sábado, 26 de marzo de 2016

If It Comes To Trush Again - Capitulo 21

Capitulo 21

"Viejos Recuerdos"

Sabía que todavía se hablaban, igual que yo, pero apenas ocurría cuando yo estaba en la misma habitación. Agaché la cabeza y pensé en dejar a solas a León para que tuviera una conversación privada con el hombre al que él seguía considerando parte de su familia, a pesar de todo lo que había ocurrido.
Empecé a volverme, pero la voz de León me detuvo.
—Sí… Está aquí… Espera.
Me giré y agarré el auricular del tosco teléfono verde que León sostenía ante mí.
Se encogió un poco de hombros y habló con voz calmada.
—Ha llamado aquí preguntando por ti.
Me lo dijo con voz y gesto tranquilos, pero me pareció ver una leve arruga en su frente, y me pregunté qué le parecía realmente que hablara con Tomas. Sabía que no tenía nada de lo que preocuparse, porque Tomas y yo habíamos roto por completo, por no mencionar el hecho de que estábamos separados varios miles de kilómetros, ya que él había vuelto a España, así que le sonreí para tranquilizarlo y tomé el auricular.
León se quedó donde estaba, y no se molestó en apartarse para dejarme algo de privacidad, cosa que comprendí. Noté un nudo en la garganta cuando me llevé el auricular al oído. Había pasado bastante tiempo desde la última vez que había hablado con Tomas, unos dos meses, de hecho. Ese periodo de tiempo tan prolongado me hacía sentir nerviosa a la hora de hablar de nuevo con él. Bueno, eso, y que León estuviera a menos de un metro de mí. Me recordé a mí misma que Tomas seguía siendo un buen amigo de los dos, así que me relajé y lo saludé.
—Buenos días, Tomas.
Se echó a reír, y ese sonido me trasladó de inmediato a las incontables tardes perezosas que habíamos pasado juntos en Buenos Aires. Se me encogió un poco el corazón. A pesar de lo ocurrido, seguía echándolo de menos.
—La verdad es que aquí está anocheciendo. ¿Te he despertado?
Su acento sonaba más cerrado por haber vuelto a su casa. Era agradable, y sonreí por su comentario, y recordé la tremenda diferencia horaria entre ambos.
—No, León y yo ya estábamos levantados.
Me mordí el labio al recordar que me había llamado a casa del propio León, y que había preguntado si yo estaba despierta, lo que indicaba que suponía que habría pasado la noche allí, lo que a su vez implicaba que había dormido con León, al menos, en un sentido figurado. Y tenía razón al pensarlo. Odiaba que pensara sobre eso, tanto como odiaba pensar en él y en su nueva novia, una chica muy dulce llamada Abby que llevaba ya cierto tiempo viviendo con él, más tiempo del que León y yo llevábamos saliendo oficialmente. Pero no reaccionó ante la idea de que durmiera con el hombre que me había separado de él. León, en cambio, estaba sonriendo de un modo travieso.
—Vale. ¿Me lo he perdido? —me preguntó Tomas con cierta angustia.
Fruncí el entrecejo y negué con la cabeza.
—¿Perderte el qué?
León repitió mi gesto y me encogí de hombros. Tomas me lo aclaró de inmediato.
—Tu primer día de clases. ¿Es hoy, o me lo he perdido?
Abrí la boca al darme cuenta de por qué llamaba.
—¿Sólo has llamado para desearme buena suerte en mi primer día de clase?
Noté que se me saltaban las lágrimas al ver que seguía siendo tan dulce conmigo. No debería serlo, no después de todo lo que le había hecho. Debería maldecir mi nombre y jurarme venganza eterna, pero Tomas… no era así. Le oí carraspear y me lo imaginé pasándose la mano por el cabello oscuro con una sonrisa tímida en su hermoso rostro.
—Bueno, sí… Es que sé lo nerviosa que te pones con esas cosas. —Se quedó callado, y se me secó la garganta. Estaba asombrada y aturdida por semejante capacidad de perdón.
León entrecerró los ojos al ver mi reacción, pero no dijo nada.
Tomas siguió hablando tras un breve silencio
—Violetta, ¿hago mal en llamar? ¿Te resulta… extraño?
Tragué saliva varias veces y negué con la cabeza.
—No, no. Lo siento. Sí, por supuesto que puedes llamarme. Y no, no te lo has perdido, y sí, estoy un poco nerviosa.
No me gustó la tensión que se había creado, así que dije todo lo anterior muy deprisa.
León se cruzó de brazos e inclinó la cabeza hacia un lado, pero Tomas se echó a reír.
—Ah, vale, vale. Bueno, sólo quería desearte buena suerte, y que supieras… que hoy pensaba en ti. Carraspeó para aclararse la garganta a la vez que yo contenía las lágrimas. Dios, era demasiado buena persona. A veces me llamaba idiota a mí misma por haberle hecho daño. Vale. Siempre me llamaba idiota a mí misma por haberle hecho daño.
—Gracias, Tomas… por acordarte. Ha sido un gesto muy bonito por tu parte.
Noté que se me enrojecía la cara al mismo tiempo que miraba de reojo a León.
Mi novio inspiró profundamente y apartó la vista con rapidez.
Noté la vieja sensación de culpabilidad, y justo cuando creía que no volvería a sentirme culpable. Tomas me respondió con voz suave.
—Por supuesto, Violetta. Sé que León… —Tragó saliva después de decir el nombre—, probablemente estará haciendo todo lo posible para ayudarte hoy, así que seguro que no hace falta que yo te lo diga, pero… buena suerte.
No supe qué otra cosa responder.
—Gracias, Tomas —le susurré.
León se apartó un paso sin mirarme, pero lo agarré de inmediato de un brazo. Se detuvo, pero siguió sin mirarme.
Tomas soltó una breve risa.
—Ah, y pídele perdón a tu hermana de mi parte. Llamé antes a tu casa, y estoy seguro de que la he despertado.
Sonreí y solté otra breve risa en respuesta. A Anna no le gustaba que la despertaran temprano.
—No te preocupes, lo haré.
Noté que el brazo de León se tensaba, pero no se movió. Continuó mirando a la cafetera como si fuera lo más importante del universo. Odiaba que le incomodara la conversación, pero no debería ser así. Tomas y yo ya no teníamos nada, y él lo sabía.
Le acaricié el brazo con el pulgar en un gesto tranquilizador mientras Tomas se reía.
—Bueno, Abby y yo estamos en una fiesta de trabajo, así que tengo que irme. Se enfadará si me quedo toda la noche al teléfono.
Le respondí también entre risas.
—Vale. Salúdala de mi parte, y pasalo bien. —Me respondió que lo harían, y me giré para apartar la cara de la vista de León—. Oye, Tomas, muchas gracias por acordarte. Significa mucho para mí. Lo siento, Tomas, lo siento por todo —añadí antes de que pudiera responderme.
Inspiró profundamente y se quedó callado un momento.
—Sí, lo sé, Violetta. Que tengas un buen primer día de clase. Te llamo luego. Adiós.
Cerré los ojos y exhalé.
—Adiós.
Colgué el teléfono y mantuve los ojos cerrados mientras me giraba hacia León. Cuando los abrí, él seguía mirando fijamente el líquido oscuro de la cafetera. Aunque no movía ni un solo músculo de la cara, por sus ojos pasaban un millar de emociones.


Jany volvio. Por favor de no matarla por su ausencia. Jany las ama ahre.

Jany,



2 comentarios:

  1. Jany hola¡¡¡ tengo muchísimo tiempo sin leer tus novelas¡¡ ya no soy tinista pero aun así no dejéis de escribir tienes un don increíble se te quiere y ánimos¡¡¡ saludos

    ResponderEliminar