miércoles, 29 de abril de 2015

El Niñero 2 - Capitulo 32 - Ultimo Capitulo

Capítulo 32
(Último capítulo, falta el epílogo)

Las palabras que él le había dicho tenían las intenciones de que ella sintiera que no debía de vivir más; quitándose la vida antes de que Jorge —puesto que no estaba muerto— la encontrase. ¿Llegará antes de que algo suceda?

“No llores por lo que aún no está perdido”

Creyó estar sola cuando escuchó un leve sonido no muy lejos de ella. Levantó la vista de la acera cuando vio a lo lejos que las luces de un auto se acercaban a ella. Cada vez más y más cerca. No había cual esperanza que habitara en ella. Ni el uno por ciento. Las luces se hicieron más presentes y aunque un poco cegada por ellas y por las lágrimas; logró notar al conductor del auto.

Más bien a la conductora del auto que venía a toda velocidad en dirección a ella quien yacía en el suelo frío de la carretera sin la capacidad siquiera de ponerse de pie. Alice. Martina no hizo ningún movimiento, solo examinaba el vehículo que estaba ya a unos metros de ella... Sin ninguna intención de parar.

~Él conducía como un loco, un demente. Pisaba el acelerador hasta que este llegara a fondo. En más de una ocasión tiro un buzón de mensajería y chocó con un faro. Las señales de tránsito se volvieron invisibles y solo se concentraba en el camino. Dio vuelta a la derecha, estaba a una calle de llegar.~

Martina miró un letrero pequeño y verde que estaba casi frente a ella solo que se situaba en la parte de arriba, decía “Wellington Street”. Luego miró nuevamente al auto...y después de eso, la luz ya estaba frente a ella; sintió un fuerte golpe. Demasiado fuerte. Sintió estar volando y luego caer nuevamente. Después un líquido correr por su frente y un dolor aterrador en el vientre. Sollozó levemente, no tenía fuerzas. Tocó su panza tiernamente y por última vez.

—Jorge será un buen padre —fue el último sonido que su boca emitió.

Cuando llegó a “Wellington Street” —según el letrero indicaba— no logró notar nada. Solo escuchaba el ligero murmullo del viento. Pero algo le decía que debía permanecer ahí. Buscó con la mirada desafiando la oscuridad de la noche. Bajó del auto y se alejó unos pocos metros de él. Logró notar un cuerpo en el suelo. Uno el cual reconocería con solo el olfato, se acercó presuroso. La vio. Bañada en sangre, sin la mínima señal de vida. Se hincó a llorar pero no se rendiría, revisó su pulso y notó que su vida continuaba. Llamó desesperado a la ambulancia. Llegaron un par de minutos después, se subió también en ella y partió a toda velocidad hacia el hospital.

—Descuida, mi vida. Todo estará bien; muy pronto las cosas volverán a ser como antes —comenzó a llorar tomando la mano de su esposa y besándola delicadamente.

Bajaron la camilla donde se encontraba Tini y la metieron en la sala de “Urgencias”, Jorge iba tras de ella pero lo detuvieron.

—Es mi esposa. Exijo que me dejen verla —dijo frustrado tratando de evitar a los doctores que le impedían el paso.

—Disculpe, pero no podrá. Es una regla del hospital, haga favor de mantener la calma si no quiere que tampoco lo dejemos quedarse en la sala de espera —indicó una enfermera que los había acompañado durante el camino. Jorge se sentó en las sillas de la sala con la vista abajo. Tomó su teléfono e indicó a los padres de Tini lo ocurrido. Supo que llegaron pero no sabía dónde estaban. Todo lo tenía alterado y pensaba que era lo que a Tini le había ocurrido. Mataría a la persona responsable, se dijo. Pasaron horas. Los doctores y enfermeras salían y entraban de la habitación sin anunciar nada. Al parecer las cosas no habían mejorado al ver la cara de terror y susto con el que una enfermera salió del cuarto. Fastidiado de tanto drama e intriga, tomo una bocanada de aire y pronunció por fin.

—¿Cómo se encuentra mi esposa? —dijo temiendo a la respuesta.

—Aún no sabemos nada, pero —pasó saliva— puedo asegurarle que no está estable aún —se retiró casi huyendo. Otra hora transcurrió. Hasta que por fin una enfermera se le acercó y a juzgar por el rostro que llevaba no eran buenas noticias.

—¿Jorge Blanco? —preguntó y el asintió— Tengo que comentarle algo que es muy grave —dijo casi con miedo.

—¡Hable! —fue lo único que sus labios musitaron. El terror y la angustia se habían adueñado de él.

—Su decisión tiene que ser rápida y completamente analizada. Es de vida o muerte —el rostro de Jorge se puso pálido y su cuerpo se tensó.

—Dígame —esta vez sus palabras fueron inseguras. La enfermera se acercó un poco más a él y cautelosamente le susurró: “Tiene que elegir entre la vida de su esposa o la de el bebé”.

Los ojos de Jorge se abrieron de par en par. No podía decidir en ese momento. No era capaz siquiera de moverse por cuenta propia o de valerse por sí mismo.

—Tiene que ser rápido o ambos perderán la vida —advirtió.

Jorge pensó lo más que pudo y susurró muy bajo la respuesta en el oído de la doctora. Ella lo miró y asintió.

Sabía qué pasaría después por lo tanto no le quedaba más que llorar por lo perdido.

Pedía a Dios un milagro.

Estuvo a punto de arrepentirse pero la decisión estaba tomada y no podía cambiarla; sabía que era lo mejor y lo que Tini escogería.

Quizás el destino lo quiso así...
Quizás siempre ese había sido el final...
Quizás eso era lo que desde un principio estaba escrito...
La vida es un cuento.
Tiene inicio, desarrollo y conclusión... Pero siempre termina.
Ya es cuenta del lector cuanto lo haya disfrutado. Tenemos que empezarlo y algún día terminarlo.
“Momentos tan divinos que te regala la vida, te los otorga sin pedir nada a cambio…O tal vez sí”.

Bernardette Hospital, 08:00 am. Quince días después del incidente.

Después de tantas insistencias por parte de Jorge, lo dejaron pasar a la habitación a visitar a la decisión que él había tomado.

Se asomó por la puerta cautelosamente. La habitación era blanca en su totalidad y en ella una gran ventana con la cortina abierta que dejaba visible el jardín que había tras de ella. Jorge entró en el lugar y aspiró el aroma en ella. Era uno nuevo, traía consigo nuevos retos y soluciones. Sonrió tiernamente al verla ahí recostada, respirando un poco dificultosamente pero con vida, dentro de su cuna donde yacían sábanas en su mayoría rosas; se acercó a su hija. A su milagro, a su felicidad. Evitó hacer el mínimo ruido y entre sus brazos tomó a la pequeña criatura. Tan débil, su piel tan suave y sus mejillas rojizas cual tomate. Necesitaba protección y con él todo estaba seguro. Sonrió nuevamente. Y le dio un pequeño beso en la frente. La arrullaba a un compás suave y lento...

Sintió unos delicados brazos rodearlo y apretándolo débilmente. Él volteó el rostro un poco para verla. Martina. Su Martina. Sonrió ampliamente y le dio un corto beso en los labios. No existe historia alguna que explique cómo ambas se salvaron; digamos que fue...un “Milagro”.

—Jorge —susurró levemente en su oído.

—¿Hmm?

—¿Cómo le pusiste al bebé? —cuestionó estrechándolo más y luego se giró para verlo de frente.

—A nuestra hija —recalcó el “nuestra” a lo que Tini rió— le puse “Milagros” —ella lo miró confundida—. ¿No te gusta? —tomó su mentón.

—Es hermoso —exclamó—. Solo que no entiendo por qué así.

—Pues porque fue un milagro —la besó tierna y cálidamente—. Te amo, Tini.

—Te amo más, Jorge.

Fin


Lloremos todas. Gracias a todas las que siguieron esta novela desde la primera temporada. Las AMOOO

Jany

No hay comentarios:

Publicar un comentario