miércoles, 2 de diciembre de 2015

If It Comes To Trush Again - Capitulo 12

Capitulo 12

"Noche De Felicitaciones"

 Dejé mis cosas en la taquilla y me apresuré a hacerme una coleta que no era ni de lejos tan perfecta como la de Cami. Las noches de domingo no solía acudir mucha gente, porque el grupo no tocaba, pero a pesar de eso había bastante ajetreo, y no me ayudaría que el cabello me cayera constantemente sobre la cara. Vi cuando entré en la sala principal del bar que mi chico ya no estaba solo. Sí que estaba recostado sobre la silla, con un pie apoyado en la otra rodilla, pero ahora charlaba amistosamente con Sam, el portero del bar. Sam era un tipo grande, musculoso y corpulento. Completaba el gesto amenazador de su cara con el cráneo completamente afeitado. Eso hacía que intimidara más todavía. Era amigo de Tomas desde que éste pasó un año en el mismo instituto. Lo acogió en su casa cuando rompimos, cuando Tomas ya no podía vivir con León, algo comprensible, dadas las circunstancias. Por lo que me habían contado, Sam y Tomas todavía quedaban de vez en cuando. Leon también iba al mismo instituto que Sam Tomas. Fue así como se conocieron. Aunque León tenía un par de años menos que ellos, formó una amistad muy estrecha con Sam y mi antiguo novio.
Además, seguía hablándose con Tomas, algo que no dejaba de asombrarme. Los dos estaban hablando de cosas más agradables que el drama que vivimos el año anterior.
León sonreía de oreja a oreja mientras hablaba con Sam, y movía de vez en cuando las manos en el aire con grandes gestos. Éste le escuchaba con una tenue sonrisa en la cara, aunque normalmente su expresión era más imponente. Supuse que estarían hablando del concierto.
Meneé la cabeza mientras servía la cerveza de León. Todavía no era capaz de aceptar que mi novio había tocado en un acontecimiento tan importante. Aunque el grupo ya no llegara más lejos, sería algo que les podría contar a mis nietos.
Sonreí todavía más mientras me acercaba a Rita.
León con niños… Sólo pensarlo me ponía la carne de gallina.

Un par de horas después llegó el resto del grupo. León estaba en la barra cuando entraron casi en tromba. Ludmila había conseguido acorralarlo por fin para que le contara todos los detalles del concierto. Oí cómo León se esforzaba por quitarle importancia, pero Ludmila no estaba dispuesta a dejarlo pasar sin más, y le hizo una pregunta tras otra del tipo:
«Pero ¿no estabas nervioso? ¿No te pareció que estabas a punto de mearte encima?»
León se rió con todas esas preguntas y le dijo que no, pero ella no pareció creerle.
Tras ser acosado durante todo ese rato por Ludmila, casi pareció aliviado cuando se volvió para saludar a sus compañeros de grupo que entraban. Cuando los cuatro se pusieron juntos, todo el bar estalló en aplausos y agudos silbidos de admiración. Me uní a la alegría. Estaba tan orgullosa de ellos como los demás clientes.
Broduey sonrió mientras miraba a su alrededor, con los ojos llenos de gratitud y de aprecio. Maxi parecía terriblemente avergonzado. Tenía el rostro colorado y miró de soslayo a la puerta, como si quisiera atravesarla a la carrera. León se rió y meneó la cabeza al mismo tiempo que levantaba una mano para agradecer el gesto. Todos parecían un poco sorprendidos y abrumados por aquella atención. Excepto Diego, por supuesto. No paró de mandar besos con las manos y de hacer grandes reverencias exageradas. Si León no llega a darle una palmada en la espalda para hacer que parara, creo que hubiera acabado dando un discurso como cuando en los Óscar dejan de aplaudir.
León siguió meneando la cabeza cuando les dio las gracias a los que aplaudían sus atenciones cuando el clamor disminuyó lo suficiente como para que se le oyera. Maxi se dirigió de inmediato a su mesa, agradecido por poder desaparecer por fin. Broduey se rió ante la reacción del guitarrista y fue a buscar a Cami para levantarla con un abrazo de oso. León le propinó un empujón a Diego, pero no antes de que el escandaloso bajista dijera en voz bien alta.
—Mi tercera pierna acepta encantada toda clase de alabanzas… por si alguien quiere felicitarme en privado.
Puse los ojos en blanco mientras León le daba una colleja en la nuca.
Seguro que mi hermana tuvo que perder un tornillo para empezar a salir con ese tipo, si se podía considerar que la relación que mantenían era estar saliendo.
Pocos minutos después de que el grupo se sentara, Pete, el agotado propietario del bar, salió para felicitarles. Les estrechó la mano con una pequeña sonrisa a todos los miembros del grupo. Aunque Pete no parecía descontento, tampoco parecía especialmente emocionado. León me contó una vez que Pete no tenía habilidad suficiente como para encontrar grupos que tocaran en su bar. Era uno de los motivos principales por el que los D-Bags tocaban tanto allí. Pete y su socio, Sal, habían hecho un trato con León y los demás poco después de que llegaran al lugar. Los dos aceptaron que tocarían en exclusiva todos los fines de semana si así lo querían. Así los chicos tenían un lugar donde ensayar y guardar con seguridad sus instrumentos. A Pete y Sal les ahorró tener que buscar grupos para entretener a los clientes. Todo el mundo ganaba, porque el grupo lograba que acudieran muchos clientes.
Por el entrecejo levemente fruncido de Pete cuando le estrechó la mano a León, supuse que comenzaba a pensar que el grupo iba a tener demasiado éxito… y que tendría que comenzar a buscar nuevos grupos otra vez. Entonces dejó a los chicos con sus bebidas y le dio una palmada en la espalda a Broduey mientras se marchaba. El bar recuperó el nivel de ruido habitual. La mayoría de la gente se centró en sus propias conversaciones, y sólo unos cuantos se acercaron al grupo para felicitar a los chicos en persona. Por suerte, ninguna de esas pocas personas fue una chica dispuesta a felicitar a Diego del modo que él quería. Unas cuantas admiradoras sí que miraron a León, pero no fue nada más que las típicas miradas de «deseo» a las que ya estaba acostumbrada, aunque ninguna parecía lo bastante valiente, o lo bastante borracha, como para acercarse a su mesa, lo cual me parecía bien.
Los miembros del grupo fueron saliendo del bar a lo largo de la noche.
Maxi se marchó una hora o dos después de llegar. Sonrió con timidez cuando dijo que tenía planes con Naty. Diego puso los ojos en blanco cuando se, y luego hizo un gesto obsceno en el aire sobre su entrepierna. Gracias a Dios se marchó más o menos una hora después, con una rubia descerebrada del brazo. La chica lo miró con expresión seductora y voluptuosa mientras se marchaban, y estuve bastante segura de que ya le había alabado como él quería. Moví la cabeza con un gesto de desaprobación, y volví la cabeza para no ver cómo se iba con otra mujer. Ocurría casi siempre.
Una vez pregunté a Anna qué pensaba sobre eso, pero ella se limitó a encogerse de hombros y me dijo que no le importaba. Diego era libre de hacer lo que quisiera.
Y ella también.
Broduey se quedó hasta que cerró el bar y acompañó a Cami cuando acabó sus tareas. León también se quedó.
Me contempló con los pies apoyados en una silla y con una sonrisa deliciosamente provocativa mientras yo limpiaba unas mesas cerca de él, y Rita lo miraba con una sonrisa igualmente provocativa.
Sí, todo había vuelto a la normalidad.

"DiciembreDeIICTTA
Gracias a todos por leer, recuerden que estare subiendo un capitulo diario por todo el mes.Las amo

Jany

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