que él no respondió. Me golpeó fuertemente y luego no sentí nada más que eso...eso y un frío líquido recorrer mi rostro. Sangre. ¡Jorge, te necesito!

Desperté atada dentro de una furgoneta, eso pude notar. Al lado mío estaba Charles quien conducía a toda prisa. Traté de quitar los nudos que lastimaban mis muñecas pero fallé en el intento.

—No podrás salir esta vez, muñeca. Ni tú ni ella —señaló mi panza.

Esta vez, no solo corría riesgo yo. Sino la criatura que llevaba dentro.

*Narrador Universal*

Tomó el teléfono y marcó de nuevo al celular de Martina. No respondieron. Algo malo sucedía, él lo presentía. Hace mucho más de una hora que habían quedado de verse. Iba ir en su búsqueda. Cuando abrió la puerta para salir se encontró de frente con Pablo.

—¡Jorge! —captó su atención.

—Lo siento, Pablol —dijo presuroso—. Hablamos luego, tengo que ir a buscar a Tini. Iré con Carla, seguro ella sabe donde vive —concluyó con desesperación tratando de salir pero nuevamente Pablo lo detuvo.

—No, Jorge. Cálmate. Vengo...por eso —dijo un poco temeroso.

—¿Qué sucede? —dijo confundido por las palabras que Pablo acababa de decir— ¿Sabes algo que yo no? ¡Habla!

—Quiero que primero te tranquilices —Jorge bufó, entró de nuevo en la casa y se sentó en el sofá—. Este tema es más delicado de lo que crees.

—¡¿A qué te refieres?! —dijo perdiendo la cordura.

—Charles Finker —soltó al fin— No hables hasta que termine —Jorge asintió confuso—. Él planeó que pareciera que Tini te engañaba con él, cuando todo eso era falso. Photoshop o una chica falsa que se hacía pasar por ella. Una trampa y tú caíste en ella. Al igual que Tini pensó que tú la engañabas a ella —Jorge iba a hablar pero él se lo impidió—. Su fin era hacerte vivir en una miseria...y lo logró.

—¿Cómo sabes todo esto? ¿Por qué lo inventas? —cuestionó sin poder creerlo.

—Lo sé porque...fui su cómplice. Pero antes de que me mates —lo detuvo al ver que casi se le venía encima— necesito decirte que ahora mismo que la vida de Tini corre en riesgo. Charlie escuchó la llamada de hace un rato, se la llevó. La matará —dijo preocupado. Jorge lo detuvo sujetándolo del brazo bruscamente mientras su rostro no formaba expresión alguna.

—¿Dónde?

—Downie Street, al sur del estado. Piensa huir hacia México. Tomará la ruta más corta por Wellington Street. Cruzará la frontera, ya tenía esto previamente planeado. Eso si Tini corre con suerte. O si no es que la mata antes de ir hacia México —advirtió aterrado.

—¿Sabes algo más? —cuestiono frío. Pablo asintió.

—El bebé que Tini espera...es tuyo —quedó en shock. Lo tomó desprevenido. Él era padre. Uno que amaba a su hijo o hija después de escuchar esas palabras. Sin más que decir corrió por el auto. Su corazón latía a mil por hora.

“Wellington Street” eso le quedaba a media hora y el tráfico era terrible. Pisó más fuerte el acelerador y pasó las señales de alto y el rojo del semáforo sin importarle nada. Mientras tanto, la situación de Tini iba a empeorar antes de mejorar...

La chica se levantó aturdida y cegada. No veía el correr de las horas y no era capaz de imaginar cuánto tiempo llevaba secuestrada. Tampoco sabía si sería rescatada. Volvió a caer en sueño hasta que la agitaron bruscamente. Le sacaron los amarres; a excepción de la venda en sus ojos, y luego salió del auto. ¿Acaso Charles se había arrepentido? Le quitó la última venda que la cubría. Pestañeó un par de veces, Charles apareció frente a ella.

—Hola, muñeca —dijo con esa voz que la hacía temer.

—¿Qué hacemos aquí? —ignoró lo que él le había dicho.

—¿Yo? Nada más que decirte algo que ocurrió en la última hora —Tini se tensó evitando pensar lo peor. No respondió. Él sacó de su chaqueta negra que llevaba consigo; un pañuelo rojo que contenía algo adentro. Se lo acerco—. Ten.

—¿Qué...qué es? —dijo temerosa sin aceptarlo.

—Es el arma con la que tu marido...perdió la vida —Martina cayó de rodillas al suelo.

¿Había muerto? ¿Sin siquiera decirle adiós? ¿Sin siquiera perdonarlo?

Ambos habían caído en una terrible trampa, en una macabra y bien planeada. No había ser humano más malvado en el planeta. Comenzó a llorar y oyó el sonido de un metal que cayó junto a ella. Era una navaja con sangre. Más lágrimas bajaron por su rostro. Un inmenso dolor se formo en su interior. Lo había perdido todo. No tenía sentido luchar; eso creyó ella. Se recostó en medio de la carretera a llorar sin consuelo. Charles se paró junto a ella.

—Lo siento, muñeca. Era mi deber; ahora que está cumplido no tengo por qué matarte. ¿Pero tú? ¿Realmente piensas seguir viviendo? Agobiada por algo que simplemente no fuiste capaz de descubrir. Tu hija no tendrá padre. Tú no tendrás un esposo. Siento a verte dañado a ti pero fue culpa de él. No creo que tengas el por qué vivir. ¿Qué más te dará la vida? ¿Problemas? Es lo único que hallarás —después de ese discurso se retiró. Arrancó el auto dejándola sola y desconsolada en medio de la nada más que de una desértica carretera.



Triste Capitulo. Larguemonos a llorar T.T

Jany

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