sábado, 26 de marzo de 2016

If It Comes To Trush Again - Capitulo 27

Capitulo 27

"Yo Te Amo A Ti"
Cuando salí al aparcamiento, vi de inmediato el Chevelle negro reluciente de León. También lo vi a él, y comprendí de inmediato por qué no me había esperado en la puerta principal en mi primer día de clases. Estaba rodeado por un grupo de cinco chicas. Estaba apoyado con actitud despreocupada en su coche mientras hablaba con ellas. Todas soltaban risitas al hablar, como si fueran niñas de trece años. Distinguí su pequeña sonrisa de satisfacción a pesar de lo lejos que me encontraba de la escena. Después del encuentro con Candy, aquello hizo que me hirviera la sangre. Cerré los puños y caminé con paso decidido hacia él. Me esforcé por calmarme, pero creo que en realidad me enfurecía más y más con cada paso que daba. ¿Cuándo habían visto ese maldito tatuaje? ¿Acaso se iba exhibiendo? ¿Era demasiado ingenua al creer que lo nuestro era tan magnífico que él jamás lo estropearía? ¿Seguía siendo un tipo que se tiraba a la primera que encontraba?
León giró la cabeza al reírse de algo que le había dicho una de aquellas descaradas y entonces me vio. Su sonrisa se ensanchó al ver que me acercaba, pero luego se apagó un poco al fijarse en la expresión de mi cara. Las chicas no se apartaron y tuve que abrirme paso entre ellas para llegar hasta él.
 —Vámonos —le solté.
No estaba de humor para aguantar ni un segundo más a sus admiradoras. Hizo un gesto de asentimiento con el entrecejo fruncido mientras me abría la puerta del pasajero. Después de cerrarla, oí que se despedía de su séquito de adoradoras.
—Lo siento, pero tengo que irme. Encantado de conocerlas.
Me llegó el coro de gemidos y lamentos cuando se dirigió a su lado del coche. Puse los ojos en blanco.
León me miró con curiosidad mientras ponía en marcha el coche. El rugido del motor hizo juego con mi malhumor. Alzó una ceja y metió la marcha atrás. Me miró de reojo al mismo tiempo que vigilaba dónde estaban las chicas para no atropellarlas.
—¿Me quieres contar qué te ha pasado para que estés tan enojada?
Apreté la mandíbula y miré fijamente las zorritas que le miraban a él. La mayoría apartaron los ojos cuando tropezaron con mi mirada, pero un par de ellas me respondieron sosteniéndola.
—La verdad es que no —murmuré.
Suspiró y me puso la mano en el muslo.
Me pregunté de inmediato en qué otros sitios habría estado esa mano.
—Pero ¿lo harás? —Lo miré, e intenté mantener una expresión imperturbable, que no revelara mi estado de ánimo. Frunció el ceño—. Fuiste tú la que me dijo que debíamos hablarlo todo… y a mí me parece que eres tú la que necesita decir algo.
Gruñí y me crucé de brazos a la vez que deseaba no haberle dicho eso nunca.
—Este año me toca otra clase con Candy. Se ha esforzado por saludarme al terminar la clase.
Le observé con atención mientras él mantenía la mirada fija en la carretera por la que conducía. Entrecerró los ojos e inclinó la cabeza hacia un lado, lo que resultó ser un gesto adorable de confusión.
 —¿Candy?
Miré al cielo cuando no reconoció de inmediato el nombre.
Claro, si tu librito de contactos tiene el grosor de las páginas amarillas, supongo que se tarda en repasarlo por completo. Suspiré otra vez un segundo más tarde, pero la expresión de su mirada indicó en ese mismo momento que ya la había reconocido, y me miró un instante.
—Ah, Candy. —Torció el gesto, y luego se encogió de hombros—. ¿Qué… ha dicho?
Lo miré fijamente y apreté las manos sobre el pecho. Si no lo hubiera hecho, le habría dado una bofetada.
—Habló de un concierto que diste la semana pasada.
Levantó un poco la mirada para hacer memoria, o quizás estaba utilizando la parte del cerebro que creaba mentiras con rapidez. Si miraba hacia arriba y a la izquierda, era una, y si era arriba y a la derecha, era la otra. Lo que ocurría era que no me acordaba cuál se correspondía a cada cosa.
—Sí, sí que lo dimos. —Inclinó la cabeza hacia mí—. ¿Estaba allí? No me saludó —añadió con rapidez, como si quisiera dejarme claro que no la había visto.
Entrecerré todavía más los ojos mientras le observaba. ¿Me había acostado la noche anterior con un hombre que practicaba sexo con muchas otras mujeres? Dios, me ponía enferma sólo pensarlo.
—No, pero una amiga suya te vio… en la parte de atrás.
Se lo dije con tono suspicaz, y me miró con expresión divertida antes de volver a centrarse en la carretera.
Se encogió de hombros.
—Ok. —Me miró un momento y alzó una ceja—. ¿Y porque me haya visto una amiga suya pones esa cara agria?
Respiré hondo controlándome todo lo que pude y me resistí a golpearle de forma insensata.
—Porque dice que te vio hacer cosas… con alguien que no era yo.
Me miró y abrió los ojos como platos antes de dar un volantazo para echar el coche a un lado de la calle.
Tuve que agarrarme a la puerta por la rapidez con la que movió el coche. Lo dejó aparcado y un poco subido a la acera antes de volverse hacia mí. La expresión de su cara era tremendamente seria cuando se giró de nuevo a mirarme.
Noté que los ojos se me llenaban de lágrimas.
—No estoy haciendo nada con nadie más que contigo. Todo lo que te ha dicho es mentira, Violetta. Levanté la barbilla, pero noté que se me saltaba una lágrima, que bajó por la mejilla.
—Sabía lo del tatuaje, León.
Me puso una mano en la mejilla y me enjugó la lágrima.
—Pues lo vio en otro lugar, o alguien se lo ha dicho, porque no estoy haciendo el tonto por ahí. —Se quitó el cinturón de seguridad y se inclinó hacia mí—. Sólo hago el tonto contigo. Sólo me desnudo contigo. Sólo hago el amor contigo, Violetta. —Se echó atrás y me miró directamente a los ojos—. Te elegí a ti. Te quiero a ti. No me interesa nadie más, ¿de acuerdo?
Asentí, y noté que me caían más lágrimas por las mejillas.
Sentí que me decía la verdad. Eran unas palabras de apoyo, tranquilizadoras, como las que yo le decía a menudo. Odiaba que esa zorra celosa y conspiradora me hubiera hecho dudar de él.
Si no hubiera tenido tan buenos argumentos, no lo habría hecho, pero León tenía un largo y sórdido historial de malas decisiones en lo que se refería a las mujeres. No siempre me sentía tan especial como para ser capaz de detener esa clase de comportamiento. Se inclinó sobre mí para besarme con ternura, y me tranquilicé al notar cómo volcaba todo su corazón en ese tierno gesto. Probé el sabor de la sal entre nosotros, e intenté dejar a un lado todas las dudas.
Habíamos pasado por mucho.
Había atisbado una parte de él, una vulnerabilidad, que sin duda alguna no había visto ninguna otra mujer. Estaba segura de que su corazón me pertenecía, y que no se arriesgaría a perderme por un estúpido deseo. No cuando podía satisfacerlo conmigo. No cuando podía llevarme a mi cama cada noche, y además, una cama que era completamente nueva y que me había comprado dos días antes. Nuestros besos se volvieron cada vez más apasionados, y nuestros cuerpos se acercaron al mismo tiempo que se nos aceleraba la respiración. Quise recordarle lo que podía ser para él, y quise recordarle exactamente lo que teníamos juntos, una relación que ninguna admiradora ansiosa sería capaz de romper. Sabía que tenía un par de horas libres antes de entrar a trabajar, y un apartamento vacío, así que subí los labios hasta su oído.

¿Alguien más que necesita escuchar la nueva canción  Leonetta? solo 33 días para escucharla!!

Jany.

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